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sábado, 11 de abril de 2026

Cine y Pediatría (848) “La historia de Aaron Swartz. El chico de Internet” y su activismo por la libertad digital

 

“Existe leyes injustas; ¿deberíamos contentarnos con obedecerlas, o deberíamos trabajar en enmendarlas y cumplirlas hasta tener éxito, o deberíamos transgredirlas desde el principio?” La película La historia de Aaron Swartz. El chico de Internet (Brian Knappenberger, 2014) comienza con esta frase de Henry David Thoreau, escritor, filósofo y naturalista estadounidense, figura clave del trascendentalismo y pionero de la ecología y los derechos civiles. La película fue estrenada en el Festival de Sundance, y se rodó con crowdfunding, usando material de archivo de Swartz, quien grababa su vida como "diario digital". 

Y esta impactante película documental parte de la noticia de su fallecimiento, cuando un 11 de enero de 2013, a los 26 años, Aaron Swartz, un prodigio de la programación y un ferviente activista de internet, fue hallado muerto en su apartamento de Brooklyn. Se había suicidado mediante ahorcamiento y su familia y defensores denunciaron una persecución estatal desproporcionada e intimidatoria. Y tras ello se nos comienza a narrar la infancia de este chico nacido en 1986 en Chicago y ello a través de los testimonios de sus padres y sus dos hermanos. Un niño prodigio, inquieto por aprender y conocer, y que a la temprana edad de 3 años comenzó ya a manejar los ordenadores de la época. Y muy joven comenzó a programar con sus hermanos. Con menos de 14 años ya compartía debates con profesionales de la informática, que se acostumbraron a sus manías, como la de comer solo alimentos blancos (arroz, pan,…). Porque pronto intentó encajar en el mundo, donde no siempre se sentía a gusto, como el mundo tampoco siempre se sentía a gusto con él. Cosas de su personalidad… que se vio acompañado en su vida de episodios de depresión en una vida demasiado activa y convulsa para su edad. Veamos algunos episodios que nos relata la película. 

Se interesó por los derechos de autor (copyright) y ello por medio de Lawrence Lessing, profesor de Derecho que creó el concepto de Creative Commons (CC), junto con otros expertos en derecho y tecnología. Y muy joven trabajó con ellos en el desarrollo de esa idea, pues a los 15 años ayudó a diseñar la capa de código de las licencias para que fueran legibles por máquinas. Y no tardó en escribir una frase muy significativa: “Quiero hacer del mundo un lugar mejor. Sufría ya de colitis ulcerosa y el tratamiento con corticoides detuvo su crecimiento. 

Se apuntó en 2004 a la Universidad de Stanford. Creó Y Combinator y de ahí surgió Reddit, lo que llegaría a ser una inmensa plataforma de redes sociales y foros de debate, un lugar que con sus sub-Reddit casi se convirtió en un caos. Por ello vendieron Reddit. Odiaba trabajar para una empresa, odiaba trabajar para Condé Nast y se autodespide al no presentarse más al trabajo. Él se inspiraba en Tim Berners-Lee, que cedió gratuitamente la Worl Wide Web (WWW) al mundo, y trabajó más adelante en Open Library, impulsando la digitalización masiva de libros, y en PACER (Public Access to Court Electronic Records), que es el sistema de acceso público a archivos electrónicos de los tribunales federales de los Estados Unidos, usado para revisar expedientes y documentos judiciales. Lucho contra el lucro frente a empresas editoriales científicas como Elsevier, uno de los fraudes consentidos más generalizados de la publicación científica: los científicos hace el trabajo, las editoriales ganan el dinero, mucho dinero, un dinero escandoloso. 

Lucha contra SOPA (Stop Online Piracy Act) / PIPA (Protect IP Act) en 2011-2012, anticipando la ley que censuraría internet para proteger derechos de autor; crea Demand Progress, una plataforma que recoge 300.000 firmas y moviliza a Google, Wikipedia y miles de sitios en un "apagón" global. La ley cae, pero Aaron se radicaliza. Pirateó JSTOR (Journal Storage), la biblioteca digital y base de datos académica estadounidense que alberga más de dos mil millones de páginas de revistas científicas, libros y fuentes primarias. Descargara 4,8 millones de artículos en un juego del gato y el ratón, hasta que lo descubren, lo graban y le siguen cuando lo hacía en un trastero del Massachusetts Institute of Technology (MIT). Fue arrestado por 13 cargos federales: "fraude informático", con penas potenciales de 35 años y 1 millón de dólares en multas. Y el seguimiento por el FBI pasó factura al llamar la atención del sistema criminal, cuando no lo todos están de acuerdo en considerarlo tal. 

Tuvo aspiraciones políticas… y no podía creer que continuaría en esa línea como un criminal. No había matado ni herido, no había robado dinero, se había apropiado de la información de artículos con los que no iba a comerciar. Pero siguió siendo considerado una violación comercial criminal. Y así se comenta por un entrevistado: “Si observas a Steve Jobs y Steve Wozniak, ellos comenzaron vendiendo Cajas Azules, aparatos designados para estafar a las compañías de teléfonos. Si observas a Bill Gates y Paul Allen, ellos comenzaron su negocio usando computadoras de Harvard, lo que estaba claramente en contra de las reglas. La diferencia entre Aaron y las personas que acabo de mencionar es que Aaron deseaba hacer del mundo un lugar mejor, y no solo ganar dinero”. 

Lo cierto es que Swartz fue atrapado en los engranajes de un sistema judicial brutal del que no se podía salir. El fiscal federal Carmen Ortiz y el Secret Service lo acosan con vigilancia, registros y presiones para declararse culpable. Aaron rechaza acuerdos, hundiéndose en depresión. Le fue minando la salud y entró en un depresión grave, pues fueron dos años de una intensa presión mediática, profesional y social. El suicido fue su último paso… Y restan las palabras que Tim Berners-Lee le dedicó: “Aaron está muerto. Caminantes de este mundo loco, hemos perdido a un maestro, un sabio mayor. Hacker por derecho, somos uno menos, perdimos a uno de los nuestros. Criadores, cuidadores, oidores, alimentadores, padres, todos, hemos perdido a un hijo. Lloremos juntos”. Porque él era el chico de internet y el viejo mundo lo asesinó. 

Lo cierto es que su muerte catalizó varias reformas y propuestas legislativas en EE.UU. para promover el acceso abierto a investigaciones financiadas con fondos públicos, en línea con su activismo por la "guerrilla open access". Su muerte genera la "Aaron Swartz Day" anual (alrededor del 8 de noviembre), reformas como la "Ley de Aaron Swartz" para acceso abierto a investigaciones federales, y boicots a JSTOR/MIT. 

La historia de Aaron Swartz. El chico de Internet es un biopic que se estrenó hace 12 años, lo que se antoja una eternidad al revisar temas relacionados con la evolución de internet, las redes sociales y la inteligencia artificial (IA). Pero debe entenderse como mucho más que un biopic, pues es un manifiesto urgente contra la mercantilización del saber y nos deja algunos mensajes claros sobre el acceso al conocimiento como derecho humano ("La información es poder, y hay quienes quieren monopolizarlo", resume el film) y una profunda reflexión sobre la salud mental en los genios que quieren cambiar el mundo, advirtiendo del riesgo de ese activismo sin red de apoyo. 

Revisar esta película en el año 2026 no es solo un ejercicio de nostalgia digital; es una necesidad crítica para entender hacia dónde se dirige nuestra sociedad en la era de la IA generativa y la consolidación de los monopolios de datos: 1) la lucha por el acceso al conocimiento: mientras Swartz fue perseguido por intentar "liberar" artículos académicos para el bien común, hoy vemos una tensión similar, con cuestiones como ¿de quién es la información que alimenta a la IA? o ¿debe el conocimiento ser libre o un producto de suscripción?; 2) la ética de la programación y el activismo: Swartz no solo escribía código; escribía código con conciencia (y ayudó a crear el RSS y las licencias Creative Commons), por lo que ahora que los algoritmos de IA suelen ser "cajas negras" opacas, nos invita a preguntarnos si ¿estamos construyendo herramientas para empoderar a las personas o para vigilarlas y manipularlas?; 3) la centralización de la red: Swartz luchó contra leyes como SOPA y PIPA, que amenazaban con censurar internet, pero la amenaza de hoy es que internet se ha vuelto más cerrado con la IA, donde el contenido sintético corre el riesgo de ahogar la voz humana original. 

El debate sigue servido… y el activismo por la libertad (y seguridad) digital no debe cejar.

 

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