sábado, 19 de abril de 2014

Cine y Pediatría (223). La infancia programada de “El último bailarín de Mao”


Las películas basadas en hechos reales (biopics) tienen un valor añadido, especialmente si son historias de superación personal. Este es el caso de El último bailarín de Mao (2009), la historia de un famoso bailarín chino (que llegó a ser uno de los mejores bailarines de danza clásica del mundo), Li Cunxin, adaptada de su libro autobiográfico “Mao’s last dancer”. La película adquiere el mismo nombre que el libro y contó para ello con la dirección de Bruce Beresford (especialmente reconocido por su oscarizada Paseando a Miss Daisy) y el experimentado guionista Jan Sardi (a quien debemos el guión de Shine: El resplandor de un genio o El diario de Noa). 

La visión de un chino y la revisión de dos australianos nos dejan una película con críticas para todos los gustos, pero en la que destacamos dos partes bien definidas: la primera parte nos remite a continuos flashbacks a la infancia de Cunxin y la segunda más centrada en la denuncia política y reflexión personal. 

El último bailarín de Mao cuenta cómo, en plena Revolución Cultural China, Cunxin fue uno de los 40 niños elegidos por el Estado para ser convertido en bailarín. Y es así como tuvo que abandonar a los 11 años de edad a su familia, campesinos que vivían en una aldea, y trasladarse a estudiar a la Academia Oficial de Danza de Pekín. Corría el año 1972 y se vivía la última etapa de la época de Mao Tse Tung en China. Los inicios en la escuela fueron duros, pues fue catalogado de debilucho (“Llorar es señal de debilidad” le dice un guardián) y vive en primera línea cómo el arte es sometido a los principios del partido único, por lo que se depura a toda persona que no esté de acuerdo con el régimen comunista (incluido a su maestro de baile). Una infancia programada en pos del éxito, donde el estado somete al individuo y a su familia, sin respeto a ninguno de los principios fundamentales de la ética. 
Posteriormente, en el año 1981, Cunxin (Chi Cao en el papel de adulto, un bailarín reconocido y elegido por el propio Cunxin) es descubierto por una comisión americana que le proporciona una estancia becada de tres meses en el Ballet de Houston para su formación a las órdenes del famoso coreógrafo de ballet, Bob Stevenson (Bruce Greenwood). El amor y su arte harán que desee quedarse para siempre en ese país, pero para ello tendrá que sufrir grandes contrariedades (aclamado al principio como un héroe de la China comunista, acabó siendo acusado de traición) y temer por su familia que permanece en China. Cunxin al fin triunfa como bailarín, con el siempre vivo dilema entre Oriente y Occidente, y, con el cambio de régimen chino, incluso puede recuperar a sus padres. 

Arte, danza, libertad, el precio del éxito y el valor del triunfo personal son las claves de esta película que dibuja la Revolución Cultural china y la injerencia maoísta en el ámbito familiar. Una película que se manifiesta como una mezcla de otras películas con estos valores como protagonistas, como es el caso de Noches de sol (Taylor Hackford, 1984), Together (Chen Kaige, 2002) o Billy Elliot (Stephen Daldry, 2000). En esta enésima historia intercultural de superación, destacamos dos aspectos fundamentales, esencia de los valores El último bailarín de Mao: las escenas de la infancia y las escenas del baile. Ambas se conjugan en las palabras del protagonista real, el propio Li Cunxin: “El entrenamiento era cruel y muy difícil, pero era fantástico. Al principio lo odiaba, pero luego fui consciente de que no habría alcanzado un nivel tan alto si no fuera bajo esas condiciones”, reflexiona el bailarín, que ahora vive en Australia con su mujer y sus dos hijas. 

La película, que es crítica con la irracionalidad del comunismo maoísta, presenta también una cierta crítica moral a los defectos del capitalismo (“Mi padre gana 50 dólares al año. Y tú te has gastado 500 dólares en ropa para mí en un día”, le dice Cunxin a Bob Stevenson). Pero lo que el film pone por encima de la bipolaridad comunismo-capitalismo es el arte como lenguaje universal, la belleza como territorio común y la infancia y familia como tesoro a respetar. 

Y la historia se repite, en otros países y en otras disciplinas. Y la pregunta subyace: ¿se puede sacrificar la infancia y la familia en busca del éxito –un éxito que se alcanza pocas veces- a tan temprana edad de un niño o niña? Y hablamos de deportistas de alto rendimiento, de estrellas efímeras de la televisión o del cine, de niños prodigio de la música o del ajedrez, etc. Porque cuando la competitividad se traslada al mundo infantil se atraviesa una difícil barrera que puede conllevar mucha infelicidad. Y, si esa competitividad concurre en niños con especial talento, superdotado o niño prodigio, acaba convirtiéndose en un verdadero dilema para la familia, incluso un problema ético. 

Y como ya reflexionamos al hablar de Pequeña Miss Shunsine (Jonathan Dayton y Valerie Faris, 2006), programar la infancia en busca del éxito puede darnos algún niño estrella, pero muchos niños estrellados. Y nadie tiene derecho a programar la vida de un niño…, y mucho menos si esa programación viene determinada por los gobiernos o estados.

 

viernes, 18 de abril de 2014

Organismos internacionales (OMS, CDC...) y Tamiflú. ¿Ha cambiado algo?


Pues de momento... no.

Y es difícil comprender cómo, después de la publicación en el British Medical Journal (BMJ), de la nueva revisión sistemática liderada por Tom Jefferson sobre la eficacia de los inhibidores de la neuraminidasa (IN) para el tratamiento de la gripe, organizaciones internacionales líderes como la OMS, los CDC de Atlanta... siguen recomendando estos productos.

Si nos damos  una vuelta por la web de la OMS comprobamos que la última actualización de su documento de tratamiento farmacológico de la gripe pandémica data de 2010.  Puede entenderse que desde la publicación de la última revisión sistemática del BMJ ha transcurrido muy poco tiempo... pero ¿tanto cuesta poner una alerta, algo que indique que el documento está en proceso de revisión a la vista de las nuevas pruebas obtenidas?

A fecha de hoy, el oseltamivir sigue formando parte de la lista de medicamentos esenciales de la OMS para su uso en niños. Hace ya cuatro años en este mismo blog hablamos de este hecho tan llamativo como sospechoso. Y recordamos la definición de medicamento esencial: "son medicamentos que satisfacen las necesidades prioritarias de salud en la población. La selección viene dada por: pertinencia para la salud pública, prueba de su eficacia y seguridad, y su eficacia comparativa en relación a su costo. La OMS recomienda que los ME estén disponibles en los sistemas de salud en todo momento, en cantidades suficientes, en la presentación farmacéutica adecuada, con las garantías de calidad e información y a un precio que los pacientes y la comunidad puedan pagar". ¿Los IN cumplen estos criterios? No los cumplían en 2009, menos aún en 2014 a la vista de las nuevas pruebas obtenidas.

Cambiemos de organismo. Nos vamos a los CDC. Vía Twitter leí hace dos días el siguiente tuit de la cuenta @fiebreytos:
 ... Y es cierto. La posición de los CDC es más preocupante, porque se ha reafirmado en la recomendación del uso de los IN después de la publicación de la revisión sistemática del BMJ. La reafirmación de los CDC viene con fecha del 10 de abril de 2014. Hace apenas una semana.

¿Qué lecciones hemos de extraer de estos hechos los médicos de a pie que a diario visitamos pacientes? Que hemos de seguir luchando por desarrollar un criterio propio y personal, que es fundamental que adquiramos herramientas que nos permitan realizar una adecuada lectura crítica de un artículo para que no nos den gato por liebre... y, por supuesto, debemos asumir que las recomendaciones de los grandes organismos internacionales no son "palabra de Dios", hemos de ser muy críticos con las mismas... porque muchas veces no existe concordancia entre esas recomendaciones y las pruebas que pretenden sustentarlas. 

jueves, 17 de abril de 2014

Whatsappitis, "selfieadicción" y otras patologías tecnológicas

El uso-sobreuso-mal uso de los smartphones está produciendo "nuevas" patologías", o bien, para precisarlo mejor, nuevas formas de presentación de enfermedades ya conocidas pero que tenían otras causas y/o otras manifestaciones clínicas.

Comenzaremos por la más leve: la "whatsappitis". Sí, sí, no es broma. La revista Lancet ha publicado un caso de este problema. ¿En qué consiste?: en una tendinitis del pulgar que se manifestó, al levantarse la paciente, como un dolor intenso en ambas muñecas. Preguntando por antecedentes traumáticos, estos no existían. Sin embargo se constató que "la paciente "sostuvo su móvil, que pesaba unos 130 gramos, durante al menos seis horas. En ese tiempo, realizó continuos movimientos con ambos pulgares para enviar mensajes". Era Nochebuena y había muchas felicitaciones que contestar...

La siguiente enfermedad es mucho más grave y casi acaba con la vida del paciente. Como ya sabréis se han puesto de moda los "selfies", las autofotos que quien más quien menos todos nos hemos hecho... dentro de un orden. El caso que nos ocupa se trata de un adolescente de 19 años, "el primer selfieadicto de la historia" según titular del diario El Mundo. Este muchacho empleaba hasta 10 horas diarias en realizarse autofotos que luego colgaba en redes sociales. Al parecer, no obtenía comentarios muy favorables sobre su aspecto físico lo que le llevó a un intento de suicidio, afortunadamente frustrado por su madre. El caso se ha catalogado como una variante de dismorfofobia. Antes de llegar a ese intento de autolisis este  muchacho, según sus palabras, perdió a todos sus amigos, su educación y casi también pierde la vida. El tratamiento recibido ha incluido, como no podía ser de otro modo, una eliminación completa del móvil de la vida del paciente que lleva ya siete meses sin realizarse una foto de este tipo.

Pueden parecer casos anecdóticos o más o menos curiosos... pero no lo son. Las nuevas tecnologías tienen múltiples ventajas y el smartphone forma no solo parte de nuestras vidas sino casi es ya una prolongación de nuestra anatomía, un miembro más de nuestro cuerpo... pero hay que estar alerta. Porque el uso-abuso-mal uso de este aparato y de otros chismes similares puede desembocar en serios problemas de salud.