lunes, 20 de septiembre de 2021

Comienza el curso de Continuum "Endocrinología Pediátrica 2021"


En el año 2017 realizamos la primera edición del curso de Continuum "Endocrinología Pediátrica". En el año 2018 se realizó la segunda edición, y este año 2021 comienza su tercera edición. Un curso organizado y coordinado por la Sociedad Española de Endocrinología Pediátrica. 

Con este curso pretendemos proporcionar al alumno conocimientos y habilidades necesarios para mantener y mejorar su competencia en los trastornos endocrinológicos más frecuentes, propios de la edad pediátrica. 

Al finalizar la actividad, el alumno habrá conseguido una serie de conocimientos, habilidades y actitudes, que se recogen a continuación como objetivos del curso: 
- Identificación, diagnóstico y manejo clínico de las enfermedades tiroideas más frecuentes en la infancia y adolescencia, así como de su prevención. 
- Identificación de la pubertad anómala (ya sea precoz o retrasada), las indicaciones de estudios complementarios y de tratamiento. 
- Identificar un crecimiento anómalo en el niño (ya sea por defecto - “talla baja” - o por exceso - “talla alta”), así como para sentar las indicaciones de su derivación al especialista, de realizar estudios complementarios y de su enfoque terapéutico. 
- Identificar el hipercortisolismo, conocer los estudios complementarios para diferenciar el origen del mismo y plantear un diagnóstico diferencial. 
- Conocer la hiperplasia suprarrenal congénita, especialmente el déficit de 21-hidroxilasa (21-OH), para poder diagnosticar precozmente las formas graves, tratarlas en el debut y saber cómo actuar en las posibles descompensaciones que puedan presentar estos niños durante su vida. 
- Proporcionar al alumno conocimientos y las habilidades necesarios para identificar una insuficiencia suprarrenal, plantear un diagnóstico diferencial y una orientación terapéutica. 

Y estos serán los capítulos que se van a tratar: 
- Enfermedades tiroideas en la infancia y adolescencia 
- Pubertad precoz y retrasada 
- Diagnóstico y manejo de las alteraciones del crecimiento en la infancia; talla baja y talla alta 
- Hiperactividad suprarrenal: enfermedad o sindrome de Cushing 
- Hiperplasia suprarrenal congénita 
- Insuficiencia adrenal en Pediatría 

El curso comienza el día 7 de octubre de 2021 y estará en activo hasta el 2 de diciembre. Un curso con 72 hs lectivas tutorizado en cada una de las seis unidades didácticas. 

Toda la información e inscripciones en la página web de Continuum. Os esperamos....

sábado, 18 de septiembre de 2021

Cine y Pediatría (610) “Ser padre”, una dramedia sobre la paternidad a solas

 

En el año 2014 un director tan especial como el estadounidense Richard Linklater nos regaló la película Boyhood, un canto al poder de la infancia y al poder de lo cotidiano, y que fue todo un experimento cinematográfico grabado durante 12 años (la producción más larga en la historia del cine).  Ese mismo año 2014 una directora tan especial como la francesa Céline Sciamma nos regaló Girlhood, la obra que cierra la trilogía de películas que hablan de la identidad sexual, de la importancia del género en la construcción de uno mismo, de los sentimientos de ambigüedad entre adolescentes y del trastorno que conlleva el hecho de sentirse diferente. Y este 2021, siguiendo la estela de estos títulos, con el apoyo y sello de Netflix (con lo bueno y menos bueno que eso entraña), llega Fatherhood, que en nuestro país se ha traducido como Ser padre. En este caso bajo la dirección de Paul Weitz, un director más particular que especial, y que comenzó su trayectoria como director y guionista junto con su hermano Chris Weitz, con películas como American Pie (1999), De vuelta a la Tierra (2001) o Un niño grande (2002). Precisamente en esta última ya trata el tema de la paternidad, como nuestra película de hoy. 

Ser padre se basa en el libro “Two Kisses for Maddy: A Memoir of Loss and Love”, escrito en el año 2011 por Matthew Logelin, y que cuenta su propia historia de criar solo a su hija Maddy tras la muerte su esposa Liz, fallecida al día siguiente de la realización de la cesárea como consecuencia de un tromboembolismo pulmonar, una de las complicaciones más graves asociadas con el embarazo y el parto, y una de las principales causas de muerte materna en los países desarrollados. Esta devastadora tragedia de la vida real es la trama de la nueva película de Paul Weitz, que se implica como director, guionista y productor. 

La película sigue a Matthew (Kevin Hart, un actor negro más vinculado con la comedia que con el drama, pero que se vinculó también como productor), quien lidia con el dolor mientras intenta criar a su hija recién nacida y honrar el legado de la mujer que perdió demasiado pronto. Aunque es un padre viudo, se da cuenta de que tiene una comunidad de amigos y familiares para ayudar a moldear la vida de su hija Maddy, y debe aprender a apoyarse en ellos, especialmente a medida que ella crece. Ser padre describe el viaje de Matt como padre joven en términos conmovedores y desgarradores. Porque su historia real se capturó por primera vez en su blog, donde compartió actualizaciones sobre cómo navegar por la pérdida de su esposa en medio del caos de cuidar a un recién nacido. Un blog que se convirtió en un salvavidas para muchos padres que experimentaban luchas similares, y de ahí surgió la novela. 

La película comienza mezclando escenas de un entierro y los preparativos, días antes, de la cesárea para el nacimiento del primer hijo de la pareja. Y los momentos de felicidad por la buena nueva se truncan a las 24 hs, con una repentina disnea y posterior pérdida de conocimiento al intentar Liz levantarse de la cama. Y las palabras de dolor de Matt al equipo médico: “No me digan que mi mujer ha muerto”. Y la salida del hospital con su hija en brazos y con el dolor de hacerlo sin su esposa, como un viudo que tiene que enfrentarse a la crianza. 

Una crianza en la que ni él ni los que le rodean confían en que sea posible, por los comentarios que surgen en los familiares: “No sé cómo se las va a apañar”, “La crianza es un no parar. Todo el día y toda la noche”. Pero no acepta la alternativa de que Maddy sea cuidada por las abuelas y que eso suponga trasladarse a otra ciudad a vivir. Por lo que Matt da el paso de salir adelante solo, mientras escucha palabras de apoyo llenas de buena intención, pero claramente equivocadas e innecesarias. Y se enfrenta a la pregunta más habitual: “¿Y la madre?”

Un argumento así, otras veces visto, corre el riego de enfrentarse a tópicos, pero son los tópicos de toda crianza. Como el acudir a un grupo de apoyos de madre (aunque él es un padre) donde le orientan sobre el significado del cólico del lactante y el valor de aplicar para ello el “ruido blanco” (que le funciona) y el piel con piel. Como la visita a la pediatra y esas positivas palabras de ánimo que recibe. Como el apoyo de canguros. Como su bautizo, su entrada al colegio, sus primeros accidentes. Porque Maddy va creciendo y Matt mantiene vivo el recuerdo de su madre con esa frase tan habitual en sus vidas: “Dos besos. Uno por mamá y otro por mi”

Matt finalmente tendrá que ir tomando decisiones por el bien de su hija, dejando el lastre de culpa y responsabilidad por la muerte de su esposa. E, incluso, superar que su posible nueva pareja se llame Liz también. Porque es la propia Maddy la que cuestiona a su padre: "¿Por qué cuando pasa algo bueno nos lo quitan?”. Y esta tragedia real (como la vida misma) finaliza de forma simpática y esperanzadora. Por ello la tragedia se transforma en dramedia. Y se agradece. 

Por ello, Ser padre es una dramedia sobre la paternidad a solas, una historia de amor y superación. Y que se suma a otras películas que nos han aproximado al reto de la crianza de los hijos por parte de un padre solo, separado o viudo. Ya lo vimos en la mítica Matar a un ruiseñor (Robert Mulligan, 1962) y la especial figura de Atticus Finch, un honesto abogado viudo con dos hijos pequeños (Scout y Jem) que vive en una pequeña ciudad del estado de Alabama en la década de 1930 en una película llena de valores. Y a partir de ahí se han ido sumando películas, todas ellas ya presentes en Cine y Pediatría, y desde distintas nacionalidades: desde Estados Unidos, Yo soy Sam (Jessie Nelson, 2001),  En busca de la felicidad (Gabriele Muccino, 2006), o  El niño de Marte (Menno Meyjes, 2007);  desde Italia, Líbero (Kim Rossi Stuart, 2006);  desde Australia, Rómulo, mi padre (Richard Roxburgh, 2007);  desde España, Ismael (Marcelo Pyñeiro, 2013);  desde Francia, Mañana empieza todo (Hugo Célin, 2016);  o desde Turquía, Milagro en la celda 7 (Mehmet Ada Öztekin, 2019). Todas ellas nos recuerdan que una madre es muy importante para los hijos en su crianza. Pero esa importancia es especialmente patente cuando el padre tiene que conseguir solo esa función.

 

miércoles, 15 de septiembre de 2021

El tamaño (muestral) sí importa

 

Todo estudio epidemiológico lleva implícito en la fase de diseño la determinación del tamaño muestral necesario para la ejecución del mismo. El no realizar dicho proceso, puede llevarnos a dos situaciones diferentes: a) la primera situación es que realicemos el estudio sin el número adecuado de pacientes, con lo cual no podremos ser precisos al estimar los parámetros y además no encontraremos diferencias significativas cuando en la realidad sí existen; b) la segunda situación es que podríamos estudiar un número innecesario de pacientes, lo cual lleva implícito no solo la pérdida de tiempo e incremento de recursos innecesarios, sino que además la calidad del estudio, dado dicho incremento, puede verse afectada en sentido negativo. 

La importancia de estimar el tamaño muestral no es una decisión trivial, si no que su cálculo adecuado nos permitirá obtener resultados concluyentes y reproducibles o por el contrario los resultados no serán informativos ni robustos. Y, además, no es ético utilizar más o menos tamaño muestral del necesario. 

Y para su cálculo conviene responder a estas preguntas: 

- ¿Qué sería un resultado relevante en mi experimento? ¿Qué estoy buscando? Con ello queremos decidir a priori el TAMAÑO DE EFECTO que consideramos sería relevante en el experimento (y no en pocas ocasiones es una cifra estimada). Lo primero que debemos determinar en la estimación de la muestra es la variable de interés o variable respuesta o primary outcome. Esta es una decisión muy importante, porque el tipo de variable influirá de manera considerable en el tamaño de la muestra: una variable continua siempre tendrá más sensibilidad que una variable categórica, por lo que siempre que sea posible, se recomienda medir en continuo la respuesta, así el tamaño muestral requerido será menor. 

- ¿Qué tipo de fluctuaciones espero alrededor de la media de mi parámetro de interés? Esto se refiere a la VARIABILIDAD de los datos. Lo mejor es que seamos conservadores si no podemos cuantificar exactamente la varianza y para ello podemos aumentar un 10 o 20% la desviación y así aseguramos que los datos que se puedan obtener estén contenidos en el rango esperado. 

- ¿Qué porcentaje de falsos positivos estoy dispuesto a asumir? Sabemos que cuando contrastamos una hipótesis, existe la posibilidad de que el test determine que existe una diferencia entre el grupo tratamiento y control cuando en realidad, no existe tal diferencia. Esto es lo que se conoce como un falso positivo o la probabilidad de error de tipo I. Si elegimos el estándar 0,05, entonces el NIVEL DE CONFIANZA será del 95%. Es decir, asumimos que el 5% de las veces concluiremos erróneamente que los grupos son distintos. 

- ¿Qué potencia quiero tener? Que viene a ser la SENSIBILIDAD que espero que tenga mi muestra para detectar diferencias cuando realmente existen. La potencia se calcula como 1 – β (también conocido como error de tipo II). La probabilidad de error de tipo II determina el porcentaje de veces que asumimos que, habiendo una diferencia entre los grupos, no seremos capaces de detectarla y por tanto estaremos cometiendo un falso negativo. Normalmente asumimos un error de tipo II de 10 o 20%, pero si nosotros queremos realmente ser más sensibles, deberemos fijar una mayor potencia. Esto se traducirá en un mayor tamaño muestral. 

Existe al respecto ingente información, y también la Universidad Miguel Hernández, a través de su Oficina de Investigación Responsable (OIR) nos deja este enlace de interés, donde nos ofrece el acceso al programa GPower, que es una calculadora online gratuita desarrollada en la Universidad de Düsseldorf, con su manual de uso. Y se nos presenta una breve demostración del cálculo muestral para una diferencia de medias y para una diferencia de proporciones. 

Aquí podéis obtener información más detallada al respecto. Porque es importante conocer bien este tema por su importancia científica y ética, porque el tamaño (muestral) si importa… y mucho.