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sábado, 28 de febrero de 2026

Cine y Pediatría (842) “A Kind of Childhood”, infancias muy diferentes

 

Nuestra película de hoy comienza con esta reflexión inicial de partida: "Imaginen un mundo donde el concepto de infancia tal como lo conocemos carece de sentido. Imaginen un mundo donde los niños apoyan a sus padres, donde la comida y la supervivencia son lo más importante, donde el trabajo es solo una parte más del crecimiento. Esto es Daca, Bangladesh". Esta voz en off desafía las nociones occidentales de infancia y presenta el enfoque del filme en realidades cotidianas en otros entornos. Es la película documental bangladesí A Kind of Childhood (Tareque Masud, Catherine Masud, 2002) y en la que descubrimos que se ha seguido durante seis años la vida de varios niños trabajadores en las calles y fábricas de Daca, explorando el trabajo infantil en el contexto de la pobreza urbana extrema. Una obra que combina intimidad personal con denuncia social, habiendo ganado el Premio del Jurado en el International Video Festival de India de aquel año. Su enfoque longitudinal ofrece una visión muy particular de la transición de la niñez a la adultez bajo condiciones de explotación laboral. 

El trabajo y la explotación infantil siguen campando a sus anchas en demasiados países, especialmente en el denominado segundo y tercer mundo, pero también en los demasiados núcleos de pobreza que persisten en países del primer mundo y emergentes. Nuestras últimas películas en Cine y Pediatría dan buena fe de ello: desde Polonia, Los niños de la estación de Leningradsky (Hanna Polak, Andrzej Celinski, 2004), desde India, Los niños del barrio rojo (Ross Kauffman, Zana Briski, 2004) y Children of the Pyre (Rajesh S. Jala, 2008), y desde México, Los herederos (Eugenio Polgovsky, 2008). Todas con carácter documental, al igual que nuestra película de hoy, que nos traslada a Bangladesh, un país con 177 millones de habitantes, y en concreto a su capital, Daca, con una población que supera los 20 millones. Fundada como fortaleza mogol en 1610, fue capital de la colonia británica desde 1905 y de Pakistán Oriental en 1947, sigue siendo el centro económico desde 1971, tras la independencia, con rápido crecimiento urbano. Ha pasado casi un cuarto de siglo desde la grabación de A Kind of Childhood, pero nos documentamos que en Daca persisten slums (asentamientos urbanos informales y densamente poblados) masivos donde converge migración rural y pobreza urbana, con altos niveles de trabajo infantil: hasta el 15% de menores entre 6-14 años no están escolarizados y trabajan un promedio superior a las 40 horas semanales, principalmente en industria textil (dos de cada tres son niñas trabajadoras). Porque aún hoy se tiene en ese país (y en otros muchos) la percepción cultural de que el trabajo infantil es necesario para la supervivencia.     

De hecho, en la capital bangladesí, slums como Korail albergan millones de migrantes pobres, donde niños trabajan en condiciones peligrosas, vinculándose directamente al tema de A Kind of Childhood, que entrelaza las historias de niños y niñas de Dhaka y se nos muestra su rutina diaria de largas horas de trabajo, merodeados por el hambre y el riesgo físico. Lo que se dice una infancia muy diferente la de crecer en Daca… 

Son varios los niños y niñas que aparecen, pero es Idris nuestro personaje central, y vemos su recorrido en esos seis años, de niño a adolescente. Nos cuenta cómo pierde su trabajo inicial en una fábrica textil por una campaña contra el trabajo infantil y pasa a ser ayudante en el transporte público (el “tempo”, como se nombra en la película, esos particulares rickshaws), mientras intenta continuar su educación en la escuela pública (un lugar tan desvencijado como su casa o su entorno): "Mi gran deseo es poder estudiar. Yo mismo trabajo, tengo esperanza de mantener bien a mi padre con un trabajo". Sus padres están separados, la madre se fue y el padre se encuentra inválido y no puede trabajar, por lo que él es el sustento. Su sueño es ser conductor de estos tempo, vehículos de tres ruedas, y para ello no duda en maquillarse bigote para parecer mayor y poder conducir el motocarro y que la policía no le pare y pida la licencia. 

Pero también aparece Shuli y su hermana pequeña, quienes venden collares de flores en las calles, y cuya madre le dice: “No quiero que no seas educada como yo. Mi sueño es que vayas a la escuela y consigas un futuro brillante”. Y sueñan con que ser doctoras algún día: "Quiero estudiar para que todos nos respeten... Así podré mantener a mi madre". También conocemos a Joshin, ese chico más pequeño que Idris y que le ayuda como asistente en los tempo, quien, tras un accidente con este inseguro medio de transporte, se fractura el brazo izquierdo; y la reflexión no se hace esperar: "Dos amigos murieron así... Después de eso, mi padre no me dejó ir más allí". Y con el tiempo el propio Idris tiene otro accidente más tarde y le hace dejar este oficio… pero también su reflexión final de querer dejar la ciudad. 

Y con Idris alejándose por el camino, termina la historia con esta reflexión final: “Después de unos meses de lucha para adaptarse a la vida del pueblo, Idris regresó a su antigua vida de trabajo en el tempo en Daca. Durante una reciente ofensiva gubernamental contra la contaminación urbana, los viejos tempos fueron retirados de la calle e y Idris se vio obligado a aceptar otra profesión: tirar de rickshaw”. Una nota más de lo difícil que es cambiar el destino… 

Es A Kind of Chilhood un documental que muestra el sufrimiento por el trabajo infantil y el robo de estas infancias, pero sin explorar los sentimientos. La cámara nos permite observar los entornos reales (las calles, los basureros, los talleres, las casas, las escuelas,…), sin manipular las imágenes ni tampoco los testimonios, que rezuman autenticidad. Una película íntima y no sensacionalista, que evita el morbo mostrando dignidad en la resiliencia infantil, con tomas cercanas que humanizan a los protagonistas sin explotar su sufrimiento. 

Y del que podemos extraer un buen número de mensajes clave: la realidad del trabajo infantil (el círculo pobreza, incultura, explotación es inexorable, allí donde los menores trabajan en condiciones peligrosas, robándoles educación y salud en un país con cerca de 700.000 niños y niñas trabajadores en Daca), la complejidad familiar de estas sociedades (donde hay familias dependen económicamente de los sus hijos pequeños, revelando un ciclo de pobreza donde el trabajo infantil es visto como supervivencia, no elección), y esa lucha entre resiliencia y explotación (porque estos mantienen sueños de futuro pese a la adversidad). 

Porque frente al trabajo infantil debemos promover una responsabilidad compartida en la lucha contra la explotación de estos menores. Y por ello estas películas son tan necesarias, como documental social y ético, un pequeño germen frente a esta realidad invisibilizada en el primer mundo.

 

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