domingo, 10 de marzo de 2013

Repaso semanal a la blogosfera sanitaria (4 a 10 de marzo de 2013)


Están los tiempos como para estar alegres... Así que, en la medida de lo posible (y mira que no es fácil), voy a intentar hacer una selección de entradas que nos dejen con una sonrisa en la boca y también que nos llenen de esperanza... Porque en el mundo abunda mucho más el bien que el mal, aunque en ocasiones nos cueste ser conscientes de ello.

...Y para lograr ese objetivo nada más seguro que visitar el blog de José María Lloreda, "Mi reino por un caballo". Suele ser una apuesta segura. José María nos habla en su última entrada de la añeja utilización de los niños como reclamo publicitario, táctica que dista mucho de ser nueva. ¡¡Es centenaria!! Así, podréis contemplar un anuncio de "cocaína para el dolor de dientes" (sic), anuncios de revólveres de verdad, no de juguete, pero en los que "es imposible un disparo accidental" (sic de nuevo) o lámparas para ponerse moreno desde pequeñitos. Son anuncios antiguos, aunque, quién sabe, el de antipsicóticos para que el niño duerma, teniendo en cuenta el actual abuso de estos fármacos en niños, igual vuelve a ponerse de moda...

Ay, si entendiéramos a los bebés... ¿qué nos contarían? No lo sabemos pero entre ellos parecen entenderse muy bien. Y si no os lo creéis  aquí está la prueba irrefutable que lo demuestra en un vídeo que he visto estos días en Youtube.



Más curiosidades infantiles. Santiago Garcia Tornel, en su blog "Reflexiones de un pediatra curtido", nos cuenta algo curioso... Los niños que nacen en verano, al parecer, tienen mayor riesgo de ser miopes (yo debo ser la excepción que confirma la regla). Qué duda cabe que cada estación del año tiene sus ventajas e inconvenientes para nacer... Citando literalmente a Santiago: "hay que planificar muy bien cuando se ha de tener un hijo. Si nace en verano será miope, si nace en invierno además de tener infecciones respiratorias ( todo tipo de ----itis), empeorará su visión. Así que sólo nos queda la primavera y para calcular bien el tiro el "polvete" debería ser hacia octubre. Que me corrijan los expertos si me equivoco".

Dedicamos esta semana una entrada en nuestro blog al Día de la Mujer (lo de trabajadora se da más que supuesto y sobreentendido). Amalia Arce nos cuenta su propia experiencia personal en su "Diario de una mamá pediatra" ("Autorretrato"). Experiencia con la que seguro que millones de mujeres se sienten identificadas.

En estos tiempos tan duros, ¿es difícil regalar felicidad? Realmente no. Es más sencillo de lo que la mayoría pensamos. Sandra Camós, desde su blog "Songs flashes to be hapier..." nos propone, simplemente, sonreír. ¿Tan difícil es? No debería serlo ya que para ello sólo necesitamos siete músculos faciales y para enfadarnos movemos unos 40... Desde su entrada "Regala felicidad" nos relata un experimento curioso que llevó a cabo con alumnas del colegio del que es profesora... y que es el colegio donde han estudiado mis hijas. ¿Sonreímos?

... Y es que es mucho lo que está al alcance de todos y cada uno de nosotros para hacer de este mundo un lugar mejor, más alegre y más justo. En "Hij@s de Eva y Adán" Rubén nos cuenta que ha nacido Malik en Zimbabue. Malik es el símbolo de que es posible y de que está en nuestra mano contribuir a que en los países del tercer mundo el SIDA se transmita verticalmente de madre a hijo. Médicos sin Fronteras está trabajando intensamente en este proyecto. ¿Quieres echar un cable? Rubén nos cuenta cómo: "Envía MALIK al 28033 para poder salvar a más niños del virus del SIDA".

Vámonos con música. En esta ocasión, con U2. "Sometimes You Can't Make It on Your Own" es una canción que Bono dedicó a su padre. en donde describe su relación con él, sus encuentros y desencuentros pero, por encima de todo, el amor que por él sentía. Que la disfrutéis con salud. Feliz domingo.



sábado, 9 de marzo de 2013

Cine y Pediatría (165): El abandono de un hijo nos deja sin palabras en “El chico”



Charlot es un icono del siglo XX y también un legado para las futuras generaciones. Este vagabundo con bigote y bastón, chaqué estrecho y pantalones holgados, sombrero pequeño y zapatos anchos, este vagabundo con porte de caballero es el regalo que Charles Chaplin dejó al séptimo arte, un Chaplin que lo fue todo en el mundo del cine: actor cómico, compositor, productor, director y escritor británico. Amó tanto al cine como amó a sus actrices; y así, Chaplin estuvo casado en cuatro ocasiones (con Mildred Harris, Lita Grey, Paulette Goddard y Oona O'Neill) y se le atribuyeron noviazgos con otras tantas actrices de su época (entre ellas, Edna Purviance, Pola Negri, Marion Davies, Merna Kennedy, Georgia Hale, Louise Brooks, y Joan Barry). 

De sus 81 películas oficiales realizadas entre 1914 y 1967, cinco se han añadido a la National Film Registry: Charlot emigrante (1917), La quimera del oro (1925), Luces de la ciudad (1931), Tiempos modernos (1936) y El gran dictador (1940). Pero hoy hablamos de su primer largometraje: El Chico (1921), un claro ejemplo de implicación personal, pues despierta recuerdos de su propia infancia. Sus padres, artistas del music-hall, se separaron cuando él no había cumplido los 3 años. Su padre tuvo problemas de alcoholismo y falleció joven de cirrosis; y su madre  presentó problemas depresivos y fue una actriz fracasada, que sufrió internamientos frecuentes en manicomios. La situación desestructurada de su familia llevó a Chaplin y a sus hermanos a ser recogidos temporalmente en asilos. Parte de esas vivencias se reflejan en la película, pues Chaplin parece encarnar al padre que nunca tuvo, mientras que Edna Purviance puede ser una idealización de su propia madre. 

Por primera vez, en El Chico, la comicidad inherente al slapstick se ve matizada por escenas de fuerte carga dramática, que no obvian ni por un instante el contexto de pobreza en que viven sus personajes y que, de hecho, fue tan familiar para Chaplin. Además, esta película se rueda 1921, justo después de que Chaplin y la actriz Mildred Harris perdieran un hijo prematuro, muerto al poco de nacer. La relación del cineasta con el pequeño Jackie Coogan, con el que establece un fuerte vínculo durante el rodaje, es la más elocuente respuesta a su estado de ánimo en aquellos días. 

El Chico (The Kid en versión original, pero también conocida como El Muchacho, El Chicuelo, El Chamo o El Pibe, según el país) es una película muda que nos cuenta las consecuencias asociadas al abandono de un hijo. Una joven señorita, Edna (Edna Purviance), acaba de dar a luz a un hijo no deseado y decide abandonarlo. Un inocente vagabundo (Charlie Chaplin) encuentra al bebé; en varias ocasiones intenta deshacerse de semejante responsabilidad, si bien, finalmente, se compadece de él y decide adoptarlo y asumir su crianza. El bebé crece y se convierte en John, un muchacho de cinco años (Jackie Coogan), quien, junto a su padre adoptivo, sobrevive en base a pillerías en un suburbio de la ciudad. Pasa el tiempo y Edna se ha convertido en una famosa actriz; ella intenta mitigar parte del constante dolor de haber abandonado a un hijo y lo hace visitando los suburbios, en donde regala juguetes a los niños. Uno de esos niños es John, a quien acaba reconociendo como el hijo que abandonó. Finalmente, Edna y John se reencuentran como madre e hijo, y Chaplin es invitado a vivir con ellos en su lujosa casa. 

La película El Chico presenta un problema que, desgraciadamente, siempre es de actualidad. Continuamente, en nuestra profesión como pediatras y en nuestra condición de ciudadanos, vivimos u oímos casos de niños que son abandonados por sus padres. En esta película, a partir del primer rótulo en el que se expresa que el objetivo de la película es provocar una sonrisa, o tal vez una lágrima, la narración utiliza todos los registros para entender el dolor del abandono de la madre, el sentido social de la maternidad, el acogimiento, la educación y cuidados, la caridad, la actitud de las instituciones de asistencia social, y el cariño de los padres adoptivos. No era difícil para Chaplin conseguir todo eso, pues la película tiene detalles autobiográficos de su infancia, infancia que hemos visto que se desarrolló entre abandonos, hospicios e instituciones. 

La Ley de Protección de Menores en la legislación española contempla el acogimiento como una medida de apoyo y protección a la infancia; concretamente, propone el acogimiento preadoptivo como una medida previa a la adopción, cuya finalidad principal es la adaptación a la vida en familia de los menores, bien para su reinserción en su familia de origen, bien como paso previo a la adopción. No es la primera vez que hablamos de adopción y acogimiento en “Cine y Pediatría” (ver entradas 13, 14 y 38),

En la película El Chico siempre se destaca el excepcional papel del niño, Jackie Coogan, uno de esos recordados pequeños grandes actores de Hollywood en blanco y negro. Jackie Coogan inició su carrera con Charles Chaplin a los 5 años en A Day´s pleasure (1919), pero fue la película El Chico la que le catapultó a ser muy popular. Tuvo una corta carrera, pero suficiente para poder denunciar a sus padres por mala administración de sus ganancias (lo que sentó un precedente jurídico). Creció al lado de la serie B en el cine y se le recordará como el tío Lucas en la serie de televisión La familia Addams (1964-1966) y también se le recordará, con cierta envidia, por haber sido el marido de la pin-up Betty Grable. 

Hoy, en El Chico, Jackie Cogan no necesita palabras para expresar con la fuerza de un grito lo que arrastra el abandono de un hijo, tanto en las familias (las que abandonan y las que acogen) como, sobre todo, en los niños.

viernes, 8 de marzo de 2013

La infancia no es un trastorno mental



El DSM-V ya está próximo... y creo que somos muchos los médicos en general - y los pediatras muy en particular - los que estamos profundamente preocupados por lo que del mismo se va filtrando.

En el reciente Curso de Actualización de la AEPap celebrado en Madrid, en la mesa redonda de "Dividencias", ya se hizo mención al DSM-V como posible "hacedor" de nuevos trastornos psiquiátricos infantiles al convertir algunos comportamientos en enfermedades mentales. Este temor no es nuevo, diversos blogs espcializados en psicología y psquiatría también están manifestando su profunda preocupación sobre este tema. En "Saltando muros" ya nos advertían hace dos años de que "El nuevo manual clasificatorio de enfermedades mentales DSM-V amenaza con poblar el planeta de enfermos psíquicos". No parece una exageración, ni mucho menos. Me quedo con una frase de la entrada del mencionado blog que para mi resume perfectamente los motivos de nuestra preocupación: "El DSM-V podría dramáticamente incrementar las tasas de trastornos mentales. Esto aparece de dos maneras: nuevos diagnósticos que podrían ser extremadamente comunes en la población general y umbrales diagnósticos más bajos para muchos desórdenes existentes".

Los niños van a ser, si nadie lo remedia, los grandes perjudicados de la nueva clasificación DSM-V. Un solo ejemplo: las rabietas infantiles corren el riesgo de "colarse" en la versión definitiva de este manual bajo el aparatoso nombre de "“Trastorno de Disregulación Disruptiva del estado de ánimo” (DMDD), aplicable a niños que ”exhiben episodios frecuentes de irritabilidad y arrebatos de conducta durante tres o más veces a la semana durante más de un año”". Por poner un ejemplo. Vamos a otro: respecto al TDAH, parece ser que los criterios diagnósticos serán más "laxos", no requiriendo discapacidad y reduciendo el número de criterios para realizar el diagnóstico del trastorno.en adultos...

Parece ser que el DSM-V verá la luz en mayo de este año según se informa en su web oficial. Habrá que esperar a ver si todos estos temores se confirman, aunque todo parece indicar que sí. En ese caso los pediatras tendremos que ejercer, más que nunca, de "abogados defensores" de nuestros niños. El DSM-V no es ajeno a intereses comerciales, como podemos comprobar en el artículo de PLOS Medicine titulado "A Comparison of DSM-IV and DSM-5 Panel Members' Financial Associations with Industry: A Pernicious Problem Persists".

Así que los pediatras tenemos motivos de sobra para estar preocupados. Cualquier comportamiento transitorio anormal puede ser tributario de su correspondiente "etiqueta psiquiátrica". Estemos alerta. Porque la infancia no es un trastorno mental.