Cine y Pediatría 8

miércoles, 11 de diciembre de 2019

Educando Proteges: #ÚneteALaResistencia-12No


Silvestre del Río y Joan Sans son dos policías con experiencia en menores que han creado la plataforma Educando Proteges, cuyo objetivo es trabajar, desde la experiencia acumulada durante años con las familias, con una finalidad fundamentalmente educativa y comunitaria que facilite la prevención de conflictos tanto en el ámbito familiar como social, creando familias más capaces, mejor formadas e informadas, en beneficio de nuestros niños, niñas y adolescentes, y en definitiva, del conjunto de la sociedad. 

Conocí a Sivestre y Joan en Mallorca, en una reunión científica, y desde Baleares, su lugar de trabajo, llevan varios años de experiencia, con actuaciones y recursos varios. Su última campaña, que apoyo con este post, es #ÚneteALaResistencia-12No y en ella se intenta concienciar a padres y madres de que no le compren un móvil a sus hijos antes de los 12 años (en la actualidad se les compra a una media de 9 años en España). 

Vale la pena compartir algunos datos al respecto para darnos cuenta de la importancia del tema y de la campaña. 
- La proporción de uso de tecnologías de la información y comunicación (TIC) en la población de 10 a 15 años es, en general, muy elevada. El uso de ordenador está muy extendido (lo tienen el 91% de los menores) y aún más el uso de internet (el 93%). Por su parte, el 70% de la población de 10 a 15 años dispone de teléfono móvil. Por sexo, las niñas usan en mayor medida las nuevas tecnologías. Y a mayor edad, mayor uso de TIC, sobre todo a partir de los 13 años. 
- Según el I Estudio sobre el acceso de los jóvenes a los teléfonos móviles en el mercado español, realizado a 400 familias de niños entre los cinco y los 12 años por la compañía noruega Xplora, el 60% de estos piden su primer teléfono móvil antes de los 9 años. La tranquilidad, desvela el informe, que supone estar en contacto con los hijos (comunicación, ubicación,...) es el factor que más impulsa a los padres a comprar este dispositivo, mientras que el acceso a contenidos inadecuados o que entren en contacto con ciertas personas sin supervisión parental son algunas de las mayores preocupaciones de los progenitores. 
- En España el 76% de los niños de 11 a 14 años utiliza habitualmente Whatsapp, desde sus propios terminales o desde los de sus padres. 
- La edad media de inicio en el consumo de pornografía son los 14 años entre los adolescentes hombres, los 16 en el caso de las mujeres y los 15 para otras identidades. El primer acceso a contenidos pornográficos de los jóvenes españoles en internet se anticipa: al menos uno de cada cuatro varones se ha iniciado antes de los 13 y la edad más temprana se anticipa ya a los 8 años. 
- El uso de móviles y otras TIC ha aumentado de forma exponencial los casos de cyberbullying, sexting y grooming, la denominada "triada del lobo feroz" de internet

Creo que los datos son preocupantes (cuando no escalofriantes) y la conciencia social, familiar y profesional sobre este tema me lleva a apoyar esta campaña que intenta emponderar a los padres para que haya una resistencia fundamentada con el fin de evitar que sus hijos dispongan de un móvil antes de los 12 años de edad. Y una vez se disponga de él, no olvidar hacer un contrato familiar de uso (abuso y mal uso). 

Porque nadie duda de las ventajas que nos da un móvil en nuestro mundo actual, pero menos aún se duda de sus riesgos por abuso y mal uso, especialmente en la infancia y adolescencia

Por todo ello #ÚneteALaResistencia-12No.

lunes, 9 de diciembre de 2019

¿Qué hacen y piensan los médicos para no “quemarse” con su trabajo?


Hace un tiempo participamos en este estudio original con encuesta a médicos clínicos activos con el objetivo de revelar las fuentes de dificultades y de satisfacción que ellos consideran tiene su trabajo, así como los valores que sustentan su práctica y las estrategias que utilizan para seguir siendo productivos y disfrutar de su actividad asistencial. 

En este enlace podéis revisar el contenido publicado en el Boletín DocTutor de Educación Médica, que considero relevante para revisar una realidad conocida y reconocida como es el “síndrome del médico/enfermero quemado” (SMQ)

Se seleccionó una muestra de conveniencia de 76 médicos de diferentes especialidades, aunque con un predominio de la atención primaria (médicos de familia y pediatras). Los médicos seleccionados cumplían los criterios de encontrarse en activo en el momento actual o hasta hace poco tiempo, habiendo sido la actividad clínica la principal para estos médicos y la que les ocupó la mayor parte de su vida profesional. Se confeccionó una encuesta de 11 preguntas de tipo cerrado (8 preguntas), con diferentes opciones de respuesta y de tipo abierto (3 preguntas). Las encuestas fueron enviadas a través de la plataforma Google Formularios a todos los seleccionados. 

Las causas de insatisfacción o de disgusto con su trabajo fueron muy variadas, pero se destacan las principales fuentes de problemas: 
1º) Sobrecarga asistencial: masificación en las consultas; compañeros no sustituidos. 
2º) Relación con la empresa sanitaria: maltrato de la empresa; presión de la admistración con nulo/escaso reconocimiento; nula/escasa autonomía; prepotencia de los gestores; objetivos imposibles o mal diseñados; escaso interés por la calidad de la asistencia de la administración. 
3º) Tareas burocráticas (excesivas): carga burocrática; múltiples tareas a realizar a la vez; programa informático; gestión de bajas laborales; dificultad para hacer buenas historias clínicas. 
4º) Relación con el equipo: pobre coordinación colaboración con enfermería; imposibilidad de elegir el equipo; compañeros quemados con compañeros hospitalarios. 
5º) Escasez de recursos: espacio físico; recursos humanos; tiempo (mayoritario). 
6º) Relación con algunos pacientes: pacientes con cultura de la inmediatez y sin educación (sanitaria); pacientes con patologías banales; pacientes sin cita. 
7º) Remuneración escasa: baja remuneración; forma de pago. 

Cómo andará el percal para que el bajo sueldo (lamentable sueldo en España respecto a la mayoría de los países de la Unión Europea) sea la séptima fuente de problema. Ojo al dato... 

Los médicos ofrecieron respuestas específicas sobre los recursos o estrategias que ellos ponían en práctica para tratar de afrontar los problemas anteriores que habían destacado... y que vale revisar en el documento original. Las estrategias ofrecidas para afrontar esas dificultades representan un conjunto de medidas concretas realmente interesante y práctico. Estas abarcan cada una de las principales áreas conflictivas, y destacan (también por número) la riqueza de las estrategias de autocuidados y la variedad de tareas de tipo «existencial» que estos médicos utilizan. 

Y sí, realmente es interesante recurrir a lo «existencial»: que algo divino tenga que acudir para salvar lo terrenal de nuestra sanidad. Señores gestores y políticos: tenemos una de las mejores sanidades del mundo... y vale la pena escuchar (y resolver) lo que plantean los profesionales sanitarios. Pues no se pide trabajar menos (ni tan siquiera mayores sueldos), se pide trabajar en mejores condiciones, más eficientes y seguras para los usuarios externos (pacientes) e internos (profesionales sanitarios). 

Y claro que este estudio tiene limitaciones (los autores los conocen y especifican, y por ello quieren mejorar el tamaño muestral y el estudio, para mejorar su representatividad), pero tiene un extraño parecido con nuestro día a día... Yo ahí lo dejo (bueno, los resultados del artículo).

sábado, 7 de diciembre de 2019

Cine y Pediatría (517). “La cigüeña metálica” de la guerra en la infancia


“Entre 1980 y 1992, la Guerra Civil de El Salvador enfrentó al ejército y al movimiento guerrillero Frente Farabundo Martí. Las consecuencias de la guerra fueron más de 90.000 muertos y desaparecidos. Alrededor de 1.000 niños fueron apartados de sus familias de origen. La desaparición forzada es un crimen de lesa humanidad que sigue afectando a millones de víctimas en todo el mundo”. Con esta declaración comienza la película española del año 2012 titulada La cigüeña metálica, dirigida por Joan López Lloret, y que se centra en el tema de los niños desaparecidos durante la guerra de El Salvador. Y es que la temática del destino no es ajena a este director conocedor del largometraje y mediometraje documental y con la temática del destino como santo y seña, como ya hiciera en Utopía 79 (2006) donde deconstruye el sueño de la revolución de Nicaragua, en Sunday at five (2007) sobre el proceso de paz en Irlanda, o en Sinai, más allá de océano (2010) alrededor de los relatos de exiliados de la República Española setenta años después de su viaje transoceánico a México. 

Cuando Joan López Lloret se enfrenta a esta película y esta temática ya han pasado 20 años desde la firma de los Acuerdos de Paz de la guerra en El Salvador (1980-92), un conflicto que enfrentó al ejército y a la guerrilla del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional, conocido bajo las siglas FMLN. Las operaciones de las fuerzas armadas en las zonas rurales tuvieron consecuencias devastadoras para la población civil, con miles de muertos y desaparecidos. Y numerosos niños quedaron huérfanos de padre, madre, o ambos. En plena guerra, “la cigüeña metálica” determinó el destino de tres niños: Ana Lilian, Ricardo y Blanca. Ana Lilian deambuló perdida durante años tras sobrevivir a la masacre de toda su familia, a Ricardo se lo llevó una familia de militares, y Blanca fue adoptada en España. Ellos fueron alguno de los miles de niños desaparecidos en los 80 y hoy intentan comprender su pasado para poner paz a su futuro, y algunos han rehecho su vida gracias al apoyo de la organización Pro-Búsqueda. 

Y esta película documental nos presenta a nuestros tres protagonistas a través de sus hijos. Y hoy Ana Lilian vive en el Lago Coatepeque/Tamanique (El Salvador) con sus siete hijas, Ricardo vive en San Miguel (El Salvador) con sus tres hijos, y Blanca vive en Pamplona (España) con su hija Mayra de 5 años. Y vamos recorriendo los recuerdos de Ana Lilian, Ricardo y Blanca, tres niños adoptados en diferentes lugares a consecuencia de la guerra. 

Ana Lilian con tan sólo 8 años, presenció cómo dos soldados de las fuerzas del ejército torturaron y mataron a toda su familia. Ella fue una de las pocas supervivientes de la masacre de Sisiguayo, su pueblo, de la que recuerda todo. Durante años, vivió de familia en familia. Ana Lilian es hoy madre de 7 niñas, a las que cuida y educa sola, y con un pequeño sueldo. La vida de Ana Lilian nunca ha sido fácil. Ella sólo pudo reencontrarse con un tío lejano, al que ve de vez en cuando. Y Ana Lilian nos dice con lágrimas en los ojos: “Me dije un día, voy a tener siete hijos. Y ahora siete hijos van a llenar este vacío que yo tengo dentro de mí. Créanmelo, no lo llenan. Porque yo quiero a mis siete hijas, pero ellas no han podido llenar el vacío. No he podido superarlo porque siempre estoy vacía… Cómo olvidar todo lo que me pasó”. Y aún más, cuando recuerda que de niña vio al despertar que habían matado a su madre y hermanos, y ella había recibido un balazo que le atravesó el brazo derecho (y que vemos en su cicatriz): “Me pasé tres o cuatro meses que no podía hablar… Y me decía: yo para dónde voy a ir si murieron todos”. Y continúa relatando aquellos momentos: “Separaron a los hermanos de las hermanas. A los chicos los enviaron a Aldeas Infantiles y a nosotras nos enviaron al Hogar”. Y ahora una de sus hijas nos dice: “Si me porto bien voy a llegar al cielo, si me porto mal, no. Si voy al cielo quiero ver a mi otra abuelita, y a mis tíos y a todos los que se murieron”. 

Ricardo tiene el recuerdo claro: a él y sus hermanos se los repartieron como “pollitos” cuando un pelotón del ejército los encontró en la montaña de Morazán. A Ricardo le tocó con la familia de un joven soldado. Años después, cuando ya era un adolescente, se alistó a las fuerzas del ejército, pero en ese momento no sabía que su madre biológica estaba justo al otro lado de la línea integrando las fuerzas revolucionarias. Tras años de búsqueda por todo el país, Ricardo y su madre se reencontraron cuando la guerra terminó. Ahora se ven con frecuencia y ella ejerce de abuela. Ricardo trabaja conduciendo un camión y predica cada domingo en una iglesia evangelista. Y Ricardo aún se rebela: “Éramos niños, éramos personas. No éramos pollos para que nos repartieran”.

Blanca desapareció cuando tenía unos pocos meses de vida. Sus padres murieron mientras huían del ejército en las montañas de Chalatenango y la niña fue trasladada a un orfanato, donde las monjas únicamente le contaron que había llegado ahí en un helicóptero. Blanca ha rehecho su vida en Navarra, lugar al que llegó tras ser adoptada con 14 años. Hace poco pudo ver por primera vez a su familia salvadoreña y conocer qué sucedió en aquellas montañas. Y Blanca recuerda: “Es muy triste que mi madre murió. Pero me dijeron que murió dos o tres días después de los tiros. Es duro cuando te cuentan todo eso”. Y pese a su orfandad es capaz de sincerarse: “Mis padres siempre han estado conmigo… pero nunca les pude poner cara”.

Y la película documental avanza con nuestros tres protagonistas entre imágenes en color de la realidad actual, imágenes en blanco y negro de la guerra de El Salvador, e imágenes de archivo de un color deslavazado. Y con tres imágenes recurrentes en el transcurrir de la película: el helicóptero (nuestra cigüeña metálica) proyectando su sombra sobre la tierra, las niñas y niños bañándose en la balsa de agua ocre y estancada, y una canica rodando entre distintos hoyos blancos y rojos de una madera. Y entre estas imágenes algunas reflexiones de las personas entrevistadas: “Y yo todavía hay cosas que no las entiendo…”.

Y paredes pintadas con el eslogan “Revolución o muerte”, que nos marca lo que fue: muchas muertes, muchos desaparecidos y mucho dolor. Infancias rotas, adolescencias turbulentas, donde escasean los recuerdos felices de nuestros tres protagonistas. Y ahora el reencuentro de madres biológicas y madres adoptivas.

Y al final la imagen de la noche en Pamplona, en San Miguel, en Tamanique. Y los hijos de nuestros tres protagonistas durmiendo. Un sueño tranquilo de un nueva generación, un sueño tranquilo que sus padres no tuvieron (y algunos siguen sin tener). No es la primera vez que en Cine y Pediatría esta Guerra Civil de El Salvador es protagonista. Porque ya estuvo presente en la película Voces inocentes (Luis Mandoki, 2004) donde se hace patente otra lacra de la guerra en la infancia: los niños soldados.

Y es que mientras la cigüeña es la encargada de traer los bebés a un hogar, la “cigüeña metálica” de la guerra nunca trae nada bueno para la infancia. Una película tan desconocida como necesaria. Ni tráiler en Youtube he podido encontrar, solo en Vimeo.

Porque en el cielo no podemos olvidarnos que, además de cigüeñas blancas, también algunos niños y niñas han visto cigüeñas metálicas...