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miércoles, 8 de abril de 2026

La estética y la ética en el cine de los hermanos Dardenne

 

La colaboración entre hermanos directores ha sido una fuerza creativa constante y poderosa en la historia del cine. Sirvan algunos ejemplos, que parten de los albores del séptimo arte: los hermanos Lumière (Auguste y Louis Lumière), los hermanos Coen (Joel y Ethan Coen), las hermanas Wachowski (Lana y Lilly Wachowski, antes Larry y Andy) o los hermanos Dardenne (Jean-Pierre y Luc Dardenne). Hoy analizamos la ética y la estética del cine de estos últimos hermanos belgas. 

La estética “dardenniana” se basa en un naturalismo austero que busca eliminar cualquier artificio cinematográfico para enfocar la atención directamente en el personaje y su lucha. Estas son sus señas de identidad: la cámara al hombro, móvil y cercana, que sitúa al espectador en la perspectiva física y emocional del protagonista, sin ser intrusivo o subjetivo; ausencia de música diegética, desnudo de música de fondo o banda sonora; ritmo intenso a pesar de la ausencia de acción espectacular, y elipsis; iluminación natural predominante. 

La ética “dardenniana” es la moralidad en tiempos de precariedad y la posibilidad de la redención a través de la acción. Estas son sus señas de identidad: todas sus películas giran en torno a un conflicto moral o una prueba ética que el protagonista debe superar; el mundo obrero y la exclusión social; los protagonistas son seres de acción (caminar, correr, trabajar, interactuar); y un tema recurrente es la transformación del individuo que pasa de ser un ser solitario y egoísta (o puramente funcional) a un sujeto ético capaz de responsabilizarse por otro. 

Los hermanos Dardenne son cineastas adscritos al realismo social que fabrican dramas humanos simples (que no simplistas) en los que exploran los dilemas éticos y morales de personajes de la clase obrera que a duras penas consiguen llevar una existencia precaria en la región belga de Seraing, una zona ligada históricamente a las industrias minera y siderúrgica en donde los directores pasaron su infancia. No es el cine de los hermanos Dardenne un espectáculo hecho para todas las retinas y todas las entrañas. 

Hoy revisamos seis de sus películas donde se encuentran con la infancia, adolescencia y la familia, y que hemos ido analizando en el proyecto Cine y Pediatría desde hace años. 

- Rosetta (1999): narra la historia de esta joven adolescente (la debutante Émile Dequenne) que lucha por conseguir (y mantener) un trabajo en una sociedad que no le pone las cosas nada fáciles. 

- El hijo / Le fils (2002): describe la historia de Olivier, un carpintero belga (Oliver Gourmet) dedicado a enseñar su oficio a adolescentes conflictivos, y su relación con Francis (Morgan Marinne), un chico recién salido del reformatorio donde ha cumplido cinco años de condena por homicidio. 

- El niño /  L´Enfant (2005): la historia de unos padres adolescentes, Sonia (Déborah François) y Bruno (Jérémie Rennier), sin trabajo y aterrados por la responsabilidad del hijo que comparten, y al que Bruno “vende” en adopción. 

- El niño de la bicicleta / Le gamin au vélo (2011): centra su historial en Cyril (Thomas Doret), un chico de 12 años que es abandonado por su padre (Jérémie Renier), y que es acogido por Samantha (Cécile De France), una joven peluquera. 

- El joven Ahmed / Le jeune Ahmed (2019): el destino del joven Ahmed (Idir Ben Addi) se encuentra atrapado en el fanatismo religioso en la Bélgica actual, un chico nacido de unos padres de distinto origen (padre musulmán y madre belga) y que se ve envuelto en la semilla del radicalismo islámico. 

- Tori y Lokita / Tori et Lokita (2022): drama alrededor de la inmigración protagonizado por un niño, Tori (Pablo Schils) y una adolescente, Lokita (Mbundu Joely), procedentes de Benín, dos menores extranjeros no acompañados (MENA) con tan alto grado de amistad que pretenden ser hermanos y poder conseguir los papeles que les permita permanecer en Bélgica. 

Lo más milagroso acerca de la obra de los hermanos Dardenne es cómo consiguen en cada una de sus películas impregnar de poesía y trascendencia unas vidas que por lo demás son patéticas y miserables. Y todo ello por la estética y la ética de su obra: la estética de un panorama de angustia vital y desolación social y la ética del dilema moral y la supervivencia. La ética descansa en la estética, porque la cámara de los Dardenne son los ojos de nuestra conciencia.

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