Twitter es - lo hemos repetido mil veces - una excelente fuente de información. Y a veces pueden leerse noticias como esta, de la cuenta de Carlos F. Oropesa, del blog "Sala de Lectura", que nos dejan los pelos de punta:
Si vamos a la fuente original, PharmaTimes, y leemos la noticia con atención, las alarmas siguen sonando y van en aumento. Podríamos esperar que los medicamentos más consumidos fueran corticoides inhalados o incluso metilfenidato u otros estimulantes del sistema nervioso autorizados en aquel país, dado que tanto el asma como el TDAH tienen una alta prevalencia en la edad pediátrica. Pero no es así. No es ya que un 25% de los niños y adolescentes reciban tratamiento por alguna condición crónica. Lo que llama la atención son los fármacos consumidos. Podemos encontrar antidiabéticos, antihipertensivos, inhibidores de la bomba de protones (con una aumento del consumo de estos fármacos de un ¡147%!), antipsicóticos atípicos (¿para qué indicaciones?)...
El pie de la noticia tampoco tiene desperdicio. La FDA, en 2009, amplió el uso pediátrico de los hipolipemiantes colesevalm y rosuvastatin, el antihipertensivo candesartan, el antimigrañoso almotriptán, el inhibidor de la bomba de protones pantoprazol, y tres antipsicóticos atípicos: aripripazole, quetiapina y olanzapina. Mucho habría que hablar sobre la eficacia y seguridad de muchos de estos fármacos en niños. ¿Se han realizado estudios al respecto para todos estos fármacos en niños?
Es difícil intentar comprender qué es lo que está sucediendo en aquel país. No es normal que una cuarta parte de los niños norteamericanos reciban tratamientos crónicos, y menos aún de la naturaleza de los descritos.
Una posible explicación - por intentar buscar alguna -, al menos por lo que respecta a los antidiabéticos, antihipertensivos o hipolipemiantes, puede estar en el alarmante incremento de la obesidad infantojuvenil, que ha "traído" hasta la edad pediátrica patologías propias del adulto como diabetes tipo 2, hipertensión arterial o hiercolesterolemia. Aún con todo, toda la situación, considerada globalmente, resulta incomprensible desde una perspectiva europea. En Europa, y España está a la cabeza, padecemos también una epidemia de obesidad infantojuvenil. Sin embargo, los fármacos citados están muy lejos de la práctica clínica diaria de los pediatras.
Todo lo descrito, más que indicar la existencia de niños enfermos, parece más bien el reflejo de una sociedad enferma. Y también puede ser el reflejo de una presión de sectores de la industria farmacéutica por intentar colocar sus productos a edades cada vez más precoces, en connivencia - claro está - con médicos dispuestos a prescribirlos. El fenómeno de "invención de enfermedades" puede estar jugando en esta situación un importante papel.
Pero cuidado, porque nosotros en Europa no somos inmunes al "efecto contagio". De Estados Unidos pueden importarse cosas muy buenas. Pero en el ámbito infantojuvenil nos hemos traído la comida-basura y la obesidad. Que esta noticia tan alarmante nos sirva de alerta para no seguir cayendo en la pendiente resbaladiza en la que lamentablemente se encuentran decenas de miles de niños norteamericanos.
Blog personal, no ligado a ninguna Sociedad científica profesional. Los contenidos de este blog están especialmente destinados a profesionales sanitarios interesados en la salud infantojuvenil
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miércoles, 26 de mayo de 2010
lunes, 11 de enero de 2010
Disease mongering o el arte de fabricar enfermedades: una denuncia necesaria

La “infoxicación” (o intoxicación por exceso de información) es un gran problema en la gestión del conocimiento en sanidad. Sirva como ejemplo el número de entradas pendientes en “mi Google Reader” tras una semana de desconexión navideña...
El problema del exceso de información es que, en ocasiones, puede pasar desapercibido algún artículo de verdadero interés. Este es el caso del último número de la Revista Pediatría de Atención Primaria (julio/septiembre), en relación con una colaboración especial y editorial que abordan el concepto “disease mongering”, término anglosajón de difícil traducción. Fernando A. Navarro, en su Minidiccinario crítico de dudas propone la siguiente definición: “Disease mongering han dado en llamar en inglés al fenómeno comercial por el cual los laboratorios farmacéuticos tienden a crear o potenciar categorías nosológicas —o incluso inventar enfermedades— con el fin de aumentar las ventas de sus medicamentos. Esta técnica comercial, que en español suele traducirse como ‘promoción de enfermedades’, convierte los factores de riesgo en enfermedades, asocia ciertos síntomas benignos a futuras enfermedades graves, convierte en problemas médicos los achaques propios de la vida o contempla los rasgos de personalidad como si fueran auténticas enfermedades”.
Conviene leer con detenimiento el artículo de Morell Sixto y cols y revisar la bibliografía aportada, pero si conviene recordar las principales enfermedades promovidas por la industria farmacéutica en los últimos decenios:
1.-Convertir variantes de la normalidad en problemas médicos; ej. la calvicie, la celulitis, etc
2.-Transformar síntomas leves en enfermedades graves; ej. el colón irritable, el síndrome de las piernas inquietas, etc
3.-Considerar características de la personalidad o problemas sociales como enfermedad; ej. la fobia social o timidez extrema, etc
4.-Factores de riesgo conceptualizados como enfermedad; ej. presión arterial elevada (hipertensión arterial), cifra de colesterol elevada (hipercolesterolemia), disminución de la masa ósea (osteoporosis), etc
5.-Redefinir prevalencias para ampliar la extensión del problema a más población: la disfución eréctil masculina, la disfunción sexual femenina, el trastorno por déficit de atención con/sin hiperactividad, etc
6.-¿Es la nueva gripe A(H1N1) 2009 también un caso peculiar de disease mongering?. Al menos si ha existido un fomento al miedo acerca de una probable enfermedad, con reacciones paradójicas y contradictorias de la sociedad en los meses que hemos vivido. Recientemente se ha comentado en este blog la construcción de potenciales teorías conspiranoicas.
El tema de “disease mongering” no es nuevo, pues ha sido motivo de reflexión de periodistas, editores y sanitarios en artículos científicos y de divulgación. Pero no por ello debemos de dejar de recordar que el médico es el eslabón entre los usuarios (pacientes) y la industria farmacéutica, con quien debemos establecer una relación de independencia, ética y estética. No es fácil, pero es posible y algunas plataformas lo intentan: “No free lunch”, “Healthy Skepticism” o “No gracias” .
Conviene seguir denunciando la "promoción de enfermedades”, pero conviene recordar que no toda la culpa corresponde a la industria farmacéutica y que todos los protagonistas (médicos, administración sanitaria, medios de comunicación y pacientes) tienen su parte de responsabilidad.
Mucho que hablar sobre el tema. Mucho que cambiar...
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