sábado, 20 de septiembre de 2014

Cine y Pediatría (245). La discapacidad, la música, la sexualidad y la dignidad de “Gabrielle”


Así describe la Asociación Síndrome de Williams España a esta entidad: “El síndrome de Williams (SW) es un trastorno del desarrollo que ocurre en 1 de cada 7.500 recién nacidos. Está caracterizado por la tétrada de rasgos faciales típicos, discapacidad intelectual leve o moderada, hipercalcemia en la infancia y cardiopatía (principalmente estenosis aórtica supravalvular). Existe una asimetría mental, en el sentido de que tienen déficits en algunas áreas (psicomotricidad, integración visuo-espacial), mientras que otras facetas están casi preservadas (lenguaje), o incluso más desarrolladas (sentido de musicalidad)”.

Y frente esta fría descripción médica del SW nos encontramos el calor de las personas con nombres y apellidos que presentan esta entidad. Y una de esas personas se llama Gabrielle. Y con ese nombre aparece una pequeña joya del cine canadiense (otra más de este país, un país que vuelca en el celuloide los valores de una sociedad muy madura).

Porque tras triunfar con Familia (2005), su primer largo, Louise Archambault vuelve a demostrar que sabe lo que hace, esta vez gracias a Gabrielle (2013), película que fue presentada por Canadá en su candidatura para los Oscar de habla no inglesa. Louise Archambault, directora y guionista, nos invita a esta emotiva historia sobre las ansias de libertad de una persona con dificultades.

Ella es Gabrielle (Gabrielle Marion-Rivard), una joven de 22 años con SW (y, además, diabetes) con una capacidad para el canto excepcional, quien lucha diariamente por demostrar que es una persona normal y conseguir esa independencia que tanto anhela para poder vivir su historia de amor con Martin (Alexandre Landry, el único actor que representa a un discapacitado sin serlo), el joven que sufre una dificultad parecida y a quien conoce el grupo del coro. La personalidad amigable, desinhibida, entusiasta y gregaria de Gabrielle le ayuda a esta lucha diaria para derribar los muros que inevitablemente se encuentra y se seguirá encontrando en su día a día: “Quiero ser normal, como todos. Soy adulto y quiero actuar como un adulto”.
Porque el hecho de que ellos sean “diferentes” hace que muchas personas se pregunten hasta qué punto pueden hacer lo que quieran. Y por ello Gabrielle no es una película fácil, como no lo son los filmes que tocan la fibra sensible, pero es una película necesaria, así como esperanzadora, vital y con intenciones muy loables: normalizar la relación de amor entre dos personas con enfermedades mentales y discapacidad. Un cine así siempre es bienvenido y, por tanto, se convierte en una película recomendable.

Una película donde destacan muchas cosas, pero tres esenciales: el guión, el trabajo de actores y la música.
- El guión es compacto, pero con los giros necesarios para entender como es la vida de nuestra protagonista, y se nos muestra como si fuera un documental minimalista con una estética muy indie, incluso con cámara en mano por momentos.
- El trabajo de actores es complejo, especialmente porque muchos de los personajes de la película sufren SW u otras patologías neurológicas o del comportamiento. Gabrielle Marion-Rivard es una enferma de este síndrome en la vida real, y la directora vio en ella una historia que merecía ser contada y para ello habló con la propia Gabrielle para que se interpretase a sí misma y esta naturalidad en la actuación es un gran punto positivo. Hay que destacar en la actuación sobre todo los momentos de intimidad entre Gabrielle y Martin, cómo se acercan con timidez, pero con una fuerza incontrolable. Y también hay que destacar el personaje de Sophie, la hermana de Gabrielle, pues a través de ella conocemos el punto de vista de quienes tienen que cargar con la enorme responsabilidad de cuidar a personas dependientes.
- La música y los silencios toman un papel de vital importancia en la película, de forma que hasta pudiera llegar a catalogarse como un musical. Los silencios son un acierto que aporta dramatismo en momentos en que es necesario, pero la música es la medicina que Gabrielle  para sobrellevar su complicada vida. Una banda sonora para recordar, especialmente las pegadizas canciones del coro, que acaban contando además con la participación de Robert Charlebois, un famoso cantautor canadiense casi desconocido en España, pero una importante figura en la música francófona.

Cada vez estoy más convencido de la madurez de la sociedad (y del cine) de Canadá y son muchos los ejemplos en Cine y Pediatría: Inch’Allah (Anaïs Barbeau-Lavalette, 2013), Hijos de la medianoche (Deepa Mehta, 2012), Café de Flore (Jean-Marc Vallée, 2012), Profesor Lazhar (Philippe Falardeau, 2011), C.R.A.Z.Y. (Jean-Marc Vallée, 2005), El viaje de Felicia (Atom Egoyan, 1999), El dulce porvenir (Atom Egoyan, 1997), etc.
Y éste es un ejemplo más. Porque Grabrielle es una película que habla de discapacidad, música, sexualidad y dignidad en una joven con el SW merece todo nuestro respeto y más con escenas como la que os presento, con una preciosa canción de Robert Charlebois: “Ordinaire”.

(Aunque ordinario fue que en una sala de casi 700 butacas, sólo estuviéramos 5 personas viendo esta pequeña joya. Pero esto es habitual cuando no se alimenta el séptimo arte como fuente de cultura, emociones y reflexiones).

viernes, 19 de septiembre de 2014

¿Cuáles son las razones por las que debo vacunar a mi bebé?



http://www.cdc.gov/Spanish/especialesCDC/RazonesVacunarse/


En este blog dedicamos muchas entradas a las vacunas. Es un tema de importancia capital y que de vez en cuando está sujeto a incomprensibles controversias. Es por ello necesario informar bien a la población.

Los CDC de Estados Unidos, en su web dirigida al público, disponen de un apartado informativo dirigido a los padres.Se trata de un documento muy completo y que ayuda a resolver muchas dudas y preguntas sobre las vacunas en general. Es por ello que nos lo traemos al blog una vez convertido en pdf. Esperamos que os resulte interesante y, sobre todo, útil.


jueves, 18 de septiembre de 2014

¿Cuánto dura un resfriado?


Los pediatras, muy especialmente los que trabajamos en atención primaria, estamos muy familiarizados con las "itis": otitis, laringitis, rinitis, faringitis, bronquiolitis... Con todo tipo de infecciones respiratorias agudas (IRA). Son el principal motivo de consulta en atención primaria y todos conocemos a niños "que siempre están en el médico" por el mismo proceso, habitualmente resfriados comunes acompañados o no de tos.

En ocasiones esta persistencia de los síntomas lleva a muchos padres a preocupaciones excesivas y a muchos colegas pediatras a la prescripción de medicamentos innecesarios, bien sean mucolóticos-antitusígenos o - en el peor de los casos - incluso antibióticos.

¿Cuanto dura un episodio de IRA? En el BMJ se publicó una revisión sistemática (RS) sobre el tema, que fue objeto de valoración crítica y de edición de un AVC ("Artículo Valorado Críticamente") en "Evidencias en Pediatría". Los autores de la RS constataron, de la lectura de 23 ensayos clínicos y 25 estudios observacionales, que la duración de estos episodios en general era más prolongada que la que habitualmente comunicamos a los padres. Por ejemplo, la duración promedio de la bronquiolitis es de 21 días, la de la tos aguda es 25 días, la del resfriado común es 15 días y la de los síntomas respiratorios inespecíficos es 16 días

Son datos simples y que a priori puede parecer que carecen de importancia, pero que pueden ayudarnos  a orientar mejor a los padres y a "refrenar los impulsos prescriptores" de muchos de nosotros.

Podéis acceder al texto íntegro de la RS desde este enlace. Ya al AVC sobre la misma publicado en "Evidencias en Pediatría" desde este otro enlace.