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sábado, 28 de octubre de 2017

Cine y Pediatría (407). "De padres a hijas" y las secuelas de la inseguridad


En el año 2010 el director colombiano Rodrigo García - a la postre hijo mayor de Gabriel García Márquez - dirigió la película Madres e hijas, una película que formó parte de los albores de Cine y Pediatría y que subtitulé como lazos familiares inquebrantables. Una historia de vidas cruzadas entre mujeres repleta de mensajes contundentes bajo la perspectiva del abandono, el arrepentimiento, la indecisión, la soledad y el duelo interno en el que viven las madres y las hijas que rompen los lazos familiares: las madres que son hijas y las hijas que son madres en forma de un círculo vicioso improvisado que es la vida misma. Una película que reflexiona sobre los lazos familiares inquebrantables que tantas veces se rompen. Las consecuencias de un embarazo no deseado en la adolescencia como motivo de partida: nada es gratuito a partir de ese momento. Ni el aborto ni la entrega en adopción del hijo no deseado acaban con la historia. La historia acompaña a esas madres adolescentes durante su vida, incluyendo las consecuencias en cadena. 

En el año 2015 el director italiano Gabrielle Muccino - quien ya nos regalara obras como En busca de la felicidad - nos deja una historia que reflexiona también sobre la importancia de la familia y los progenitores en el desarrollo de nuestra infancia, y con un título que se asemeja: De padres a hijas, la historia de amor de una padre y una hija a lo largo de 25 años.

La historia se inicia en Nueva York en la década de los 80, donde Jake Davis (Russell Crowe), novelista ganador del Pulitzer, ha enviudado recientemente tras un accidente de tráfico y tiene que enfrentarse a la crianza de su única hija de 5 años, Katie (Kylie Rogers). Porque para él todo cambió en un abrir y cerrar de ojos. La educación de Katie, a la que llama "Patatita", no resulta nada sencilla y además en Jake debutan unas crisis nerviosas y el riesgo de brotes psicóticos que le obligan a internarse en un centro psiquiátrico. En los siete meses que permanece allí deja a su hija en la casa de la única hermana de su mujer y su cuñado. Y al regresar ellos le proponen adoptar a su hija, a lo que se niega.

Y tras estas escenas iniciales, un salto temporal de 25 años para encontrarnos ya con una Katie de 30 (Amanda Seyfried), convertida en Trabajadora Social, allí donde hace frente a las consecuencias de su difícil infancia atendiendo a niños con problemas psicológicos. Porque Katie no parece creer en el amor de pareja y tiene tendencia a acostarse con todos los chicos. Solo le centra el amor por su trabajo, especialmente volcado en un niña cuyos problemas familiares la han provocado un mutismo, niña interpretada por la actriz Quvenzhané Wallis, quien fuera la Hushpuppy de la película indie Bestias del sur salvaje (Benh Zeitlin, 2012)

Y en un momento ella observa el libro "Phater and Daugthers" que su padre escribió en su infancia. Y a partir de aquí viajamos por dos historias paralelas con esa diferencia temporal, el antes y el después. Y  vamos descubriendo los traumas que nacen, crecen, se reproducen, se heredan y acaso se mueren en esa especial relación de un padre con su hija a lo largo de un cuarto de siglo narrada a base de flashbacks que sirven más que para dar luz sobre los problemas y esa bella relación entre padre e hija, con la ausencia de la madre: "Sabes que eres la alegría y la luz de mamá. Al igual que eres mi alegría y mi luz". Y esa escena de complicidad entre ambos cantando la canción "Close To You" del grupo The Carpenters, se rompe cuando los tíos llevan a juicio la custodia de la niña.

Y en De padres a hijas se unen la muerte materna, los brotes psicóticos paternos, los sentimientos de culpa y de pérdida, la incapacidad para amar más allá de lo superficial y la debacle profesional. Finalmente, tras intensa lucha, Jake consigue terminar su nueva novela "Phater and Daugthers", la que será un nuevo éxito, pero que él no disfrutará de ese segundo Pulitzer de carácter póstumo, pues fallece en una de sus crisis epilépticas tras un traumatismo craneal con el radiador del baño.

Jake siempre decía: “Tengo una hija que criar, aunque me cueste la vida”. Y la vida de Katie siguió adelante, pero con las secuelas del dolor y la inseguridad por la pérdida, primero de la madre, luego del padre, y ambas en trágicas consecuencias. Porque a Katie le llega a decir su tía/madrastra: "Sabes Kate, los hombres pueden sobrevivir sin amor. Pero las mujeres no".

Esto es De padres a hijas, hijas que recuerdan a sus padres, la ausencia del mismo, la inestabilidad emocional que ello ocasiona, la herencia pesa y el legado no es el más apropiado para nuevos amores, los pesares no cesan pero, a pesar de todo, hay que seguir adelante. Y todo ello pese a las secuelas que deja la inseguridad de ciertas infancias.  

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