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sábado, 12 de febrero de 2022

Cine y Pediatría (631) El olor inolvidable en el recuerdo de “Las 13 rosas”

 

La Guerra Civil española (1936-1939) enfrentó a los habitantes de España y a varias potencias extranjeras, que combatieron en suelo español para apoyar a uno de los dos bandos: republicanos o nacionales. Al finalizar, Francisco Franco se convirtió en el caudillo del país e impuso una dictadura autoritaria, conocida como Franquismo. Madrid fue la última ciudad en ser conquistada. Tras el fin de la guerra, el 1 de abril de 1939, las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU), organización juvenil de izquierdas contraria a Franco, quisieron organizarse clandestinamente para rechazar la ocupación de la ciudad. Sin embargo, sus líderes fueron descubiertos y aprisionados, y se buscó a aquellas personas que tenían contacto con la organización para reprimirles. 

Los hechos se precipitaron tras el asesinato del comandante Isaac Gabaldón, su hija de 16 años y el conductor del vehículo. Aunque no se sabía con claridad quién era el culpable del ataque, el régimen lo consideró un desafío y que debía castigar a los verdaderos culpables, o a aquellos de los que se sospechase, de forma ejemplar. El Régimen lo atribuyó a una supuesta red comunista de grandes dimensiones y muchos fueron detenidos y torturados. Así es como el 3 de agosto de 1939, el fiscal del Consejo Permanente de Guerra concluía y sentenciaba a muerte a 56 personas, y las culpabilizaba como “responsables de un delito de adhesión a la rebelión”. Entre ellos había 43 hombres (conocidos como “Los 43 Claveles”) y nuestras 13 mujeres (elegidas al azar de entre las reclusas que se encontraban en ese momento en la cárcel de Las Ventas de Madrid). 

Estas jóvenes pasarían a la historia como “Las Trece Rosas”: tenían entre 18 y 29 años y, dado que en aquel tiempo la mayoría de edad para las mujeres estaba fijada a los 23 años (21 en el caso de los varones), cabe decir que nueve de las 13 eran menores, pero fueron juzgadas a través de la Ley de Responsabilidades Políticas, en la que se rebajaba la edad a los 14 años. La madrugada del 5 de agosto de 1939, fueron fusiladas en el cementerio de la Almudena de Madrid en uno de los hechos históricos más tristes de la Postguerra Civil Española, con gran repercusión tanto en nuestro país como en el extranjero. 

Esta historia conmovedora ha sido motivo de inspiración para escritores y cineastas. Destacan libros como “Las Trece Rosas” de Jesús Ferrero o “Trece Rosas Rojas” de Carlos Fonseca. También su historia ha sido adaptada a otros formatos, como el espectáculo de danza Las 13 Rosas. O el documental Que mi nombre no se borre de la historia (Verónica Vigil y José María Almela, 2004), que buscó reflejar en el título la frase que dejó escrita una de las mujeres antes de morir. Y, finalmente, la película que nos convoca hoy: Las 13 rosas (Emilio Martínez-Lázaro, 2007), también busca rendir homenaje a las mujeres fusiladas. 

Las 13 rosas narra con emoción, sentimiento y rigor histórico uno de los episodios más terribles de la última postguerra española: el fusilamiento de las 13 mujeres inocentes, aunque se centre especialmente en cinco de ellas. La película cuenta con varios aciertos, como son la dirección de Emilio Martínez-Lázaro, la fotografía de José Luis Alcaine, la música de Roque Baños (acompañado por la Orquesta Sinfónica de Praga) y el vestuario diseñado por Lena Mossum, así como un elenco coral de actrices (y actores). La película fue ganadora de cuatro Goyas (mejor fotografía, diseño de vestuario, música original y actor de reparto a José Luis Cerviño), pero fue nominada a otros diez premios más, entre ellos mejor película y director (que fue a parar a La soledad de Jaime Rosales) y mejor guion original (que lo consiguiera El orfanato de Juan Antonio Bayona). 

La película, tras una títulos de crédito iniciales acompañados de fotos en blanco y negro de aquella España gris y complicada por la situación política y social que se vivía, nos presenta a dos de nuestras protagonistas, Virtudes y Carmen, aleccionando a sus conciudadanos: “De qué sirve la paz, sino tenemos libertad. De qué sirve la paz, sino tenemos dignidad”. Y a continuación se nos presenta a nuestras cinco protagonistas principales (y las actrices que les dan vida): Virtudes González García (Marta Etura), Carmen Barrero Aguado (Nadia de Santiago), Blanca Brisac Vázquez (Pilar López de Ayala), Julia Conesa Conesa (Verónica Sánchez), Adelina García Casillas (Gabriela Pession). Y en el último cuarto de le película, cuando ya se encuentran encerradas en la Cárcel de las Ventas, las otras ocho rosas: Martina Barroso García (Celia Pastor), Pilar Bueno Ibáñez (Sara Martín), Elena Gil Olaya (María Cotiello), Ana López Gallego (Alba Alonso), Joaquina López Laffite (Miren Ibarguren), Dionisia Manzanero Salas (Bárbara Lennie), Victoria Muñoz García (Teresa Hurtado de Orv) y Luisa Rodríguez de la Fuente (Carmen Cabrera). Trece mujeres con trece historias y trece familias; muchas de estas mujeres desempeñaban varios oficios (una pianista, una secretaria, una sastre y varias modistas). A ellas se le sumó Antonia Torre Yela (que no aparece en la película) y a la que se conocería como la Rosa número 14: fue condenada el mismo día que el resto, pero no fue fusilada hasta el 19 de febrero de 1940 a causa de un error de registro. 

A día de hoy y desde 1988, la Fundación Trece Rosas sigue conmemorando cada aniversario y velando por la memoria histórica de estas 13 mujeres que murieron fusiladas bajo el régimen franquista. Y esta película es un sentido homenaje. Y por la película somos testigos de la preparación de aquel Desfile de la Victoria, del miedo de las familias republicanas a la represalia, del NODO y de El cara al sol, del Auxilio Social y el exilio, del terror de la guerra y su postguerra. Una película especialmente dura tras la detección de nuestras protagonistas. Y cómo, tras ser condenadas en un juicio lleno de irregularidades, nunca les llegó el indulto, pese a cada una de las cartas de clemencia escritas al Caudillo. Y especial valor tiene las cartas finales de despedida escritas antes de su fusilamiento, que como se nos recuerda en el colofón de la película son cartas históricamente contrastadas: 

“Conserva, padre, la serenidad y la firmeza hasta el último momento. Que te ahoguen las lágrimas. A mí no me tiembla la mano al escribir…”. Adelina. 

“Muy querido hijo del alma. En estos últimos momentos tu madre piensa en ti. Voy a morir con la cabeza muy alta, solo por ser buena…Hijo, hasta la eternidad”. Blanca. 

“No me matan por criminal, me matan por una idea que creo justa y por ella muero. Me despido de vosotros con el deseo de que me recordéis siempre. Vuestra hija que os adora”. Virtudes. 

“Muero como debe morir una inocente. Adiós mamá, adiós para siempre. Tu hija ya jamás te podrá besar y abrazar… Que no me lloréis. Que mi nombre no se borre de la historia”. Julia. 

Es Las 13 rosas una película que emociona y conmociona, de la que no es fácil reponerse. Pero es una película muy necesaria, especialmente para las nuevas generaciones. Para que el aroma de estas rosas no desaparezca del recuerdo y evitemos que se pueda volver a repetir algo así. 

En ese casi subgénero del cine español que es la Guerra y Postguerra Civil Española, y que tiene ya su hueco en Cine y Pediatría, esta película adquiere un lugar privilegiado y por méritos propios. Porque, como recordaba su eslogan, Las 13 rosas es una de las películas que hacen historia. 

 

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