miércoles, 24 de abril de 2019

Propuestas de la AEP a los partidos: políticas para una infancia y juventud saludables


Este próximo domingo, 28 de abril, se celebran Elecciones Generales en España. Y desde la Asociación Española de Pediatría (AEP) se ha aprovechado para recordar a los políticos y a los partidos políticos (de todo color y orientación) que los niños son la población más vulnerable que existe en cualquier parte del mundo pero, paradójicamente, ellos constituirán la masa crítica de población activa en las próximas décadas y determinarán el nivel de desarrollo sociocultural de cada país. Es por ello evidente la necesidad indiscutible de contar con profesionales expertos en su cuidado. 

Y como representantes de este colectivo profesional es nuestro deber velar y trabajar para que los pediatras puedan desarrollar su labor en unas condiciones óptimas. Todo nuestro trabajo tiene un fin último: ofrecer a los niños y adolescentes de nuestro país la atención sanitaria de calidad que merecen y que les permita un correcto desarrollo físico y psicológico. 

Por ello, desde la AEP, y dentro del nuevo marco sanitario actual que promueve la calidad y la humanización, se han elaborado una serie de propuestas que intentarán hacerles llegar para garantizar una adecuada atención sanitaria a los niños y jóvenes de hoy en España. 

Y este es un DECÁLOGO de propuestas (y buenas intenciones), que esperamos no se quedan en el dicho (y del dicho pasen al hecho). 

Propuesta 1.- Ningún niño sin pediatra. 
Instamos a mantener el modelo español pediátrico en el que todos los niños son atendidos por pediatras en todos los niveles asistenciales: atención primaria y atención hospitalaria. Al mismo tiempo, solicitamos un aumento de los recursos destinados a Atención Primaria (AP) de manera que se ponga freno a los problemas existente en este primer nivel asistencial. 

Propuesta 2.- Protección del medioambiente como entorno saludable. 
Invitamos a proteger nuestro medioambiente, para la mejor salud poblacional, incentivando la economía circular a nivel empresarial como un buen comienzo de cara a potenciar un uso eficiente de los recursos. 

Propuesta 3.- Atención contra el maltrato infantil y los problemas psicológicos en la infancia.  
Exigimos una posición determinante en detección y atención al maltrato infantil de cualquier origen y en los problemas crecientes de salud mental en la población pediátrica; incorporarnos a la atención de discapacidades pediátricas físicas o psíquicas, e implicarnos en sus determinantes éticos y sociales. 

Propuesta 4.- Combatir la obesidad en la infancia. 
Pedimos que se actúe decididamente frente al aumento de obesidad en la población infantojuvenil con medidas en diferentes ámbitos como en la familia y en la escuela, implicando a los menores, priorizando el ejercicio y el deporte, y, en consecuencia, modificando el estilo de vida actual causante de esta obesidad. 

Propuesta 5.- Reconocimiento de la Pediatría. 
Solicitamos que la Pediatría sea considerada un tronco específico independiente y diferente del tronco común de Medicina y reclamamos el reconocimiento obligado de las especialidades pediátricas en los hospitales y de la especialidad de Atención Primaria en la práctica extrahospitalaria. 

Propuesta 6.- Convocatoria adecuada de plazas de MIR de Pediatría. 
Consideramos irrenunciable formar al número de pediatras que nuestro país necesita para mantener la calidad en la atención pediátrica. Un profesional especialista insustituible e irremplazable por ningún otro profesional médico en ningún nivel asistencial: ni en Atención Primaria, ni en Atención Hospitalaria. Es necesario convocar plazas de “pediatras con perfiles específicos”, manteniendo las categorías profesionales, mediante ofertas públicas de empleo regladas. 

Propuesta 7.- Aumento de los recursos de Atención Primaria. 
Solicitamos aumentar los recursos en AP para rentabilizar la atención en el primer nivel asistencial a niños y familias y mejorar el puesto de trabajo, adecuando cupos, horarios, conciliación, centralización, retribuciones y potenciando en carrera profesional el trabajo en destinos duros. 

Propuesta 8.- Atención pediátrica desde el nacimiento hasta los 18 años. 
Proponemos mantener la edad pediátrica en la Atención hospitalaria desde el nacimiento hasta los 18 años, adecuando la transición a unidades de adultos de niños con enfermedad crónicas y procurar, cuando la disponibilidad de pediatras en AP lo permita, que también puedan atenderse los niños hasta el final de la adolescencia en los centros de salud por pediatras. Organizar los recursos de una manera eficiente para empoderar al adolescente haciéndole participe de las decisiones de su vida con campañas informativas pensadas para ellos, en un lenguaje que les llegue y que transmitan políticas de protección y de acompañamiento real. 

Propuesta 9.- Continuidad asistencial entre Atención Primaria y Atención Hospitalaria.
Solicitamos priorizar el “modelo mixto Atención Hospitalaria- Atención Primaria” con responsabilidad en la cronicidad por los pediatras y cobertura en Paliativos Pediátricos, así como instaurar una “historia de salud única” y mejorar la accesibilidad a las pruebas diagnósticas desde ambas estructuras.  

Propuesta 10.- Mayor participación en las decisiones de la Administración. 
Pedimos la inclusión de los pediatras expertosrepresentando a la AEP, en todas las actuaciones y decisiones que impacten en salud infantil en Administraciones e Instituciones. 

Por si no han quedado suficientemente claro, abajo adjuntamos el documento original de la AEP. Y ya se sabe: obras son amores y no buenas razones.



lunes, 22 de abril de 2019

Congresos de Pediatría en México: las alas que acercan fronteras en español


México y España están muy lejos y muy cerca. También en Pediatría. Al menos, para el que esto suscribe. Son cinco años seguidos acudiendo por invitación a citas académicas con los colegas de ese país-continente, tan extenso como variado. No es de extrañar que también su Pediatría sea extensa y variada. 

a) En el año 2015: XIII CONGRESO INTERNACIONAL DE PEDIATRÍA DEL COLEGIO DE NUEVO LEÓN, celebrado en Monterrey con la presentación de las siguientes conferencias: 
- "La Pediatría desde el punto de vista del cine” 
- "Pediatría 2.0: cinco preguntas clave para usar bien y sobrevivir a las redes sociales" 

b) En el año 2016: VIII CURSO INTERNACIONAL DE PEDIATRÍA, celebrado en Puebla, con la presentación de las siguientes conferencias: 
- "Influencia de los medios de comunicación en las tendencias de nutrición infantil" 
- "El cine en Pediatría. El séptimo arte como vehículo diagnóstico, terapéutico y educativo" 
- "Continuum, formación pediátrica en línea basada en pruebas" 

c) En el año 2017: XIV CURSO INTERNACIONAL DE PEDIATRÍA, celebrado en Mérida-Yucatán, con la presentación de las siguientes conferencias: 
- "El poder del aprendizaje virtual (web-based learning) en la formación médica en Pediatría. La experiencia de Continuum" 
- "Películas que todo pediatra debiera conocer para mejorar su formación humanística" 
- "Presentaciones eficaces en Pediatría. Cómo triunfar en tres pasos". 

d) En el año 2018: XV CONGRESO INTERNACIONAL DE PEDIATRÍA, celebrado en Mérida-Yucatán, con la presentación de las siguientes conferencias: 
- "Divulgar ciencia desde un Servicio de Pediatría: sumar en rigor y ética, compartir en ciencia y conciencia” 
- "Enfermedades raras y Pediatría: una amistad “de cine” a través de las películas” 
- "Sobre el buen uso del lenguaje médico en la información (científica y no científica)” 

e) Y este año 2019: 51 CONGRESO NACIONAL DE PEDIATRÍA-CONAPEME, que se celebrará en Guadalajara-Jalisco, con la presentación de las siguientes conferencias: 
- "Transexualidad en Pediatría, ciencia y conciencia". 
- "Vacunación en Pediatría: dilemas entre las vivencias y las evidencias. ¿Es tiempo de vacunas 2.0?". 
- "Los trastornos del neurodesarrollo en el séptimo arte: de Hipócrates a Hollywood". 
- Y la coordinación del Taller de Lectura, Cine y Pediatría. 

Porque he tenido la fortuna de disfrutar de "todos lo que hablan la lengua maya" (Yucatán), de "el lugar de la Chía" (Chiapas), de "en la nariz de los guajes" (Oaxaca), de "Angelópolis" (Puebla), de "el lugar que tiene dueño" (Tabasco), también de Nuevo León, Quintana Ro y de Ciudad de México. Y ahora lo haremos de "en la superficie de la arena" (Jalisco). 

Pero lo más importante es que cada lugar y cada congreso guarda una maravillosa historia de amigos y humanidades. Por muchas y verdaderas razones, México es un país "de cine"... Y su gente, además de amigos, estrellas que guían. Gracias a Manuel Ochoa, Juan Manuel Flores, Sergio Assia, Diana Assia, Carlos Anzures, Jesús Pulido, Gerardo Sagols, Mike Flores, Martin Moo, Jorge Rafael Castellanos, Carlos Pacheco, Marisol Millán,... y nuestra hada madrina y amiga del alma, Maitte de la Osa. 

A punto de hacer de nuevo las maletas para otro viaje trasatlántico a otros destinos se entiende bien el lema Vivir, Viajar y Escribir. Porque ya preparamos las alas, las alas de México... que acercan fronteras de nuestra profesión en español. Las alas del agradecimiento por tanto respeto y cariño recibido.

sábado, 20 de abril de 2019

Cine y Pediatría (484). “Marcelino, pan y vino”, más allá del cine religioso


En la España de los años 50 y 60 surgió un fenómeno que se vino en llamar los niños prodigio del cine español, al menos el trío más destacado realizó sus principales películas en este periodo: hablamos de Joselito, Marisol y Pablito Calvo. Y con una característica común: cada uno se vinculó con un director que les catapultó. En el caso de Joselito su unión mayor fue con el director Antonio del Amo, Marisol lo hizo principalmente con el director Luis Lucía, y Pablito Calvo destacó con un director tan peculiar como el húngaro Ladislao Vajda, un cineasta itinerante por el mundo pero que dejó en España posiblemente su mejor filmografía.

La unión entre Ladislao Vajda y Pablito Calvo se prolonga durante tres años y tres películas, con enorme éxito de público: Marcelino, pan y vino (1955), Mi tío Jacinto (1956) y Un ángel pasó por Brooklyn (1957). Tres éxitos que hicieron de Pablito Calvo una estrella, pero una estrella efímera, pues fue uno más de los múltiples actores prodigio que no pudieron superar con éxito la barrera de la adolescencia en la pantalla, por lo que optó por la retirada. Entonces, estudió ingeniería industrial, profesión que compaginó con la actividad empresarial en la localidad alicantina de Torrevieja, donde se estableció en una discreta vida y donde murió a la temprana edad de 50 años por un aneurisma cerebral.

Y hoy, en estas fechas tan apropiadas de la Semana Santa, viene a Cine y Pediatría la primera tres película de este dúo niño actor y director, la icónica Marcelino, pan y vino, donde Pablito Calvo, con 6 años entonces, fue seleccionado entre cientos de niños de su edad para el papel protagonista. Y según consta en los títulos de crédito esta película es una adaptación cinematográfica de un relato homónimo, un cuento de padres a hijos de José María Sánchez Silva, quien actúo de guionista con el propio Ladislao Vajda. Un film de los míticos Estudios Chamartín de Madrid, estudios que además de alquilarse para los rodajes, también produjeron películas como Muerte de un ciclista (Juan Antonio Bardem, 1955), Tarde de toros (Ladislao Vajda, 1956) o La venganza (Juan Antonio Bardem, 1958), entre otras. Estudios míticos que luego pasaron a ser Estudios Bronston y los Estudios Buñuel de RTVE.

En la primera escena aparece una escena de la plaza mayor de La Alberca, típico pueblo de la sierra salmantina, en donde se grabaron varias escenas de la película. Y una voz en off: “Es mi pueblo y lo quiero. Sus casas y sus gentes son sencillas. Los quiero en sus alegrías y en sus dolores. Hoy están contentos con su romería. Todos suben para festejar algo quizás perdido en el recuerdo de alguno, pero que sigue sonando en el corazón de muchos. Suben todos, menos un fraile que baja del convento al pueblo”. Porque en ese momento se celebra la Fiesta de Marcelino y ese fraile franciscano es un joven Francisco Rabal que visita a un niña enferma encamada y a la que cuenta un cuento acaecido en su convento y que nos traslada al trasfondo de las guerras napoleónicas de España en el siglo XIX.
En aquel momento un recién nacido de una semana es abandonado a las puertas de un convento de frailes franciscanos que se acaba de levantar. Y éstos lo recogen con gran ilusión, dándole el nombre del santo del día, Marcelino. Y aunque el prior dice a los doce frailes del convento, “Nosotros tenemos un trabajo muy diferente al de criar un niño”, y aunque intentan buscarle una familia de acogida (pues los padres es posible que hayan fallecido), lo cierto es que no lo consiguen (tampoco lo hacen con mucho empeño, al encariñarse con el bebé) y finalmente el mismo prior cambio de opinión: “Marcelino se queda en casa. Cada fraile será su padre y su madre. No buscaremos más ni lo entregaremos a nadie mientras el Padre Provincial no disponga otra cosa”. 

Y a partir de ahí un salto en el tiempo para mostrarnos al niño de 5 años, al pequeño y vivaraz Marcelino (Pablito Calvo) y que hace las delicias de los frailes: Fray Papilla, Fray Puerta, Fray Malo, Fray Giles, Fray Talán, etc. Y somos participe de su día a día en el convento, de sus travesuras y de cómo aparece su amigo invisible, Manuel. Y su eterna cuestión: “Tengo 12 padres… Madre no tengo ninguna”.

El niño juega por todo el convento, pero solo hay una escalera que sube a un desván donde no le dejan subir, pues le han dicho que hay un hombre que le llevaría. Finalmente, como era de esperar ante algo que se prohíbe, sube con su amigo imaginario Manuel. Y allí ve un gran Cristo de madera de tamaño natural (por cierto, esculpido para la ocasión y que en la actualidad se encuentra en el altar de la Capilla de Santa Teresa del Convento de las Carmelitas de la localidad pacense de Don Benito). Marcelino piensa por primera vez que el crucificado sufre en esos momentos y le da de comer para aliviar su dolor: “Tienes cara de hambre. Espera que ahora vengo…”. Y así empieza la amistad entre Jesucristo y el niño, día a día, donde Marcelino vive en un mundo fantástico: “Hoy te traigo pan y vino. No sé si te gustará, pero los frailes dicen que da calor… ¿No podrías bajar tú y comértelo aquí?”. Y así ocurre, y Él le dice: “No te doy miedo?”… Eres un buen niño y yo te doy las gracias… Tú te llamarás desde hoy Marcelino, pan y vino”.

Y Marcelino sigue expresando su mayor deseo: “Solo quiero ver a mi madre. Y también a la tuya”. Y es así como el Señor se lo concede, llevándoselo consigo en un sueño. El milagro es conocido por todos y hasta el mismo alcalde, que nunca fue creyente, siempre rudo y severo, es tocado en el corazón por el milagro y, sin proponérselo, funda la acostumbrada romería de Marcelino Pan y Vino, con la que comenzó la película.

Y es así como esta película fue uno de los grandes éxitos internacionales del cine español de los 50, que traspasó fronteras, y que traspasó el simple cine religioso de la época para convertirse en todo un fenómeno social, logrando una meritoria mención especial del jurado en el Festival de Cannes y el Oso de Plata a Vajda en el Festival de Berlín. Varios son los elementos que hacen que esta película se sitúe muy por encima del típico cine con niño: la adaptación de un sencillo y emotivo cuento de José María Sánchez Silva, una efectiva dirección acompañada de una destacada fotografía de ascendencia expresionista (de Enrique Guerner) y apropiada música (de Pablo Sorozábal), y un brillante reparto, con un Pablito Calvo capaz de despertar toda la ternura del mundo, y unos secundarios de antología, entre los que destacan Rafael Rivelles, Antonio Vico, Juan Calvo, Fernando Rey, José Nieto, José Marco Davó y Juanjo Menéndez. Lo cierto es que el dúo Pablito Calvo y Ladislao Vajda consiguieron con esta obra un éxito mundial, hasta tal punto que el propio Papa Pío XII quiso conocer al niño actor, lo que hizo que se encontraran personalmente a finales de 1955 en una audiencia privada.

Es Marcelino, pan y vino una obra que hoy se puede analizar desde diferentes puntos de vista: desde la visión de una cinta cristiana para toda la familia, hasta una muestra del cine español de los tiempos de la dictadura franquista. Lo que es indudable es que, en una época de rígida censura, en la que España solo producía películas recargadas de moralina y con personajes que parecían estampitas, este film debió verse como toda una novedad. Y si se vuelve a mirar, con seis décadas de diferencia y sin prejuicios, es posible que se aprecie que es una película que va más allá del cine religioso.

Luego hubo más adaptaciones de esta película, también en Italia y en México, pero ninguna llegó a la magia del original.