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sábado, 11 de junio de 2016

Cine y Pediatría (335). "El mito de la adolescencia", no es que todo tenga que ocurrir


Se define un mito como aquella historia imaginaria que altera las verdaderas cualidades de una persona o de una cosa y les da más valor del que tiene en realidad. Se ha utilizado en muchas ocasiones para las historias fantásticas que narra las acciones de los dioses y héroes de la Antigüedad. Pero hoy traemos este título en una película cuyos protagonistas son otros dioses y otros héroes: hablamos de alguien tan importante para Cine y Pediatría como son los adolescentes

Desde hace tiempo, desde Cine y Pediatría venimos reivindicando la adolescencia como género cinematográfico, al igual que lo es el cine de ciencia ficción, el western o el policíaco. Porque un género cinematográfico se clasifica según los elementos comunes de las películas que abarquen, originalmente según sus aspectos formales (estilo o tono), pero también por su ambientación o tema, o por su formato o producción, así como por el tipo de audiencia. Y es así como el tema de la adolescencia es un temática social, psicológica y médica casi inabarcable, que en su forma y fondo, en la cantidad y calidad de sus películas, merece esta propia consideración. Y de ello hablaremos próximamente en las VI Jornadas de Medicina y Cultura que tendrán lugar en Alcázar de San Juan.

Y en este concepto no hablamos solo de películas para adolescentes, esas películas de “generación” o "teenagers" que tanto gustan a sus protagonistas (al igual que la literatura de "teenagers"), sino de tantas películas que tienen a adolescentes como protagonistas de la historia. Y algo así es El mito de la adolescencia, la primera película de David Robert Mitchell en el año 2010, con apariencia formal de cine indie. Director que con su segunda película, It follows, encumbrada por muchos como el mejor film de terror de 2014, se consagra como un referente del cine independiente americano. 

En las primeras escenas se nos presentan a adolescentes en una piscina comunitaria, adolescentes que coinciden en un supermercado mientras hacen la compra acompañados de sus madres, adolescentes en una pista de atletismo,... adolescentes que se cruzan. La pequeña historia (con sus luces y sombras, virtudes y temores) de cuatro adolescentes (Maggie, Rob, Claudia y Scott) en la ciudad de Detroit, en la última noche del verano y alrededor de una fiesta conocida como la noche de los pijamas. Historias cruzadas donde apreciamos que todos, de forma intemporal, las hemos hecho alguna vez en la adolescencia: el flirteo, la experiencia del primer beso, ir a la piscina, las fiestas de amigos, jugar a la güija, ver películas de miedo, el despertar del sexo y la sexualidad, el hablar del hoy y del mañana, el primer amor,... 

Algunas reflexiones de nuestros adolescentes protagonistas marcan el camino hacia ese mito: "Es un mito la adolescencia... Te hacen dejar atrás la niñez con la promesa de todas esas aventuras. Pero una vez que entiendes lo que perdiste, ya es demasiado tarde. No puedes recuperarla". Y algunas otras definen sus reflexiones: "Hay que reconocer las cosas geniales que puedes hacer cuando eres niño...", "¿Alguna vez has respirado a través de otra persona?", "Seremos los primeros en primer curso que no hemos besado a nadie"

El director David Robert Mitchell nos retrotrae en el tiempo para contar la historia de otra generación, como ya hiciera Peter Bogdanovich en La última película (1971), Georges Lucas en American Graffiti (1973), Richard Linklater en Movida del 76 (1993) o Ben Stiller en Bocados de realidad (1994). Mitchell ha otorgado a su película un carácter atemporal, con emociones y sensaciones universales que bullen por encontrar otras a las que conectarse. Y sólo al final, casi en el mismo lugar donde había empezado la película, una frase que nos intenta dar alguna pista para entenderlo: “No es que todo tenga que ocurrir esta noche”. Porque mientras American Graffiti se cerraba con una especia de epílogo que desvelaba la suerte de los protagonistas, en El mito de la adolescencia (en realidad el título original es The Myth of the American Sleepover, es decir, el mito de las fiestas de pijamas americanas) no comparte esa urgencia de querer alcanzar el futuro y resolverlo todo... por lo que mantiene el mito. 

Y tras esa noche de fiesta de pijamas convulsa y de vidas cruzadas de adolescentes, en una noche con más sombras que luces (como la adolescencia), llega el día y todo se ve con más luz y más música, con cierta nostalgia. Y con este final, quizás valga la pena entender que no es que todo tenga que ocurrir en la adolescencia, esa tierra de nadie y hacia destino incierto.

 

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