viernes, 1 de enero de 2010

Globesidad


No es un juego de palabras, sino el título de una noticia aparecida en las páginas del diario El Mundo dedicadas a la salud. Lógicamente, haciendo referencia a la epidemia global de obesidad que padecemos.

Cuando yo era residente (ya hace tiempo de eso) aprendimos que "el asma es la enfermedad crónica más prevalente en la edad pediátrica". Ya no es así; el sobrepeso y la obesidad han desbancado al asma como el principal problema de salud crónico en la infancia y adolescencia. Hace 10 años, la prevalencia conjunta de sobrepeso y obesidad infantil en España era de un 26,3%. Desde entonces, el problema no ha hecho sino empeorar.

El problema es muy grave y no se le da la importancia que merece. Se conoce desde hace tiempo la asociación del sobrepso y la obesidad con una mayor incidencia de enfermedades cardiovasculares y metabólicas en la vida adulta. También su relación con determinados tipos de cáncer.

La obesidad infantil es una enfermedad social. Fruto de los tiempos que vivimos: no establecimiento o pérdida de unos hábitos alimentarios adecuados, excesivo sedentarismo, demasiado tiempo invertido sentado delante de una pantalla (sea la de la televisión, la del ordenador o la de cualquier videojuego). La genética importa (es más frecuente la obesidad infantil en hijos de padres con sobrepeso-obesidad), pero los hábitos inadecuados han disparado la prevalencia del problema hasta niveles inaceptables.

Se ha relacionado también la obesidad infantil con un menor nivel de estudios de los padres, según un estudio realizado en la Comunidad Valenciana en 2008.

Sea como fuere, el problema lo tenemos cada día en las consultas. Los pediatras asistenciales sabemos lo difícil que es conseguir que un niño o adolescente obeso recupere el peso que le corresponde. A veces no son conscientes del problema. A veces sí lo son, pero no lo son los padres. A veces todos son conscientes, pero modificar unos malos hábitos ya adquiridos es un trabajo arduo y pocos lo logran. El "inmediatismo" de nuestra sociedad impide ver los resultados nocivos de la obesidad sobre la salud a medio-largo plazo.

La solución es compleja y va más allá, mucho más allá, del ámbito estrictamente sanitario. Los padres, las escuelas, las instituciones sanitarias y educativas oficiales, los medios de comunicación son los agentes implicados en infundir, desde la primera infancia, la adquisición de unos hábitos alimentacions adecuados y del fomento del ejercico físico. Todo ello dirigido, muy especialmente, a la prevención primaria de la obesidad: El fomento de la adquisición de unos hábitos de vida saludables (dieta adecuada, ejercicio) es más factible que el tratamiento de la enfermedad cuando esta ya se ha instaurado y consolidado.