miércoles, 12 de agosto de 2015

Ernesto Cardenal, niños con cáncer, amor a los poemas y a la vida


En el Hospital Infantil Manuel de Jesús Rivera “La Mascota", en Managua, los niños con cáncer aprenden a escribir poesía. La creación de este Taller de poesía fue una iniciativa del médico italiano especialista en Oncología Pediátrica, Giuseppe Masera, que en su experiencia tratando a niños con cáncer apreció que el arte (y especialmente la poesía) incide de manera muy positiva en los tratamientos. En el año 2004 le propuso a Ernesto Cardenal poner en marcha el Taller de Poesía en Nicaragua. 

Cardenal, desde niño, se sintió atraído por las letras y quiso buscar una forma de cambiar el mundo. Se lo conoce por sus ideas políticas marxistas y su defensa de la teología como única salida a los males que aquejan hoy al mundo. Para él, entre el Cristianismo y el Marxismo no hay diferencia, son dos formas que engloban la misma manera en la que deben vivir los seres humanos. En 1965 fundó una comunidad cristiana en una de las islas de Solentiname, y publicó su obra "El evangelio en Solentiname" y, por ello, Juan Pablo II le amonestó públicamente por propagar una doctrina contraria a las ideas de la iglesia.

Cardenal, que fue ministro de Cultura tras el triunfo de la revolución sandinista, desde 1979 hasta 1987, fue el artífice de los famosos talleres de poesía en Nicaragua. En varias ocasiones ha estado entre los nominados al Premio Nobel de literatura; en 2009 fue condecorado con el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda en Chile y a principios del 2012, con el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. 

Hoy, los talleres de poesía en el Hospital “La Mascota”, con excelentes resultados, se siguen desarrollando cada martes, gracias a Ernesto Cardenal y a otros poetas y amigos, como Claribel Alegría, también nonagenaria. 

Sin embargo, como leemos de una magnífica entrada de la web de la Asociación Latinoamericana de Pediatría (ALAPE), firmado por el entonces presidente (y hoy más amigo si cabe), Dr. Hernando Villamizar, más allá de su interesante personalidad y su importante obra poética, resaltaban en este post la vinculación de Cardenal con los niños enfermos de cáncer y nos invita a conocer este iniciativa que ayuda a los niños a abstraerse de la dura realidad que les toca vivir, al tiempo que les permite mejorar su autoestima e incluso fortalecer su sistema inmunológico como bien los afirman varios autores. 

Ernesto Cardenal, fundador de este singular Taller de Poesía nos dice que la producción de estos niños enfrentados con la muerte es toda ella un canto jubiloso a la vida, y "un himno a la belleza de la creación, celebrándola con todo lo que hay en ella". Una parte de estos poemas están recopilados en el libro: "Me gustan los Poemas, y me gusta la Vida", un himno a la belleza de la creación, de estos niños enfrentados a la muerte, celebrándola con todo lo que hay en ella: arco iris, tortugas, ranas, conejos, patos, luna, culebras, pericos, niños y también incluso niños con cáncer. 

Allí, nos recordaban desde ALAPE, se han producido muy bellos poemas, en los que se dice que las culebras ruedan por el suelo como alambres doblados; el colibrí mueve rápido sus alas como las aletas de un abanico; un ganso estira su cuello como un hule; la cola de la ardilla se enrolla como un caracol, y los monos caminan "parecido a los viejitos". Una niña dice que las caras de las ranas parecen gente fea cuando se están riendo, y un niño ve la bocota del sapo como la bocota de un señor gordo. En esta poesía las estrellas son "de color transparente", la luna plateada como el agua, el sol tiene "pestañas rosadas". 

Esa peculiar terapia la ha recogido el poeta y periodista granadino Daniel Rodríguez Moya en su primera película documental, dirigida junto al escritor nicaragüense Ulises Juárez Polanco, y que nos lo recordaba recientemente el blog amigo Red Dédalo

Celebremos, pues, que nos gustan los poemas y nos gusta la vida. Y lo hacemos con un poema de este libro y con el enlace a este documental. 
“No quiero escribir, 
no quiero hablar, 
no quiero oír en todo un solo no. 
No quiero morir”. 

“NO” de Abel Peña, 10 años 

Y abajo un tráiler del documental de Daniel Rodríguez Moya y Ulises Juárez Polanco.