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sábado, 22 de octubre de 2011

Cine y Pediatría (93). “Contagio” o remembranzas de una pandemia de cuyo nombre no quiero acordarme

Son múltiples las películas que han tratado sobre epidemias y pandemias. Películas de ayer y de hoy, encuadradas en distintos géneros (ciencia ficción, suspense, terror, etc) y con diferente calidad. Algunos ejemplos son: El doctor Arrowsmith (John Ford, 1931), Pánico en las calles (Elia Kazan, 1950), La amenaza de Andrómeda (Robert Wise, 1971), El puente de Casandra (George Pan Comatos, 1976), La invasión de los ultracuerpos (Philip Kaufman, 1978), Filadelfia (Jonathan Demme, 1993), Estallido (Wolfgang Petersen, 1995), 12 monos (Terry Gilliam, 1995), Alerta biológica (Dean Semler, 1998), Pandemic (Armand Mastroiani, 2000), La guerra de los mundos (Steven Spielberg, 2005), Hijos de los hombres (Alfonso Cuarón, 2006), Doomsday (Neil Marshall, 2008), A ciegas (Fernando Meirelles, 2008). Algunas vienen en serie, como Resident Evil (Paul W. S. Anderson, 2002) y sus secuelas: Resident Evil: apocalipsis (Alexander Witt, 2004), Resident Evil: extinción (Russell Mulcahy, 2007) y Resident Evil: ultratumba (Paul W. S. Anderson, 2010); o 28 días después (Danny Boyle, 2002) y 28 semanas después (Juan Carlos Fresnadillo, 2007). Otras se han versionado en distinto formato a lo largo del tiempo: El último hombre en la tierra (Ubaldo Ragona y Sidney Slkow, 1964), El último hombre vivo (Boris Sagal, 1971) y Soy Leyenda (Francis Lawrence, 2007); REC (Jaume Balagueró y Paco Plaza, 2007) y Quarantine (John Erick Dowdle, 2008). Y muchas más.

Acaba de estrenarse Contagio (2011) de Steven Soderbergh, prolífico y poliédrico director estadounidense (también productor, guionista y director de fotografía bajo el seudónimo de Peter Andrews), con una filmografía con altibajos. Nominado a los Oscar en tres ocasiones como mejor director: Sexo, mentiras y cintas de vídeo (1989), sorprendente ópera prima; Erin Brockovich (2000), para mayor gloria de Julia Roberts; y Traffic (2001), donde sí consiguió el premio. Alterna películas de autor, con películas comerciales, siendo la trilogía Ocean´s la más significativa (Ocean´s Eleven, 2001; Ocean´s Twelve, 2004; y Ocean´s Thriteen, 2007). Su carrera se ha visto muy vinculada profesionalmente con George Clooney, con quien creó la productora Section Eight.

En Contagio se aborda este cine de epidemias y pandemias desde una perspectiva casi documental, a medio camino entre el cine convencional y un capítulo de Informativos TVE. Es una película directa, sin demasiadas concesiones a la galería, con uno de los repartos corales más significativos del último año: tres actrices y tres actores de Oscar, algo que vende mucho. Tres actrices ya galardonadas con un Oscar como mejores actrices principales: Gwyneth Paltrow (Oscar a Mejor Actriz en 1998 por Shakespeare enamorado de John Madden), Marion Cotillard (Oscar en 2007 por La vida en rosa: Edif Piaf de Olivier Dahan) y Kate Winslet (Oscar en 2008 por El lector de Stephen Daldry). Tres actores nominados con un Oscar como mejores actores principales, aunque se quedaron a las puertas: Laurence Fishburne (nominado en 1993 por Tina de Brian Gibson), Matt Damon (nominado en 1997 por El indomable Will Hunting de Gus Van Sant) y Jude Law (nominado en 2003 por Cold Mountain de Anthony Minghella). Un repóker actoral de ases (que se promociona en la propia carátula de la película y en el que, curiosamente, Damon, Law y Paltrow vuelven a coincidir en una película 12 años después de El talento de Mr Ripley de Anthony Minghella) para una de las historias más rigurosas en la gran pantalla en el abordaje de la problemática ante una epidemia/pandemia. Aunque es verdad que Soderbergh no hace cine denuncia, sino que se acerca al blockbuster con aspecto de documental repleto de estrellas para que se nos ponga el vello de punta. Y lo consigue en líneas generales. Y lo consigue con cierto fundamento gracias al Dr Ian Lipkin de la Universidad de Columbia, que actuó como asesor científico.

Soderbergh no lo tenía muy difícil para hacer esta película; lo difícil era acertar en el formato: y para ello recurre a la narración desde múltiples puntos de vista (tal como ya hiciera en Traffic). Solo bastaba que recordara lo que ocurrió en la pandemia de la gripe A (H1N1) del año 2009. Y que, con las oportunas licencias del séptimo arte, simulara el discurrir de los acontecimientos, día a día, semana a semana. El miedo que genera la película es el propio clima documental de la realidad; este miedo no precisa de zombies, de alarmas masivas contra la humanidad o de imágenes escabrosas. El miedo en el cuerpo se nos mete con un terror estremecedoramente real, presentado con una frialdad aséptica verdaderamente hipnótica.

Desde el punto de vista cinéfilo, se puede destacar en Contagio algunos aspectos: la concisión del guión para narrar una pandemia (este tipo de guiones siempre tiende al exceso), las interpretaciones actorales, la banda sonora de Cliff Martínez y, sin duda, el trepidante inicio de la película. Incluso es destacable su capacidad de promover la prevención en la transmisión de enfermedades: el veloz montaje de los detalles de una mano portadora de infección conteniendo un estornudo, cogiendo un cacahuete de una taza o tocando una tarjeta de crédito, nos hace conscientes de inmediato de la fragilidad de la vida humana en un mundo en el que estamos condenados a estar conectados. Un flashback final de la película nos intenta responder a una pregunta clave y entonces entendemos por qué la película comienza el segundo día de la epidemia. Contagio nos habla de una epidemia infecciosa; pero en una escena nos hace un guiño a otra epidemia en Pediatría: el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (en aquel momento un empleado del CDC de Atlanta le pregunta al director del complejo por el remedio de la supuesta enfermedad de su hijo).

Contagio no es una película redonda, pero es de las mejores películas que podemos ver sobre este tema, con aspectos científicos veraces (la investigación epidemiológica de los brotes, las medidas preventivas o la búsqueda de una vacuna), con personajes reales (pacientes y ciudadanos de a pie, epidemiólogos, biólogos, especialistas médicos, industria farmacéutica, políticos y burócratas, periodistas, blogueros, instituciones sanitarias del calado de la OMS y de los CDC), lugares de nuestro entorno (familias, oficinas, despachos, laboratorios, consultas, hospitales, etc.) y situada alrededor del mundo (Hong Kong, Londres, Tokio, Ginebra, Atlanta, San Francisco, Mineápolis y Chicago) que conforman una realidad que, de alguna forma, vivimos hace tan sólo dos años.

Una realidad de cuyo nombre no quiero acordarme y que recordamos de soslayo: la pandemia de la gripe A del año 2009. Una vivencia en la que recordamos algunas luces (algo aprendimos de la pandemia de la gripe A y, entre ellos, apreciamos la capacidad de respuestas de los médicos de nuestro sistema sanitario) y muchas sombras (algo perderemos sino aprendemos de lo que no se hizo bien: el amarillismo periodístico inicial, el miedo escénico a la población, los errores de cálculo de la previsión de morbimortalidad, etc.). De hecho, este blog (que en breve cumplirá su entrada 1000) empezó a caminar con fuerza a partir de las noticias de tranquilidad que sobre la gripe A se quisieron transmitir en la Web 2.0, noticias que fueron secundadas masivamente por la blogosfera en España a través de un movimiento que se conoció como Gripe y calma. Nos tocó hacer el papel de Jude Law (periodista freelancer vinculado a su blog y a las redes sociales como Facebook y Twitter) en Contagio, un papel incómodo, pero necesario; en la propia película se llega a argumentar: "un blog no es una novela, es un grafiti con signos de puntuación". Echamos de menos en la película los grupos de médicos que se dedicaron a crear información científica de calidad, sin sesgos y con rigor, sobre la enfermedad. Aquí nuestro Grupo de Trabajo de Pediatría Basada en la Evidencia se dejó la piel en el verano de 2009 para dejar listo el Informe técnico en pediatría sobre la gripe pandémica A (H1N1) 2009.

Cuando uno visiona Contagio, rememora la pandemia de cuyo nombre no quiero acordarme. No nos dejó buenas vibraciones aquella experiencia en Pediatría (al menos para el que esto firma). Sólo espero que sirviera de algo para hacerlo mejor en la próxima epidemia, para crear más calma y menos alarma.


2 comentarios:

  1. No pensaba acercarme a verla, y has conseguido que me entre una gran curiosidad!!

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  2. No la veré,la ralidad siempre es mejor jajaj

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