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miércoles, 27 de febrero de 2013

Mindfulness: un “palabro” que ha venido para quedarse


Estamos rodeados de palabras que proceden de otros idiomas y, por distintas razones (en muchos casos por pereza lingüística), se quedan en el nuestro, sin plantearnos demasiado esfuerzo por traducirla a alguna palabra razonable al español. Algunas son ya casi imposibles de reconducir. 
Creo que no hay presentación científica que no salgan dos anglicismos de este tipo, con un sentido lingüísitico no correcto: una es, claro, “evidencias”, cuando deberíamos decir pruebas científicas o similar (sencillamente porque no hay nada menos evidente que la mal llamada medicina basada en la evidencia); la otra es “severo”, sobre todo, porque sólo las personas son “severas”, pero no las patologías, que serán “graves” o “intensas”. 

El número de anglicismos que se quedan es exponencial a las innovaciones aparecidas, muchas de ellas alrededor del mundo de la Gestión y de las Tecnologías de la Información y Comunicación. Y nos rodeamos de textos con “benchmarking”, “coaching”, “empowerment”, “crowdfunding”, etc. Ahora está poniéndose de moda el “mindfulness”. 

A veces, es grande el desafío cuando intentamos en una palabra dar cuenta de la “cualidad” de aquello que queremos traducir. Ha sido difícil encontrar una palabra en castellano que dé cuenta de ello, lo que ha hecho que implícitamente las distintas personas que trabajan alrededor de mindfulness hayan conservado la palabra en inglés con el fin de evitar la confusión que más bien provocan las distintas traducciones y no saber que hacen referencia a lo mismo. Mindfulness es una cualidad de la mente o más bien la capacidad intrínseca de la mente de estar presente y consciente en un momento determinado, en un momento en que cuerpo y mente se sincronizan totalmente en un instante de realidad presente. Presencia plena y conciencia abierta se conjugan en un momento en nuestra mente/cuerpo/espíritu. Es esa cualidad propia de cualquier ser humano pero que ha sido motivo de estudio principalmente en el paradigma oriental. La experiencia de mindfulness se devela y se entrena en una disciplina o práctica llamada meditación

Según el desarrollador del programa Mindfulness Based Stress Reduction (MBSR), Jon Kabat-Zinn, consiste en prestar atención al momento presente, con una actitud determinada, sin juzgar. Se dice que no es una terapia, sino una actividad psicoeducativa que no suple, sino que complementa. Es una herramienta más de acercamiento no sólo a la enfermedad, sino también a uno mismo. Ayuda a ser más optimista (posiblemente más feliz) porque permite desarrollar la inteligencia emocional y se favorece una actitud positiva ante la vida, y es importante el “medita para concentrarte”. Quien practica el mindfulness se dice que, objetivamente, reduce el estrés, la ansiedad e, incluso, ayuda a pacientes con dolores asociados a patologías crónicas. 

En fin, queda dicho… que tal como está el percal en nuestra sanidad, vamos a necesitar mindfulness a paladas. Yo, sin saberlo cómo se llamaba, llevo tiempo practicándolo... y es increíble. Así que a aquella entrada que llamamos como “Sanidad, procrastinación y resiliencia”, ahora lo ampliamos a “Sanidad, procrastinación, resiliencia y mindfulness”. 

En fin, comenzamos este post con palabras inglesas de traducción engañosa y aquí os dejamos un artículo que tuve la fortuna de escribir junto al maestro y amigo del lenguaje, Fernando A. Navarro. Han pasado 14 años de aquel artículo, pero seguimos viviendo los mismos problemas de lenguaje. Os lo dejamos para su lectura, aunque entendemos que es como predicar en el desierto. Y, ahora, habría que actualizarlo con todos los "palabros" que hemos comentado hoy.

Lo dicho, que las enfermedades podrán ser graves, agudas y casi esdrújulas,... pero no "severas", salvo que a través del "mindfulness" obtenga otras "evidencias".

 

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