Dos películas partían como favoritas en la 40ª edición de los Premios Goya 2026: Los domingos (Alauda Ruiz de Azua, 2025) con 13 nominaciones y Sirât (Oliver Laxe, 2025), con 11. Dos películas que son polos opuestos por la temática y por la propia reacción del espectador, y que finalmente si se repartieron la mayoría de las estatuillas: en el caso de Sirât, aquellas de carácter técnico (seis en total, como fotografía, sonido, música original, montaje, dirección de producción y dirección artística) y Los Domingos cinco de mayor peso (mejor película, directora, actriz principal, actriz de reparto y guion original). Y era de esperar lo de esta última, pues ya venía con la vitola de haber conseguido la Concha de Oro en San Sebastián y otros muchos premios.
Y es que el nombre de esta directora vasca, Alauda Ruiz de Azua, ya nos sorprendió con su ópera prima en el largometraje, Cinco lobitos (2022), donde logró tres premios Goya (mejor dirección novel, actriz principal y actriz secundaria) en aquella gala en la que arrasó As Bestas (Rodrigo Sorogoyen, 2022). Y de nuevo, la directora regresa a los conflictos familiares, en la que en Los Domingos una joven se plantea abrazar la vida de monja de clausura, una decisión que provoca un terremoto familiar que nos enfrenta al pragmatismo de su padre viudo, al ateísmo de una tía asertiva y a la fe de la joven, distintas posiciones que nos hacen replantear como espectadores algunos valores de la sociedad, la fe y la religión. Una película que sorprende por el respeto con el que se trata el tema desde todos los puntos de vista.
Ainara (Blanca Soroa), una joven brillante de 17 años huérfana de madre y la mayor de tres hermanas, interna en un colegio religioso, anuncia a su familia que quiere convertirse en monja de clausura, optando por la vida religiosa en lugar de la universidad esperada por todos. Esta decisión genera un abismo en el núcleo familiar: su padre viudo Iñaki (Miguel Garcés) se muestra pasivo, la abuela Lila ofrece algo de apoyo espiritual, mientras la tía Maite (Patricia López Arnaiz), no creyente y dominante, rechaza la idea con vehemencia, viéndola como una manipulación. “Estoy haciendo un discernimiento vocacional”, le confiesa a su tía, expresándole que se siente amada por Jesús; pero esta intenta replicarle, intentando que se quite esa idea: ”Yo creo que ese sentimiento que sientes puede ser espiritual… Pero también puede ser otra cosa y te confunda”. Pero la idea de Ainara parece firme: “Pero yo en el convento estoy muy feliz. Quiero volver y pasar tiempo con ellas”.
Se reúnen con las monjas, y una de ellas le dice al padre: “Dios ha plantado una semilla. Ahora hay que ver cómo crece”. Y entramos en esa etapa del discernimiento, esa capacidad intelectual y moral que intenta distinguir entre opciones, separando lo verdadero de lo falso o lo bueno de lo malo. El padre acepta, pero la tía es beligerante frente a su pasividad y le busca opciones: “¿Porqué no la llevas al psicólogo?..., ¿por qué no la mandas a estudiar a Inglaterra?”. El pragmático marido argentino de Maite (Juan Menujín) intenta calmar a su esposa sobre esta lucha porque la sobrina no caiga en manos de la Iglesia: “Ella cree en Dios. Al igual que tú crees en el cambio climático, tu sobrina cree en Dios”.
El conflicto escala con tensiones en matrimonios, finanzas familiares y un breve romance de Ainara, culminando en una prueba de fuego que cuestiona libertades y destinos. “El amor por Jesús es puro, incondicional. No hay palabras para expresarlo”, le dice su consejero espiritual. La conversación con la madre superiora (Nagore Aramburu) tampoco tiene desperdicio. Al final la tía le grita: “Cariño, nadie te está llamando. Dios no existe”, y Ainara, impasible, le contesta: “Rezaré por ti”. Y que nos aboca a una imagen final para el debate, escena icónica sin diálogos que evoca sufrimiento sutil y ambigüedad moral.…
Porque en un país que fue santo y seña del catolicismo en los siglos XVI y XVII y que ahora apenas tiene vocaciones, qué valentía - y qué extraño - enfrentarnos a este tema en Los Domingos. Y hacerlo con el sentido y la sensibilidad de no crear anticuerpos ni en laicos ni en creyentes. Es una película respetuosa, donde se explora la vocación religiosa como refugio ante el dolor familiar y la pérdida, contrastando fe devota con escepticismo secular en una familia de clase media actual; allí donde se reflexiona sobre la incomprensión mutua: Ainara ve en Dios una estabilidad paternal, mientras Maite representa la razón laica que percibe la fe como evasión o "cura chamánica". Nos adentra a temas como la libertad individual frente a expectativas familiares, el peso de la culpa cristiana y los límites de la piedad, invitando al espectador a cuestionar si la fe libera o aliena, sin posturas dogmáticas.
Aún así, Los Domingos genera división en la crítica por su audaz exploración de la vocación religiosa en un contexto familiar contemporáneo. Polarización que a buen seguro surge de expectativas ideológicas y diferentes percepciones alrededor de la vida, la fe y la religión. Muchos críticos celebran su guion matizado, que evita moralejas simplistas y presenta personajes grises en un conflicto familiar sin héroes ni villanos claros, deconstruyendo la fe como refugio ante el duelo y la incomprensión secular. Otros la critican por sus por clichés, quizás con algunos tópicos en diálogos y dinámicas: la tía "razonable" que pierde las formas, el padre pasivo, la abuela piadosa, y una adolescente vulnerable "capturada" por un culto. Razones para la polarización seguro que no faltan, pero espero que sean desde el mismo respeto que demuestra la película. Lo que está claro, es que no suele dejar indiferente…
Vocación y fe, conflictos familiares, libertad y manipulación. Una vocación que interroga en la autonomía de menores vulnerables: ¿es elección libre o adoctrinamiento por monjas/cura? Temas para el debate (y el discernimiento) con Los Domingos.
Una película española que impacta con una España en donde hay una crisis estructural de vocaciones sacerdotales y religiosas, con un clero muy envejecido y conventos en retroceso. El problema es demográfico, cultural y también interno a la propia Iglesia. En el caso de las congregaciones femeninas, enunciar que viven un fuerte descenso, con cierre de conventos y comunidades muy envejecidas. El itinerario vocacional sigue existiendo (discernimiento, postulantado, noviciado, votos), pero afecta a muy pocas mujeres españolas (algo más de otras nacionalidades) y exige gran motivación en un contexto de precariedad laboral y modelos vitales más abiertos. El por qué de esta crisis tiene distintas consideraciones, como la intensa secularización de nuestra sociedad, la percepción social de la vida religiosa como una opción poco atractiva (celibato, exigencia de por vida, imagen de institución en crisis) y esos cambios culturales donde entroncan con dificultad los compromisos “para siempre”. Quizás Los Domingos permite delinear el debate sobre la crisis de vocaciones en España a través de la historia de Ainara.


