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lunes, 18 de mayo de 2026

Museo de Medicina Dr. Balmis: un nuevo capítulo en la historia de la medicina alicantina

 

Los museos de Medicina son importantes porque convierten la historia sanitaria en una experiencia viva: ayudan a entender cómo han cambiado el diagnóstico, los tratamientos, la relación médico-paciente y la propia idea de salud a lo largo del tiempo. También cumplen una función educativa y social, porque preservan patrimonio científico, reconocen a los profesionales que impulsaron avances médicos y acercan ese legado a estudiantes, investigadores y público general. 

Un museo médico no solo exhibe instrumentos antiguos; también explica cómo se construyó el conocimiento que hoy sostiene la práctica clínica. Eso permite ver la medicina como una disciplina histórica, científica y humana a la vez, marcada por aciertos, errores, innovación y compromiso social. Además, estos museos ayudan a la divulgación sanitaria, fomentan vocaciones y crean memoria colectiva sobre epidemias, hospitales, campañas de salud pública y figuras clave de la medicina. En tiempos de desinformación, su valor es doble: conservan evidencias materiales y ofrecen contexto para interpretar mejor la ciencia médica. 

Y hoy recordamos este hecho porque Alicante acaba de inaugurar el pasado 13 de mayo un nuevo espacio donde la ciencia se mira con nostalgia y la memoria médica se convierte en cultura viva: el MUSEO DE MEDICINA DR. BALMIS y que se encuentra en el Palacio de Congresos del Colegio Oficial de Médicos de Alicante, y que será un puente entre las generaciones de profesionales sanitarios y la ciudadanía. 

Un museo con nombre propio 

El nombre del museo no es casual: alude al alicantino Francisco Javier Balmis, figura histórica de la medicina española, reconocido por su compromiso humanitario y por llevar la vacunación contra la viruela a América en el siglo XVIII. Ese referente simbólico invita a mirar la medicina no solo como conjunto de técnicas, sino como una práctica profundamente social, ética y transformadora. En Alicante, el museo se convierte en un homenaje explícito a esa tradición de servicio y responsabilidad profesional a través de su médico más relevante en la historia. Aquel que llevó adelante la primera Expedición Filantrópica médica de la historia de la humanidad y del que ya hemos hablado en este blog, tanto desde la literatura como desde el cine. Y que, además, este nombre propio que tiene el museo es el mismo que tiene mi hospital, el hospital terciario y de referencia de la provincia de Alicante: el Hospital General Universitario Dr. Balmis.    

Más de 125 años de historia 

El museo se concibe como un recorrido por más de 125 años de historia colegial y de asistencia sanitaria en la provincia. A través de fotografías, documentos, objetos médicos, instrumentos quirúrgicos o piezas de diagnóstico y tratamiento, el visitante puede observar cómo han cambiado los consultorios, los hospitales, los espacios de formación y la propia relación médico‑paciente; y también los libros. Cada vitrina, en realidad, es una pausa en la historia: un momento concreto del esfuerzo por comprender mejor el cuerpo humano y aliviar el sufrimiento. Alrededor de 3.000 piezas custodiadas por el busto del Dr. Balmis a la entrada del museo. 

De la memoria privada al patrimonio común 

Una de las características más valiosas del proyecto es su capacidad de sacar la memoria médica de los archivos privados y trasladarla al ámbito público. El museo reúne piezas cedidas por familias, médicos en activo (es una satisfacción que varios instrumentos de mi práctica clínica estén allí, en representación de los miles de niños y niñas que he cuidado), jubilados y centros sanitarios, conformando un patrimonio que antes solo circulaba en recuerdos personales o en despachos olvidados. Al darles visibilidad, el museo convierte esas historias dispersas en un relato colectivo sobre la construcción de la medicina moderna en la provincia. 

Un espacio para todos 

El Museo de Medicina Dr. Balmis se presenta como un espacio abierto, con entrada libre y gratuita, pensado para estamentos muy diversos: profesionales sanitarios, estudiantes de medicina y ciencias de la salud, familias, investigadores e incluso curiosos que nunca han trabajado en el sector. Esa vocación inclusive refuerza su función divulgativa: más que mostrar instrumentos antiguos, pretende explicar cómo se ha ido avanzando en diagnóstico, tratamiento y prevención, y cómo esas conquistas se han ido incorporando poco a poco a la vida cotidiana de la población. 

Un faro en la cultura de la salud 

En un contexto de desinformación sobre temas médicos y de creciente desconfianza en la ciencia, los museos de salud cumplen una labor especialmente relevante. Al mostrar la larga trayectoria de errores, experimentos, debates y avances, ayudan al público a entender que la medicina es una ciencia histórica, en constante construcción, y no un conjunto de verdades absolutas. En este sentido, el Museo de Medicina Dr. Balmis no solo mira al pasado; también ofrece claves para interpretar críticamente el presente de la salud y la atención sanitaria.

sábado, 16 de mayo de 2026

Cine y Pediatría (853) “La misteriosa mirada del flamenco”… y de la transexualidad y el sida

 

Cuando uno lee el título de esta reciente película, La misteriosa mirada del flamenco (Diego Céspedes, 2025), puede interpretar que se trate de una película española alrededor de ese baile típicamente andaluz que ha adquirido el título de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Pero nada de eso, sino que es una película chilena que hace referencia al flamenco como ave y cuyo peculiar título tiene un significado muy descriptivo y que analizaremos más adelante. 

La misteriosa mirada del flamenco es la ópera prima de su director y ya ha tenido una recepción muy destacada en festivales, con diversos galardones, incluido la selección para representar a Chile en los Óscar como mejor película internacional, así como mejor película de Un certain regard del Festival de Cannes, premio que reconoce el talento joven y fomenta obras innovadoras y atrevidas. Y a buen seguro que este sí que es un film innovador y atrevido, pues adquiere el aspecto de un western en una fábula queer sobre deseo, miedo y comunidad bajo los ojos de una adolescente, historia ambientada en un pueblo minero en el desierto de Atacama, el lugar más seco del planeta y situado en el norte de Chile a comienzos de los años 80. Una peculiar película definida como un neowestern, un relato de iniciación y un melodrama queer con componentes de realismo mágico, y que se suma a otros títulos de estos premios Un certain regard que ya forman parte de Cine y Pediatría y que fueron revisadas al hablar de la película británica How to Have Sex (Molly Manning Walker, 2023)ganadora de este galardón dos años antes.  

“Norte de Chile, año 1982”. Así comienza esta historia y ya nos marca el contexto geográfico y temporal. Y nos presenta a nuestra protagonista, Lidia (Tamara Cortés), una niña de 11 años que crece en el seno de una particular comunidad queer marginada en el borde de un desagradable y polvoriento pueblo minero. Allí vive con un grupo de travestis y transexuales que forman parte de la bizarra diversión de los mineros del lugar y donde pronto nos aparece la primera reflexión: “Por cada maricón infectado aquí en la cantina aparecen 20 mineros infectados en el pueblo. En la cantina habemos cuatro infectadas vivas y dos que ya nos dejaron… Y eso da un total de…”. Y es que la comunidad les culpa de una misteriosa enfermedad que está empezando a propagarse, y de la que se dice que se transmite a través de una sola mirada, cuando un hombre se enamora de otro. Estamos en los inicios de la aparición del sida en el mundo, pero de momento aquí solo es una superstición, donde Lidia se enfrenta a en un entorno marcado por la violencia, el prejuicio y el miedo colectivo, donde la familia queer es su único refugio y el amor podría ser el verdadero peligro. 

Es esta una cantina regentada por Mamá Boa (Paula Dinamarca, verdadera actriz trans), quien puso a sus “chicas” nombre de animales: Leona, Piraña, Estrella, Flamenco… Y acabamos conociendo cómo Flamenco (Matías Catalán), la preferida de lugar, se encontró a Lidia abandonada a la puerta del local y prometió ser su madre y cuidarla. 

Se suceden las escenas que no dejan indiferentes, como el patético concurso de Miss Alaska, donde siempre ha ganado Flamenco y nos canta la canción “Ese hombre” de Rocío Jurado, un momento que no es ajeno a esa dualidad (animal y baile) del título de la película… En ese momento se nos presenta la provocativa aparición de quien fuera su pareja, Yovani (Pedro Muñoz), y que le pregunta “¿Te enamoraste de un hombre de 21 años, así como yo?”… hasta que todas le dan una paliza para que salga del local. Pero aires de venganza acaban con la vida de Flamenco, momento en el que Lidia recuerda las palabras de su madre: “Yo no me quiero ir de esta vida culeado siendo un secreto, hija”. 

“Lava que lava. Al maricón no hay que mirar. Lava que lava. La peste te va a pegar. Lava que lava. Los ojos hay que tapar. Lava que lava. El maricón te va matar”, es la canción que repiten los mineros cuando las ven pasar y evitan su contacto visual. Lidia intenta entender lo que está ocurriendo, y cómo ocurrió el contagio de la “peste”: “¿Y por qué el hombre se enamora si es tan peligroso?”, pregunta Lidia a su amigo Julio, y este le responde: “Yo creo que porque cazar y ser cazado es inevitable para todos los animales”. Y las chicas trans le dicen que esa “peste” era como una maldición frente a los mineros, pero siguen sus dudas: ”Y si era frente a los mineros, ¿por qué se enfermaron ustedes?”. 

Pasa el tiempo y vemos los estigmas cutáneos que dan nombre a la supuesta “peste”: el sarcoma de Kaposi tan identificativo de los inicios del sida. Así lo vemos en Yovani, quien fallece como un apestado más (aunque Lidia imagina su final con una onírica escena del más clásico Far West). Así lo percibimos también en Mamá Boa, quien antes se casó con Clemente (Luis Dubó), uno de los mineros… No es difícil imaginar que la promiscuidad y la transexualidad, la falta de conocimientos sobre la infección, los mecanismos de transmisión y los medios preventivos, hicieron que el sida campara a sus anchas. 

Y con ese devenir de los hechos, deciden enviar a Lidia a la ciudad. Y la vemos alejarse en el coche por ese seco horizonte, con ese aroma de western una vez más… Pero es difícil para ella romper con su pasado, mientras suena al final la canción “Rara avis” de Florencia di Concilio, compositora uruguaya de música para cine. 

Y sí, es una rara avis ese flamenco y esta historia… Porque La misteriosa mirada del flamenco es un título simbólico con varios niveles de lectura: Flamenco es el nombre de una de las figuras centrales de esa familia queer, a la que Mamá Boa llamó así por sus piernas largas y delgadas, y la “mirada” remite al rumor que circula en el pueblo: que la enfermedad o el deseo se contagian incluso con el simple acto de mirar; y donde la palabra “misteriosa” alude a ese clima de superstición, miedo y desconocimiento que rodea a la comunidad del filme, ese misterio social de cómo el prejuicio transforma el amor, el cuerpo y la diferencia en algo temido y casi sobrenatural. Y también aporta una dimensión poética: porque el flamenco es un animal bello, frágil y extraño, muy coherente con el tono del relato, que mezcla dureza, ternura y mito. En conjunto, el título resume muy bien la película: es una historia sobre cómo una comunidad marginada es observada, juzgada y convertida en leyenda por quienes la rechazan. Al mismo tiempo, reivindica la potencia de esa misma mirada cuando nace desde el afecto, la familia elegida y la supervivencia compartida. 

Una película que funciona como una alegoría del estigma vinculado al VIH/sida y del pánico moral que se construyó alrededor de la disidencia sexual. En vez de centrar la violencia en el arma clásica del western, la desplaza hacia la mirada como símbolo de deseo, contagio imaginado y persecución social. También pone en primer plano la idea de familia elegida, el cuidado comunitario y la ternura como formas de resistencia frente a la exclusión. Y donde afloran tres enseñanzas principales: que el miedo social a la diferencia suele producir más daño que la propia amenaza real, que la identidad y el afecto pueden construir refugios colectivos incluso en contextos de hostilidad extrema, y que la infancia permite mirar la violencia con una mezcla de inocencia y lucidez que vuelve más fuerte la denuncia moral. Lo más interesante de la película es cómo reescribe el western desde una sensibilidad disidente, sustituyendo la épica viril por una ética del cuidado. El desierto de Atacama no aparece solo como paisaje, sino como espacio de soledad, belleza y vulnerabilidad, reforzando el tono emocional del relato. 

Ya hemos hablado del sida ya desde varias miradas y filmografías, como la estadounidense Kids (Larry Clark, 1995), la sudafricana Yesterday (Darrell James Roodt, 2004) o la española Romería (Carla Simón, 2025). Y ahora vemos la visión desde La misteriosa mirada del flamenco, una obra se presenta como un debut muy sólido, visualmente poderoso y con una ambición poética que refuerza el cine chileno.

 

miércoles, 13 de mayo de 2026

Músicos por la salud, medicina para el alma


 

La musicoterapia se ha consolidado en las últimas décadas como una disciplina terapéutica con creciente reconocimiento dentro del ámbito sanitario. Definida como el uso clínico y basado en la evidencia de intervenciones musicales para lograr objetivos individualizados dentro de una relación terapéutica, integra conocimientos de la medicina, la psicología y las ciencias de la música. Su valor no radica únicamente en su carácter complementario, sino en su capacidad de incidir de manera significativa en dimensiones físicas, emocionales, cognitivas y sociales del paciente

Uno de los principales fundamentos de la musicoterapia es su impacto directo sobre el sistema nervioso. La música actúa sobre estructuras cerebrales implicadas en la emoción, la memoria y la regulación del estrés, como el sistema límbico. Diversos estudios han demostrado que puede reducir los niveles de cortisol, disminuir la percepción del dolor y mejorar el estado de ánimo. En contextos clínicos, esto se traduce en beneficios tangibles: menor ansiedad preoperatoria, mejor tolerancia a procedimientos invasivos y reducción del uso de analgésicos en algunos casos. 

En el ámbito hospitalario, la musicoterapia se ha incorporado progresivamente en unidades de cuidados intensivos, oncología, pediatría, neonatología, neurología y salud mental (aunque queda mucho camino por andar para que sea una realidad en España)En pacientes pediátricos, por ejemplo, facilita la expresión emocional y reduce el miedo asociado a la hospitalización. En neonatología, la exposición controlada a estímulos musicales puede favorecer la estabilidad fisiológica y el vínculo afectivo entre padres e hijos. En adultos con enfermedades crónicas o terminales, la musicoterapia contribuye a mejorar la calidad de vida, ofreciendo un espacio de comunicación y alivio emocional cuando las palabras resultan insuficientes. Nuestra experiencia en el Servicio de Pediatría del Hospital General Universitario Dr. Balmis de Alicante así lo avala en el caso de la oncología pediátrica (tanto en pacientes, como en familiares y personal sanitario). 

Particularmente relevante es su aplicación en trastornos neurológicos. En pacientes con enfermedad de Alzheimer, la música puede evocar recuerdos y mejorar la interacción social incluso en fases avanzadas. En rehabilitación tras ictus, el ritmo y la melodía se utilizan para estimular la recuperación del lenguaje y la coordinación motora. Este enfoque se basa en la plasticidad cerebral, aprovechando redes neuronales alternativas para compensar funciones dañadas. 

Desde una perspectiva psicosocial, la musicoterapia también desempeña un papel importante en la humanización de la asistencia sanitaria. Introduce una dimensión artística y relacional que contrarresta la despersonalización que a menudo acompaña a los entornos clínicos altamente tecnificados. El paciente deja de ser únicamente un sujeto pasivo de intervención médica para convertirse en participante activo de su proceso terapéutico. 

A pesar de sus beneficios, la implementación de la musicoterapia en los sistemas de salud aún enfrenta desafíos. Entre ellos destacan la necesidad de mayor estandarización en los protocolos, la formación especializada de los profesionales y la integración efectiva en equipos multidisciplinares. Asimismo, aunque la evidencia científica es cada vez más sólida, sigue siendo necesario ampliar estudios con metodologías robustas que permitan consolidar su inclusión en guías clínicas. 

Por ello el evento de presentación que tuvo lugar el día 11 de mayo en nuestro hospital de la Fundación Músicos por la Salud tiene un valor añadido. Músicos por la Salud es una fundación española nacida en 2015 en la Comunidad Valenciana (por cierto, de donde proceden más de la mitad de los músicos del país) y que lleva música en directo a hospitales y centros sociosanitarios para humanizar la experiencia de pacientes, familiares y personal sanitario. Su propuesta se basa en microconciertos emocionales y breves, diseñados para aportar bienestar en contextos de soledad, vulnerabilidad o enfermedad. 

La organización trabaja con actuaciones en hospitales, residencias y otros centros de atención, incluyendo programas específicos como "Piano por la Salud" y "Recordar, Cantar y Curar". Según su propia información, ha realizado decenas de miles de microconciertos y ha llegado a cientos de miles de personas en toda España. Su idea no es solo “poner música”, sino usarla como una intervención con sentido terapéutico y relacional, adaptada al entorno sanitario. En los conciertos se procura que la música conecte con las preferencias del paciente y favorezca una experiencia más cálida y menos impersonal, siendo clave que la música la elige el paciente siempre. 

Además del componente asistencial, Músicos por la Salud ha impulsado un modelo de colaboración entre músicos, voluntariado e instituciones sanitarias. También promueve la investigación y la evaluación de sus intervenciones para respaldar con evidencia su impacto en salud y calidad de vida. Y eso es lo que ocurrió ayer en nuestro hospital en un acto lleno de ciencia y arte, de música, donde a través de piezas de piano deSerguéi Rajmáninov, Frédéric Chopin, Isaac Albéniz u Óscar Esplá llevadas a cabo por músicos del Conservatorio de Alicante, se nos expuso el inicio de este proyecto en nuestro hospital. Y comenzó con la donación de un piano de cola que ahora luce en el hall de entrada del hospital y que ya es símbolo de la apuesta por la musicoterapia (será el cuarto piano donado por la fundación, tras los ya existentes en el Hosiptal La Paz, Hospital de Manises y Hospital La Fe).  Un acto inolvidable que tuvo como maestro de ceremonias a nuestro compañero el Dr. Paco Cholvi, rehabilitador de nuestro hospital y afamado pianista. 


Una apuesta por la arteterapia que lleva décadas desarrollándose en distintos ámbitos del hospital (como los centenares de proyectos que, desde 2014, realizamos con la Unidad Pedagógica Hospitalaria en el proyecto "La cultura y el deporte se ponen la bata y el fonendo"). Porque a nuestro proyecto "Un hospital de cuento" y "Un hospital de cine", ahora se suma este que bien podría ser "Un hospital de música". 

Porque el valor de la música en la vida es fácil de entender. Y ya lo dijo un científico como Einstein: "Si no fuera físico, probablemente sería músico. A menudo pienso en música. Vivo mis sueños en música. Veo mi vida en términos musicales".

lunes, 11 de mayo de 2026

Análisis del brote de hantavirus: del periodismo a la ciencia

 

Desde la semana pasada, prensa, radio y televisión han centrado la atención en el brote de hantavirus que ha ocurrido a bordo del crucero MV Hondius, que zarpó desde Ushuaia y terminó bajo vigilancia sanitaria internacional mientras navegaba hacia Canarias. La OMS ha confirmado cinco casos entre ocho sospechosos, con tres fallecimientos, y ha recalcado que el riesgo para la población general sigue siendo bajo. 

Según las informaciones publicadas, el brote se detectó en un barco con 147 pasajeros de 23 nacionalidades, con presencia de 14 españoles, y los primeros afectados habrían embarcado tras una exposición previa en tierra, antes de subir al crucero. La hipótesis principal de la OMS es que el caso índice se infectó fuera del barco y luego pudo transmitir el virus a contactos cercanos a bordo, algo compatible con la variante andina del hantavirus. Aunque el barco funcionó como un entorno cerrado, la limitada cifra de casos apoya que no se trata de un virus con transmisión fácil y sostenida entre personas. 

Las autoridades sanitarias han priorizado el aislamiento clínico, la evacuación de los casos sintomáticos y la vigilancia de los contactos estrechos, mientras se coordinan desembarcos y traslados hospitalarios. El Ministerio de Sanidad español indicó que el brote está limitado al crucero y que el riesgo para la población española es muy bajo. La OMS también insistió en que este episodio no equivale al inicio de una pandemia y que el hantavirus se comporta de forma distinta a los coronavirus o la gripe. 

La preocupación no viene por una expansión masiva, sino por la gravedad del cuadro en los casos graves, especialmente cuando se complica con afectación pulmonar o renal. Además, el contexto del crucero —espacios compartidos, convivencia estrecha y movilidad internacional— obligó a actuar con rapidez para rastrear pasajeros y contactos que ya habían desembarcado. En ese sentido, el episodio ha sido importante como alerta epidemiológica, no como señal de transmisión comunitaria amplia. 

Conviene recordar que el hantavirus sigue siendo un virus zoonósico ligado sobre todo a roedores, y su transmisión humana suele requerir exposición ambiental concreta; en la mayoría de variantes no se contagia con facilidad de persona a persona. El caso del barco ha llamado tanto la atención porque probablemente combina una infección adquirida en tierra con una cadena corta de transmisión en un ambiente cerrado, algo raro pero posible en la variante andina. 

Veamos tres puntos clave...

1. Microbiología del hantavirus 

Los hantavirus pertenecen al género Hantavirus y son virus ARN de sentido negativo, envueltos, con tropismo natural por roedores y algunos insectívoros; cada virus suele estar adaptado a uno o pocos reservorios específicos. En el humano actúan como huéspedes accidentales, y la enfermedad depende de la especie viral concreta y del contexto epidemiológico

El reservorio principal son roedores silvestres, aunque también se han descrito virus en musarañas y topos. Los animales infectados eliminan el virus por orina, heces y saliva, y la transmisión a humanos se produce sobre todo por inhalación de aerosoles contaminados al limpiar, remover polvo o entrar en espacios infestados. También se ha descrito transmisión por mordeduras, contacto con mucosas o piel lesionada, y de forma excepcional por contagio entre personas en el caso del virus Andes (que es el responsable de este brote acaecido en el crucero). 

Tras la entrada, el virus infecta principalmente células endoteliales y desencadena disfunción vascular, aumento de permeabilidad capilar y respuesta inflamatoria intensa, lo que explica el edema pulmonar, la hipotensión y el shock en las formas graves. La afectación renal es central en la fiebre hemorrágica con síndrome renal, mientras que la afectación cardiopulmonar domina en el síndrome pulmonar por hantavirus. 

Existen dos grandes síndromes: fiebre hemorrágica con síndrome renal (FHSR), más habitual en las especies de hantavirus en el "viejo" continente (Europa y Asia) y síndrome pulmonar/cardiopulmonar por hantavirus (SPH/SCPH), más habitual en las especies de hantavirus en el "nuevo" continente (América). La FHSR suele comenzar con fiebre, cefalea, mialgias, dolor lumbar, náuseas, vómitos y dolor abdominal, y puede progresar a hipotensión, oliguria e insuficiencia renal. El SPH suele iniciar con cuadro pseudogripal y síntomas gastrointestinales, y luego progresa bruscamente a disnea, edema pulmonar, hipoxemia e insuficiencia respiratoria. 

El diagnóstico se basa sobre todo en serología: IgM específica en fase aguda o aumento significativo de IgG. También pueden usarse inmunohistoquímica en tejidos y RT-PCR para detectar ARN viral en sangre o tejidos. En la práctica clínica, el diagnóstico se apoya además en el contexto epidemiológico, la trombocitopenia, la leucocitosis y los hallazgos de insuficiencia respiratoria o renal. 

No existe un tratamiento antiviral específico de eficacia universal para todas las formas. El manejo es fundamentalmente de soporte, con hospitalización, oxígeno, UCI si hace falta y ventilación mecánica o soporte extracorpóreo en los casos graves. La ribavirina puede tener utilidad en algunas formas de FHSR, pero no ha demostrado eficacia consistente en el SPH. 

La prevención se basa en reducir el contacto con roedores y sus excreciones: control ambiental, sellado de viviendas, almacenamiento seguro de alimentos y limpieza segura de zonas infestadas. Durante la limpieza debe evitarse barrer en seco, porque aumenta la aerosolización; se recomienda humedecer el área con desinfectante y usar protección personal. No hay vacuna ampliamente disponible para uso general, aunque existen desarrollos y una vacuna inactivada usada en Corea con protección incompleta. 

La gravedad varía mucho según el virus: algunos producen cuadros leves, mientras que otros tienen letalidades elevadas, especialmente ciertas cepas asociadas a SPH en América. En el informe sanitario español se recuerda que no existen vacunas ni tratamientos específicos y que la letalidad puede ser importante en formas pulmonares. 

2. Análisis científico del brote 

El evento descrito se entiende mejor como un brote zoonósico: el virus circula de forma natural en roedores y pasa al ser humano por exposición a sus excretas o secreciones, especialmente en ambientes cerrados o mal ventilados. La evidencia disponible señala que el contagio humano ocurre sobre todo al inhalar partículas aerosolizadas procedentes de orina, heces o saliva de roedores infectados, o por contacto con superficies contaminadas. 

Desde el punto de vista epidemiológico, el hallazgo importante es que el hantavirus no se comporta como SARS-CoV-2: no muestra transmisión aérea eficiente entre personas ni una expansión comunitaria sostenida en la mayoría de sus variantes. La excepción relevante es el virus Andes y algunas variantes sudamericanas, para las que sí se ha descrito transmisión persona a persona, aunque de forma infrecuente y dependiente de contacto estrecho. 

Clínicamente, el riesgo del brote no está en su transmisibilidad, sino en su potencial gravedad, porque algunas formas evolucionan con rapidez hacia insuficiencia respiratoria o compromiso renal. Por eso, el problema sanitario principal es la detección precoz, el aislamiento clínico, el soporte intensivo y la identificación de exposiciones de riesgo. 

3. Qué llevarse como aprendizaje 

En términos científicos, lo ocurrido debe interpretarse como un episodio zoonósico de exposición y no como un virus con comportamiento pandémico comparable al de la gripe o la covid. La clave microbiológica y clínica es que el riesgo humano depende de la especie viral, del reservorio y del tipo de exposición, mientras que el manejo sanitario se centra en prevención ambiental, diagnóstico precoz y soporte intensivo.

Es importante que la información a la población sea rigurosa y veraz, sin alarmismos y prudente. 

sábado, 9 de mayo de 2026

Cine y Pediatría (852) “No dejemos que esta noche todo se pierda” en la complejidad de la descolonización africana

 

“Zimbabue-Rodesia. África del Sur, 1980” es el contexto que nos marca esta película al inicio. Y esta frase de nuestra niña protagonista de 7 años, Boboo, nos pone en la pista, aún con fundido en negro: “Mamá dice que no podemos entrar en su habitación por la noche, que no debemos asustar a mamá y a papá mientras duermen. Cuando le pregunté por qué, me respondió: Porque estamos en guerra. Podríamos pensar que eres un terrorista y disparar por error”. Así comienza la película sudafricana No dejemos que esta noche todo se pierda (Embeth Davidtz, 2024), en lo que es la ópera prima en la dirección de esta actriz estadounidense formada en Sudáfrica y que se consolidó como actriz con papeles como la trabajadora judía Helen Hirsch en La lista de Schindler (Stenve Spielberg, 1993) y la adorable maestra Jennifer Miel en Matilda (Danny de Vito1996).  

La película No dejemos que esta noche todo se pierda es un drama familiar que se sitúa en la turbulenta descolonización de Rodesia (actual Zimbabue) a finales de los años 70 y principios de los 80. Contada a través de la mirada de esta niña, la película combina la ternura de una infancia libre con la crudeza de una guerra civil y de un cambio político radical, y que se fundamenta en las memorias de la autora británico-zimbabuense Alexandra Fuller, “Don't Let's Go to the Dogs Tonight” (a la sazón, el título original de esta película). La historia sigue a Bobo (Lexi Venter, de marcada espontaneidad), esta niña blanca que vive en la granja familiar de la Rodesia rural, y donde la Guerra de los Arbustos —el conflicto entre fuerzas coloniales y movimientos independentistas— va deformando el entorno de su infancia. A través de sus ojos ingenuos, el espectador asiste a la descomposición de la vida colonial, a los miedos de sus padres, a la melancolía de su madre y a la tensión racial entre la familia blanca y la población negra, mientras el país se encamina hacia la independencia bajo el liderazgo de Robert Mugabe. 

Y vale la pena profundizar en el contexto. Porque la conocida como Guerra de los Arbustos (en inglés Rhodesian Bush War) fue el conflicto armado que se libró en Rodesia entre 1964 y 1979, enfrentando al régimen de minoría blanca de Ian Smith primero con movimientos guerrilleros y, más tarde, con dos grandes organizaciones nacionalistas: ZANU (Zimbabwe African National Union), cuyo brazo armado era el ZANLA, y ZAPU (Zimbabwe African People’s Union), con su fuerza guerrillera ZIPRA. El conflicto acabó con la independencia de la excolonia británica como Zimbabue, bajo gobierno mayoritariamente negro liderado por Robert Mugabe, en 1980. La guerra se enmarca en la resistencia africana a un estado de minoría blanca que se había declarado unilateralmente independiente del Reino Unido en 1965, manteniendo un sistema de dominio blanco y discriminación racial similar al apartheid sudafricano. Los movimientos nacionalistas, con ideología izquierdista y apoyo externo de países comunistas y de vecinos africanos (como Tanzania, Mozambique y Zambia), interpretaron el conflicto como una guerra de liberación nacional. 

Y mientras transcurre la historia familiar, nos inundan los pensamientos de Boboo contaminados por el ambiente que le rodea: “Cualquier africano puede ser un terrorista. Lo mejor es no hablar nunca con ningún africano, por si acaso es terrorista o es amigo de uno”, “Los africanos y los blancos no son iguales. Cuando se muere un bebe blanco se va a la iglesia y se reza el Padrenuestro. Luego se le entierra y va directo al cielo. Los familiares se emborrachan y ya está. No se hace ningún drama. Sin embargo, cuando muere un niño africano, se llevan regalos a sus antepasados y se les pide que cuiden al niño para que no se confunda y trate de volver”, “Hasta el año pasado el país en el que vivíamos se llamaba Rodesia, pero los africanos dijeron que ellos lo habían descubierto y que los europeos se lo habían robado. Entonces los africanos se convirtieron en terroristas y comenzó la guerra”. 

La propia directora se reserva el papel de la madre de Bobo, Nicola (Embeth Davidtz), una mujer de carácter que prefiere dormir junto a su metralleta, mientras el padre, Tim (Rob van Vuuren), le vemos preparar una artillería, con bombas de mano incluidas, con las que la niña juega. Tiene una hermana adolescente, Vanessa, con sobrepeso… y con el transcurrir del metraje descubriremos que hubo otra hija que murió ahogada en el estanque de la casa. Y les cuidan dos sirvientes negros, Sara (Zikhona Bali) y Jacob (Fumani Shilubana), quienes corren el peligro de ser vistos por la guerrilla como colaboracionistas. Y dentro de la comunidad blanca con la que se relacionan también los abuelos viven cerca, y Bobo se muestra descarada ante ellos. 

Porque Bobo es total protagonista y se come la pantalla. Siempre descalza, con la cara sucia y el pelo despeinado, como una niña salvaje-hippie, que también fuma y monta en una moto con un rifle a las espaldas. Todo bastante anormal para una niña de su edad, mientras suena la BSO con temas como el “Watch Out” de la influyente banda de rock zimbabuense Wells Fargo, “The Last Farewell” de Roger Whittaker, “I Wonder” de Sixto Rodríguez, “Patricia the Striper” de Chris de Burgh… Y en ese ambiente se cría Bobo, alter ego de la novelista Alexandra Fuller, y ahí aparecen sus dudas: “¿Soy africana?...¿Somos racistas?”, le pregunta a su madre, “¿Qué sientes cuando mueres?”, le pregunta a Sarah. Y la niña aprende a mandar y, en el propio juego, trata también a los niños negros como criados. 

Y en las elecciones del 18 de abril de 1980 fue declarada formalmente la República de Zimbabue, lo que supuso el fin del régimen colonial británico. Rober Mugabe tomo el cargo de Primer ministro del país, mientras que Canaan Sondino Banana fue elegido presidente. Mugabe ocupó el puesto de Primer Ministro hasta 1987 y desde ese momento ya pasó a ser el Presidente del país hasta 2017, momento en que el ejército forzó su renuncia. Y vemos en la película como en aquella fecha, donde este cambio se establece, todo cambia para la familia de Bobo, y el padre se ve obligado a vender la granja, pese a la oposición de su esposa. Los padres preparan la marcha a Zambia, país vecino al norte de Zimbabue. “Si me quieres, gírate”, piensa Bobo al despedirse de Sarah y dejar el país. Y como colofón, aparecen las fotos en blanco y negro de la historia real y los verdaderos protagonistas, acompañando a los créditos finales. 

El hecho de que la cámara siga en todo momento a Bobo permite que la violencia, el racismo y la pérdida se perciban de forma indirecta, más a través de gestos, silencios y detalles que a través de discursos ideológicos. Y desde el punto de vista formal, la película ha sido elogiada por su tono equilibrado: sabe ser a la vez íntima y política, sin idealizar ni demonizar a la familia blanca colono ni a la población local. 

Una película que nos acerca a un país y un momento histórico poco conocido en nuestro entorno y con tres enseñanzas y reflexiones clave: en primer lugar, la película muestra hasta qué punto la infancia puede ser un espacio de resistencia emocional frente a la barbarie; en segundo lugar, la cinta invita a pensar en la complejidad de la colonización y la descolonización, con esos modos de vida colisionando, de traumas compartidos y de heridas que no se cierran con un acto político formal; y, por último, tiene un mensaje ético sobre la memoria: la frase “no dejemos que esta noche todo se pierda” sugiere que, aunque cambie el mapa político, hay experiencias humanas que merece la pena no olvidar, incluso cuando resultan incómodas para identidades colectivas (blancas o negras). 

Una película más sobre la visión de los conflictos bélicos y sociales a través de la mirada de la infancia. Una actriz (Lexi Venter) en el papel de Bob inolvidable, como ya otras niñas miraron la violación de los conflictos bélicos a la infancia desde diferentes filmografías: Paulette (Brigitte Fossey) en Juegos prohibidos (Réne Clément, 1952), Ana (Millie Perkins) en El diario de Ana Frank (George Stevens, 1959), Ana (Ana Torrent) e Isabel (Isabel Tellería) en El espíritu de la colmena (Víctor Erice, 1973), Carol (Clara Lago) en El viaje de Carol (Inmanol Uribe, 2002), Osama (Marina Golbahari) en Osama (Siddiq Barmak, 2003), Ofelia (Ivana Baquero) en El laberinto del fauno (Guillermo del Toro, 2006), Sarah (Mélusine Mayance) en La llave de Sarah (Gilles Paquet-Brenner, 2010), Lore (Saskia Rosendall) en Lore (Cate Shortland, 2012), Jasna (Isidora Simijonovic) en Klip (Maja Milos, 2012), Liesel Meminger (Sophie Nélisse) en La ladrona de libros (Brian Percival, 2013), Fanny (Léonie Souchaud) en El viaje de Fanny (Lola Doillon, 2015), Oksana (Marta Tiimofeeva) en Sestrenka (mi hermana pequeña) (Aleksandr Galibin, 2019),… O las cintas de animación Persépolis (Marjane Satrapi y Vincent Paronnaud, 2007) con la niña Marjane en Irán y El pan de la guerra (Nora Twomey, 2017) con la niña Parvana en Afganistán.

 

miércoles, 6 de mayo de 2026

Lavarse las manos salva vidas en sanidad

 

Ayer, 5 de mayo, celebramos el DÍA MUNDIAL DE LA HIGIENE DE MANOS, fecha que fue establecida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 2009, aunque la OMS ya había iniciado campañas de concienciación sobre la higiene de manos desde 2005. La creación de este día se enmarca en la iniciativa global de la OMS llamada "Save Lives: Clean Your Hands". El objetivo era destacar la importancia de la higiene de manos en la prevención de infecciones, especialmente en el ámbito de la atención sanitaria. 

La fecha del 5 de mayo (5/5) fue elegida estratégicamente para recordar los cinco momentos clave para la higiene de manos definidos por la OMS: 

1. Antes de tocar al paciente. ¿Cuándo?: higienícese las manos antes de tocar a un paciente cuando se acerque a él. ¿Por qué?: para proteger al paciente de los gérmenes que tenemos en las manos. 

2. Antes de realizar una tarea limpia/aséptica. ¿Cuándo?: higienícese las manos inmediatamente antes de realizar una tarea aséptica. ¿Por qué?: para proteger al paciente de los gérmenes dañinos que podrían entrar en el cuerpo, incluidos los gérmenes del propio paciente. 

3. Después de la exposición a fluidos corporales. ¿Cuándo?: higienícese las manos inmediatamente después de un riesgo de exposición a líquidos corporales y al quitarse los guantes. ¿Por qué?: para protegerse y proteger al entorno de atención de salud de gérmenes dañinos del paciente. 

4. Después del contacto con el paciente. ¿Cuándo?: higienícese las manos después de tocar a un paciente y la zona que le rodea, cuando deje la cabecera del paciente. ¿Por qué?: para protegerse y proteger al entorno de atención de salud de gérmenes dañinos del paciente. 

5. Después de tocar el entorno del paciente. ¿Cuándo?: higienícese las manos después de tocar cualquier objeto o mueble del entorno inmediato del paciente, cuando lo deje (incluso aunque no haya tocado al paciente). ¿Por qué?: para protegerse y proteger al entorno de atención de salud de gérmenes dañinos del paciente. 

El Día Mundial de la Higiene de Manos tiene varios objetivos fundamentales: 

- Concienciar: sensibilizar a nivel mundial a profesionales de la salud, pacientes, cuidadores y al público en general sobre la importancia de la higiene de manos para prevenir la propagación de infecciones. 

- Promover las mejores prácticas: fomentar la adopción de prácticas correctas de higiene de manos en los centros de salud y en la vida cotidiana. 

- Reducir las infecciones: disminuir la incidencia de infecciones asociadas a la atención sanitaria y otras enfermedades infecciosas transmisibles. 

- Combatir la resistencia antimicrobiana: la higiene de manos es una medida clave para prevenir infecciones, lo que a su vez reduce la necesidad de antibióticos y ayuda a combatir la creciente amenaza de la resistencia a los antimicrobianos. 

- Crear una cultura de seguridad: integrar la higiene de manos como un componente fundamental de la seguridad del paciente y de la calidad de la atención sanitaria. 

- Apoyar a los trabajadores de la salud: reconocer el papel crucial de los profesionales de la salud en la promoción de la higiene de manos y proporcionarles las herramientas y la formación necesarias. 

- Fomentar la participación: movilizar a líderes, responsables de la formulación de políticas y al público en general para que prioricen la higiene de manos. 

Y nuestro Hospital General Universitario Dr. Balmis (HGUA) se ha sumado un año más a la celebración de la Jornada Mundial de la Higiene de Manos, con el liderazgo del Servicio de Medicina Preventiva, quien ha organizado un programa de actividades para involucrar a los profesionales para adherirse a la campaña liderada por la OMS, que este año 2026 tiene por lema "Lávate las manos: la acción salva vidas". 

Porque desde Medicina Preventiva se analiza de forma sistemática - y con un cuestionario – un total de 57 unidades del HGUA varias veces al año, en el que se analizan, entre otros aspectos, el cumplimiento de higiene de manos. Y con unos resultados que vale la pena analizar: 

- El porcentaje global del hospital en el cumplimiento del lavado de manos ha sido de un 65%. Una cifra que ha mejorado en los últimos años gracias a programas de formación, pues se percibió una preocupante caída postpandemia (algo que se ha definido como “fatiga pandémica”). 

- El cumplimiento es desigual por estamentos sanitarios: mejor en enfermería, seguido por auxiliares-TCAES y los médicos con el peor resultado. También es desigual por sexos, peor en hombres. Y por servicios: mejor en unidades de críticos, seguido por servicios médicos y los servicios quirúrgicos con el peor resultado. Datos que suelen coincidir con los reflejados en la literatura. 

- El cumplimiento ha sido peor "antes" (en los momentos 1 con un 58,2% y 2 con un 56,5%) que "después" de tocar al paciente (en los momentos 3 con un 73,6%, 4 con un 72,4% y 5 con un 66%) 

- Las áreas con mayor porcentaje de mejora del año previo a este han sido: en primer lugar, Hemodiálisis con un 47% de mejora, seguido por Neurología con un 43% y Hematología con un 30%.

- Y las unidades con mejores resultados en este años han sido: Oncología Pediátrica y Hospital de Día de Oncología Pediátrica con un 100% de cumplimiento; Neonatología en segundo lugar con un 95% y en tercer lugar, la Unidad Cuidados Intensivos con un 91%. 

Es una gran satisfacción que dos unidades de nuestro Servicio de Pediatría (Oncología y Neonatología) lideren este indicador de calidad y seguridad del paciente. Mi expresa felicitación a las jefas de sección (Dras. María Tasso y Caridad Tapia), supervisoras (María José Vidorreta y Eugenia del Caño) y a todos los compañeros que lo hicieron posible desde todos los estamentos (profesionales médicos, de enfermería, TCAES, residentes, etc.). 

Porque un acto tan sencillo marca la diferencia. Porque lavarse las manos salva vidas en sanidad…

lunes, 4 de mayo de 2026

Código ictus pediátrico: cuando el tiempo es cerebro

 

El código ictus pediátrico es el circuito asistencial de respuesta rápida para reconocer, diagnosticar y tratar de forma urgente el ictus en niños y adolescentes, porque en esta edad también se trata de una emergencia tiempo-dependiente. Su objetivo es evitar demoras en la atención y maximizar las opciones de reperfusión precoz cuando el caso lo permite, además de reducir secuelas neurológicas a largo plazo. 

Aunque el ictus es menos frecuente en pediatría que en adultos, su impacto es muy serio: puede dejar secuelas motoras, del lenguaje, cognitivas y conductuales, y condicionar muchos años de discapacidad. Precisamente por eso el código ictus pediátrico busca que el reconocimiento sea rápido, que el traslado sea prioritario y que el paciente llegue cuanto antes a un centro preparado. 

Los síntomas que deben hacer saltar la sospecha son, sobre todo, de inicio brusco: debilidad de un lado del cuerpo, asimetría facial, dificultad para hablar o comprender, alteración de la marcha, pérdida visual, cefalea intensa o un empeoramiento neurológico repentino. En pediatría el diagnóstico es más difícil que en adultos, porque puede confundirse con migraña complicada, crisis epiléptica, parálisis de Todd o parálisis facial periférica. Por eso la activación del circuito depende mucho del alto índice de sospecha clínica. 

El valor real del código no está solo en el nombre, sino en la coordinación: urgencias, pediatría, radiología, neurología o neuropediatría, anestesia y UCI pediátrica deben responder como un solo equipo. En varios protocolos se insiste en que el niño sospechoso debe pasar por neuroimagen urgente y valoración especializada para decidir tratamiento, ya sea en hospital de origen o mediante derivación a un centro de referencia. También se señala que, a diferencia del adulto, en pediatría la dependencia previa no debería excluir automáticamente la activación del código. 

Aquí está el punto clave: el código ictus pediátrico debe tener la misma relevancia organizativa que el de adultos, porque el tiempo también importa en el cerebro infantil. El adulto fue pionero en estructurar rutas de respuesta rápida, y ese modelo ha demostrado que los protocolos salvan tiempo y mejoran resultados; trasladar esa lógica a pediatría es esencial para no llegar tarde. La diferencia es que en niños la evidencia es menor y el proceso suele ser más complejo, así que la existencia de un circuito específico es todavía más necesaria. 

El código ictus pediátrico es un reto todavía pendiente. En la práctica, el gran problema del ictus pediátrico sigue siendo el retraso diagnóstico, porque es infrecuente y sus síntomas no siempre se reconocen de inmediato. De ahí que sociedades científicas y hospitales insistan en implantar y actualizar estos circuitos, con equipos entrenados y derivación ágil a centros con capacidad de tratamiento avanzado. En términos sanitarios, disponer de un código ictus pediátrico bien definido significa dar al niño la misma oportunidad de tratamiento precoz que ya se asumió como indispensable en adultos. 

Por tanto, el código ictus pediátrico no es una versión menor del de adultos, sino una necesidad clínica propia, porque en la infancia cada minuto cuenta y el retraso diagnóstico multiplica el riesgo de secuelas permanentes. Veamos algunos comentarios a tres preguntas clave. 

¿Cómo se diferencia el ictus pediátrico del ictus en adultos? 

El ictus pediátrico presenta diferencias significativas respecto al de los adultos en cuanto a su naturaleza, causas, diagnóstico y criterios de actuación. Según las fuentes, estas son las principales distinciones: 

- Naturaleza y epidemiología 
Tipo de ictus: mientras que en los adultos el 75% de los casos son isquémicos, en la edad pediátrica más del 50% son de naturaleza hemorrágica. 
Incidencia: el ictus es mucho más frecuente en adultos (175-200 casos por cada 100.000 habitantes al año) que en niños, donde la incidencia se sitúa entre 2,3 y 13 casos por cada 100.000 niños al año. 

- Etiología 
Variedad de causas: en los niños, las causas son mucho más numerosas y variadas que en los adultos. El abanico incluye anomalías cardíacas congénitas, enfermedades hematológicas (como la drepanocitosis), infecciones (meningitis, sepsis), traumatismos y arteriopatías específicas como el síndrome de Moya-moya. 

- Presentación clínica y "simuladores" 
Sintomatología: las manifestaciones clínicas en la infancia suelen ser más inespecíficas que en los adultos, lo que dificulta un diagnóstico rápido. 
Simuladores de ictus (Stroke-mimics): son ataques cerebrales agudos de origen no vascular que se confunden con un ictus. En los adultos representan solo el 20-30% de las sospechas, pero en los niños alcanzan el 60-70%. Los más comunes en pediatría son las crisis epilépticas (especialmente la parálisis de Todd), la migraña hemipléjica y trastornos metabólicos. 

- Diagnóstico por imagen 
Prueba de elección: en adultos se suele recurrir inicialmente a la TC y Angio-TC. En cambio, en pediatría, la Resonancia Magnética (RM) cerebral se considera la base para diferenciar un ictus real de un cuadro simulador. 

- Manejo y Código ictus 
Criterios de exclusión: una diferencia fundamental es que, a diferencia de los adultos, la dependencia previa no se considera un motivo de exclusión para la activación del Código Ictus Pediátrico. 
Ubicación del ingreso: se aconseja que todo paciente pediátrico con ictus ingrese en una Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). 
Tratamiento agudo: existe una menor evidencia científica en tratamientos como la fibrinólisis o la trombectomía mecánica en niños comparado con adultos, por lo que a menudo se deben adaptar juiciosamente los protocolos de adultos al ámbito pediátrico. 

Finalmente, aunque existe el concepto de que el niño tiene un "buen pronóstico" por su mayor plasticidad neuronal, las fuentes advierten que el impacto es severo: el 75% de los niños supervivientes presentan secuelas neurológicas de por vida. 

¿Qué síntomas inespecíficos complican el diagnóstico del ictus pediátrico? 

El diagnóstico del ictus pediátrico es particularmente complejo porque, a diferencia de los adultos, los niños suelen presentar signos y síntomas inespecíficos que pueden confundirse con otras patologías. 
- Cefalea (dolor de cabeza): Presente en un 20-50% de los casos. De hecho, la cefalea puede ser la forma de presentación inicial en un 27% de los ictus. 
- Alteración del nivel de conciencia: ocurre en un 17-38% de los pacientes pediátricos. Esto incluye estados que van desde el letargo y la obnubilación hasta el estupor o el coma. 

Estos síntomas dificultan el diagnóstico porque son compartidos por los denominados "simuladores de ictus" (stroke-mimics), que en pediatría representan entre el 60% y el 70% de las sospechas iniciales. Entre estos cuadros que imitan al ictus mediante crisis, cefaleas o disminución del nivel de conciencia se encuentran: 
- Crisis epilépticas: especialmente cuando cursan con hemiparesia postictal o Parálisis de Todd. 
- Migrañas: sobre todo la migraña hemipléjica y la migraña basilar. 
- Trastornos metabólicos o tóxicos: como la hipoglucemia, hiponatremia o la ingesta de ciertos fármacos. 
- Infecciones: como la meningitis o la encefalitis. 
Debido a esta presentación clínica tan variada y poco específica, el ictus en niños tiende a estar infradiagnosticado o diagnosticado de forma tardía, lo que hace vital aumentar el índice de sospecha ante cualquier déficit neurológico agudo. 

¿Cuáles son las principales causas y factores de riesgo infantiles? 

Las causas del ictus pediátrico son mucho más numerosas y variadas que las de los adultos, abarcando un amplio abanico de patologías predisponentes.  
- Problemas cardíacos: Incluyen tanto anomalías congénitas como arritmias. 
- Arteriopatías: se distinguen las intracraneales, como el síndrome de Moya-moya o la enfermedad de Takayasu, y las extracraneales, destacando la disección arterial. 
- Estados protrombóticos: trastornos hematológicos como las trombofilias y la drepanocitosis. 
- Malformaciones vasculares: presencia de malformaciones arterio-venosas. 
- Infecciones: procesos graves como sepsis, meningitis y encefalitis. 
- Otros factores externos y patologías: traumatismos, tumores cerebrales, consumo de drogas o ciertos fármacos. 

Es importante destacar que los avances socioeconómicos y sanitarios han permitido un aumento en la supervivencia de niños con estas patologías crónicas, lo que paradójicamente ha generado un incremento de la población susceptible de sufrir un ictus pediátrico. 

Porque en el ictus pediátrico, como en el adulto, el tiempo también es cerebro…

viernes, 1 de mayo de 2026

Cine y Pediatría (851) “Ciudad sin sueño” en la Cañada Real

 

La Cañada Real de Madrid es un antiguo camino pecuario —una vía reservada históricamente al paso del ganado— que hoy se conoce sobre todo por el gran asentamiento irregular que se formó sobre parte de su trazado. Atraviesa el sureste de Madrid y municipios como Coslada, Madrid y Rivas-Vaciamadrid, y se extiende a lo largo de unos 14-15 kilómetros. 

En origen, esta Cañada Real de Madrid formaba parte de la Cañada Real Galiana (o Riojana), una de las diez principales cañadas que formaron la red de cañadas reales utilizadas para la trashumancia en España. Eran vías protegidas por ley, con un ancho determinado, y no estaban pensadas para edificación. Desde la segunda mitad del siglo XX, y especialmente a partir de los años 60 y 70, fueron apareciendo construcciones irregulares, primero pequeñas viviendas y huertas, y después chabolas, naves, talleres e incluso edificaciones más consolidadas. Con el tiempo se convirtió en un gran asentamiento informal dividido en sectores. Hoy la Cañada Real de Madrid es conocida por las graves condiciones de vida de sus habitantes: falta de servicios básicos en algunas zonas, problemas de acceso a la electricidad y una fuerte vulnerabilidad social. También es un espacio de gran complejidad urbanística y administrativa, porque intervienen varias instituciones con competencias distintas. 

La Cañada Real es importante porque resume varias realidades a la vez: historia de la trashumancia, crecimiento urbano desordenado, pobreza, exclusión social y conflicto sobre el derecho a una vivienda digna. Por eso aparece tanto en debates urbanísticos como en obras culturales y periodísticas. Y también es el epicentro de nuestra película de hoy: Ciudad sin sueño (Guillermo Galoe, 2025), un drama híbrido entre ficción y mirada documental que retrata la Cañada Real de Madrid a través de Toni (Antonio Fernández Gabarre), un adolescente gitano de 15 años, que vive con su familia de chatarreros en este entorno, el asentamiento irregular más grande de Europa, donde las noches sin electricidad y la amenaza de desalojo forman parte de la vida cotidiana. Y cuya comunidad vive entre el arraigo, la incertidumbre del derribo y la pérdida de un mundo que se desmorona. Esta obra es la ópera prima de su director en el largometraje, tras varios cortos y algún documental. 

La película destaca por su tono elegíaco, su sensibilidad etnográfica y una puesta en escena cuidada que evita la pornomiseria y apuesta por la dignidad de sus personajes. La trama se articula alrededor de Toni y su relación con el abuelo (Jesús Fernández Silva), su amistad con Bilal (Bilal Sedraoui), de origen marroquí, y la elección dolorosa entre quedarse en un territorio amado o aceptar un futuro incierto fuera de la Cañada. Porque el conflicto no es solo urbanístico, sino también emocional y generacional: Toni ve cómo se deshace el mundo que conoce mientras la comunidad se enfrenta a la dispersión, al fin de una infancia compartida y a la presión de abandonar el lugar. 

Ese proceso convierte a la película Ciudad sin sueño en una historia de formación, pérdida y despedida. "En todos los sitios estorbamos los gitanos" es una sentencia pronunciada por un hombre mayor en un bar. Y cuando a la familia de Toni les enseña el nuevo piso público, este ni se atreve a subir en el ascensor. “Ya tienes una habitación para ti”, le dice el funcionario que les enseña el piso, pero él lo observa sin ilusión alguna. Al decir su madre que ya ha firmado y que se va con la familia de la Cañada Real, su argumento es claro: “No tengo agua, no tengo luz, no puedo más…”; pero el abuelo se enfada y dice que los niños se quedan. 

Y al final este pensamiento: "Toni debe elegir: enfrentarse a un futuro incierto o aferrarse a un mundo que está a punto de desaparecer". Y finaliza cuando Toni sale de la Cañada Real en su furgoneta con la familia en busca de una nueva vivienda, una nueva vida… mientras suena la canción de Enrique Morente y Lagartija Nick, “Ciudad sin sueño”, canción que da título a la propia película. Y resuena su letra: “No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie. No duerme nadie. Las criaturas de la luna huelen y rondan sus cabañas…”. 

Es Ciudad sin sueño una película que atesora diversos premios, incluido cinco nominaciones a los Goya, del que consiguió el premio a mejor actor revelación para Antonio Fernández Gabarre, muy valorada por su naturalidad y su fuerza contenida (destacar aquí el resto del reparto no profesional, lo que contribuye al tono de verdad que sostiene la película). Uno de los rasgos más llamativos del film es la mezcla de registro social, mirada lírica y cierta deriva de western moderno, donde la Cañada Real aparece como un territorio fronterizo, casi mítico, sometido a tensiones de ocupación, vigilancia y expulsión. La película usa la oscuridad, los cortes de luz y la materialidad del espacio para construir una atmósfera muy reconocible. 

También sobresale el uso de imágenes muy trabajadas desde el punto de vista visual, con travellings laterales, planos nocturnos y una fotografía que transforma la precariedad en un paisaje casi épico. Es llamativo el uso del color en algunas escenas, con rosas de Barbie, azules de Avatar, colores kitch que pintan la realidad de la pobreza y marginación, allí donde conviven personas de raza gitana e inmigrantes árabes. Varias críticas subrayan que la obra conversa con el cine social contemporáneo, pero con una personalidad formal propia, más cercana a una observación poética que a una denuncia explícita. 

Una película que habla, ante todo, de la dignidad de quienes viven al margen y del derecho a permanecer en un lugar que forma parte de su identidad. Y también nos plantea que el desalojo no solo expulsa cuerpos, sino memorias, vínculos y modos de vida que no siempre encajan en la lógica urbana dominante. Otro mensaje central es el de la identidad adolescente: Toni está obligado a madurar demasiado pronto porque el desarraigo le impone decisiones para las que nadie le ha preparado. En ese sentido, la película convierte la pérdida de la casa en una metáfora de la pérdida de la infancia y de la fragilidad de cualquier pertenencia. 

Sea como sea, Ciudad sin sueño evita el tono victimista y también el paternalismo; por eso funciona mejor como experiencia humana que como simple alegato. Su mayor virtud es mostrar que la Cañada Real no es solo un problema social, sino una comunidad con lazos, códigos, afectos y una memoria propia. La relación entre Toni, Bilal y el abuelo abre además una reflexión sobre el relevo generacional y sobre la posibilidad de conservar la identidad cuando el entorno desaparece. Esa tensión entre permanencia y desplazamiento da a la película una dimensión política muy clara, pero también íntima y universal. 

Como obra cinematográfica, Ciudad sin sueño interesa porque integra observación social, sensibilidad poética y una fuerte conciencia del espacio. Eso la convierte en una película muy útil para pensar el cine como mirada política sin renunciar a la emoción ni a la belleza. Una ciudad sin sueño en la Cañada Real de Madrid, un lugar donde conviven algunas zonas de mayor estabilidad con otras de pobreza extrema y fuerte exclusión.

 

miércoles, 29 de abril de 2026

Los derechos de la niñez a través del cine

 

"Los Derechos de la Niñez a través del Cine" es un libro colectivo publicado en 2020 por la editorial Huygens, coordinado por Carlos Villagrasa Alcaide - profesor titular de Derecho Civil en la Universidad de Barcelona - y Cristian Lepín Molina - profesor de la Facultad de Derecho Universidad de Chile -, que analiza películas seleccionadas para ilustrar y sensibilizar sobre los derechos fundamentales de niños y adolescentes según la Convención sobre los Derechos del Niño. Además de los coordinadores, participan expertos como Adoración Padial, Marta Rico, María Leoba Castañeda, Neylia L. Abboud, Belén Lama, Amelia López, Jetzable M. Montejo y otros, expertos desde el mundo del Derecho, Trabajo Social o Comunicación Audiovisual, todos con enfoque en derechos de la niñez. 

El libro surge de proyectos de cooperación internacional impulsados por la Asociación para la Defensa de los Derechos de la Infancia y la Adolescencia (ADDIA), con aportes altruistas de profesores especialistas en derechos humanos de diversos países. Su objetivo principal es usar el cine como herramienta educativa para reflexionar sobre vulneraciones actuales de derechos infantiles, agravadas por contextos globales como la pandemia, y promover acciones concretas. 

Cada capítulo se centra en una película de calidad —de distintos géneros, épocas y países— para abordar temas como protección, educación, juego o supervivencia, ofreciendo pautas prácticas de aprendizaje y sensibilización. Incluye análisis de obras variadas que destacan la resiliencia infantil frente a pobreza, conflictos o injusticias, fomentando la madurez civil a través del séptimo arte. 

El libro se presenta como una iniciativa comprometida para lectores y espectadores de cualquier edad, enfatizando el cine como medio poderoso para la defensa de estos derechos. Tuve la fortuna de que Carlos Villagrasa, uno de los coordinadores, me regalar (y dedicara) el libro en la pasada Feria del Libro en Barcelona. Y al revisar el contenido de sus capítulos (28 capítulos para 29 películas) he podido confirmar su profunda relación con el proyecto Cine y Pediatría, pues casi todas las películas ya han sido tratadas en nuestro proyecto. 

He aquí la referencia de cada una de las películas analizadas en el libro por capítulos (en aquellas en el que ya hemos analizado desde Cine y Pediatría volcamos el hiperenlace): 

1. A.I. Inteligencia artificial (A.I. Artificial Intelligence, Steven Spielberg, 2001) Estados Unidos 

2. Alemania año cero (Germania, anno zero, Roberto Rossellini, 1948) Alemania y Las tortugas tabién vuelan (Lakposhta Parvaz Mikonand, Bahman Ghobadi, 2004) Irán 

3. Ángeles del sol (Anjos do sol, Rudi Lagermann, 2006) Brasil 

4. Bebés (Thomas Balme, 2010) Francia 

5. Billy Elliot (Stephen Daldry, 2000) Reino Unido 

6. Binta y la gran idea (Javier Fesser, 2004) España 

7. Como los demás (Comme les autres, Vincent Garenq, 2008) Francia 

8. Conducta (Ernesto Daranas, 2014) Cuba 

9. Del revés (Inside Out, Pete Docter y Ronnie del Carmen, 2015) Estados Unidos 

10. El Bola (Achero Mañas, 2000) España 

11. El niño con el pijama de rayas (The Boy in the Striped Pajamas, Mark Herman, 2008) Reino Unido 

12. En buenas manos (Pupille, Jeanne Herry, 2018) Francia 

13. Historia de un matrimonio (Marriage Story, Noah Baumbach, 2019) Estados Unidos 

14. Kramer contra Kramer (Kramer vs Kramer, Robert Benton, 1979) Estados Unidos 

15. La familia Bélier (La Famille Bélier, Éric Lartigau, 2014) Francia 

16. La otra familia (Gustavo Loza, 2011) México 

17. Ladybird, Ladybird (Ken Loach, 1994) Reino Unido 

18. Las horas del verano (L'Heure d'été, Olivier Assayas, 2008) Francia 

19. Los chicos del coro (Les Choristes, Christophe Barratier, 2004) Francia 

20. Tres padrinos (The Three Godfathers, John Ford, 1948) Estados Unidos 

21. Oliver Twist (Roman Polanski, 2005) Reino Unido 

22. Patch Adams (Tom Shadyac, 1998) Estados Unidos 

23. Rebelde (Rebelle, Kim Nguyen, 2012) Canadá 

24. Señora Doubtfire, papá de por vida (Mrs. Doubtfire, Chris Columbus, 1993) Estados Unidos 

25. Solo en casa (Home Alone, Chris Columbus, 1993) Estados Unidos 

26. Un don excepcional (Gifted, Marc Webb, 2017) Estados Unidos 

27. Un vieja inesperado (Miracle Run, Gregg Champion, 2004) Estados Unidos 

28. Yo soy Sam (I am Sam, Jessie Nelson, 2001) Estados Unidos 


Porque si el valor del cine es bueno para la medicina de la infancia y adolescencia, también lo es para sus derechos, tal como confirma este libro. Un libro aconsejable porque a través de las historias en pantalla se logra generar una empatía fundamental que permite reconocer a los menores como sujetos plenos de derechos y no solo como objetos de protección. Y a estos títulos cabe reseñar otros muchos títulos. Pongo como ejemplo otros títulos en Cine y Pediatría: 

- Derecho a la Educación: Ni uno menos (Yi ge dou bu neng shao, Zhang Yimou, 1999) de China, Camino a la escuela (Sur le chemin de l'école, Pascal Plisson, 2013) de Francia  

- Derecho a la Protección y Seguridad: La vida es bella (La vita è bella, Roberto Benigni, 1997) de Italia, Nadie sabe (Dare mo shiranai, Hirokazu Koreeda, 2004) de Japón 

- Derecho al Juego y Esparcimiento: Cinema Paradiso (Nuovo Cinema Paradiso, Giuseppe Tornatore, 1988) de Italia, Matilda (Danny DeVito, 1996) de Estados Unidos 

- Derecho a la identidad y diversidad: El milagro de Ana Sullivan (The Miracle Worker, Arthur Penn, 1962) de Estados Unidos, Girl (Lukas Dhont, 2018) de Bélgica 

- etc.

lunes, 27 de abril de 2026

Veinte años de evolución, rigor y compromiso con la práctica clínica basada en la evidencia

 

Hace algunas semanas compartimos el post en el que celebrábamos los 20 años de la revista Evidencias en Pediatría (EvP). Y ello a través de su número extraordinario que conmemora los veinte años de trayectoria de la revista Evidencias en Pediatría, una publicación pionera dedicada a la difusión de la medicina basada en la evidencia (MBE) para profesionales de habla hispana. 

El texto comprende nueve artículos, uno de los cuales corresponde al que escribimos los editores pioneros, reflejando los ilusionantes inicios y la pasión por los retos conseguidos. Y a él vamos a dedicar esta reseña. El artículo, bajo el título de “Veinte años de evolución, rigor y compromiso con la práctica clínica basada en la evidencia” se puede revisar en este enlace, pero queremos profundizar en dos aspectos.  

¿Cómo ha evolucionado esta publicación en sus 20 años? 

La publicación EvP ha experimentado una evolución significativa desde su nacimiento el 1 de diciembre de 2005, consolidándose como una referencia en la MBE para pediatras de habla hispana. Su trayectoria de 20 años se puede resumir en las siguientes etapas y avances clave: 

1. Orígenes y consolidación (2005-2012) 

- Nacimiento y propósito: surgió como un proyecto pionero para ofrecer a los pediatras recursos evaluados y de calidad. En sus inicios, fue la revista oficial de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap). 

- Expansión institucional: en 2010 se convirtió en la revista oficial tanto de la AEPap como de la Asociación Española de Pediatría (AEP), y en 2011 recibió el aval de la Asociación Latinoamericana de Pediatría (ALAPE). 

- Identidad visual y acceso: en 2012, renovó su diseño de portadas para ser más dinámica y adoptó la licencia Creative Commons para garantizar el acceso abierto. 

2. Fortalecimiento metodológico (2013-2018) 

- Rigor científico: se incorporaron nuevos editores y se perfeccionó la escala ESE-ARTE para la valoración objetiva de los artículos, sumando además evaluadores externos para elevar la calidad editorial. 

- Vínculo con la comunidad: se creó la sección “Evidencias para padres”, traduciendo la información científica en contenido accesible para las familias. 

- Evolución de secciones: la sección "De la biblioteca al paciente" evolucionó a "Evidentia praxis", adoptando un formato más estructurado y práctico con tablas de resultados uniformes. 

3. Innovación y herramientas prácticas (2019-2025) 

- Herramientas digitales: se integró Calcupedev, una herramienta de cálculo epidemiológico diseñada para facilitar la aplicación clínica de los resultados de investigación. 

- Hito editorial: en 2024, se publicó el libro Medicina Basada en la Evidencia, una obra de 780 páginas que sintetiza el conocimiento acumulado por el grupo. 

- Presencia digital: la revista ha potenciado su visibilidad a lo largo de los años través de redes sociales (X, Instagram, Facebook) para llegar de forma rápida y gratuita a un público global. 

4. Logros en cifras y visión de futuro 

Tras dos décadas, la revista ha publicado 80 números con 911 artículos (de los cuales 628 son Artículos Valorados Críticamente). De cara al futuro, EvP busca integrar nuevas tecnologías e inteligencia artificial aplicada a la evidencia científica, manteniendo su espíritu de servicio a la atención pediátrica. 



¿Qué herramientas prácticas ofrece la revista para la práctica clínica? 

La revista EvP ofrece diversas herramientas y secciones diseñadas específicamente para facilitar la aplicación de la MBE en la labor diaria del pediatra: 

- Artículos Valorados Críticamente (AVC): son el eje central de la publicación y consisten en resúmenes estructurados de estudios internacionales relevantes, seleccionados por su calidad e impacto, que incluyen una evaluación rigurosa por parte de expertos. 

- Calcupedev: es una herramienta epidemiológica diseñada para ayudar a los clínicos a traducir los resultados de las investigaciones en medidas clínicas comprensibles y aplicables a sus pacientes. 

- Evidentia praxis: (anteriormente llamada "De la biblioteca al paciente") esta sección resuelve preguntas clínicas concretas mediante búsquedas bibliográficas y análisis críticos, utilizando tablas de resultados uniformes que permiten una interpretación rápida y eficiente. 

- Fundamentos en MBE: funciona como un recurso de formación continua que proporciona herramientas prácticas para la lectura crítica, la metodología de investigación y la búsqueda bibliográfica, 

- Evidencias para padres: es una sección que traduce la evidencia científica en información clara y accesible para las familias, lo que facilita la toma de decisiones compartida en la consulta. 

- Libro "Medicina Basada en la Evidencia": publicado en 2024, este texto de 780 páginas sintetiza el conocimiento y la experiencia del grupo editorial para aplicar la evidencia a la práctica clínica de manera sencilla. 

- Traducciones autorizadas: ofrece acceso en español a recursos internacionales clave en el ámbito de la MBE, como el Evidence-Based Pediatrics Web Site, TRIP Database o el Centre for Reviews and Dissemination. 

Además, la revista cuenta con un boletín de novedades por correo electrónico y mantiene una presencia activa en redes sociales para difundir rápidamente contenidos actualizados de forma gratuita y abierta.