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sábado, 2 de diciembre de 2023

Cine y Pediatría (726) “The Quiet Girl”, la emoción de ser querida


La escritora irlandesa Claire Keegan publicó en el año 2010 la novela corta “Foster” y, 12 años después, el director irlandés Colm Bairéad se estrena en el largo con la adaptación de esta obra, bajo el título de The Quiet Girl (2022), una obra llena de sentido y sensibilidad con un buen recorrido por festivales de cine y que en su año fue nominada al premio Óscar a Mejor película internacional, premio que fue a parar ese año a la película alemana Sin novedad en el frente (Edward Berger, 2022). 

Porque el primer largometraje de ficción del documentalista Colm Bairéad nos muestra la numerosa y disfuncional familia de Cáit, esa niña de 9 años de ojos azules y serena belleza (maravillosa interpretación de Catherin Clinch en su primer papel), en la Irlanda rural de principio de la década de los 80, donde sobrevive junto a un mujeriego y borracho padre, una madre dejada y engañada y tres hermanas mayores, un hogar donde apenas nadie se preocupa de ella. Un hogar donde los padres se olvidan de prepararle la comida cuando acude a clase, lugar donde también la consideran un bicho raro. Con ese ambiente de familia disfuncional y la poca integración escolar no extraña que tenga problemas de aprendizaje, sufra enuresis nocturna, sea una niña callada y quiera pasar desapercibida. 

Cuando la madre queda nuevamente embarazada, deciden enviarla a casa de unos familiares lejanos, unos primos de la madre, allí donde descubre el cariño y protección que no ha tenido hasta entonces. Los familiares son un matrimonio de mediana edad que viven solos en una casa de campo. La mujer, Eihblín (Carrie Crowyley), trata a Cáit con sumo cariño y respeto desde el principio y le regala enseguida este mensaje: “Una casa en la que hay secretos es una casa avergonzada. Y aquí la vergüenza no tiene cabida”. Pero también piensa sobre la propia niña: “Que Dios se apiade de ti. Si fueras mi hija, jamás te abandonaría en casas de unos desconocidos”. El marido, Seán (Andrew Bennett), se muestra algo más distante al principio, pero enseguida cambia su actitud, y al cabo de un tiempo piensa: “Tienes mejor aspecto. Solo hacía falta que te cuidaran un poco”

Y la historia se desarrolla como un poema de amor fundamentado en la sencillez. Cuando Cáit mira el papel pintado de trenes de su nueva habitación, cuando corre entre la fila de árboles para recoger el correo, cuando ayuda a cocinar y limpiar, cuando busca agua en el pozo, cuando le compran ropa nueva en la ciudad, incluso cuando asiste a un entierro. Sin otros niños alrededor. Solo ellos tres en la casa de la campiña irlandesa, rodeados de la naturaleza. Y sentimos cómo crece el cariño entre ellos, cariño sin afecto físico, pero que no se desmorona cuando una vecina descubre a Cáit uno esos secretos de los también había en ese hogar, un dolorosa verdad. 

Cáit lo vive todo con pocas palabras y sentimos cómo va arreglando una pequeña parte de lo que tiene roto, aunque también somos conscientes de que jamás podrá curar de todo el trauma de una infancia infeliz. Y Seán la defiende ante los que le dicen que es una niña de pocas palabras: “Porque solo usa las palabras que necesita. Ojalá hubiera más personas como ella”; y sus consejos suenan sabios: “No estás obligada a hablar. Recuérdalo siempre. A menudo la gente desaprovecha la oportunidad de callarse y luego sufre por ello”. 

Es fascinante ver durante la hora y media de metraje esta conmovedora reflexión sobre la familia encontrada. Y a buen seguro que la fotografía de Kate McCullough y la música de Stephen Rennicks contribuye a este estado de búsqueda del cariño y respeto que ha encontrado y que sabe que existe, aunque no será permanente. Porque un día tiene que volver….cuando ya la madre ha dado a luz a su quinto hijo. En el hola con sus padres y el adiós con Eihblín y Seán no hay muestras de cariño. Pero entonces llega esa maravillosa escena final, cuando la carrera de Cáit nos dirige al primer abrazo, tan profundo como desgarrador. 

Es The Quiet Girl un ejemplo de que menos es más y que nos interroga a los espectadores con esta pregunta: ¿qué ocurre cuando a una niña criada en una familia disfuncional le dejas vislumbrar lo que podría ser el amor familiar, aunque con fecha de caducidad? Hace poco comentamos la película Broker, allí donde el cine de Hirokazu Koreeda nos volvía a enfrentar a su peculiar reflexión sobre la familia encontrada, aquella que va más allá de la consanguinidad. Y The Quiet Girl nos devuelve esa reflexión, ahora desde Irlanda y rodada en gaélico. Una película con alma, mucho corazón y vida. Una película que emociona al sentir la emoción de Cáit al ser querida. Un cariño y cuidados que debieran recibir todos los niños y niñas de este mundo, pero que sabemos que, desgraciadamente, no es así en muchas ocasiones… 

 

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