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sábado, 13 de julio de 2019

Cine y Pediatría (496). “Girl”, cuando la cárcel es tu cuerpo y brotan heridas


Nora Monsecour tenía un sueño: quería ser bailarina. Un sueño que apareció desde que dio sus primeras lecciones de ballet, con apenas cuatro años. Tenía el talento, el deseo, la elegancia y la determinación necesarias para llegar a conseguirlo. Sólo había un problema: había nacido en un cuerpo masculino. Esta historia real fue la fuente de inspiración de uno de las consideradas mejores películas del año 2018, aquella que consiguió múltiples premios en Cannes y San Sebastián, y que fue elegida para representar a su país, Bélgica, en los Oscar. Lleva por título Girl y es la ópera prima del realizador belga Lukas Dhont, quien tardó nueve años en gestar esta película desde que leyó en un periódico el caso de la bailarina Nora Monsecour hasta que pudo hacer su propio largometraje. Fue un tiempo fértil, pero de tierra movedizas para él: un tiempo en el que salió de su propio armario para aceptar su homosexualidad, tiempo para esculpir su talento en tres cortometrajes que lo prepararon para su bautismo de fuego a la temprana edad de 26 años. 

Y un bautismo que podemos considerar un milagro de sentido y sensibilidad, un filme dedicado a contar la historia de Nora, pero ahora bajo el nombre ficticio de Lara, y para ello contó con un sorprendente actor de 16 años, Victor Polster, omnipresente en esta película especial y que no dejará indiferente. Porque aunque se trata la transexualidad con tacto y arte, la comunidad trans ha reprochado la condición cisgénero (no transgénero) del actor principal (si bien fuera elegido entre un cásting de más de 500 jóvenes que incluían chicos, chicas y transexuales y también por su condición bailarín del Ballet Vlaanderen) y también ha reprobado “la perturbadora fascinación del director con el cuerpo trans” de la protagonista y la descripción de su tratamiento hormonal. Sin embargo, a estas alturas la mejor aliada de Girl es la propia bailarina belga Nora Monsecour, quien ha afirmado que esta historia no es la fantasía de un realizador cisgénero, sino que la historia de Lara es su verdadera historia. 

Y es que ya llevamos tiempo expresando el valor del cine en francés en Cine y Pediatría. Y, en concreto, podemos recordar el cine desde Bélgica como esta película - aunque atesora idioma francés y flamenco -, pues tras el éxito de la película Alabama Monroe/The Broken Circle Breakdown (Felix Van Groeningen, 2012) el mismo equipo de producción se lanzó, sin temor alguno, a una historia nada fácil y en las manos de este joven realizador y este joven protagonista.

Lara (Victor Polster) es una adolescente transgénero de 15 años que vive con su padre, un taxista que apoya a su hija en todas sus decisiones, y con su hermano Milo, de 6 años. No encontramos figura materna a su alrededor y apreciamos que se acaban de cambiar de domicilio. Lukas Dhont nos sitúa a la altura de los ojos de su protagonista, quien se encuentra embarcada en el proceso de tránsito: el tratamiento hormonal preciso antes de la operación que le significará cambiar de sexo masculino a femenino. En una de las primeras entrevistas con el equipo de profesionales, el médico le dice: “Vive el presente. Disfruta del momento. Sé una chica. Eres una chica. Eso es bueno, ¿no? Yo veo a una chica guapa y simpática. ¿Qué crees que cambiará el tratamiento hormonal?". Y Lara contesta: “Mi aspecto. Me saldrá pecho y esas cosas”. Y el psicólogo la apoya: “¿Te hace ilusión tener pecho? Eres una mujer y tienes cuerpo de mujer. Lo único que podemos hacer es constatarlo y apoyarte. Pero ya eres todo lo que serás”.

Porque Lara siente que su cuerpo se ha convertido en su cárcel e intenta canalizar toda su esperanza y frustración a través de la disciplina que le implica el ballet. Y vivimos el camino de sacrificio de su tortura física y emocional, de esas múltiples heridas a flor de piel provocadas por los esparadrapos (heridas en los pies por el ballet, heridas en los genitales por ocultar su sexo) y también heridas en su alma y su corazón (por cómo la ven los demás – “¿Te tratamos como una chica o como un chico?”, por cómo se ve ella misma, por sentir que su hermano pequeño le llama Víctor cuando se enfada). Y sentimos su (maravillosa) sonrisa o intento por sonreír y su (íntimo) dolor, su esperanza y su rabia, también su fuerza para seguir adelante. Soporta la información médica con entereza: “Vaciamos el pene y retiramos los cuerpos cavernosos. Luego lo cerramos y volvemos del revés, y esa será tu nueva vagina. Usaremos una parte del glande para hacer el clítoris. Como tomas inhibidores hormonales, puede que el pene no te haya crecido mucho, así que quizás tengamos que usar algo de tejido intestinal para que la vagina sea bastante profunda… Las complicaciones más frecuentes son el sangrado y la cicatrización lenta de las heridas. Una posible complicación grave es la fístula rectovaginal…”.

Es Girl una película llena de asertividad. No solo en el equipo de profesionales que atienden a Lara, sino en su propia familia, que la acompaña a través de la figura paterna. Y por ello su padre le regala estas palabras el día de su 16 cumpleaños, mayoría de edad sanitaria en la que poder decidir: “Gracias a todos por venir. Hoy es un día importante para nosotros. Es un gran momento para la familia, para los tres. Es una nueva vida. Para Lara es un gran momento. Hemos peleado mucho hasta llegar aquí y es estupendo poder compartirlo hoy con todos vosotros”. Y tras el tratamiento hormonal, la tensa espera de la llegada de los caracteres sexuales secundarios, y los consejos de su padre: “Estás en la adolescencia. La adolescencia tienes que vivirla. Pasa muy rápido”. Y llegan las dudas y la preocupación lo llena todo, y se refleja en sus clases de ballet (cada vez más duras como más duras son cada vez las heridas de sus pies) y la propia relación con su padre, y llega a maltratar su cuerpo. Por lo que ante su debilidad, los doctores echan atrás su operación de reasignación de sexo.  Y todo ello ocurre con movimientos de cámara fluidos y etéreos que nos anclan a la belleza y al intento de sonrisa de Lara, tan duro como bello, de las bellezas cinematográficas que cortan el aliento. Y sí, una vez que has visto a Victor Polster en el papel de Lara es inimaginable pensar en otro reparto.

Sorprende que esta obra sea el primer largometraje del director y coguionista Lukas Dhont porque está realizada con una seguridad, sabiduría y sensibilidad que no ejecuta ningún paso en falso, y el objetivo no era banal por su afán de contarnos el sufrimiento de una adolescente no sólo en su aspiración de ser una bailarina de ballet clásico, sino, sobre todo, en luchar por encontrar la forma de salir del dilema de dejar atrás su cuerpo masculino para alcanzar una feminidad intrínseca y esencial con la que se identifica y que necesita para verse completa y genuina. Belleza, contención, delicadeza, sutileza y autenticidad… incluso en su final, que cabe no desvelar. 

Es Girl una película muy recomendable. Mucho más que la fusión de Billy Elliot (Stephen Daldry, 2000), Cisne negro (Darren Aronfosky, 2010) y Transamérica (Duncan Tucker, 2005).  Una película que nos acerca a una realidad cada vez más visible en la sociedad, y aún resuenan ecos de la reciente Fiesta del Orgullo que acaba de celebrarse en Madrid. Pero Girl, y esto lo ha remarcado su director, no pretende ser un filme de tesis ni un alegato colectivo por la normalización. Estudia, explora y muestra un caso particular que, evidentemente, no se aísla de la realidad actual de los derechos de los transexuales, pero no hace caballo de batalla de ello. Muestra y no demuestra, refleja y no reivindica. Algunos la aman y otros no. Pero es lo que tienen los colores, también los del arco iris.

 

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