sábado, 4 de septiembre de 2010

Cine y Pediatría (34). “Planta 4ª” o la vivencia frente al osteosarcoma


Cuando este año entregaron el Goya de honor a Antonio Mercero es posible que su Alzheimer no le permitiera recordar los buenos momentos que nos hizo pasar en nuestra juventud con algunas de las series más importantes de la historia de TVE: en la década de los 70 con Crónicas de un pueblo, en la década de los 80 con Verano azul y en la década de los 90 con Farmacia de Guardia. También nos brindó retazos de buen cine (especialmente el telefilme de 1972 La cabina, con un memorable José Luis Vázquez) y antes de su última y premonitoria película sobre el Alzheimer (¿Y tú quien eres?, 2007) , nos dejó en el año 2003 otra película que encaja perfectamente en esta serie sobre Cine y Pediatría: Planta 4ª.

Planta 4ª se basa en la obra de teatro "Los Pelones", obra autobiográfica de Albert Espinosa, quien padeció un osteosarcoma: 10 años de su infancia y adolescencia fueron un devenir por hospitales, pues aparte de la amputación de una pierna, también se le estirpó parte de un pulmón y del hígado. Sacando fuerzas de flaqueza hoy es un artista polifacético: aunque su labor fundamental sigue en sus libros y en el teatro (que desarrolla con su compañía Los Pelones), también ha hecho sus pinitos como guionista (Tu vida en 65 minutos de María Ripoll, 2006 o Va a ser que nadie es perfecto de Joaquín Oristrell, 2006) y director de cine (No me pidas que te bese, porque te besaré, en el año 2008).

Planta 4ª no es una gran película, pero transmite algo que la hace digna y sincera en su realización. La planta 4ª hace referencia a la planta de Traumatología de un hospital, en donde cuatro adolescentes (Miguel Ángel, Izan, Dani y Jorge, encarnados por jóvenes actores sin experiencia, salvo Juan José Ballesta, de quien ya hemos hablado y hablaremos en otras ocasiones) luchan frente al osteosarcoma, ese cáncer óseo al que se enfrentan con la quimioterapia y la cirugía radical, e intentan con su alegría desafiar al destino y hacer soportable su estancia en el hospital. La vida continúa en ese pequeño mundo regido por hombres y mujeres de bata blanca y en donde el humor (nuevamente, y en consonancia con la entrada de la semana anterior) se convierte en terapia frente al dolor y un instrumento eficaz para afrontar los momentos difíciles, el humor como arma para intentar que adolescencia y cáncer encajen de alguna forma. En Planta 4ª es criticable la distorsión de la realidad (especialmente la escena de la carrera en silla de ruedas o las excursiones nocturnas de los chicos por las plantas del hospital; incluida la visita a la unidad de Neonatología, donde se encuentran los otros “pelones” del hospital), pero a través de diferentes escenas podemos tener un telón de fondo para apreciar las diversas etapas que vivimos al enfrentarnos a un cáncer: el rechazo, la negación, el dolor, la aceptación, etc.
El título de la película (Planta 4ª) y el de la obra de teatro ("Los pelones") de la que emana, nos fijan la atención en el núcleo que centra el guión: el primer título nos recuerda que es común referirnos así a algunas plantas de un hospital que albergan enfermos especialmente complicados (como puede ser la hospitalización de niños oncológicos); el segundo título porque hace referencia a lo alopecia como efecto secundario de los tratamientos oncológicos y signo indirecto de una dolencia. En la revista Medicina y Cine se reunió a esta película y a la de la semana previa (Patch Adams) en un artículo común, bajo el epígrafe de “El efecto terapéutico del buen humor en los cuidados paliativos”, de aconsejable lectura.

Antonio Mercero no ha realizado una obra de arte cinematográfica con Planta 4ª, pero si ha sabido escoger una temática que prácticamente funciona sola y que atrapa al espectador por su impacto social, emociones y motivos de aprendizaje que emanan de su visión. Cáncer y adolescencia, comunicación de malas noticias, profesionalismo, afrontamiento de la enfermedad, relaciones interpersonales y terapéuticas, son aspectos que se tratan en sus escenas. No en balde es una de las películas de cabecera del grupo de Cine y Docencia en Enfermería de la Universitat de Barcelona.

Una película que es fácil de recordar. Pero que recordarán especialmente los compañeros del Hospital Príncipe de Asturias (de Alcalá de Henares), en cuyos pasillos se rodó la película. Y que también recordaremos por el abanico de sentimientos que el compositor Manuel Villalta nos deja en su banda musical, una de las mejores bandas sonoras de los últimos años en nuestro país (y que nada tiene que ver con la canción “Nasío pa la alegría” que el grupo Estopa nos brinda en una escena de la película).