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sábado, 10 de julio de 2021

Cine y Pediatría (600). “Más allá de las palabras” están los hechos

 

“Supongo que mi función en la familia es la de pegamento. Siempre intento que todos se mantengan unidos”. Con esta reflexión se nos presenta María Fareri (Olivia Steele-Falconer), una adolescente de 13 años, hija menor del matrimonio Fareri, un familia estadounidense bien posicionada y donde sus hermanos trillizos pronto irán a la Universidad de Boston. Reconocemos que John, el padre (David Duchovny), es constructor y se casó de segundas nupcias con Brenda, quien aportaba hijos trillizos. Y María es la hija menor malcriada en el buen sentido, que se nos presenta repleta de felicidad y responsabilidad. 

Así comienza la película Más allá de las palabras (Anthony Fabian, 2013), basada en hechos reales y que nos narra la emotiva e inspiradora historia de John y Brenda Fareri, unos padres que tratan de recomponer su descompuesta familia después de la inesperada muerte de su hija pequeña en el año 1995. Todo empezó con un dolor en el hombro izquierdo de María, que desemboca en una consulta urgente por deterioro neurológico, que empeora rápido con convulsiones y necesidad de ventilación mecánica. Se sospecha una encefalitis por picadura de garrapatas, si bien se confirma rabia por mordedura de un murciélago canoso. A partir de ahí las dudas y la espera en pasillos inhóspitos de hospital, hasta que se detecta un electroencefalograma plano que conlleva la difícil decisión de retirar la respiración asistida, con una dolorosa despedida sin lugar para llorar. Incluso cuando la madre abraza a su hija en los últimos momentos de su vida, una enfermera le increpa: “No puede estar en la cama. Va en contra de las normas”

Porque lo cierto es que estos padres, a pesar de haber recibido un trato privilegiado en el hospital Westchester Medical Center en el que estuvo ingresada la pequeña María, se ven sorprendidos por el ambiente deshumanizado del lugar y el sentir que no se consideraba a los familiares como parte importante del tratamiento. El padre, ya de por sí poco hablador, se aísla en su tristeza y hace más patente su habitual mutismo: “Papá está como un zombi”. Porque la muerte de María destroza a la familia, con unos padres perdidos y cada vez más alejados, allí donde Brenda le confiesa: “No puedo más… No puedo seguir siendo fuerte por ti”; y donde los abatidos hermanos buscan su camino en la vida abandonando los estudios universitarios. Pero un día John lee en el diario de María: “Algún día quiero descubrir mi propia manera de hacer feliz a la gente. Pero ese no es el deseo sobre el que he querido escribir. Aunque tengo un millón de deseos para mí, como ser una estrella o una científica muy famosa, yo he deseado salud y bienestar para todos los niños del mundo”. Y es entonces cuando John decide construir un hospital pediátrico que llevará el nombre de María Fareri, un hospital que no solo mantenga vivo el legado de su hija, sino que tenga en cuenta las particularidades arquitectónicas y funcionales propias de la infancia y adolescencia en el momento del ingreso, así como la atención a aquellos aspectos relacionados con la humanización que no sintieron en algún momento en su experiencia. 

Pero ante esta aventura que se avecinaba, el padre no sintió al principio el apoyo ni en la familia ni en la comunidad. Un hijo le recuerda: “La fantasía del hospital para borrar el recuerdo de lo que le pasó a María en el pasado y olvidarse de la familia que le queda”. Mientras los directivos del hospital le dicen: “Aunque a todos nos gustan los niños y son el futuro y todo eso, la Pediatría está en el fondo de la cadena alimentaria. Los neurocirujanos y los de trasplantes son los peces gordos aquí porque atraen todo el dinero. Pues no les gusta tu idea porque dicen «Queremos un juguete nuevo. Queremos un bisturí gamma. No queremos un hospital infantil». Así que ya han ido a quejarse a sus amigos del condado que, por desgracia, son nuestros jefes. Y a ellos tampoco les gusta tu idea, no quieren meterse en proyectos de gran capital durante unas elecciones. Son ellos los que controlan el Departamento de Sanidad del Estado. Los mayores contribuyentes no quieren perder su negocio, no les interesa que les arrebates su negocio y deberían participar en la construcción del nuevo hospital infantil”. 

Así es como no encuentra los apoyos necesarios, pero en sus reflexiones ya María pensaba esto de su padre: “Puede que a veces mi padre no hable porque las acciones hablan más alto que las palabras”. Y busca la ayuda de la comunidad, intentando recibir fondos. Y para ello toda estrategia es válida entre sus colaboradores, como la de comparar la habitación de un hospital con la celda de una cárcel: “Lo que me fascina es lo semejante que son las dos habitaciones. Cogen a una persona, le quitan la ropa, le asignan un número, le ponen en una habitación con un extraño, le dan alimentación institucional. Es lo más deshumanizante que le pueden hacer a alguien. Y lo hacemos en el peor momento de su vida. Lo hacemos cuando están enfermos o muriéndose”. Creo que es una descripción que todos reconocemos de alguna manera u otra. Y es así como los padres de María, junto con toda su familia y otros miles de miembros de la comunidad, lograron la creación del Maria Fareri Children’s Hospital en el Westchester Medical Center en Valhalla, NY., inaugurado en el año 2004 como un hospital “centrado en la familia” y con una arquitectura más humanizada, por lo que se convertiría en un referente para todos los centros pediátricos construidos a partir de ese momento. 

Así nos lo recuerda en la película su madre Brenda: “María se preocupaba mucho de la gente. Y quería dejar huella”. Y vaya que sí lo hizo. Y la escultura de María con su perro a la entrada del hospital, así lo recuerda. Y la película termina con una reflexión en off de María: “A veces parece que todo está perdido. Pero de pronto sale el sol. Ya mi nombre está en un edificio, pero también he dejado otras cosas que significan mucho para mí. Una familia en la que hablan entre ellos, en la que se quieren. Puede que hayan perdido el pegamento, pero no se han deshecho. Ya os dije que no era una historia triste”. 

Y el colofón final de la película, acompañado de dibujos e imágenes reales del proyecto del hospital nos recuerda que el Maria Fareri Children´s Hospital es el único hospital en los Estados Unidos que lleva el nombre de una niña y que actualmente, con más de 20 especialidades pediátricas, ofrece atención a unos 20.000 pacientes pediátricos cada año, en una instalación acogedora tanto para los niños como para los padres y familias, tal como se puede consultar en su web.  

Por cierto, con los problemas que origina la traducción de los títulos originales, conviene no confundir nuestra película estadounidense de hoy, por título original “Louder Than Words”, de la película neerlandesa homónima pero de título original “Beyon Words” (Urszula Antoniak, 2017), una película rodada en blanco y negro que es una apasionante reflexión sobre la migración, la integración y los vínculos paternos. 

Y finalizo con una reflexión personal. Porque quizás Más allá de las palabras no sea una gran película desde el punto de vista cinematográfico, pero su historia basada en un hecho real le da un valor añadido, especialmente para los pediatras que conocemos la importancia de la humanización en nuestra profesión, humanización que tiene que estar en las personas y también en la arquitectura. Y por ello he querido elegir esta película para conmemorar un hito más en Cine y Pediatría, y es que hemos llegado a la sexta centena de entradas en el blog. Porque al igual que en nuestra película de hoy, también en Cine y Pediatría, más allá de las palabras… están los hechos.

 

lunes, 18 de marzo de 2013

Hospital Infantil La Paz: paradigma de hospital pediátrico de la sanidad pública


Revista Española de Pediatría, una de las revistas decanas de la pediatría española, suele dedicar el primer número del año a un monográfico. Habitualmente son monográficos de alguna enfermedad o patologías pediátricas. Pero este año ha comenzado una nueva serie que ha titulado como “Centro de referencia”. Y la serie comienza con el Hospital Infantil La Paz (HILP). 

El HILP, inaugurado en 1965, fue el primer hospital pediátrico de la sanidad pública española. Desde sus inicios ha sido un hospital pionero en el desarrollo y jerarquización de las especialidades pediátricas, tanto médicas como quirúrgicas. 
Durante este casi medio siglo de vida, el HILP ha tenido que adaptarse a los cambios sociales, culturales y tecnológicos sucesivos, constituyéndose desde sus inicios en un referente de la medicina del niño en España y en el mundo. Este papel de liderazgo se ha visto refrendado por los especialistas de la sanidad española en la encuesta realizada por la OCU (2005-2011) y que consideran al HILP como el que mejor índice de reputación respecto al tratamiento de casos graves de enfermedades pediátricas.

El desarrollo de las especialidades pediátricas es una de las fortalezas del HILP, y actualmente dispone de prácticamente todas las especialidades y es el único hospital del país en el que se realizan todos los trasplantes pediátricos. Esto hace que en el momento actual es HILP haya sido acreditado como CSUR-SNS (Centros, Servicios y Unidades de Referencia del Sistema Nacional de Salud) en 17 patologías: quemados críticos, alteraciones congénitas del desarrollo ocular, tumores extraoculares de la infancia (rabdomiosarcoma), tumores intraoculares de la infancia (retinoblastoma), retinopatía del prematuro avanzada, queratoplastia penetrante en niños, trasplante renal infantil, trasplante renal cruzado, trasplante hepático infantil, trasplante cardíaco infantil, trasplante de intestino infantil, trasplante de progenitores hematopoyéticos alogénico infantil, asistencia integral del neonato con cardiopatía congénita y del niño con cardiopatía congénita compleja, asistencia integral del adulto con cardiopatía congénita, cirugía del plexo braquial, epilepsia refractaria, ataxias y paraplejias hereditarias. Y, recientemente, la Organización Nacional de Trasplantes ha acreditado también al HILP para trasplante pulmonar infantil, pendiente de la concesión del CSUR.

En el monográfico de Revista Española de Pediatría se hace un recorrido a la labor asistencial, docente e investigadora de los principales servicios de especialidades. Su lectura permite obtener una perspectiva magnífica de la historia de este hospital que fue, es (y esperemos que siga siendo) paradigma de hospital pediátrico de la sanidad pública, un hospital de prestigio y de excelencia, un hospital público con vocación de referencia, de modo que uno de cada tres ingresos siguen siendo pacientes de fuera de la Comunidad de Madrid (y, en algunas especialidades, más de la mitad).
A este gran nivel asistencial se han sumado algunos hitos en los últimos años y entre los que no quisiera dejar de destacar, al menos, tres:
- A nivel de atención sanitaria, los múltiples proyectos de humanización de un hospital de referencia y que cuenta con la colaboración de más de 300 voluntarios de diversas asociaciones y que incluye desde el espacio de juego “La Pajarera” hasta “Radio Algodón”, pasando por la Escuela de Padres o el Programa de Acompañamiento Especial.
- A nivel de investigación, en 2009 se constituyó el Instituto de Investigación Sanitaria del Hospital Universitario La Paz (IdiPAZ) a través de la firma del Convenio de colaboración entre el Servicio Madrileño de Salud, la Universidad Autónoma de Madrid, la Fundación para la Investigación Biomédica del Hospital La Paz, y la Agencia Laín Entralgo de Formación, Investigación y Estudios Sanitarios de la Comunidad de Madrid. Esta alianza estratégica ha permitido configurar equipos multidisciplinares pertenecientes a las instituciones señaladas para abordar proyectos de investigación conjuntos, aprovechando al máximo los recursos humanos y materiales destinados a la investigación de los que disponen y promoviendo la captación de fondos de investigación.
- A nivel de compromiso social, no debemos dejar de destacar la implicación directa de un buen número de sus profesionales por la defensa de la sanidad pública en Madrid (y en España) en los últimos meses. Compromiso que ha tenido su refrendo en prensa general o en revistas sanitarias. Un ejemplo es la reciente editorial en Evidencias en Pediatría y que ya hemos destacado en este blog.

Haber sido residente en el HILP plantea que la lectura de este monográfico de Revista Española de Pediatría lo haya realizado desde la admiración por los buenos años vividos, el buen recuerdo y los muchos amigos, pero no le quita un ápice de realidad a todo lo que allí se describe. Porque el HILP es un paradigma de hospital pediátrico de la sanidad pública del que todos los usuarios nos sentimos orgullos, los usuarios internos (profesionales sanitarios) y los usuarios externos (pacientes y familias). Todo lo bueno que significa el HILP es reflejo de todo lo bueno que significa la sanidad pública en España. Y al igual que este hospital, muchos otros.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Niños hospitalizados: un mundo de estrellas que hay que cuidar


Uno de cada cuatro niños y adolescentes serán hospitalizados a lo largo de su infancia. La hospitalización y la enfermedad que lo justifica son altamente estresantes para el niño, la familia y, también, para el equipo de profesionales. Supone un cambio en la vida del niño y la familia, lo que comporta una serie de ajustes para adaptarse a la enfermedad, a la hospitalización y al tratamiento. 
Como extracto de la Resolución A2-25/86 de 13 de mayo de 1986 del Parlamento Europeo, podemos revisar en este enlace la Carta Europea de los Niños Hospitalizados

Los niños entienden el ingreso al hospital de maneras muy distintas y depende de distintas características del menor (edad, carácter y desarrollo psicomotor, entorno familiar, etc), de la enfermedad (tipo de problema, si tiene dolor o molestias, de los días de ingreso, etc) y del entorno (ambiente adaptado al niño y humanizado, acompañamiento de padres y otros familiares, etc). 
Es importante que, mientras el niño esté hospitalizado, reciba todo el apoyo necesario para que se recupere lo antes posible, y que vuelva a su vida habitual. Este es un apoyo que necesita de sus padres y familia, y también de todos los profesionales de la sanidad que cuidan de él. Es necesario incorporar una visión biopsicosocial al cuidado del recién nacido, del lactante, del niño y del adolescente hospitalizado, cada uno con una visión particular. 

Esto es cada día tenido más en cuenta en todos (o la mayoría) de los hospitales. Un ejemplo es el conocido como MUNDO DE ESTRELLAS, un proyecto lúdico-pedagógico de la Consejería de Salud de Andalucía que pretende constituir una comunidad virtual en la que puedan interactuar y relacionarse los niños ingresados en los hospitales del sistema sanitario público de esta comunidad.

Abajo os dejamos el vídeo de presentación de Mundo de estrellas, pero hay más ejemplos. Ejemplos necesarios. Si recordáis, hace tiempo os hablamos también de "Nuestros prematuros, mucho más que estrellas de cine".

 

jueves, 16 de agosto de 2012

Lo mejor que nos dejó las Olimpiadas de Londres 2012


Durante las pasadas dos semanas, Londres y el deporte fueron el centro de atención del mundo. El mayor espectáculo deportivo (los Juegos Olímpicos -JJOO-) nos ha dejado un medallero, muchos nombres e imágenes para el recuerdo. 

Ese medallero olímpico dominado por las dos superpotencias: la que es (Estados Unidos, con 104 medallas, 46 de oro) y la que será (China, con 88 medallas, 38 de oro). Y seguido por el magnífico papel del anfitrión: Gran Bretaña (con 65 medallas, 29 de oro). El discreto papel de España, 21 en el medallero (con 17 medallas, 3 de oro), gracias, sobre todo, al gran papel de las chicas atletas y a los deportes en el agua. 

Nombres como los del estadounidense Michael Phelps (que se despide con el récord de medallas olímpicas: 22 en tres JJOO, 18 de oro), el jamaicano Usain Bolt (que se proclama el mejor velocista de la historia), el somalí nacionalizado británico 'Mo' Farah (quien somete a todo el continente africano con sus oros en 5.000 y 10.000), el keniata David Rudisha (y su elegante récord del mundo en 800), la china Ye Shiwen (y sus inquietantes récords en la piscina con 16 años), esa sociedad ilimitada entre Kevin Duran & Lebron James (con esa bella final de baloncesto para enmarcar entre España y USA), el mexicano Oribe Peralta (que con sus dos goles sometió a Brasil y dio el oro en fútbol a su país), el sudafricano Oscar Pistorius (primer atleta amputado que compite en unas Olimpiadas con sus prótesis y realizó un gran papel en 400), y un largo etcétera. 

Imágenes para el recuerdo en cada una de las sedes olímpicas del deporte, en el acto de inaguración y en el acto de clausura. Imágenes de los deportistas con valores olímpicos, llegando exhaustos a la meta o llorando de emoción ante su himno nacional. La gloria o la nada tras cuatros años de duros esfuerzos. 
Pero entre todas ellas hay una imagen que es la que más me impactó, y que el motivo de este post de hoy. Me refiero al homenaje que los JJOO 2012 realizaron en su inaguración al NHS (National Health Service) o sistema nacional de salud público británico. Y, de forma más concreta, al Great Ormond Street Hospital (GOSH), el primer hospital pediátrico de Inglaterra, fundado en Londres en 1852 y que cuenta con los derechos de James Mathiew Barrie para que sea este hospital el encargado de dar los permisos para autorizar las representaciones de su obra cumbre (Peter Pan).

Esto es, para mi, lo mejor que me ha dejado las Olimpiadas de Londres 2012. Una ciudad, un país, se siente orgulloso de sus sistema de salud público y lo expresa al mundo (al igual que expresó otros bienes del país, como la música pop o la literatura).
¿Os imagináis unas próximas Olimpiadas 2020 en Madrid?. Es posible..., porque no (a la tercera irá la vencida). Lo que no tengo tan claro es que en el acto inagural se ofreciera un homenaje sentido a nuestro SNS (Sistema Nacional de Salud), no inferior en calidad y resultados al NHS británico. O que en la pista aparecieran niños representando el cuidado en hospitales pediátricos emblemáticos de la capital, como el Hospital Infantil La Paz o el Hospital Infantil Niño Jesús.

Esto es lo mejor para mi de estas Olimpiadas. Un país se siente orgulloso de su sistema nacional de salud... y lo expresa al mundo y a lo grande... y lo defiende desde arriba (no desde abajo, y sin necesidad de verse obligado a salir con pancartas a las entradas de los hospitales por la situación que hoy vivimos en España).

¡ Qué grande el espíritu olímpico !. Os dejo una imágenes de lo mejor del deporte. Pero no nos olvidemos de la imagen de arriba. No nos olvidemos...