sábado, 14 de octubre de 2017

Cine y Pediatría (405). "Quinceañera", no siempre es una fiesta...


Tras regresar de mi viaje de México, han sido muchas coincidencias alrededor de la Fiesta de 15 años (también conocida como Fiesta de Quinceañera, Fiesta de Quince o simplemente Quince) y que viene a ser una fiesta en la cual se celebra el momento en una chic ha alcanzado la madurez (que no la mayoría de edad) y es presentada a la sociedad. Y la palabra quinceañera hace referencia a la propia niña que cumple 15 años de vida (también se da con los varones, pero es quizás menos significativo).

Pero esta fiesta no solo ocurre en México, sino que es común en América Latina, en países tales como Argentina, Brasil, Bolivia, Colombia, Cuba, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, Uruguay o Venezuela. Y la celebración se hizo popular también en Estados Unidos primero durante la década de 1930 y en ocasiones combinada con la costumbre estadounidense de "sweet sixteen", que celebra el decimosexto aniversario de la muchacha, también con el sentido de presentación en sociedad de la joven. 

La celebración de los 15 años de una mujer tiene varios orígenes. La más probable es la costumbre proveniente de las grandes culturas precolombinas de México, aztecas y mayas, que realizaban los ritos de pubertad para indicar la entrada a la vida adulta y la aceptación de responsabilidades de las mujeres. En estas culturas, al llegar a la fecha de 15 años, las jóvenes salían de la familia a la escuela telpochcalli donde aprendían la historia y tradiciones de su cultura y se preparaban para el matrimonio. Luego, regresaban a la comunidad para celebrarles la fiesta de quinceañera. Con la conquista de los españoles se incluyó en la tradición indígena la inserción de la misa, y en el siglo XIX, el emperador de México, Maximiliano, y su esposa Carlota introdujeron el vals y los vestidos. 

Actualmente, las fiestas de 15 años constituyen un gran evento religioso y social, y que bien pudiera estar al nivel de otros momentos tradicionales en nuestro país como el bautizo, la comunión o la boda. Y así, en el día grande, la quinceañera luce un vestido muy elegante, generalmente de colores pasteles (rosa, azul claro, blanco), una corona en su peinado elegante y zapatos de tacones. La celebración empieza en la iglesia, continúa a ritmo de vals en una gran fiesta, donde tras bailar con el papá la quinceañera, también baila con los quince muchachos invitados a su cumpleaños (miembros de familia, amigos, compañeros del colegio) y cada uno de ellos le regala una rosa roja. En México el punto culminante de esta celebración es una orquesta de mariachis vestidos en los llamados trajes de charro, y la canción tradicional cantada a la hora del pastel, “Mi niña bonita”. Y es así como cuando una niña llega a los 15 años, los padres le dan nuevos privilegios y responsabilidades tanto en su vida personal como social. 

Y con una fiesta así comienza la película Quinceañera, película indie dirigida al alimón por Richard Glatzer y Wash Westmoreland en el año 2006. Toda la trama gira en torno a tres personajes, los adolescentes Magdalena y Carlos, que son primos, y el tío abuelo de ambos, Tomás. 
Magdalena (Emily Rios) es la hija de una familia mexicana afincado en Estados Unidos, cuyo padre dirige una iglesia en una zona comercial en el barrio de Echo Park en Los Ángeles. Se acerca su decimoquinto cumpleaños y solo piensa en su novio, su vestido para la fiesta de Quinceañera y la limusina Hummer que su padre alquilará para ese día tan especial. Pero su inesperado embarazo, del que su novio se desentiende, va a suponer un trauma para toda la familia, hasta el punto de que se marcha de casa para vivir con su anciano tío Tomás. Mientras avanza el embarazo ("Ya no quepo en la ropa", nos dice) continúa con sus estudios y en el tiempo libre pasea perros, pero alejada de su familia, pues como le dijo su padre: "Cuando esté lista para confesar su pecado, hablaremos"
Carlos (Jesse García) es un joven problemático y poco expresivo, trabaja en un lavadero de coches (aunque pierde el trabajo), es aficionado a fumar droga y se va reconociendo como homosexual, hasta tener sus primeras experiencias homosexuales con una pareja de gays, vecinos del tío Tomás, con quien también vive. Inicialmente Carlos no ayuda demasiado a Magdalena y sus afirmaciones son hirientes: "Embarazada a los 14. Reconócelo, tu vida está acabada". Pero, poco a poco, Magdalena y Carlos se sienten más unidos, hasta llegar a un final casi inesperado. 
Tomás (Chalo González), es el tío abuelo de Magdalena y Carlos, un buen hombre, religioso (con su altar y su Vírgen de Guadalupe), natural de Jalisco y que vive de preparar el champurrado (una comida mexicana) para vender en la calle. Fue el hijo 13, su número de la suerte, de una madre que tuvo 22 hijos, y ahora le toca vivir en una pequeña casa alquilada, pero que le obligan a abandonar.

Esta historia de tres personajes con raíces mexicanas en Los Ángeles que intentan encontrar salida a su vida es hacia donde nos adentra el film de Glatzer y Westmoreland, película que nació de una experiencia personal, cuando recibieron el encargo de un reportaje fotográfico de la fiesta de una quinceañera. Los cineastas, una pareja homosexual que vive en el mismo barrio de Echo Park, quedaron fascinados por la vitalidad de los hispanos y sus fiestas, por su spanglish, esa mezcla espontánea sin normas del español y el inglés, hasta el punto de que hacen aparecer un cartel en la película que pone "Se enseña con acento americano". Y, de hecho, es obvio que la pareja de vecinos homosexuales en la película es un evidente reflejo de los propios directores. Lo cierto es que la película ganó los premios del Público y del Jurado en el prestigioso festival de cine independiente de Sundance, y desde entonces se sigue viendo como agrado, no como la mejor película que trate el embarazo en adolescentes, pero sí como una película para la reflexión. 

Cabe no confundir esta película estadounidense, con otra mexicana del año 1960, con el mismo título y dirigida por Alfredo B. Crevenna.  Pero nuestra Quinceañera respira México por los cuatro costados. Como esa escena de la celebración del 5 de mayo con fuegos artificiales, y en donde Tomás, Magdalena y Carlos brindan: "5 de mayo y abajo los franceses" (en referencia el triunfo del ejército mexicano sobre el invasor francés tras la Batalla de Puebla un 5 de mayo de 1862).

Finalmente el tío abuelo Tomás fallece y en el entierro Carlos le dedica estas palabras: "Todos le conocían. En la calle se paraba cada momento para saludar. Todos se alegraban de verle. Tenía mucho amor dentro. Le salía por los ojos como una luz dorada. Todos lo veían porque amaba a todo el mundo y no juzgaba a nadie, Al final de mi vida, será un privilegio saber que conocí a un santo. Porque Tomás Álvarez era un santo. No nos dejará. Su espíritu sigue presente. Estará con nosotros hasta el final". 

Y el final de esta película termina con una gran sonrisa que se cruza entre padre e hija, señal de perdón. Porque ser quinceañera no siempre es una fiesta, porque el embarazo en una adolescente suele implicar un riesgo en la trayectoria vital de las jóvenes, un serio y prevalente problema médico-social. Según la organización Save the Children, cada año nacen 13 millones de niños de mujeres menores de 20 años de edad en todo el mundo, más del 90% en los países denominados en desarrollo. Muchos de estos embarazos son considerados como no deseados y provocados por la práctica de relaciones sexuales sin métodos anticonceptivos. En los países desarrollados estos embarazos ocurren en población con niveles educativos más bajos, con mayores tasas de pobreza, así como otras situaciones de inestabilidad familiar y social.

 

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