miércoles, 18 de octubre de 2017

Claves para sobrevivir a la publicación biomédica


Durante los años 2013 y 2016 la revista Acta Pediátrica Española publicó en su sección "Formación e información en Pediatría" una serie de 39 capítulos sobre COMUNICACIÓN CIENTÍFICA. Pues bien, los primeros 14 capítulos de esa serie se han recogido en un libro del que Editorial Mayo (y con el apoyo de Nutribén Nutrición) ha publicado más de 8000 ejemplares para difundir entre los pediatras y residentes de pediatría en formación de España. 

Nuestro agradecimiento, como autores, por esta labor de difusión del libro que hemos titulado "Claves para sobrevivir a la publicación biomédica. Cómo elaborar una comunicación a un congreso y publicar un artículo científico". Estos son los títulos de los capítulos: 
- Tema 1: La comunicación científica en la práctica clínica, docencia e investigación 
- Tema 2: Congresos científicos (1): Elaboración de resúmenes 
- Tema 3. Congresos científicos (2): Claves para elaborar un buen póster científico 
- Tema 4. Congresos científicos (3): Claves para elaborar una buena comunicación científica 
- Tema 5. Congresos científicos (4):Claves para confeccionar buenas diapositivas 
- Tema 6. Conocimientos básicos para elaborar un artículo científico (1):diez pasos a seguir 
- Tema 7. Conocimientos básicos para elaborar un artículo científico (2):el fondo (lo que se dice) 
- Tema 8. Conocimientos básicos para elaborar un artículo científico (3):la forma (cómo se dice) 
- Tema 9. Conocimientos básicos para elaborar un artículo científico (4): los aspectos gráficos (tablas y figuras) 
- Tema 10. Conocimientos básicos para elaborar un artículo científico (5): Los aspectos estadísticos (más que números) 
- Tema 11. Conocimientos básicos para elaborar un artículo científico (6): La ética de la publicación biomédica 
- Tema 12. Conocimientos básico para elaborar un artículo científico (7): El sistema de revisión por pares («peer review») a debate:fortalezas y debilidades 
- Tema 13. Conocimientos básicos para elaborar un artículo científico (8): ¿Dónde publicar? La calidad, la importancia y el impacto en las publicaciones biomédicas. 

Un libro que guarda una pequeña joya en el Prólogo que nos regaló un amigo sabio de la palabra y traductor médico, el Dr. Fernando Navarro. Os hago partícipe de sus palabras para encuadrar el objetivo de nuestro libro. 

"Durante los seis años de carrera y los cuatro o cinco de residencia, el aprendiz de médico especialista —primero alumno de Medicina, luego MIR— dedica la mayor parte de su tiempo activo a estudiar las diversas disciplinas básicas y clínicas que conforman el plan universitario de estudios y a adquirir las destrezas clínicas que le permitan prevenir, diagnosticar y tratar o curar todo tipo de dolencias, síndromes y trastornos. Muchos se sorprenden, pues, cuando comprueban más adelante, siendo ya especialistas en ejercicio, que su utensilio fundamental de trabajo no es ninguno de los que con tanto ahínco cultivó en sus años de formación. No es la exploración física ni el fonendo, el electrocardiograma, las radiografías, los análisis clínicos, ni otras pruebas complementarias; ni siquiera la tableta o el telefonillo con sus mil y una aplicaciones. Su recurso fundamental de trabajo, el más valioso, el que hará posible toda actividad asistencial y que más usará a diario, es el lenguaje. El médico especialista, en efecto, pasa casi toda su jornada escuchando, hablando, leyendo o escribiendo, en un flujo constante de información y conocimiento siempre vehiculado a través del lenguaje. Si a toda la actividad asistencial que gira en torno a la historia clínica —hoy electrónica— añadimos la obligación de redactar informes médicos, presentar sesiones clínicas, estudiar en libros y revistas los casos más complejos, responder a las interconsultas de otros servicios, informar a pacientes, familiares y acompañantes, y todo tipo de comunicación informal o profesional con los colegas de especialidad y con otros profesionales biosanitarios, podemos hacernos una idea aproximada de la importancia que para el médico clínico tienen las palabras. 

Y si esto es así en el ejercicio cotidiano de la medicina, no digamos ya cuando el médico especialista —pediatra, pongamos por caso— aspira a compaginar la faceta asistencial con el desempeño de la docencia y la investigación. Lo cual, por cierto,es cada vez más frecuente; entre otras cosas, porque está demostrado que la actividad docente e investigadora se asocia a mayor calidad de la asistencia médica prestada. Si el lenguaje resulta crucial para la actividad asistencial, no lo es menos en el ámbito de la docencia, ya sea en forma de clases magistrales, apuntes, exposiciones orales, trabajos individuales o en grupo, exámenes orales, escritos o de tipo test para evaluar los conocimientos de los alumnos, trabajos de fin de grado o tesis doctorales. En cuanto a la investigación médica, creo no exagerar un ápice si afirmo que esta únicamente puede considerarse completa cuando el médico investigador logra comunicar eficazmente los resultados de su estudio ya sea de viva voz ante un congreso de la especialidad o, más a menudo, por escrito en forma de artículo original. 

No es raro, pues, que más pronto o más tarde el pediatra con afán investigador sea dolorosamente consciente de que la formación acumulada durante tantos años puede rayar tal vez a gran altura en lo puramente médico y científico, pero está coja en lo tocante al lenguaje y las habilidades de comunicación verbal o por escrito. En una encuesta efectuada a profesionales sanitarios españoles sobre sus necesidades en cuanto a formación para el desempeño de la investigación biosanitaria , los propios encuestados señalaban, por delante de cualquier otra demanda formativa, las tres siguientes: potenciar la enseñanza del inglés (que falla, sigue fallando estrepitosamente en nuestro país ), aprender a escribir y publicar artículos científicos, y aprender a hablar en público. 

Escribir y hablar correctamente, sí, incluso en la lengua materna (¿cómo puede pensar siquiera en comunicar algo regularmente en inglés quien no sea capaz de hacerlo bien en su propio idioma?), son dos de las principales carencias que perciben los profesionales españoles de la sanidad. Como puedes comprobar, colega lector, no eres el único ni estás solo: las mismas lagunas que notas, las percibimos igualmente otros en su momento; también —estoy seguro— los cuatro autores de este libro que ahora sostienes en las manos. 

Por tratarse de una técnica y un arte, no estoy seguro de que la comunicación científica pueda enseñarse; pero de lo que sí estoy convencido es de que puede aprenderse. Y la lectura atenta de Claves para sobrevivir a la publicación biomédica puede ser un buen modo de iniciarse en este campo.¿De iniciarse tan solo? Así es; un libro de esta extensión no basta para abordar con detalle todo lo que un pediatra debe saber para comunicar cabalmente de palabra y por escrito. De hecho, el único modo realmente eficaz de llegar a medio dominar la escritura científica es leer mucho, escribir mucho también y corregir, retocar y reescribir más aún; y de llegar a medio dominar la comunicación oral, asistir como oyente a muchas ponencias —buenas, malas, excelentes, pésimas y regulares— y salir mucho a la palestra o al atril micrófono en mano. En el ámbito de la comunicación científica, como en medicina, la práctica es esencial, ineludible; pero esta cunde más y se aprovecha mejor cuando uno parte de una sólida base teórica, que está en los libros. 

No quiero extenderme en este prólogo, pero al mismo tiempo me gustaría dotarlo de un mínimo contenido de utilidad práctica, que trascienda la mera palabrería. Creo que puede ser buena idea, pues, cerrarlo con tres consejos de aplicación inmediata que son oro puro; consejos, me apresuro a aclarar, que no son de mi cosecha, sino de tres sapientes predecesores nuestros con amplia experiencia en la técnica y el arte de la comunicación científica. 

El primero es del estadounidense Robert A. Day (1924- ), redactor científico profesional durante toda una vida, profesor de redacción científica en la Universidad de Delaware, una de las personas que más saben sobre publicación científica y autor de uno de los libros más influyentes sobre el particular. Considera Day que «good scientific writing is not a matter of life and death; it is much more serious than that» (escribir bien un trabajo científico no es una cuestión de vida o muerte: es algo mucho más serio), y estoy de acuerdo con él. El pediatra con inquietudes docentes o investigadoras hará bien en situar el lenguaje y la comunicación en el centro mismo de su empeño formativo: todo el tiempo que pueda dedicar a ellos será poco. 

El segundo, del médico humanista Gregorio Marañón (1887-1960): «en el lenguaje científico, la claridad es la única estética permitida». A lo que yo me permitiría añadir tan soloque escribir de forma clara y sencilla es una de las cosas más difíciles y complicadas que existen en esta vida; escribir complicado, en cambio, es sencillísimo. 

Y el tercero, del neurohistólogo y nobel Santiago Ramón y Cajal (1852-1934), para quien la comunicación científica debe ajustarse siempre a las siguientes reglas: «primera, tener algo nuevo que decir; segunda, decirlo, y tercera, callarse en cuanto queda dicho». Me aplico el cuento para este prólogo mío, que inicié con la idea de deciralgoy dicho queda. Callo, pues". 

 Y nosotros también callamos, con la confianza de que el libro sea de utilidad.

lunes, 16 de octubre de 2017

DNP en Alicante, juntos somos MÁS y somos MEJORES


Desde el año 2014, la Asociación Española de Pediatría marcó el 8 de octubre como DÍA NACIONAL DE LA PEDIATRÍA (DNP). Y lo celebramos un año más en Alicante y en la presentación dimos respuesta a tres preguntas: 

1) ¿Por qué el 8 de octubre…? Pues porque ese día marca las 40 semanas de gestación de un niño o niña que haya sido gestado a primero de año. 

2) ¿Por qué lo celebramos…? Porque la AEP consideró oportuno mantener anualmente esta jornada con el objetivo de hacer presente la importante figura de la Pediatría y de los pediatras en nuestra sociedad, como valedores de la salud física, mental y social de la infancia y adolescencia, reivindicando un modelo de asistencia pediátrica modélico y que no pocas veces se cuestiona. 

3) ¿Cómo se celebra ese día…? Pues este año, al coincidir el día 8 en domingo, se adelantó el acto oficial a ayer, miércoles 4 de octubre en Madrid, un acto protocolario con un cóctel y una mención como Maestro de la Pediatría al Prof. Serafín Málaga, nuestro último presidente de la AEP. 
También hay actos individualizados en alguna provincia, pero creo que en ningún caso algo como lo que nos convocó el pasado 5 de octubre en la provincia de Alicante, de esta dimensión y conjunto. Ya en el mismo año 2014 intuimos que podía ser una oportunidad para establecer un encuentro científico y personal anual de todos los pediatras de Alicante (de atención primaria y atención especializada, adjuntos y residentes, en instituciones públicas y privadas), así como de todos los profesionales sanitarios vinculados con la atención infanto-juvenil (enfermería, auxiliares, y especialidades médicas relacionadas con Pediatría). Pensar que es el día de la PEDIATRÍA, no del pediatra. Y lo realizamos con un doble acto: 

- El acto científico, de 12 a 14,30 hs, en el que realizamos 12 ponencias (de todos los centros sanitarios de la provincia que han podido colaborar este año), y en el que se les ha pedido que nos relaten proyectos o actividades relevantes en sus Centros de Salud y Departamentos de Salud. Y este año también contamos con la colaboración del Servicio de Ginecología y Obstetricia del Hospital General Universitario de Alicante. 

En este enlace podéis acceder a todas las presentaciones, con temas de gran interés como: 
- Unidades de cardiopatías familiares 
- Tuberculina frente a IGRA en el diagnóstico de la tuberculosis 
- Epilepsia y autismo 
- Docencia en Pediatría de Atención Primaria 
- EsPorTuSalud, programa multidisciplinar para el tratamiento de la obesidad infantil 
- Baby-Led Weaning 
- Hipotermia terapéutica neoanatal. 

- El acto social correspondió a la comida homenaje en el Colegio de Médicos al Dr. Bartolomé Jiménez Cobo, a quien dedicamos el Premio Pediatra Destacado de Alicante 2017. El premio, en realidad, es nuestro cariño, consideración y abrazo. Pero no hay premio como ese. 

Una reunión donde recordamos cuál fue el eslogan del DNP 2017: “Quien mejor te cuida es tu pediatra”. Y donde recordamos que debemos ser coherentes con nuestra profesión y el eslogan: garantes de la salud física, mental y social de la infancia y adolescencia. Y recordamos como al abrir nuestros ordenadores de la Consellería de Sanitat Universal i Salut Pública vemos una reseña que nos indica “Espacio seguro y libre de violencia de género”, así hemos de crear una “sociedad y una educación segura y libre de maltrato a la infancia”. Porque recordando al escritor y pensador uruguayo, Eduardo Galeano: “Mucha magia y suerte tienen los niños que consiguen ser niños”

Gracias a todos. Y recordar, JUNTOS somos MÁS y somos MEJORES. Hasta el próximo año, en la conmemoración del DNP 2018.

sábado, 14 de octubre de 2017

Cine y Pediatría (405). "Quinceañera", no siempre es una fiesta...


Tras regresar de mi viaje de México, han sido muchas coincidencias alrededor de la Fiesta de 15 años (también conocida como Fiesta de Quinceañera, Fiesta de Quince o simplemente Quince) y que viene a ser una fiesta en la cual se celebra el momento en una chic ha alcanzado la madurez (que no la mayoría de edad) y es presentada a la sociedad. Y la palabra quinceañera hace referencia a la propia niña que cumple 15 años de vida (también se da con los varones, pero es quizás menos significativo).

Pero esta fiesta no solo ocurre en México, sino que es común en América Latina, en países tales como Argentina, Brasil, Bolivia, Colombia, Cuba, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, Uruguay o Venezuela. Y la celebración se hizo popular también en Estados Unidos primero durante la década de 1930 y en ocasiones combinada con la costumbre estadounidense de "sweet sixteen", que celebra el decimosexto aniversario de la muchacha, también con el sentido de presentación en sociedad de la joven. 

La celebración de los 15 años de una mujer tiene varios orígenes. La más probable es la costumbre proveniente de las grandes culturas precolombinas de México, aztecas y mayas, que realizaban los ritos de pubertad para indicar la entrada a la vida adulta y la aceptación de responsabilidades de las mujeres. En estas culturas, al llegar a la fecha de 15 años, las jóvenes salían de la familia a la escuela telpochcalli donde aprendían la historia y tradiciones de su cultura y se preparaban para el matrimonio. Luego, regresaban a la comunidad para celebrarles la fiesta de quinceañera. Con la conquista de los españoles se incluyó en la tradición indígena la inserción de la misa, y en el siglo XIX, el emperador de México, Maximiliano, y su esposa Carlota introdujeron el vals y los vestidos. 

Actualmente, las fiestas de 15 años constituyen un gran evento religioso y social, y que bien pudiera estar al nivel de otros momentos tradicionales en nuestro país como el bautizo, la comunión o la boda. Y así, en el día grande, la quinceañera luce un vestido muy elegante, generalmente de colores pasteles (rosa, azul claro, blanco), una corona en su peinado elegante y zapatos de tacones. La celebración empieza en la iglesia, continúa a ritmo de vals en una gran fiesta, donde tras bailar con el papá la quinceañera, también baila con los quince muchachos invitados a su cumpleaños (miembros de familia, amigos, compañeros del colegio) y cada uno de ellos le regala una rosa roja. En México el punto culminante de esta celebración es una orquesta de mariachis vestidos en los llamados trajes de charro, y la canción tradicional cantada a la hora del pastel, “Mi niña bonita”. Y es así como cuando una niña llega a los 15 años, los padres le dan nuevos privilegios y responsabilidades tanto en su vida personal como social. 

Y con una fiesta así comienza la película Quinceañera, película indie dirigida al alimón por Richard Glatzer y Wash Westmoreland en el año 2006. Toda la trama gira en torno a tres personajes, los adolescentes Magdalena y Carlos, que son primos, y el tío abuelo de ambos, Tomás. 
Magdalena (Emily Rios) es la hija de una familia mexicana afincado en Estados Unidos, cuyo padre dirige una iglesia en una zona comercial en el barrio de Echo Park en Los Ángeles. Se acerca su decimoquinto cumpleaños y solo piensa en su novio, su vestido para la fiesta de Quinceañera y la limusina Hummer que su padre alquilará para ese día tan especial. Pero su inesperado embarazo, del que su novio se desentiende, va a suponer un trauma para toda la familia, hasta el punto de que se marcha de casa para vivir con su anciano tío Tomás. Mientras avanza el embarazo ("Ya no quepo en la ropa", nos dice) continúa con sus estudios y en el tiempo libre pasea perros, pero alejada de su familia, pues como le dijo su padre: "Cuando esté lista para confesar su pecado, hablaremos"
Carlos (Jesse García) es un joven problemático y poco expresivo, trabaja en un lavadero de coches (aunque pierde el trabajo), es aficionado a fumar droga y se va reconociendo como homosexual, hasta tener sus primeras experiencias homosexuales con una pareja de gays, vecinos del tío Tomás, con quien también vive. Inicialmente Carlos no ayuda demasiado a Magdalena y sus afirmaciones son hirientes: "Embarazada a los 14. Reconócelo, tu vida está acabada". Pero, poco a poco, Magdalena y Carlos se sienten más unidos, hasta llegar a un final casi inesperado. 
Tomás (Chalo González), es el tío abuelo de Magdalena y Carlos, un buen hombre, religioso (con su altar y su Vírgen de Guadalupe), natural de Jalisco y que vive de preparar el champurrado (una comida mexicana) para vender en la calle. Fue el hijo 13, su número de la suerte, de una madre que tuvo 22 hijos, y ahora le toca vivir en una pequeña casa alquilada, pero que le obligan a abandonar.

Esta historia de tres personajes con raíces mexicanas en Los Ángeles que intentan encontrar salida a su vida es hacia donde nos adentra el film de Glatzer y Westmoreland, película que nació de una experiencia personal, cuando recibieron el encargo de un reportaje fotográfico de la fiesta de una quinceañera. Los cineastas, una pareja homosexual que vive en el mismo barrio de Echo Park, quedaron fascinados por la vitalidad de los hispanos y sus fiestas, por su spanglish, esa mezcla espontánea sin normas del español y el inglés, hasta el punto de que hacen aparecer un cartel en la película que pone "Se enseña con acento americano". Y, de hecho, es obvio que la pareja de vecinos homosexuales en la película es un evidente reflejo de los propios directores. Lo cierto es que la película ganó los premios del Público y del Jurado en el prestigioso festival de cine independiente de Sundance, y desde entonces se sigue viendo como agrado, no como la mejor película que trate el embarazo en adolescentes, pero sí como una película para la reflexión. 

Cabe no confundir esta película estadounidense, con otra mexicana del año 1960, con el mismo título y dirigida por Alfredo B. Crevenna.  Pero nuestra Quinceañera respira México por los cuatro costados. Como esa escena de la celebración del 5 de mayo con fuegos artificiales, y en donde Tomás, Magdalena y Carlos brindan: "5 de mayo y abajo los franceses" (en referencia el triunfo del ejército mexicano sobre el invasor francés tras la Batalla de Puebla un 5 de mayo de 1862).

Finalmente el tío abuelo Tomás fallece y en el entierro Carlos le dedica estas palabras: "Todos le conocían. En la calle se paraba cada momento para saludar. Todos se alegraban de verle. Tenía mucho amor dentro. Le salía por los ojos como una luz dorada. Todos lo veían porque amaba a todo el mundo y no juzgaba a nadie, Al final de mi vida, será un privilegio saber que conocí a un santo. Porque Tomás Álvarez era un santo. No nos dejará. Su espíritu sigue presente. Estará con nosotros hasta el final". 

Y el final de esta película termina con una gran sonrisa que se cruza entre padre e hija, señal de perdón. Porque ser quinceañera no siempre es una fiesta, porque el embarazo en una adolescente suele implicar un riesgo en la trayectoria vital de las jóvenes, un serio y prevalente problema médico-social. Según la organización Save the Children, cada año nacen 13 millones de niños de mujeres menores de 20 años de edad en todo el mundo, más del 90% en los países denominados en desarrollo. Muchos de estos embarazos son considerados como no deseados y provocados por la práctica de relaciones sexuales sin métodos anticonceptivos. En los países desarrollados estos embarazos ocurren en población con niveles educativos más bajos, con mayores tasas de pobreza, así como otras situaciones de inestabilidad familiar y social.