Cine y Pediatría 8

lunes, 17 de junio de 2019

Cuadernos de Historia de la Pediatría Española: un año más con nosotros...


En cada Congreso de Pediatría recibimos cada año los interesantes Cuadernos de Historia de la Pediatría Española que se aglutinan alrededor de la labor del Comité de Historia de la AEP (Asociación Española de Pediatría), cuya labor conviene conocer. 

En el reciente congreso celebrado en Burgos hemos recibido (pero ya solo on-line, no en papel, para cuidar el ecosistema) los Cuadernos número 16 y 17, y que se pueden consultar a través de esta página web del Comité de Historia. 

El Cuaderno nº 16 se titula "En torno a la Puericultura", con estos capítulos y autores. 
Este Cuaderno, continuador de una larga trayectoria de actividades de un ilustre Grupo de historia de la pediatría española en la AEP, ofrece información dominante acerca del niño lactante y de su entorno, aceptado en pediatría y puericultura como una etapa fundamental en el cuidado de la salud infantil. 
- Prólogo. Manuel Cruz Hernández 
- Iconografía y lactancia materna. José María Paricio Talayero 
- Literatura y lactancia materna. Elena Alonso Lebrero y Miguel Zafra Anta 
- Aquellas nodrizas y aquellas pasiegas. Juan José Fernández Teijeiro 
- La Escuela Nacional de Puericultura. José Ignacio de Arana Amurrio y José Manuel Fernández Menéndez 

El Cuaderno nº 17 se titula "Una imagen y unos personajes de la medicina burgalesa", con estos capítulos y autores. 
La muy noble e histórica ciudad de Burgos, ha sido siempre un referente clave en el devenir de Castilla. Ese carácter puede aplicarse también a la historia de los múltiples pediatras que han tenido un papel importante en nuestra sociedad científica, y a su influencia en la pediatría nacional. 
- Prólogo. José Manuel Marugán de Miguelsanz 
- La uroscopia en España. A propósito de una imagen custodiada en el Monasterio de Santa María de la Vid de Burgos. Víctor García Nieto, José Ignacio de Arana 
- Recordando a Francisco Valles, el Divino. Justo Hernández 
- Charles Dent y Burgos. Gregorio de la Mata Franco, Víctor García Nieto 
- Dr. José Díez Rumayor, “Pediatra de los niños burgaleses”. Jesús Rodrigo Palacios.  

Gracias a los amigos y colegas del Comité de Historia de la AEP. Gracias a todos aquellos que trabajáis para recordarnos que no podemos obviar las palabras de Aldous Huxley: "Quizá la más grande lección de la historia es que nadie aprendió las lecciones de la historia".

sábado, 15 de junio de 2019

Cine y Pediatría (492). “Déjame entrar”... en tu vida


Las películas de vampiros son todo un subgénero dentro del terror. Algunas son muy reconocibles, como Drácula de Bram Stoker (Francis Ford Coppola, 1992), Entrevista con el vampiro (Neil Jordan, 1994), Vampiros de John Carpenter (John Carpenter, 1998), Van Helsing (Stephen Sommers, 2004) o Soy leyenda (Francis Lawrence, 2007).

Una fama que se vio reactivada por tres sagas, una trilogía y dos pentalogías. La saga Blade, que comenzó con Blade (Stephen Norrington, 1998), y continuó con Blade II (Guillermo del Toro, 2002) y Blade Trinity (David S. Goyer, 2004). La saga Crepúsculo, que comenzó con Crepúsculo (Catherine Hardwicke, 2008) y continuó con Luna Nueva (Chris Weitz, 2009), Eclipse (David Slade, 2010) y Amanecer, parte I y parte II (Bill Condon, 2011 y 2012). Y la saga Underworld, que comenzó con Underworld (Len Wiseman, 2003), y continuó con Underworld: Evolution (Len Wiseman, 2006), Underworld: La rebelión de los licántropos (Patrick Tatopoulos, 2009), Underworld: El despertar (Måns Mårlind, Björn Stein, 2012) y Underworld: Guerras de Sangre (Anna Foerster, 2016).

Pero una de estas películas sobre vampiros que hoy nos reúne tiene algo especial, pues es mucho más que una historia de vampiros, pues a través de la amistad de un niño y una niña adolescentes aborda el lado oscuro de la humanidad, tratando temas como el acoso escolar, alcoholismo, pedofilia, pederastia, prostitución, suicidio y asesinatos junto con temas sobrenaturales y también con la amistad y el amor como salvación. Todo comenzó en el año 2007 cuando el escritor sueco John Ajvide Lindqvist escribe “Déjame entrar”, una novela que se centra en la relación entre Oskar, un niño de 12 años y Eli, una criatura con apariencia de niña de la misma edad que Oskar, pero que en realidad es una criatura de más de 200 años con hábitos de vampiro: se alimenta de sangre de seres vivos para mantenerse activa. Son varios los personajes de la novela, y por medio de ellos el autor describe la vida en los suburbios de Estocolmo a principios de la década de 1980 gran parte de la miseria humana. El título hace referencia a la canción "Let the Right One Slip In" de Morrissey, pero también al mito folklórico que afirma que los vampiros no pueden entrar en una casa sin ser invitados.

Y de esa novel surgieron dos películas, la original y la copia. En 2008 se estrenó la película sueca Déjame entrar (Låt den rätte komma in), dirigida por Tomas Alfredsson y protagonizada, donde Oskar (Kåre Hedebrant) es un adolescente tímido sometió a acosos escolar que vive en Blackeberg, un suburbio de la ciudad de Estocolmo, quien conoce a su nueva vecina Eli (Lina Leandersson). En 2010 se estrenó el remake, la película estadounidense Déjame entrar (Let Me In), dirigida por Matt Reeves, situada en Los Álamos/Nuevo México y en donde los niños protagonistas adoptan los nombres de Owen (Kodi Smit-McPhee) y Abby (Chloë Moretz). Nos referiremos a esta última versión en donde reconocemos a los dos jóvenes protagonistas, pues ambos forman parte de emblemáticas películas de Cine y Pediatría: Kodi Smit-McPhee era el hijo de Rómulo, mi padre (Richard Roxburgh, 2007), y Chloë Moretz la hemos disfrutado y sufrido, respectivamente, en dos películas como La invención de Hugo (Martin Scorsese, 2011) y Carrie (Kimberly Peirce, 2013). Y curiosamente esta última era también un remake y también centraba el acoso escolar en el contexto de una película de terror, como la cinta que hoy nos convoca.

Y todo remake no está exento de polémica. Porque, salvo excepciones, el original suele siempre superar a la copia (como la novela suele superar a la película) y aunque esta copia de Déjame entrar es aceptable, parece que una nueva versión a los dos años de su estreno, resultaba, al menos, paradójico. Y algunos refieren que no aporta nada nuevo quizás esta versión de Matt Reeves, más bien le restaría en relación a la contención de la versión sueca y a la compleja descripción de sus personajes. Pero entremos en materia....

Todo comienza con una primera escena en una nevada noche en la que dos coches policía escoltan a gran velocidad a una ambulancia, en la que tratan de salvar la vida a una persona que se ha quemado la cara con ácido. Un policía le pregunta, “Queremos saber quién eres”, pero a continuación éste desfigurado personaje se tira por la ventana del hospital. Y, a continuación, retrocedemos a la historia acaecida dos semanas antes.

Y se nos presenta a nuestros dos jóvenes personajes. Owen es un joven adolescente que vive con una madre en proceso de separación, un niño algo bizarro que vigila a sus vecinos con un telescopio mientras realiza extraños juegos. Y que es considerado un friqui aniñado, por lo que sufre acoso escolar por los matones de su clase, y por ello su compañeros son el temor y deseo de venganza. De pronto, una niña de su edad se establece como vecina junto al que parece ser su padre. Su nombre es Abby y siempre anda descalza y solo sale de noche al parque, y le dice: “Sabes, no puedo ser tu amiga”. Una joven con un comportamiento extraño, que no recuerdo el día de su cumpleaños y que no reconoce lo que es el famoso cubo de Rubik.

Un niño ahora sin padre, una niña sin madre, dos jóvenes bizarros en su comportamiento que están llamados a iniciar a una amistad entre la glacial nieve externa y la helada temperatura emocional que los rodea para adentrarse juntos en un universo cálido, sólo para ellos, un pacto sellado con amor, dolor, miedo y entrega… y sangre. Abby le quiere ayudar a superar el bullying: “Dales con fuerza y dejarán de pegarte”.

Una atípica pareja de preadolescentes al margen de lo corriente, jóvenes que caminan de puntillas entre su propia forma de ser, su familia, el centro escolar y la sociedad. Allí donde Owen soporta los golpes y humillaciones de la vida parapetándose en su interior, pues su religiosa madre intenta superar las heridas de la separación con su marido y no percibe las heridas en su hijo. Y en su círculo que parecía no tener salida, aparece Abby, y la amistad se transforma en amor y por eso ella le dice: “¿Me querrás aunque no fuera una chica?”. Y él la dejará entrar… 

Una de las historias de amor adolescente más inquietantes que se han trasladado a la pantalla, una historia de aceptación incondicional, que ella intenta evitar por su secreto: “He de partir y conservar la vida, o quedarme y perecer”. Es una historia de comprensión sin palabras, pero con dudas, las dudas que Owen pregunta: “¿Crees que existe el mal?”. Y cuando Abby le declara: “Necesito sangre para vivir. Tengo 12 años, pero hace mucho tiempo que tengo 12 años”. Y pese a ello, seguir amando, amar en un infierno que para ellos es un paraíso encriptado, secreto, obviando el horror, la tragedia y la condena.

Porque todos necesitamos que nos dejen entrar en la vida de las personas que queremos, que necesitamos. Y como Abby, también “sangramos” si sentimos que no podemos formar parte de esas vidas. Algo así es esta especial película de vampiros, porque Déjame entrar nos hablar de amistad y amor en dos mundos imposibles que se necesitan.

Os dejamos los dos trailers. Que cada uno elija la versión que más le guste…

 

miércoles, 12 de junio de 2019

XIV Jornada MEDES: Lenguaje centrado en el paciente


En medicina, la comunicación, como parte esencial del acto médico, contribuye a generar confianza, complicidad, respeto, seguridad y esperanza; una comunicación inadecuada, por consiguiente, puede incidir de modo negativo en todos estos aspectos. 

Aunque la cuestión del lenguaje centrado en el paciente, desde luego, es compleja y de solución nada fácil, esta XIV Jornada MEDES pretende identificar algunos de los principales problemas que hacen ineficiente la comunicación entre el médico y el paciente, así como abordar algunas de las posibles soluciones que favorezcan que en medicina, las palabras no sean solo palabras; sino que sean una parte fundamental del arsenal terapéutico y contribuyan, por un lado, a mejorar la asistencia médica prestada; por otro, a humanizarla. 

La Jornada MEDES tendrá lugar el próximo 1 de julio en El Escorial, como es habitual, y dentro de los Cursos de Verano. 

Un programa atractivo que podéis revisar en este enlace, pero que atesora este esquema: 

- CONFERENCIA invitada: Lenguaje médico, lenguaje de pacientes. 

- MESA REDONDA. El lenguaje médico: el poder de la palabra 

- MESA REDONDA 2. El lenguaje médico desde la perspectiva del paciente 

- MESA REDONDA 3: Estrategias para mejorar la comunicación 

Te esperamos en El Escorial. Un año más y con MEDES, la MEDicina en Español y el español como lenguaje y seña de identidad que hay que cuidar. 

Os dejamos abajo el programa completo.