martes, 21 de junio de 2011

El valor de los congresos médicos


Acaba de celebrarse el 60 Congreso de la Asociación Española de Pediatría (AEP) en Valladolid durante los días 16-18 de junio. Unos días intensos y extensos con miles de congresistas y un programa muy apretado, tanto en la parte de Pediatría Práctica (5 cursos y 18 talleres) como en el Programa oficial del Congreso (mesas redondas, casos clínicos interactivos, encuentro con experto, controversias, simposios satélites y más de 1100 comunicaciones –orales y poster-). Además de las reuniones de trabajo de los distintos Comités y Grupos de Trabajo de la AEP. Nuestro Grupo de Trabajo de Pediatría Basada en la Evidencia estuvo presente con dos talleres: el de manejo de Pubmed (que se comentó ayer) y el de manejo de revistas biomédicas (que comentaremos mañana).

La organización de un congreso de esta envergadura es todo un reto y un ejemplo paradigmático de gestión de procesos: todo (los actos científicos y los actos sociales) debe funcionar correctamente y en el momento adecuado. Un año de trabajo se juega en 3 días. Creo que en Valladolid todo ha funcionado bien y las buenas intenciones del Comité Científico y del Comité Organizador se han hecho realidad.
La participación en este congreso nos sirve como excusa para analizar el valor de los congresos médicos nacionales en la formación, información y actualización de los profesionales sanitarios. Un valor puesto en duda en ocasiones (denostado a veces) y que hemos analizado hace años, tanto en un debate particular en el seno de la AEP como en una reflexión general.

Independientemente de la libre elección de cada profesional en la responsabilidad por su formación médica continuada (hay quien prefiere los congresos de especialidad, los cursos específicos, la formación on-line, la autoformación, etc), creemos que el esfuerzo de este evento anual de los congresos nacionales anuales atesora los 7 principios para ser un buen médico (que he podido leer en una reciente entrada del blog Humanismo médico vs burocracia política):
- Generosidad absoluta: la de las personas que se embarcan durante un año para organizar un evento de esta envergadura y ofrecer al resto de los compañeros un congreso científico de calidad.
- Cultivar y preservar los principios morales: cada vez se tiene más en cuenta y ya hace años que se ha hecho desaparecer el programa de acompañantes y los actos sociales intentan ser coherentes; posiblemente habrá que ir trabajando en aras a una mejor austeridad.
- Defender siempre la dignidad humana: ya es un principio ineludible de la ciencia cumplir los códigos ético en la investigación y la práctica clínica, así como declarar cualquier tipo de conflicto de interés en las presentaciones o ponencias.
- Vivir el compañerismo: es un valor añadido incuestionable. La oportunidad del encuentro y las vivencias que se reviven en los puntos de descanso y alrededor de un café.
- Cultivar y estimular el entusiasmo: en medicina hay que actualizarse continuamente, por lo que el entusiasmo debe ser un compañero de viaje permanente. El entusiasmo por la práctica clínica, por la docencia, por la investigación y por la gestión, todos ellos temas de debate en las aulas y en los pasillos de un congreso.
- Vivir y transmitir el humanismo médico: y compartirlo en el congreso con los compañeros de otros estamentos (adjuntos, residentes y enfermería han convivido en estos días) y de otros países (algunos compañeros de Portugal y Latinoamérica han estado entre nosotros).
- Cultivar otras actividades creativas extramédicas: porque “quien sólo sabe de medicina, ni de medicina sabe” y también el encuentro que permite un congreso es un buen momento para hablar de algo más que de medicina.

Creo que en el 60 Congreso de la Asociación Española de Pediatría hemos podido vivir una gran parte de estos principios y ha sido una experiencia que ha valido la pena.