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sábado, 4 de febrero de 2023

Cine y Pediatría (682) “La brigada de la cocina”, masterchef para MENA


Si hay un colectivo de personas con el que trabajamos en situación de especial vulnerabilidad son los niños, niñas y adolescentes que han llegado solos hasta nuestro país. Referidos en el argot técnico como MENA (menores extranjeros no acompañados), estamos hablando de menores de 18 años, migrantes, que se encuentran separados/as de sus padres y que tampoco están bajo el cuidado de ningún otro adulto. 

Aunque no es un fenómeno fácil de cuantificar, el Ministerio del Interior tiene contabilizados en España alrededor de 12.000 menores migrantes no acompañados (Andalucía, Canarias y Cataluña concentran casi la mitad de esta cifra). En España, la realidad de los MENA está mayoritariamente asociada a los países del Magreb y, en particular, de Marruecos y Argelia; sin embargo, también están presentes menores no acompañados que han llegado procedentes del África Subsahariana, Europa del Este y Oriente Medio. Entre los motivos que llevan a estos niños y niñas a salir de sus países de origen se encuentran la pobreza y la falta de futuro y expectativas; situaciones de desestructuración familiar y desprotección institucional; catástrofes naturales; la guerra, la persecución, la violencia y situaciones de violación generalizada de los derechos humanos. 

A estos MENA, en el caso de que la repatriación a su país de origen o lugar de residencia no sea posible y, en todo caso, transcurridos nueve meses desde que el menor haya sido puesto a disposición de los servicios competentes de protección de menores, se procederá a otorgarle la autorización de residencia. Esta podrá ser renovada una vez que se cumpla la mayoría de edad, teniéndose en especial consideración el grado de inserción del solicitante en la sociedad española. 

Y, como ocurre en tantos otros aspectos de la vida, también el cine nos puede ayudar a entender este problema de los MENA. He aquí algunos ejemplos, algunos ya visitados en Cine y Pediatría: 14 kilómetros (Gerardo Olivares, 2007), El camino (Isthar Jasin, 2008), La buena mentira (Philippe Falardeau, 2014), A escondidas (Mikel Rueda, 2014), Adú (Salvador Calvo, 2020) o el cortometraje El viaje de Said (Coke Riobóo, 2006).    

Y a estas películas previas, muchas de ellas españolas, se suma hoy la reciente película francesa La brigada de la cocina (Louis-Julien Petit, 2022). Y lo hace con el magisterio de compromiso que suele ser etiqueta en el cine en francés, un cine denuncia que aquí retrata, en tono de comedia social y humanista, el drama de la inmigración juvenil en Francia y lo hace alrededor de la cocina. Un maridaje extraño, pero que funciona y que, tal y como expresa su director, la cinta es un pretexto para mostrar que todos somos iguales y que la diversidad cultural puede ser sinónimo de riqueza. Y es que el director Louis-Julien Petit ya nos había mostrado su compromiso social con su anterior película, Las invisibles (2018), historia en tono de comedia alrededor de un centro de acogida para mujeres sin domicilio fijo que se va a cerrar y la implicación de las trabajadoras sociales del centro frente a este hecho. 

En La brigada de la cocina la trama pone el foco en Cathy Marie (Audrey Lamy, también protagonista de Las invisibles), una estricta chef a punto de cumplir el sueño de abrir su propio restaurante gourmet. Sin embargo, por desacuerdos con la responsable del restaurante de lujo actual en el que trabaja, abandona su trabajo y sus planes de futuro se rompen. Y nada será como había planificado, por lo que debe aceptar el trabajo de cocinera en un centro de acogida para jóvenes inmigrantes de muy diferentes nacionalidades, un centro MENA dirigido por un peculiar director (François Clozet, actor francés muy reconocible, como fue en la famosa película Intocable o en La escuela de la vida) y Sabina (Chantal Neuwirth), una positiva y siempre sonriente educadora.  

La situación no es fácil de asimilar inicialmente para Cathy Marie, nombre que es doble en honor tanto de la matrona que la vio nacer como de la cocinera que la ayudó a ser quien es, pues nos revela que en su infancia también vivió en un hogar de acogida. Lo cierto es que poco a poco ella también cambia, y logra vencer su impulsividad y mal genio para lograr transmitir su pasión por la cocina a esos jóvenes, quienes también tienen mucho que enseñarle a ella. Jóvenes que tienen en el fútbol su mayor entretenimiento, y es por lo que ella les muestra cómo recoger los productos del campo, las técnicas básicas de cocina y la propia organización del trabajo como si de un equipo de fútbol fuera (con portero, defensas, medios y delanteros). Y a través de esa afición surge la amistad y la confianza (cada uno narra su propia historia hasta llegar allí), desde el pequeño GusGus de 10 años (en homenaje a uno de los ratones de Cenicienta) hasta los mayores, pues algunos ocultan su edad para no ser deportados. Y así resuenan las palabras del director del centro: “Mi ambición es que se queden en Francia. Quieren hacerles una radiografía para saber que no son adultos”. Y la edad ósea y la ortopantografía permite confirmar una edad superior a los 18 años en alguno de ellos, momento en el que dejan de ser considerados MENA: “No sabía que fuera tan duro vivir aquí. Pensé que lo tendría todo”, dice uno de ellos. 

Y como buena “feel good movie” con crítica social y multicultural incorporada, se presentan al programa The Cook (similar a nuestro Masterchef) con una buena cantidad de dinero en juego para una causa. Y todos los MENA contestan como corresponde: “¡Gracias, chef!”. Y, en el camino de esta sencilla historia, Cathy aprende a través de los jóvenes a encontrarse a ella misma, mientras que los jóvenes aprenden a soñar. 

En definitiva, una buena propuesta para ver en familia. Una película sencilla, emocional y con ciertos toques de denuncia social. Y, lo más importante, permite reflexionar sobre al entendimiento intergeneracional, la armonía entre culturas y entre distintas clases sociales, señas de identidad del siglo XXI en nuestros occidentalizados países europeos. Y ello con el eco de las últimas noticias: en el año 2022 han muerto 2.390 personas que intentaban llegar en pateras a España, de ellos 111 menores de 18 años; y la principal ruta y fallecimientos ha sido la ruta de Canarias. 

 

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