lunes, 22 de julio de 2024

XVIII Jornada MEDES: La segunda revolución digital de la comunicación científica

 

Como todos los años a mediados de julio, tengo la fortuna de acudir, como miembro del Consejo Asesor de MEDES (MEDicina en ESpañol), a las Jornada MEDES que se organizan cada año en el marco de los Cursos de Verano de El Escorial-Universidad Complutense de Madrid, una jornada alrededor de la ciencia, la docencia y la investigación médica, donde se prima el uso y la divulgación del español como medio de comunicación científico. Unas jornadas únicas que este año 2024 ha llegado a su XVIII edición, con un título tan actual como "La segunda revolución digital de la comunicación científica. Desafíos para la medicina en español"

Su contenido íntegro está volcado en el vídeo adjunto que compartimos debajo, pero cuya esencia viene recogida en el mismo programa y que vale la pena resumir para su mejor conocimiento y divulgación de un tema tan relevante en la actualidad. Dar las gracias a Fundación Lilly por este impulso continuo a las jornadas, y este año a sus organizadores, Elea Giménez (Directora del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC), Pilar Rico (Jefa de la Unidad de Acceso Abierto, Repositorios y Revistas. FECYT) y José Antonio Sacristán (Director de la Fundación Lilly). 

El sistema tradicional de comunicación académica surgió para apoyar la difusión del conocimiento a través de la autoría y la lectura humanas. Este modo avanza hacia un cambio de paradigma en el que la comunicación máquina a máquina y la inteligencia artificial juegan un papel cada vez más relevante. Originalmente, la publicación de resultados de investigación se caracterizaba por su edición en papel y su distribución física.  A finales del siglo XX, con el advenimiento de la era digital, se fue imponiendo de manera progresiva el formato electrónico. Esta primera gran transición transformó radicalmente los modelos de negocio de las editoriales y las vías de acceso a sus contenidos, aunque mantuvo intactos los procesos de escritura y lectura, así como la estructura básica de los artículos, revistas y libros. 

Hoy en día nos enfrentamos a la segunda gran revolución digital en la comunicación académica que se caracteriza por el surgimiento de nuevas herramientas, como las tecnologías de procesamiento del lenguaje natural y la inteligencia artificial (IA) que están haciendo posible que las máquinas asuman un rol cada vez más destacado en la redacción de trabajos, el procesamiento de datos y la revisión de artículos. Sin embargo, estos desarrollos también plantean grandes interrogantes a nuestra comunidad, tles como la asimetría entre el uso del lenguaje humano y el lenguaje máquina, por ejemplo, así como las consideraciones éticas sobre la validez y la integridad de la información producida. 

Porque en estos momentos de IA y ChatGPT, entre otros muchas herramientas, surgen preguntas como: ¿se puede escribir un artículo científico con IA? ¿Debemos prohibir que las máquinas aprendan? ¿Deberían ser de dominio público los códigos fuente de los programas de IA? ¿Van a sustituir a los médicos en algunos ámbitos? ¿Podemos fiarnos de las respuestas que ofrecen? ¿Cómo se solventa la propiedad intelectual? 

Algunos expertos califican esta segunda revolución digital de «utopía distópica»; otros dicen que, si no la detenemos, acabará con la humanidad; para la mayoría tranquila no es más que una herramienta que nos librará de tareas tediosas; algunos piensan que alumbrará un mundo feliz de descubrimientos y avances; y muchos, ajenos a su desarrollo y aplicaciones, presencian indiferentes unas tecnologías que no acaban de entender. 

Y estos contenidos se volcaron en una conferencia inaugural (“El español de la ciencia y la inteligencia artificial”, a cargo de Asunción Gómez-Pérez) y tres sesiones, cada una con un moderador y dos o tres ponentes y varias preguntas a responder durante su desarrollo: 

Sesión 1. Inteligencia artificial en la producción y comunicación de la ciencia 

Sesión 2. El lenguaje de las máquinas como bien común: software libre para democratizar el acceso universal a la ciencia 

Sesión 3. Humanizando la comunicación médico-paciente a través de la tecnología y el arte: lenguaje claro, infografía y medicina gráfica. 

Para profundizar en los contenidos de cada sesión os aconsejamos revisar el vídeo y el resumen que desde Diario Médico nos regala José Ramón Zárate en dos partes: parte 1 y parte 2.   



Una jornada, además, donde se entregaron los Premios MEDES y en donde Cine y Pediatría 12 estuvo muy presente, gracias también al apoyo de Fundación Lilly. 

 

sábado, 20 de julio de 2024

Cine y Pediatría (759). “El sexto hijo” y la adopción ilegal

 

La adopción ilegal (o irregular) se puede definir como el delito cometido por personas o instituciones que participan, promueve, toleran o se lucran de la adopción ilegal de un menor, lo que suele ir unido al tráfico de personas, falsificación de documentos, alteración de la identidad, secuestro o soborno. Se conoce que existe esta práctica en prácticamente todo el mundo, pero los datos estadísticos son difíciles de obtener. Es cierto que los acuerdos y la legalidad sobre la adopción (nacional e internacional) y los controles estatales sobre las empresas de adopción han reducido este problema, pero en algunas regiones del mundo sigue siendo un negocio. 

Diversas películas han abordado este problema en sus historias, algunas ya recogidas en Cine y Pediatría, como la argentina Nordeste (Juan Diego Solanas, 2005), la española La adopción (Daniela Fejerman, 2015) o la surcoreana Broker (Hirokazu Koreeda, 2022). Y hoy volvemos a tratar este tema tan particular con la película francesa El sexto hijo (Léopold Legrand, 2022), en base a una libre adaptación de la novela “Pleurer des rivières” de Alain Jaspard, y que fue nominada como mejor ópera prima en los Premios César de aquel año.
    
Dos parejas llegan a un acuerdo ilegal que pone a un ser humano recién nacido en el centro de este drama. Franck (Damien Bonnard), un chatarrero, y Meriem (Judith Chemla), su mujer, tienen cinco hijos y el sexto está en camino, y viven todos en una caravana en el extrarradio de la ciudad con problemas económicos. Julien (Benjamin Lavernhe) y Anna (Sara Giraudeau) son abogados y no pueden tener hijos. Franck y Julien coinciden como cliente y abogado en un juicio por un robo y que supone el inicio de un acuerdo imposible, pero que no será tal. Franck acaba de perder su furgoneta, que es su herramienta de trabajo, por lo que al conocer la situación familiar de su abogado, trata de ofrecerle el sexto hijo que viene en camino a cambio de un acuerdo económico. 

Julien y Anna ven como una locura esta propuesta al principio, pero al final surge la pregunta entre ellos: “¿Quieres comprar un bebé?”. Y Anna busca una forma legal a través de la adopción simple, de forma que ellos le educarían y llevaría su apellido, aunque sus padres biológicos seguirían siendo sus padres. Algo que su entorno social no lo entendería y a lo que Julien se opone, más siendo abogado y le recuerda a su esposa: “Artículo 2254: ¡Tráfico de seres humanos: 20 años de cárcel, 3 millones de multa!”. Pero la situación de Anna ha acabado siendo irrespirable tras siete años buscando familia con distintos tratamientos de reproducción asistida y cinco negaciones de adopción (tanto nacional como internacional), pues en el informe psicológico se indicaba siempre que el bebé solo sería para llenar el vacío de la infertilidad materna. Y hastiada ante ello, decide seguir ese camino pese a la negación del marido y su pregunta directa: “¿Y te parece un buen motivo para ir a la cárcel?”. Y es así que Anne se hace pasar por la hermana de Meriem en los controles obstétricos, donde comparten las primeras ecografías y primeros latidos, pero también conversaciones sobre el deseo de que el pequeño sea bautizado (aunque los nuevos padres no son creyentes). Y ello a cambio de dinero. Y a medida que se acerca el momento del parto, la propia Anne se hace pasar por embarazada ante los compañeros del bufete de abogados de su marido. Pero eso solo empeora la relación de pareja. 

Y es que el cine francés es capaz de manejar las situaciones más complicadas con especial sentido y sensibilidad, sin dramatismos o ñoñerías de telenovelas. El momento del parto con las madres en el paritorio, los padres en el coche, Lila es el nombre del nuevo ser que llega de madrugada. Y el intercambio tras salir del hospital. Unos contarán que han perdido el bebé mientras rezan un Avemaría con el resto de sus hijos, otros harán realidad su embarazo ficticio y presentaran al nuevo miembro a la familia. Pero la felicidad aparente dura poco… Todo error se paga. Y el espectador lo descubrirá como las declaraciones del juicio. 

Un buen planteamiento sobre la maternidad frustrada, interesante y que da que pensar, y que nos pone frente a esa contraposición de puntos de vista y lo que para algunos es un horror fundamentado en la ilegalidad, para otros puede ser un modo de mejorar la calidad de vida de un menor. Todo un debate moral y emocional. Un puzle razonable y equilibrado, en que se manejan bien los elementos emocionales, y con el mérito de saber resolver bien, sin caer en extremos sentimentales o tremendistas, y con un mérito destacado: el buen hacer de sus cuatro protagonistas. Y ese final con Anna, Meriem y Lila que cabe no descubrir. 

Es El sexto hijo una vuelta de tuerca más al tema de la adopción ilegal. Y aunque, aparentemente, el acuerdo que se podía establecer entre estas dos familias que hoy hemos conocido pudiera parecer beneficioso para ambas y, quizás también, para el nuevo recién nacido, lo cierto es que es clave la protección jurídica del menor, que pasa de ser un elemento pasivo dentro de la familia, a ser sujeto de derechos fundamentales que necesitan ser protegidos. Y es conocido que, por otra parte, la adopción ilegal y el tráfico de bebés suelen ir unidos en muchas ocasiones a los delitos de tráfico de personas, falsificación de documentos, alteración de la identidad, secuestro, soborno, abuso de menores y en ocasiones rapto, abuso sexual de menores y prostitución infantil. Y ello da igual que sea el primer hijo, el segundo… o el sexto hijo.

 

miércoles, 17 de julio de 2024

Entradas de Cine y Pediatría más visualizadas (y II): del 31 al 60

 

Tras la publicación previa de los 30 post con más visualizaciones en el blog del proyecto Cine y Pediatría, hoy concluimos con este listado, del 31 al 60.






































Curiosamente, este segundo bloque de post más visitados es posible que incluya películas más reconocibles y populares que las comentas en los puestos 1 al 30, y que aquí incluye algunos films oscarizados como El tambor de hojalata (Die Biechtrommel, Volker Schlöndorff, 1979),  Rain Man (Barry Levinson, 1988) o Mejor...imposible (As Good as It Gets, James L. Brooks, 1997).

Pero seguimos sin reconocer el patrón que las hace más populares o menos.



 

lunes, 15 de julio de 2024

Entradas de Cine y Pediatría más visualizadas (I): del 1 al 30


El proyecto Cine y Pediatría nació en este blog, Pediatría basada en pruebas, en enero de 2010. Un post publicado todos los sábados para comentar películas relacionadas con la infancia y adolescencia, con la familia, con la pediatrñia clínica y, especialmente, con la pediatría social. Películas de todos los idiomas, países y continentes con un objetivo: que nos atrevamos a "prescribir" películas como pediatras, sanitarios, educadores o también en el ámbito familiar. Y así ha sido desde entonces, de forma que la próxima entrada será la número 759, sin fallar ni un sábado a la cita semanal. Y dado que en alguno post se comentan más de una películas, es posible que hayamos superado el millar de películas.

Y por ello es quizás un buen momento para conocer qué post han sido los más viralizados y visitados en el blog. Un análisis webmétrico del que quizás se puedan extraer algunas conclusiones (o no) de por qué hay diferencias tan marcadas y si tiene relación con la calidad de la película, con el tema del que se trata, con aspectos temporales o con otros factores. Cada una de las entradas de Cine y Pediatría comentadas van con el hiperenlace correspondiente para revisar su contenido.

Realizaremos nuestras dos entradas destacando los 60 post con más visualizaciones. 

Hoy analizaremmos del 1 al 30, y en la próxima del 31 al 60.

88290 visualizaciones. Cine y Pediatría (210): “El milagro de Carintia”, el milagro de cada día en una guardia 

40476 visualizaciones. Cine y Pediatría (364). "Los milagros del cielo" y la fe desde la tierra  

31177 visualizaciones. Cine y Pediatría (132). “Forrest Gump”, una metáfora sobre la superación en la vida  

30703 visualizaciones. Cine y Pediatría (21). "Mi nombre es Khan" y tengo síndrome de Asperger 

23870 visualizaciones. Cine y Pediatría (64). “Yo soy Sam”, una lección de amor con los Beatles de testigo 

23470 visualizaciones. Cine y Pediatría (128). “Los niños de San Judas” y los abusos en la educación 

20431 visualizaciones. Cine y Pediatría (86). “Máscara”: la belleza interior de la leontiasis 

20346 visualizaciones. Cine y Pediatría (73). “Pequeña Miss Sunshine” y los niños prodigio: ¿estrellas o estrellados? 

18638 visualizaciones. Cine y Pediatría (97). Películas sobre embarazo en la adolescencia (1) 

15821 visualizaciones. Cine y Pediatría (183). “El Polaquito”, un Oliver Twist a ritmo de tango 

15396 visualizaciones. Cine y Pediatría (371). "Lo que de verdad importa" en la vida  

14765 visualizaciones. Cine y Pediatría (415). "Wonder" y la maravilla de elegir ser amable 

14666 visualizaciones. Cine y Pediatría (502). “Donde viven los monstruos”, donde maduran los sentimientos de un niño 

14654 visualizaciones. Cine y Pediatría (188). “Voces inocentes”… la de los niños soldados  

14320 visualizaciones. Cine y Pediatría (324). "Mary & Martha", el coraje de dos madres frente a la malaria 

13556 visualizaciones. Cine y Pediatría (67): El acoso escolar habla en todos los idiomas en “Klass” y “Ben-X” 

13556 visualizaciones. Cine y Pediatría (349). "Manos milagrosas" en la neurocirugía pediátrica 

13483 visualizaciones. Cine y Pediatría (158). “El guardián de la memoria” no permite olvidar 

13344 visualizaciones. Cine y Pediatría (55). “John Q” critica al sistema sanitario estadounidense 

12971 visualizaciones. Cine y Pediatría (41). “Abel” crítica la paternidad irresponsable 

12740 visualizaciones. Cine y Pediatría (46). “Inocencia interrumpida”: adolescentes en el nido del cuco 

12669 visualizaciones. Cine y Pediatría (44). “Juno” se atreve a debatir sobre el embarazo no deseado en adolescente 

12175 visualizaciones. Cine y Pediatría (363). Los "22 ángeles" de la vacuna de la viruela 

11792 visualizaciones. Cine y Pediatría (391). "El jardinero fiel" a la ética de los ensayos clínicos con fármacos 

10451 visualizaciones. Cine y Pediatría (460): “Un viaje inesperado” del autismo al corazón 

10381 visualizaciones. Cine y Pediatría (152). “La vida de Pi” es mucho más que 3,1416 

10018 visualizaciones. Cine y Pediatría (541). “A dos metros de ti”… la fibrosis quística  

9949 visualizaciones. Cine y Pediatría (123). “Cartas a Dios” y “Cartas al cielo”, cartas para el cáncer infantil 

9788 visualizaciones. Cine y Pediatría (54): “La llave de Sarah” y las huellas de la memoria histórica en la infancia 

9585 visualizaciones. Cine y Pediatría (259). “Los chicos del coro” y el valor de la música en la educación de los niños 

Tras este análisis es difícil sacar una conclusión y, especialmente, explicar el por qué una película casi desconocida, El milagro de Carintia (Das Wunder von Kärnten, Andreas Prochaska, 2011), una película austriaca para la televisión basada en una historia real, ha superado todas las expectativas y tiene un número de visitas que supera en más del dobre a la siguiente y a años luz de la mayoría de las entradas de Cine y Pediatría.  De hecho, la siguiente película, Los milagros del cielo (Miracles from Heaven, Patricia Riggen, 2016), película estadounidense que es otro drama basado en hechos real, comparte con aquella otros dos hechos: el ser de una calidad cinematográfica muy justa, pero ambas atesorar en su título la palabra "milagro". Y así lo parece, pues grandes iconos del cine, películas con grandes premios, historias para no olvidad, nada tienen que ver con estos dos films. La causa de esta gran viralización no la podemos controlar... El mundo de internet y las redes sociales es insondable.

Las siguientes tres películas en el ránking comparten la característica de tener protagonistas que atesoran algún tipo de discapacidad o mejor dicho, capacidades diferentes. Pero que van de la maravillosa Forrest Gump (Robert Zemeckis, 1994), a la muy notable película estdounidense Yo soy Sam (I Am Sam, Jessie Nelson, 2001) o la película indica Mi nombre es Khan (My Name is Khan, Karan Johar, 2010).

Y del resto de listado se repite el hecho de que la mayoría no son películas de gran calidad cinematográfica, muy taquilleras o con grandes premios.

sábado, 13 de julio de 2024

Cine y Pediatría (758). “Ponette”, duelo y resurrección

 

La historia del séptimo arte está sembrada de actores y actrices infantiles. Pequeños grandes actores que Hollywood ya nos regaló en su cine en blanco y negro, pero que nos sigue regalando en color. Y del que España no ha sido ajeno, y todo ello con sus luces y sus sombras de lo que supone la fama y los premios a tan temprana edad.    

Y entre las grandes interpretaciones infantiles cabe recordar las de Tatum O´Neal en Luna de papel (Peter Bogdanovich, 1973), Rick Schroeder en Campeón (Franco Zeffirelli, 1979), Anna Paquin en El piano (Jane Campion, 1993), Mara Wilson en Matilda (Danny De Vito, 1996), Andoni Erburu en Secretos del corazón (Montxo Armendáriz, 1997), Haley Joel Osment en El sexto sentido (M Night Shyamalan, 1999), Juan José Ballesta en El Bola (Achero Mañas, 2000), Jamie Bell en Billy Elliot (Stephen Daldry, 2000), Dakota Fanning en Yo soy Sam (Jessie Nelson, 2001), Abigail Breslin en Pequeña Miss Sunshine (Jonathan Dayton, Valerie Faris, 2006), Ivana Baquero en El laberinto del fauno (Guillermo del Toro, 2006), Nerea Camacho en Camino (Javier Fesser, 2008), Quvenzhané Wallis en Bestias del sur salvaje (Benh Zeitlin, 2012), Waad Mohammed en La bicicleta verde (Haifaa Al-Mansour, 2012), Sofía Otero en 20.000 especies de abejas (Estibaliz Urresola Solaguren, 2023), entre otras muchas más.              

Pero lo que algunos críticos consideran la mejor interpretación infantil de la historia es la de la niña francesa Victoire Thivisol, quien con solo 4 años interpretó la película Ponette (Jacques Dillon, 1996) y por la que fue galardonada con la Copa Volpi (premio a mejor actor o actriz en el Festival de Venecia) más precoz. Pero la epopeya no es tanto por el premio, pues muchos otros niños han conseguido sendos Óscar, Goya u otros galardones por sus papeles, sino por la emoción permanente que supone ver a esta niña viviendo su personaje. Una niña que, como pasa en otras ocasiones, no tuvo una trayectoria sólida posterior en el séptimo arte, y solo se podría rescatar otra aparición de pequeña en Chocolat (Lasse Hallström, 2000), aunque una vez que llegó a la edad adulta, no se ha vuelto a dejar ver en la pantalla grande. 

Ponette es un desgarrador drama sobre esta niña de cuatro años que acaba de perder a su madre en un accidente de tráfico, en la que ambas viajaban juntas. Como su ausencia le resulta insoportable, la niña la llama, le habla, la espera y la busca. En su camino, Ponette vivirá una experiencia que los mayores no pueden entender, pero que le servirá para aceptar el hecho de la pérdida de su madre. Y todo ello con su omnipresente y angelical presencia con el antebrazo izquierdo escayolado y su muñeca Yoyotte, con sus preguntas, sus miradas, sus lágrimas y sus silencios. Una mirada infantil al duelo por la muerte de un ser querido (ni más ni menos que una madre) y la búsqueda de la resurrección. 

Tras salir del hospital acude con su padre al lugar del accidente y éste le dice: “¿Quieres prometerme una cosa? Que nunca te vas a morir”. Y ella le responde: “Puedo escupir para que no te mueras”. Queda al cuidado temporal con una joven tía viuda y sus dos primos, Delphine y Mathias. Destacan las conversaciones, casi metafísicas, sobre la vida, la muerte y la resurrección de estos tres pequeños, y así lo explican: “Ponette juega a esperar a su madre”. Y, aunque no la entienden, ella mira al cielo y demanda a su madre: “Ahora se han ido todos. Podrías venir. Podrías hacer el esfuerzo”. Y les dice a todos que su madre vuelve a verla todas las noches en sus sueños y que regresará volando. 

Ante esta situación que persiste en el tiempo, el padre de Ponette le habla con crudeza: “Dios no habla con los vivos. Dios es para los muertos… Debes volver al mundo conmigo, con tus primos y con los seres vivos. No te quitará la pena inventar historias”. Y en el colegio conoce a otros compañeros, entre ellos a Ada, la niña judía que lo sabe todo de Jesús y a la que pide consejo, pero también a algún compañero más cruel con sus sentimientos: “Cuando una madre muere es porque su hija ha sido muy mala, malísima ¿entiendes?”. Y es que también en la infancia se puede esperar todo, bueno y malo, por lo que nuestra protagonista llega a confesar: “Tengo ganas de desaparecer para siempre. Para ir a ver a mi madre”

Y es así como Ponette se constituye en un cuento tan cruel como maravilloso que se adentra en la muerte, el duelo y la religión a través de la humilde e inocente mirada de la infancia, con ese espíritu que tuvimos todos alguna vez en nuestro intento por comprender la vida. Y nuestra protagonista juega repitiendo la expresión “talitha qum”, las palabras que resucitaron a la hija de Jacob… y al final consigue ver a su madre (Marie Trintignant, hija del actor Jean-Louis Trintignant, la que, poco años después de esta película, tuvo una triste experiencia con su muerte), quien le trae un jersey rojo y un gran consejo, que repite a su padre: “Me ha dicho que aprenda a estar contenta”. Un final, antes del fundido en blanco, tan desgarrador y bello como la interpretación de Victoire Thivisol. Sin duda, ya, inolvidable (eso sí, para captar toda la esencia, es preciso ver la película en versión original, aconsejable siempre, pero más aquí) cuando llora, cuando reza o cuando se chupa el pulgar del brazo escayolado. 

Bendita infancia…, pero a veces con un cruel devenir.

 

miércoles, 10 de julio de 2024

Las violaciones contra la infancia en los conflictos bélicos, una denuncia “de cine”

 

Por desgracia, la historia de la humanidad no se puede entender sin las guerras, la forma de conflicto social y político más grave que puede haber entre dos o más comunidades humanas. Atendiendo a los propósitos de sus participantes y al contexto de sus bandos enfrentados, podemos hablar de guerras santas, guerras civiles, guerra de guerrillas, guerra total o guerra nuclear, entre otras. Porque en la guerra todos pierden. Pero algunos pierden más que otros. Y a buen seguro que la infancia es una de las peores paradas. 

Así es como la historia de la humanidad está asociada a sus guerras, quizás la mayor constatación del fracaso del ser humano. Y no debiéramos ser ajenos a su denuncia, también desde el séptimo arte. Y este artículo recopilamos aquellas películas ya publicadas en el proyecto “Cine y Pediatría” que se centran en los conflictos bélicos y su repercusión en la infancia y adolescencia. 



Un conjunto de seis decenas de películas clasificadas en tres apartados: 

a) La infancia en la Guerra (y postguerra) Civil Española, con ejemplos como El espíritu de la colmena (Víctor Erice, 1973), La guerra de papá (Antonio Mercero, 1977), La lengua de las mariposas (José Luis Cuerda, 1999), Las 13 rosas (Emilio Martínez-Lázaro, 2007) o El maestro que prometió el mar (Patricia Font, 2023). 

b) La infancia en la Segunda Guerra Mundial, con ejemplos como Alemania, año cero (Germania, anno zero, Roberto Rossellini, 1948), La infancia de Iván (Ivanovo detstvo, Andrei Tarkovsky, 1962), El tambor de hojalata (Die Blechtrommel, Volker Schöndorff, 1979), La vida es bella (La vita è bella, Roberto Benigni, 1997) o El niño con el pijama de rayas (The Boy in the Striped Pajamas, Mark Herman, 2008). 



c) La infancia y otras guerras, con ejemplos como Los juncos salvajes (Les roseaux sauvages, André Téchiné, 1994), Voces inocentes (Luis Mandoki, 2004), Nacido en Gaza (Hernán Zin, 2014), Pequeño país (Petit pays, Eric Barbier,2020) o Belfast (Kenneth Branagh, 2021). 

Historias de cine desde todas las filmografías que combinan realidad y ficción, pasado y presente, y que deben prescribirse en escuelas y familias (y, por qué no, también nuestras consultas pediátricas) para denunciar la continua violación de los derechos de la infancia en las guerras. Y con las emociones y reflexiones que nos devuelven buscar un mundo en paz y con mayor sintonía. Os dejamos el artículo para su análisis, que podéis descarga en este enlace o bien ver abajo.

 

Y también el vídeo de presentación de Cine y Pediatría 13, relacionado con este tema.

lunes, 8 de julio de 2024

Actualizaciones de EvidenceUpdates en Neonatología (XXV): primer semestre 2024

 

Un semestre más - y llevamos 25 ediciones - retornamos con las actualizaciones de EvidenceUpdates en Neonatología, en esta ocasión con el segundo semestre del 2024, tanto para revistas biomédicas como en Colaboración Cochrane. 

Como es habitual, seleccionamos aquellas revisiones sistemáticas con una puntuación > 5 en las áreas de interés de EvidenceUpdates: 











sábado, 6 de julio de 2024

Cine y Pediatría (757). “Anita” espera que la aguja del reloj esté arriba…

 

Continuamos reivindicando que la vida no va de cromosomas, sino de amor, convivencia, respeto comprensión, integración… y tantos otros valores positivos para intentar un mundo mejor. La semana pasada nos lo recordaba la película brasileña Colegas (Marcelo Galvao, 2012), y hoy lo hacemos con la película argentina Anita (Marco Carnevale, 2009). Pero esta película va más allá, porque con la experiencia de esta joven con síndrome de Down recordamos uno de los días más duros en la historia de la ciudad de Buenos Aires.  

Se nos presenta la bendita rutina de aquel domingo del 17 de julio de 1994 con Dora (Norma Aleandro) y su hija Anita (Alejandra Manzo), una joven con síndrome de Down: levantarse, desayunar, ir al cementerio (a poner piedras en la tumba de su padre), ayudar a su madre en la cocina y esperar a su hermano Ariel y su esposa a comer, bañarse (paso a paso cada parte del cuerpo) y acostarse cantando una canción mientras se dan la mano madre e hija. La simbiosis entre ambas es total y se tratan con un afecto envolvente, que protege a Anita de cualquier temor y cubre su enorme necesidad de afecto. Anita y Ariel también tienen gran complicidad, pero ese día no cumple el hermano con su palabra de llevarla al zoológico, pues prefiere ver la final del Mundial de Fútbol, donde Brasil ganó en los penaltis a Italia en tierras estadounidenses. 

Y al día siguiente llega aquel 18 de julio de 1994 grabado en la memoria de los argentinos. Dora y Anita abren su librería debajo de casa para comenzar a trabajar, pero la madre tiene que acercarse a la mutual AMIA (Asociación Mutual Israelita Argentina) para cobrar la ayuda social, pues es una de las muchas labores que ejerce esta institución desde hace más de un siglo, dado que su fin es promover el bienestar y el desarrollo de la comunidad judía argentina, y mantener vivas las tradiciones y los valores de dicha comunidad. Y Dora le dice a Anita: “Cuando la aguja larga del reloj esté arriba, mami vuelve”. Pero una explosión lo cambia todo. El reloj de la librería marcaba la trágica hora: 9,53. 

Cabe recordar que el atentado a la AMIA fue un ataque terrorista con coche bomba con un saldo de 85 personas asesinadas y 300 heridas, considerado como el mayor atentado terrorista de la historia argentina y también el mayor ataque contra objetivos judíos ubicados fuera de Israel desde la Segunda Guerra Mundial (cabe recordar que la comunidad judeoargentina con casi 300.000 personas, de las cuales más del 80 % vive en la Ciudad de Buenos Aires, es la sexta mayor del mundo). Tras 12 años de investigación se acusó al gobierno de Irán de planificar el atentado y al partido Hezbolá del Líbano, de ejecutarlo. Un proceso con más sombras que luces y con demasiadas preguntas por responder aún ahora que se cumplen los 30 años de aquel triste evento. 

Anita, aturdida por la explosión, sale de la librería y comienza a vagar por la ciudad en lo que será una larga odisea para todos. Para la ciudad de Buenos Aires que no sale de la conmoción, mientras aumenta la lista de víctimas; para Ariel que busca el paradero de su madre y hermana; y para Anita, que no puede dar referencias para volver a su hogar, pues no conoce la calle donde vive, el teléfono de sus familiares y que cuando le preguntan por el nombre de su madre, ella responde que es Mami. Y el único referente que le queda, y que repite con frecuencia es la última frase de su inseparable madre: “Cuando la aguja larga del reloj esté arriba, mami vuelve”. 

En su vagar, perdida por la ciudad, en su particular “road movie” sin auto, Anita se encuentra con la buena (o no tan buena) voluntad de distintas personas con las que se cruza: con el fotógrafo periodista con problemas familiares que decide no asumir otra carga, con la familia china, cuya madre gritona, regenta un bazar, y con la enfermera que vive en los suburbios, quien la cura y la cuida como una hija. Cuando los noticieros exponen las fotos de los desaparecidos, Ariel puede reencontrar a Anita unos días después. Y esta tiene que entender ahora lo ocurrido, y por ello pregunta a su hermano algo que aún sigue en el aire: “¿Por qué explotó la bomba?”. Y entonces Anita coloca la aguja larga del reloj arriba. Y con el fundido en negro final, se nos regala este pensamiento anónimo: “A veces quisiera preguntarle a Dios por qué permite que hay tanto odio, violencia e injusticia en el mundo cuando podría hacer algo al respecto… pero sé que Él me haría la misma pregunta”. 

Salvando el trágico hecho histórico que centra esta historia, la bondad y forma de aceptar la vida de la película Anita bien puede rememorarnos a la película belga El octavo día (Jaco Van Dormael, 1996), como esa crónica del encuentro entre dos mundos antagónicos y que nos enfrenta al choque entre la aparente capacidad y la aparente discapacidad de las personas. Porque nuestra Anita representa la inocencia de un personaje bondadoso, tierno, sin maldad... contraponiéndolo con el contexto más violento de todos, el de una sociedad epigenéticamente enferma. 

 

miércoles, 3 de julio de 2024

La trilogía infantil de Frances Hodgson Burnett: de la novela a la pantalla

 

La escritora británico-estadounidense Frances Hodgson Burnett ha traspasado la memoria literaria con tres obras infantiles ya universales publicadas en ese puente temporal que cruza del siglo XIX al XX. Porque fue en su tarea como novelista donde Frances obtuvo gran éxito como autora de historias románticas y de protagonismo infantil, esa trilogía que fueron “Little Lord Fauntleroy” (1886), buscando inspiración en su propio hijo Vivian; “A Little Princess" (1905), libro retitulado del previo y original “Sara Crew” y que antes fue obra teatral; y “The Secret Garden” (1911), uno de sus mejores y más populares trabajos, aunque no fuera valorada en su época como las dos anteriores. Porque aunque esta escritora nos dejó casi dos docenas de obras para adultos durante su vida, es recordada hoy en día por sus tres novelas para niños. Novelas que han sido llevadas a la pantalla en numerosas ocasiones como guion adaptado y que la convierten en una verdadera autora “de cine”

- De “Little Lord Fauntleroy” se contabilizan cuatro adaptaciones para la gran pantalla bajo el mismo título original que la novela, así como una serie japonesa para la televisión de 43 episodios, El pequeño lord (Shoukoushi Sedi, Kôzô Kusuba, 1988). Por orden cronológico, las películas son: El pequeño Lord Fauntleroy (Little Lord Fauntleroy, Alfred E. Green y Jack Pickford, 1921. EE.UU.); ¿Chico o chica? (L'ultimo Lord, Augusto Genina, 1926. Italia); El pequeño lord (Little Lord Fauntleroy, John Cromwell, 1936. EE.UU.); El pequeño lord (Little Lord Fauntleroy, Jack Gold, 1980. EE.UU.). 

- De “A Little Princess" hay tres adaptaciones para la gran pantalla bajo el mismo título original que la novela, así como una serie británica para la televisión de 6 episodios, La princesita (A Little Princess, Carol Wiseman, 1986). Por orden cronológico, las películas son: The Little Princess (Marshall Neilan, 1917. EE.UU.); La princesita (The Little Princess, Walter Lang, 1939. EE.UU.); La princesita (A Little Princess, Alfonso Cuarón, 1995. EE.UU.). 

- De “The Secret Garden” hay tres adaptaciones de esta novela para la gran pantalla bajo el mismo título original que la novela, así como dos películas británicas para la televisión (la dirigida por Ala Grint en 1987 y la dirigida por Dave Edwards en 1994, esta última de animación) y una serie de televisión japonesa de 39 episodios, El jardín secreto (Anime Himitsu no Hanazono, Tameo Kohanawa, 1991). Por orden cronológico, las películas son: El jardín secreto (The Secret Garden, Fred M. Wilcox, 1949. EE.UU.); El jardín secreto (The Secret Garden, Agnieszka Holland, 1993. Reino Unido); El jardín secreto (The Secret Garden, Marc Munden, 2020. Reino Unido). 

Y el análisis en profundidad de estas películas se puede revisar en reciente artículo publicado en el último número de la revista Arte y Medicina, que se puede revisar en las páginas 31 a 37. Y por esta trilogía infantil, Frances Hogdson Burnett es recordada en la historia, siendo, además, una de las autoras mejor pagadas de su tiempo. No había editorial que la rechazara, sentó precedente en cuestiones de derechos de autor, fue una sufragista convencida y su impronta en la literatura de finales del XIX y principios del XX es incuestionable. Y también nos ha dejado huella en el cine…

lunes, 1 de julio de 2024

Entre el decálogo profesional del médico del futuro y el decálogo de los pecados de la Medicina

 

Hace varias décadas ya, se publicó en la revista Medicina Clínica un decálogo profesional sobre el médico del futuro: 
1. Un médico que trate enfermos, no enfermedades 
2. Un médico con actitud crítica 
3. Un médico comunicador y empático 
4. Un médico responsable individual y socialmente 
5. Un médico que tome buenas decisiones para el paciente y para el sistema 
6. Un médico líder del equipo asistencial 
7. Un médico competente, efectivo y seguro 
8. Un médico honrado y confiable 
9. Un médico comprometido con el paciente y con la organización 
10. Un médico que vive los valores del profesionalismo 

Y es una reflexión que hago con mis alumnos en cada grupo de rotatorio en el taller de comunicación médico-paciente, Y que como allí comentamos, es un decálogo que aceptaríamos como válido para cualquier profesión, pero que es capital en una profesión tan humana y humanista como es el ejercicio de la Medicina. 

Pues bien, frente a este decálogo, vale la pena reflexionar sobre otro decálogo, el de los pecados de la Medicina y que fueron descritos como siete hace un tiempo por el médico británico Richard Asher, pero al que se le han añadido tres, quizás por haberse vuelto más evidentes actualmente. 

1. Oscuridad. Las palabras habladas y escritas existen para facilitar la comunicación entre las personas, por lo que el uso de palabras y expresiones complicadas dificulta la comprensión del paciente, quien es el más interesado en entender su propia enfermedad. Así, nuestra falta de claridad verbal (cabe evitar tecnicismos con los pacientes) y el uso de mala caligrafía hace más oscura la comunicación. 

2. Crueldad. Asher define algunas de estas crueldades, como comunicar un diagnóstico de una enfermedad grave sin el mínimo de empatía o dejar de comunicar aquellas cosas cruciales para el paciente, someter a los pacientes a exámenes, tratamientos y procedimientos inútiles, innecesarios y molestos, o someter a personas en fase terminal a tratamientos que solo aumentan su sufrimiento. 

3. Falta de educación. Porque en relación a los pacientes hay cosas fundamentales como presentarse al hacer el primer contacto y siempre demostrar buenos modales al tratar con personas ya fragilizadas por la enfermedad. Es decir, utilizar “la medicina basada en la etiqueta” ya publicada en NEJM. 

4. Hiperespecialización. No es que esté mal que un médico se especialice en determinada área, lo que parece ser un problema es el resultado de fragmentar los cuidados de las personas, con resultados no siempre benéficos. 

5. Espanofilia. Término que viene a referirse no el amor a lo español, sino al amor por lo raro. Esto es muy común en algunas fases de la vida profesional y en determinadas especialidades, donde se pueda dar preferencia a lo raro y se dejan pasar cosas comunes. 

6. Mal sentido. Como contraposición al buen sentido, básico para cualquier aspecto de la vida y más en el desarrollo de la profesión médica. 

7. Pereza, Y que es diferenciada por Asher como física (no realizar una adecuada anamnesis y exploración física) y mental (no profundizar en el estudio para reflexionar, cuestionar y sacar sus propias conclusiones). 

Y tras estos siete pecados capitales descritos por Asher, tres más propios del estado actual de nuestra profesión. 

8. Prisa. La prisa no es una buena consejera, ni para el tiempo que dedicamos a una consulta médica ni para los tiempos de curación previstos. En un mundo internético cada vez más virtualizado e inmediatista, merece hacer una reflexión al respecto. 

9. Neomanía. Es decir, esa tendencia a pensar que todo lo que es más nuevo es mejor simplemente por ser más nuevo. Esto nos lleva al exceso en el uso de nuevos medicamentos y tecnologías que no siempre son beneficiosos y que muchas veces no añaden nada a los cuidados más allá de su costo exorbitante. Aplicar la prevención cuaternaria y algunos pasos del “menos es más” puede resultar importante. 

10. Certeza. Se dice que existen pocas cosas más peligrosas que un médico lleno de certezas, pues en nuestra profesión lo que tenemos, la mayoría de las veces, son varias probabilidades, las cuales deben ser combinadas entre sí para llegar a una determinada conclusión. Es el reconocimiento de nuestras incertidumbres lo que puede hacer que el médico actúe en pro de la seguridad del paciente. 

Y es que conocer lo que debemos hacer y no hacer es un buen comienzo para ser mejores profesionales de la Medicina. Y estos dos decálogos (no el de Moisés) permiten una reflexión. Y reflexionar bien vale la pena…