sábado, 25 de diciembre de 2021

Cine y Pediatría (624) Lo que realmente importa en “Mi vida con Amanda”

 

Hoy hablamos de una película modesta, sin reparto rutilante, con un director no especialmente conocido y un tema más o menos reconocible. A priori, una película no muy apetecible, lo que cambia cuando descubrimos que es una película francesa (ya conocéis el idilio de Cine y Pediatría con el cine en francés). Y al visionarla nos sorprenden varios aspectos: la facilidad con la que los hechos dramáticos están contados, su desnudez narrativa y la capacidad que tiene para otorgar emoción a una historia sencilla. Es una película pequeña, pero que se agranda en la forma de contar la compleja relación entres los personajes, un elogio a la sencillez. Su título es Mi vida con Amanda (Mikhaël Hers, 2018). 

Una emotiva película que pone en evidencia la necesidad de lo que realmente importa. En el primer tercio de metraje se nos presenta a los personajes y, a partir de ese momento, algo cambia los hechos en la ciudad de París. David (Vincent Lacoste) es un joven de 24 años que vive de multitareas, desde podador de árboles a gestionar alquileres de apartamentos en una empresa. Ayuda a su hermana soltera Sandrine, profesora de inglés, en el cuidado de su sobrina Amanda (Isaure Multrier), de 7 años. Y en un escena, la vivaz Amanda baila con su madre al son de Elvis Presley y pregunta por la famosa frase "Elvis has left the building!", frase que a menudo era usada por los locutores después de los conciertos del cantante, con el fin de disuadir a la gente que esperaba poder llegar a tener algún tipo de encuentro con él. 

Mientras ese suave y dulce devenir fluye con el majestuoso fondo de la ciudad de París, entre paseos en bicicleta por calles, plazas y parques, un atentado terrorista - que nos recuerda el de Bataclán del año 2015 - perturba la paz de la ciudad. Y una de las víctimas de la masacre es precisamente Sandrine, y ahora la pequeña Amanda solo tiene a su tío para salir adelante. Todo narrado de forma contenida, hasta las lágrimas y el devenir de los hechos. Y así intenta David explicarle a su sobrina: “Anoche pasó algo muy grave donde estaba mamá y nuestros amigos. Llegaron unos hombres que llevaban armas y dispararon a mucha gente, y a mamá también… No podemos volver a verla, está muerta”. 

A partir de ahí las dudas y llanto de David ante su responsabilidad con Amanda, sin madurarlo, sin quererlo, y donde le deviene hasta la idea de dejarla en un centro infantil. El llanto y la tristeza de Amanda al tener que comprender la muerte y el abandono, y su pregunta: “Ya estoy harta, ¿con quién voy a vivir?”. Porque solo tres personas pueden cuidar de Amanda: David, una tía abuela y su abuela, a la que no conoce y que se fue a Londres hace dos décadas, rompiendo cualquier relación con Sandrine y David. El mayor apoyo que recibe David es con la joven Lena (Stacy Martin, alejadísima ya de la polémica Nymphomaniac de Lars Von Trier), a la que conoció al alquilarle un apartamento, pero ella también se ve afectada por el atentado terrorista y decide volver con su familia fuera de París. 

Y la relación entre tío y sobrina se va consolidando día a día. “Amanda te necesita” le dicen a David; y él contesta: “A veces soy yo el que piensa que la necesita a ella”. Porque nada en Mi vida con Amanda está exagerado y, sobre todo, nada sobra, cada escena es importante. “¿Hasta cuándo estarás conmigo”, le pregunta Amanda. “Hasta los 18 años”, le responde David. “Todos los días”, dice ella, y su respuesta “Sí, ¿tú crees que nos soportaremos?" Finalmente, en un viaje a Londres para ver el torneo de Wimbledon, se encuentra con su abuela, y esta es la fría presentación de David: “Es Allyson, la madre que te comenté. La madre de tu mamá”; pero la pregunta de la inteligente Amanda no se hace esperar: “Si Allyson es la mama de mamá, ¿también es tu mamá, o tienes otra?”. Todo muy educado, sin aspavientos, ni para el amor ni para el dolor ni para el rencor. Una tragedia sin tragedia

Y mientras ve un partido de tenis, repite Amanda entre lágrimas lo que su madre le enseñó: "Elvis has left the building!", pero en la remontada del jugador recupera la sonrisa entre lágrimas. Un final tan amable como toda la película… Queda todo por cerrar en la vida de Amanda y David, pero ese primer plano de la niña, entre sonrisa y lágrimas, nos da la respuesta. Porque la respuesta ante la vida es nuestra. 

Y es así, como en esta entrañable época de Navidad en que nos encontramos, películas como Mi vida con Amanda son todo un homenaje al hecho de vivir, de salir adelante y al amor y compromiso como únicos garantes de un mundo mejor. Y para ello, la película se recrea en su propia sencillez y naturalidad y su poder de convicción descansa en las magníficas interpretaciones de sus dos personajes principales, a cargo de Vincent Lacoste y de Isaure Multrier. La niña se estrena en la gran pantalla, y llena de luz ternura intrínseca su interpretación; pero a Vicent Lacoste ya le conocemos en Cine y Pediatría, pues es uno de los actores galos más prometedores y ha sido un actor fetiche del director Thomas Lilti, este peculiar cineasta francés que se ha propuesto acercar su vocación sanitaria al cine y que le ha convertido en personaje principal de sus películas Hipócrates (2014), sobre las vicisitudes de un residente médico en formación, y Mentes brillantes (2018), una crítica al sistema educativo excesivamente competitivo en las Facultades de medicina.  

Mi vida con Amanda es una película que busca mostrar los sentimientos tan difíciles en las personas cercanas a víctimas del terrorismo. Y que nos brinda respuestas sencillas a ese sinsentido del terrorismo y lo hace a través de la belleza cotidiana, los gestos de humanidad, el descubrimiento de que siempre se puede seguir adelante e incluso remontar (como en el deporte, como en ese partido de tenis en Wimbledon). Se ha escrito, y estoy de acuerdo, que es un film conmovedor, lleno de calidez, mesura, respeto y admiración por el ser humano. Ideal como antídoto de las malas noticias que a menudo nos abruman y del pesimismo sobre nuestra especie… Y de todo esto, este pandémico año 2021 que termina ha tenido para dar y tomar. Así que bienvenido sea el buen cine, el que nos recuerda lo que de realmente importa.

 

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