Cine y Pediatría 8

sábado, 14 de septiembre de 2019

Cine y Pediatría (505): “Cafarnaúm”, la negación de la niñez


Es Nadine Labaki una directora y actriz libanesa que se forma en Beirut, lugar que transforma en epicentro de su escasa filmografía. Porque comenzó dirigiendo anuncios de televisión y videoclips para importantes intérpretes de Oriente Medio, pero es en el año 2007 cuando da el salto a la gran pantalla con Caramel, que a la postre se convirtió en la película libanesa más aclamada internacionalmente hasta la fecha: la historia de cinco mujeres libanesas que afrontan temas como el amor prohibido, las ataduras de las tradiciones, la represión sexual, la lucha por aceptar el proceso natural de envejecimiento con la edad y el enfrentamiento entre el deber y el deseo. Y es en el año 2018 cuando da un giro radical a su carrera y estrena una fábula contemporánea que es el resultado de más de tres años de investigación por los barrios marginales, un largo casting de actores no profesionales, seis meses de rodaje y 500 horas de material. La película lleva por título Cafarnaum (con el subtítulo de La ciudad olvidada) y nos relata el viaje vital de Zain, un inteligente y valiente niño de 12 años que sobrevive a los peligros de las calles de Beirut y sobrevive a sus padres, a los que demanda a través de la justicia por el crimen de haberle dado la vida. 

Y mientras en Caramel nos muestra un Beirut cálido y acogedor en el que las personas se enfrentan a problemas universales, en Cafarnaum nos presenta una ciudad arrasada por la guerra donde las duras imágenes nos enfrentan a una ciudad tan muerta como la propia mirada de Zain, una ciudad con tan poca ilusión como nuestro protagonista. Y con esta película ha conseguido el Premio del Jurado en el Festival de Cannes, para la que sin duda es una de las películas más emocionantes del año 2018 que, además, fue nominada al Oscar a Mejor película de habla no inglesa, premio que fue a parar a Roma (Alfonso Cuarón, 2018).

Cafarnaúm (en hebreo, "pueblo de Nahum") era un antiguo poblado pesquero ubicado en la antigua Galilea, en lo que hoy sería Israel, a orillas del mar de Galilea. Es conocida por los cristianos como "la ciudad de Jesús", nombrada en el Nuevo Testamento y que fuera uno de los lugares elegidos por Jesús de Nazareth para transmitir su mensaje y realizar algunos de sus milagros. Pero “cafarnaúm” es también una palabra francesa que significa leonera, desorden… y algo así es la vida y circunstancias de nuestro protagonista. Porque Nadine Labaki cree firmemente en el poder del cine como agitador de conciencias y despertador de morales dormidas, insensibles ya ante tantas miserias y tragedias que nos asaltan en los noticiarios. Y por ello nos abofetea con este horror, con este “cafarnaúm”, con este desorden y leonera que es la vida que rodea a Zain (Zain Al Rafeea, un milagro de actor no profesional).

“Quiero denunciar a mis padres… por haberme traído al mundo”. Es lo que dice Zain en el juicio que inicia la película. Porque este film utiliza una premisa a priori inverosímil como punto de partida: Zain, encarcelado por apuñalar a “un hijo de puta”, decide denunciar a sus padres por darle la vida, por traerle a un mundo sin poder ofrecerle ni siquiera una identidad (son tan pobres que no pudieron pagar su registro, por lo que Zain no existe). Su ira se equilibra con la elocuencia de su abogada (la propia Labaki en la película) y la historia es un largo flashback que narra la realidad que ha padecido Zain hasta llegar ahí.

Y somos espectadores de cómo ocho hermanos que viven y sobreviven en las calles de una ciudad que también es un esqueleto. Niños que sus padres no envían al colegio y sí a las calles a vender y a someterse a todos los peligros de una gran urbe. Zain trabaja como repartidor en las barriadas de Beirut, pero huye del hogar con ira cuando no puede evitar que sus padres vendan en matrimonio a su hermana adolescente, Sahar. Muy dura las escenas de la salida de casa de Sahar, y la agresión física de los padres hacia ella y su hermano que la defiende para que no lo hagan, y con un padre que les dice: “Me cago en vosotros. ¡Basta con este infierno! ¡Una palabra más y te arranco la lengua!”.

Y a partir de ahí, la hégira de nuestro protagonista, con diversos personajes en el camino. Entre ellos el antológico Hombre Cucaracha (el “primo” de Spiderman, según le explica) y, sobre todo, su encuentro con Tigest, la etíope ilegal que esconde a su bebé de un año, Yonas. Y cuando la madre es detenida, Zain se queda al cargo del lactante, allí donde comienza un conjunto de escenas terribles sobre lo que es la infancia robada. Y cuándo le preguntan a Zain “¿Lo has robado o lo usas para pedir?“, él contesta, para decir que es su hermano: “Todos nacimos negros como él y después clareamos con el tiempo”. Y también el encuentro con la niña refugiada iraní, que sueña con viajar a Suecia, porque “nadie se mete contigo, tendré mi propia habitación,…y allí los niños solo mueren por causas naturales”. Y en este periplo ya no podremos olvidar la imagen icónica de Zain arrastrando el monopatín con las ollas y Yonas dentro.

Y cuando Zain regresa al hogar en busca de papeles que le identifiquen para salir del país, el padre le dice: “Somos insectos, amigo mío, ¿no lo entiendes? Somos parásitos. O aceptas la vida sin papeles o bien podrías tirarte por la ventana…¡Lárgate de aquí antes de que te mate!...¡Vuelve al sitio del que hayas venido, animal! Malditos seáis tú, tu madre y quien te haya traído a este mundo”. Y es en esos momentos cuando Zain se entera de que a su hermana Sahar le ha pasado algo,… y se precipita el final…

Y cuando regresamos al juicio, la madre se defiende así: “¿Cómo se atreven a juzgarme? ¿Han estado alguna vez en mi lugar? ¿Han vivido mi vida? Nunca lo han hecho ni lo harán. Ni en su peor pesadilla. Si lo hicieran, se ahorcarían. Imaginen tener que alimentar a sus hijos con agua y azúcar porque no tienen nada que darles. Estoy dispuesta a cometer cien crímenes por mantener a mis hijos con vida. Son míos, el tesoro de mi vida. Nadie tiene derecho a juzgarme, soy mi propia juez. Son carne de mi carne, ¿lo entienden?”. Pero ello no es òbice para que Zain repudie a su madre, sobre todo cuando ésta le dice que está embarazada por enésima vez y que si es una niña la volverá a poner Sahar.

Y desde la cárcel, Zain logra colar una llamada de SOS en un programa de televisión: “Quiero denunciar a mis padres. Quiero que los adultos oigan lo que tengo que decir. Estoy harto de los que no saben cuidar de sus hijos. De todos los insultos, todos los golpes, todas las palizas. La cadena, la manguera o el cinturón. Lo más bonito que oigo es “¡Qué te den, hijo de puta!”, “¡Lárgate, cabrón!”. La vida es una mierda de perro. Más asquerosa que mis zapatos. Vivo en el infierno. Me están asando como al pollo que me encantaría comer. La vida es muy cabrona. Esperaba ser un buen hombre, respetado y querido por todos. Pero Dios no lo quiere. Quiere que seamos felpudos y que nos pisen”.

Y en el juicio Zaín pide una cosa a sus padres: que dejen de tener hijos. Aunque al final quizás todo vale la pena si se reencuentra el abrazo de una madre con el pequeño Yonas, o si Zain consigue sonreír… Y todo en un tramo final acompañado por los rasgados de violín que acompañan a todos los sentimientos que se nos acumulan.

Es cierto que desde hace unos años se habla de una corriente de cine deshumanizado que se ha denominado "cine de la crueldad". Y en este entorno recordamos desde Cine y Pediatría películas de Michael Haneke (Funny Games, 1997 y su propio remake americano diez años después), de los hermanos Dardenne (Rosetta, 1999), de Fernando Meirelles (Ciudad de Dios, 2002), de Ken Loach (Felices dieciséis, 2002), de Shane Meadows (This is England, 2006), de Andrea Arnold (Fish Tank, 2009), de Yorgos Lanthimos (Canino, 2009), de Peter Mullan (Neds, 2010), de Kim Chapiron (Dog Pound/La perrera, 2010), de Lynne Ramsay (Tenemos que hablar de Kevin, 2011) o de Emmanuelle Bercot (La cabeza alta, 2015). Puro cine social y sociológico en los que destaca la extrema deshumanización y brutalidad de sus personajes y situaciones. Y ahora llega Cafarnaum, una desoladora historia de infancia ultrajada, apelando a veces a un exceso de sentimentalismo, pero capturando en toda su crudeza las vivencias mostradas. Y en la que será difícil olvidar la mirada y expresividad de Zain, una mirada que nos araña el alma – y más en las escenas que comparte con el pequeño Yonas -.

Cierto es que esta dura película es motivo de controversia entre crítica y público: a la mayoría es posible que la crudeza de la historia y sus imágenes le provoque emoción y conmoción, empatía y sensibilidad; pero también hay quien la señala como pornomiseria, esa cínica palabra que nos llena superioridad moral para protegernos en la idea de que, en realidad, ninguno podríamos hacer nada por Zain, este niño con mirada de adulto que ha vivido demasiado y nada al mismo tiempo.

Es Cafarnaum una película políticamente incorrecta, aunque nos muestre lo que aún es una realidad en muchos países y circunstancias, por los maltratos físicos, psicológicos e insultos que los padres propinan a sus hijos, sin amparo de la sociedad que les rodea. Porque hay lugares donde la infancia no tiene casi valor, donde se niega la niñez - ese maravilloso tiempo que se antoja de inocencia y felicidad -. Y Cafarnaum es un paradigma de la negación de le niñez.

 

miércoles, 11 de septiembre de 2019

La importancia de las sesiones MIR en un Servicio de Pediatría


El Servicio de Pediatría del Hospital General Universitario de Alicante realiza un programa anual de Sesiones Clínicas MIR de extrema importancia en la formación del residente y en la actualización científica del propio equipo de adjuntos. 

Existe una normativa explícita que se puede revisar en este enlace, y en donde se especifican los tipos de sesiones: 
- Sesiones tipo Caso Clínico
- Sesiones tipo Revisión Bibliográfica/Caso Problema 
- Sesiones tipo Caso Cerrado
- Sesiones de Ética 
- Actualización de Protocolos 
- Actualización diagnóstico-terapéutica 
- Sesiones sobre Congresos y Cursos ç
- Sesiones mensuales de Cirugía Pediátrica 
- Sesiones trimestrales de Radiología Pediátrica. 

Estas sesiones se comparten semanalmente a través de nuestra página web con todos los pediatras del Departamento de Salud, tanto de atención primaria como hospitalaria. Y, a punto de comenzar un nuevo curso académico, compartimos la ingente actividad científica de los pasados cinco cursos académicos (de los años 2014 al 2019): más de 300 sesiones clínicos divididas en 16 secciones. 

Os invitamos a revisar este trabajo que tiene el valor añadido de sumar y compartir: 
Escolares 

Creo que estas sesiones son solo una parte de la importancia de los residentes en la vitalidad de un Servicio de Pediatría. Gracias a todos los MIR de Pediatría que en distintas generaciones habéis aportado vuestro tiempo en la formación médica continuada. Por mi parte solo cabe decir que la calidad en forma y fondo de estas sesiones es excepcional, y es un placer ver que en su bagaje formativo se llevan este gran poder de saber comunicar la ciencia.

lunes, 9 de septiembre de 2019

Los nuevos monstruos que amenazan a nuestra infancia desde internet


En la infancia nuestros hijos e hijas son pequeños seres humanos que están conociendo el mundo y todo lo que habita en él, es decir, animales, objetos, personas… y también monstruos. Su pensamiento es concreto, es decir, construyen su mundo interno a partir de lo que ven y tocan. Todo lo que sienten también se queda registrado en su mente, aunque en un principio no puedan ponerlo en palabras. Durante los primeros años de la infancia ese mundo interno está poblado solamente de seres buenos o de seres malos, es decir, de objetos parciales. 

Además, los niños y niñas se encuentran centrados en sí mismos, lo que implica que sienten que todo lo que ocurre con ellos y a su alrededor es por algo que ellos hicieron o dejaron de hacer. Su pensamiento es además animista, lo que significa que puedan conseguir algo con tan solo pensarlo. 

Y en esa infancia siempre han existido monstruos. Los clásicos, como el “coco el que te va a comer”, Frankenstein, el lobo, el dragón, la bruja… y en los Países Bajos hasta el Duque de Alba, que para todos los gustos hubo y hay. Todos estos seres malvados fueron en algún momento monstruos a quienes se les temía, que habitaban los armarios de los cuartos infantiles y amenazaban nuestro tranquilo sueño pues podían salir en la noche mientras dormíamos. Nos acechaban y en cualquier momento se aparecían convirtiéndose en nuestra peor pesadilla. 

Pero los monstruos de la infancia han ido cambiando con las costumbres. Luego llegaron los aliens, los zombis, Chucky, o seres extraterrestres que les amenazaban, por obra y gracia de las pantallas de cine y televisión. Pero actualmente hay unos monstruos mucho más peligrosos que acechan a nuestra infancia desde internet y las redes sociales (YouTube, Twitter, Facebook, Whastapp,…). Y son más peligrosos por su capacidad de trasgresión, tanto la transgresión activa (porque los más pequeños de la casa acceden a contenidos indebidos) como la transgresión pasiva (porque el menor recibe información que no debería ver, ya sea mediante un "pop-up" o en forma de contenido reenviado por otras personas). Y, además, por la gran capacidad de “viralización” o difusión de estos memes que intentan aterrorizar a nuestra infancia (y a sus padres, que se sienten sobrecogidos por ello). 

Tres memes monstruosos han sido los más comentados en los últimos tiempos: 
- It, el payaso maligno que hacen escalofriantes proposiciones desde una alcantarilla. Se trata de Pennywise, el payaso de la novela “It”, de Stephen King, pero en la versión de la miniserie de 1990 protagonizada por Tim Curry. El terrorífico monstruo aparece en la alcantarilla por donde a Georgie, uno de protagonistas, se le acaba de caer un barco de papel y le ofrece un globo. 
- Luego llegó Momo, el espeluznante protagonista de un peligro reto virtual conocido como el Reto de Momo: este siniestro personaje incita a niños y adolescentes a realizar una serie de tareas peligrosas, incluidos ataques violentos, daño autoinfligido y suicidio. Lo cierto es que la preocupación y la angustia registradas por niños y adultos se debieron principalmente a los informes de los medios de comunicación más que a Momo, lo que ha llevado a organizaciones relacionadas con el cuidado y educación infantil a advertir contra el presunto fenómeno de crear una profecía autocumplida que puede alentar a los niños a buscar material violento en internet. 
- Y tras Momo, llega el Ayuwoki, el espeluznante meme sucesor, un personaje que según cuenta la leyenda puede aparecer en tu cuarto a las 3 de la madrugada, que es conocida como “la hora del diablo”, si es que no estás dormido a estas altas horas de la noche. También se dice que al aparecer el Ayuwoki grita ¡Hee Hee!, una exclamación que el Rey del Pop utilizaba en alguno de sus temas míticos. 
Lo cierto es que el nombre Ayuwoki procede de la frase “Annie, are you okay?” de la famosa canción “Smooth Criminal” de Michael Jackson o mejor dicho, viene de este video que se subió a YouTube en 2009, pero que se ha empezado a hacer viral 10 años después, para crear este nuevo y terrorífico bulo que corre por las redes. 

Sea It, Momo o Ayuwoki, el caso es que este es un fenómeno más que habla de los peligros de internet y las redes sociales para nuestra infancia y adolescencia. Porque siempre ha habido monstruos en la infancia, pero estos de ahora son más difíciles de controlar… y están detrás de la pantalla. Para aquellos que los crean y difunden, más les valdría recordar el Evangelio según San Lucas 17,1-6: «Después dijo a sus discípulos: Es inevitable que haya escándalos, pero ¡ay de aquel que los ocasiona! Más le valdría que le ataran al cuello una piedra de moler y lo precipitaran al mar, antes que escandalizar a uno de estos pequeños». 
Mientras se cumple la profecía frente a los que escandalizan a la infancia, no queda más remedio que seguir protegiendo y educando a nuestros hijos frente a internet y las redes sociales.