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sábado, 15 de agosto de 2015

Cine y Pediatría (292). “Amerrika”, la tierra prometida


El cine ha reflejado desde sus inicios los dramas humanos de la sociedad, entre ellos la necesidad de dejar la propia tierra para sobrevivir en otras regiones u otros países. Múltiples títulos coronan el séptimo arte alrededor de la emigración, películas de muchas nacionalidades, algunas son todo un clásico, otras menos conocidas: El emigrante (Charles Chaplin, 1917), Toni (Jean Renoir, 1934), Las uvas de la ira (John Ford, 1940), Rocco y sus hermanos (Luchino Visconti, 1960), O salto (Christian de Chalonge, 1968), La nueva tierra (Jan Tröell, 1972), Mi hermosa lavandería (Stephen Frears, 1985), Pelle, el conquistador (Billw August, 1987), Avalon (Barry Levison, 1990), Cheb (Rachid Bouchared, 1990), Bwana (Inmanol Uribe, 1995), Mi familia (Gregory Nava, 1995), La canción de Carla (Ken Loach, 1996), Said (Llorens Soler, 1998), Cosas que dejé en La Habana (Manuel Gutiérrez Aragón, 1999), Oriente es Oriente (Daniel O´Donell, 1999), Poniente (Chus Gutiérrez, 2002), En el mundo (Michael Winterbottom, 2002), Quiero ser como Beckham (Gurinder Chadha, 2002), Extranjeras (Helena Taberna, 2003), Un franco, 14 pesetas (Carlos Iglesias, 2005), Ghosts (Nick Broomfield, 2006), 14 kilómetros (Gerardo Olivares, 2007), Retorno a Hansala (Chus Gutiérrez, 2008),… y un largo etcétera. 
Algunas de estas películas llevan en su título un denominador común, como son Un sueño americano (King Vidor, 1944), América, América (Elia Kazan, 1963), L`America (Gianni Amelio, 1994) o En América (Jim Sheridan, 2002), película que ha formado parte de Cine y Pediatría como esos recuerdos de la infancia de una familia irlandesa desde la Gran Manzana. 

Y hoy traemos a esta sección la película canadiense Amerrika (Cherien Dabis, 2009), basada a grandes rasgos en la experiencia de la propia directora, opera prima en el largometraje de esta directora de nacionalidad palestino-estadounidense y que se asoma, en tono autobiográfico, a la aventura de una madre palestina y su hijo adolescente que se trasladan con unos familiares al Illinois rural durante la invasión de Irak de 2003. 

Porque, como nos explica la directora, su familia palestino/jordana fue inmigrante y, como la mayor parte de los inmigrantes, llegaron a Estados Unidos esperando lograr el sueño americano. Pero lo que encontró fue algo totalmente diferente y es precisamente esta lucha de los inmigrantes la que le empujó a escribir y dirigir Amerrika. Y como nos explica su directora: "Cuando me preguntan de dónde soy, para mí siempre es una pregunta confusa. Mis padres inmigraron a los Estados Unidos antes de que yo naciera, pero regresábamos a Jordania todos los veranos. No era suficientemente americana para los americanos, ni suficientemente árabe para los árabes. Mi propio deseo de encontrar un lugar al que llamar hogar, un lugar al que perteneciese... siempre formó una parte importante de mi identidad”. Su padre (como en la película) fue médico y necesitó 14 años para lograr un consultorio éxito, pero bastaron unos días para que todo se derrumbase cuando sus pacientes lo abandonaron durante la Guerra del Golfo de 1991 (momento en que muchos árabes se sintieron como chivos expiatorios y cuya xenofobia se acrecentó tras los atentados del 11S del 2001, momento en que la persecución al árabe se institucionalizó en Estados Unidos). 

Amerrika nos cuenta la historia de Muna (Nisreen Faour), una mujer separada (su marido se marchó con una mujer más joven) cuya difícil vida transcurre en Cisjordania, y que, tras obtener un permiso de trabajo y residencia en Estados Unidos, emigra junto a su hijo adolescente Fadi (Melkar Muallen), hasta una pequeña ciudad del estado de Illinois donde vive su hermana Raghta (Hiam Abbass) junto a su marido, el doctor Nabeel (Yussef Abu Warda), y sus tres hijas. Allí comenzará para ellos una nueva vida en la que deberán enfrentarse a las dificultades de adaptarse a una nueva cultura, de no perder sus señas de identidad, y de enfrentarse a un entorno hostil hacia todo lo que suena a árabe y musulmán. Rahta le dice a Muna: “A pesar del tiempo que llevo aquí, todavía lo echo de menos. Ese sentimiento no se va. Es como si arrancan un árbol de raíz y lo plantan en otro sitio”. La propia Muna, ante la suspicacia que presiente por su origen nos refiere: “Ni siquiera somos musulmanes… Somos una minoría aquí y allí también”
Allí, en la soñada América, Fadi sobrevive al muro de la incomprensión de una parte del instituto de la misma manera en que solía hacerlo a través de los puestos de control militar en la frontera y el muro de la vergüenza hacia Cisjordania, y la indomable Muna combina su vida cocinando falafel con las hamburguesas de White Castle, haciendo creer a todos que ha recuperado su puesto del banco que tenía en su país de origen. Al descubrirse la verdad, una sobrina pequeña le dice a Muna:“Tía, ¿de verdad que trabajas en White Castle?... Al menos podrías haber elegido Wendy´s”. Mientras Fadi congenia con su prima rebelde y se mete en líos en el instituto, la indomable Muna no pierde la esperanza y, a pesar de tener que llevar una doble vida en la hamburguesería local, afronta con optimismo esta nueva etapa, enseñándole a su hijo una lección que nunca olvidará. 
Pero aún en un ambiente de cierta hostilidad, apreciamos la solidaridad de algunas personas a su alrededor como el joven compañero de la hamburguesería, la empleada del banco o el profesor del instituto de origen judío. A este último le dice: “¿Sabe que nosotros, los árabes, inventamos el ajedrez? Sí, cuando se dice jaque mate, viene del árabe “skeikg mat”, que significa “el rey está muerto”… Habla árabe sin saberlo”. 

Una película que trata de ese tema ya universal que son las historias de emigración e inmigración, la búsqueda humana de la aceptación y de la pertenencia; una búsqueda profunda y eterna, aunque en ocasiones difícil de alcanzar fuera de las raíces de cada uno. Una búsqueda que acompaña a una madre y su hijo adolescente. Aunque Amerrika no obtuvo una crítica favorable unánime, lo cierto es que obtuvo el Premio Integración de la SEMINICI de Cine de Valladolid y el Premio Fipresci en el Festival de Cine de Cannes. Amerrika aborda temas esperables en este tipo de narraciones: el desarraigo, la nostalgia, el choque de culturas, el sentimiento de no pertenencia, el exilio, la tolerancia, la reivindicación de las tradiciones, y la ilusión de creer haber llegado a la tierra prometida de las oportunidades.

Una película que, de alguna forma, siento cerca... porque mi familia también fue emigrante y porque sigo siendo nómada.

 

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