sábado, 16 de enero de 2016

Cine y Pediatría (314). "La buena mentira", la eterna mentira


En Cine y Pediatría ya no olvidaremos un nombre, el del canadiense Philipe Falardeau, pues en el año 2011 nos regaló la película Profesor Lazhar, una declaración de amor a la enseñanza. Y este director, gracias al apoyo interpretativo de Reese Whiterspoon y el apoyo económico de Ron Howard, nos trae en el año 2014 una película basada en hechos reales y bajo el título de La buena mentira. Porque en "Las aventuras de Huckleberry Finn" aprendimos con Mark Twain a reconocer lo que es una buena mentira...y de esa anécdota toma el título la última película del director canadiense. 

Sudán es un país sacudido por una sangrienta guerra civil, en donde más de 20.000 niños y niñas quedaron huérfanos y fueron desplazados de sus aldeas durante la guerra civil sudanesa que se desarrolló entre 1983 y 2005. Se les conoce como "los chicos perdidos de Sudán" y una campaña humanitaria llevaría a 3.600 de estos niños perdidos a los Estados Unidos. 

La buena mentira narra la historia de un grupo de niños huérfanos de Sudán que deben aprender a sobrevivir por sí mismos y llegar a lugar seguro luego de que la guerra les quitara todo (familia, amigos, hogar). Theo, Mamere y Abital emprenden camino a través de paisajes inhóspitos con dos hermanos más pequeños, con el fin de llegar a Kenia, donde esperan conseguir refugio. En el camino, sufrirán la pérdida de los niños más jóvenes (uno de ellos, Daniel, muere en las garras de un león) y harán amistad con Jeremiah y Paul, otros chicos también huérfanos.  
Estos huérfanos, que logran sobrevivir a la guerra después de 13 años en un campo de refugiados de Kenia, consiguen ser acogidos en Estados Unidos, todos menos Theo. La única chica, Abital, es acogida en Boston, mientras que los chicos permanecen juntos en Kansas, donde les recibe Carrie Davis (papel encarnado por la oscarizada Reese Witherspoon, quien se implicó desde un principio en esta película), una asesora de una agencia de empleo a la que reclutan para ayudarles a encontrar trabajo e integrarles, algo nada fácil. Como dice la voz en off: "Esta es la historia de mis hermanos y hermanas... Como un puente invisible sus recuerdos conectan su vida pasada con nuestra vida nueva".

La buena mentira es el enfrentamiento de la realidad del primer y tercer mundo, y que nos habla del sufrimiento de emigrar, de los niños soldados, de la solidaridad bien y mal entendida, de que la vida nos es fácil para la mayor parte de este mundo... Para incrementar ese realismo hay que mencionar el hecho de que los actores que interpretan a los hermanos, Arnold Oceng como Mamere, Emmanuel Jal como Paul, Ger Duany como Jeremiah y Kuoth Wiel como Abidal, todos han sido descendientes de familia involucrada en la guerra o, incluso, niños soldado, lo que ayuda a que el papel que realizan sea aún más creíble. Y es en la llegada a otro mundo donde comienza la nueva odisea para ellos: la de insertarse en el corazón del Occidente capitalista e industrializado después de haber pasado toda la vida en la sabana africana. Un choque emocional que va desde la impresión que sufren cuando tienen que tirar la comida caducada de un supermercado a cuando oyen el timbre de un teléfono, o bien al probar la comida de un McDonalds o comprenden lo que es un interruptor de luz. 

Tras su llegada al aeropuerto J.F.K de Nueva York, en la primavera de 2011, se enfrentan al sufrimiento y la esperanza de los retos que plantea la vida en Estados Unidos, siempre con el apoyo de Carrie, a la que acaban llamado afectuosamente Yardit (que significa "gran vaca blanca"). Y a ella le realizan preguntas paradójicas en ese contexto, pero normales para ellos: "¿Dónde está tu aldea?" o "¿Sonreír sin motivo no es ser hipócrita?", o ese especial agradecimiento hacia ella en forma de "Que encuentres un marido con quien llenar tu casa vacía..." o ese agradecimiento a lo banal como "Padre nuestro, te damos gracias por este alimento milagroso, la pizza". Pero las cosas no son fáciles: "¿Qué te trajo a Estados Unidos?", le pregunta el encargado de un restaurante cuando buscan trabajo, a lo que uno de los hermanos contesta con sencillez: "Mis padres fueron asesinados en la Guerra de Sudán. Y mis hermanas vendidas como esclavas". Y entre ellos llega a surgir la discordia: "Ahora estamos en Norteamérica. Y en Norteamérica no somos nada"

La buena mentira, título que recuerda a "Las aventuras de Huckleberry Finn" (donde el personaje prefiere liberar a Jim, antes de embolsarse el dinero de la venta como esclavo), se contrapone al de Mamere (devuelve un acto de sacrificio del pasado a su hermano Theo, al que va a buscar a África). Y es que esta obra hollywoodense de Philippe Falardeau comparte puntos en común con Profesor Lazhar. Porque el período de duelo, el dolor y el sentimiento de culpa están presentes en ambas películas, así como el hecho de que sus protagonistas sean refugiados víctimas de la violencia política (en el caso de Profesor Lazhar, el terrorismo de Argelia; en el de La buena mentira, la guerra de Sudán y la política norteamericana posterior al 11S), junto a la presencia de un trauma psicológico (el suicidio de la profesora en la primera, y el sacrificio de uno de los hermanos, para salvar al resto, en el caso de la segunda película). Dos películas con premisas oscuras que nos llevan a la luz: si el punto de partida de Profesor Lazhar es el suicidio de una profesora  que descubre uno de los niños que quedaría profundamente traumatizado, en La buena mentira es la guerra civil sudanesa, de la que sobrevivirán nuestros protagonistas, no sin taras emocionales. 

Y es así que podemos decir que la película se compone de dos relatos: una primera parte de cómo sobreviven los chicos en su travesía por la sabana y una segunda parte de cómo sobreviven a una nueva vida en Estados Unidos. Una película que nos ayuda a ponernos en el lugar del otro, para entender otra mirada: "Nos llaman los niños perdidos de Sudán. No creo que estemos perdidos, creo que nos hemos encontrado"

Y La buena mentira puede no llegar a ser una gran película, pero si un buen documento, cuyo colofón son las fotos finales en blanco y negro con el recuerdo de historias reales que nos acercan a la eterna mentira de una mundo demasiado desigual en donde la infancia sigue siendo la primera víctima. Muchos mensajes y una frase final, que es un proverbio africano: "Si quieres ir rápido, camina solo; si quieres llegar lejos, ve acompañado"