sábado, 19 de junio de 2010

Cine y Pediatría (23). “Las llaves de casa” abren los sentimientos a la parálisis cerebral infantil


Mi buen amigo Miguel, padre-coraje de Miguel, su hijo adolescente de 15 años con parálisis cerebral infantil (PCI), me recomendó hace unas semanas esta película. Y se lo agradezco de verdad, pues me ha emocionado y he seguido aprendiendo. Considero que Las llaves de casa (Gianni Amelio, 2004), película italiana en coproducción con Francia y Alemania, adquiere ya carácter de imprescindible y destacada en esta serie sobre Cine y Pediatría. Y por diversos motivos que intentaré reseñar.

El guión de la película está basado en el libro de Giuseppe Pontiggia, “Nacido dos veces”, donde el autor habla en profundidad de la relación con su hijo Andrea, un chico con PCI. Abordar desde una perspectiva literaria un tema tan profundamente humano como es nuestra relación con personas discapacitadas es un riesgo que pocos autores famosos estarían dispuestos a correr. Y si a esto añadimos el carácter autobiográfico del relato, la empresa se convierte en doblemente difícil. Giuseppe Pontiggia, uno de los escritores más prestigiosos del panorama literario italiano actual, ha solventado este desafío de forma magistral con un texto que, con una enorme dosis de ironía y sentimiento, pero alejado de cualquier sentimentalismo fácil, logra conmover al lector con su intelecto: el paso de la culpa, la ignorancia y el desconcierto inicial hasta la aceptación final. Una relación paterno-filial paradójica, en la que el adulto acaba siendo educado por la desconcertante simplicidad del niño. Nacido dos veces fue galardonada con el premio Super Campiello 2001, considerado unánimemente el más prestigioso de Italia.

El guión está adaptado, aunque la “fidelidad” entre cine y literatura siempre es complicada. Aún así, la conexión libro-película es continua: la película tiene la dedicatoria “De Andrea a Andrea”, aprovechando el nombre real del protagonista de la novela (Andrea Pontiggia) y del niño actor (Andrea Rossi, una revelación total y el alma de la película, que representa a Paolo, el chico con discapacidad); en una escena clave, los protagonistas hablan sobre el propio libro “Nacido dos veces” que están leyendo; y, al final de la película y justo antes de los créditos, aparece una dedicatoria: “En memoria de Giuseppe Pontiggia”. Según cuenta su director, el resultado es que ahora hay una novela y un libro que siguen sendas paralelas y quizás se complementen: que Andrea Pontiggia y Andrea Rossi son dos caras de Paolo.
Paolo es un chico de 15 años que ha nacido con PCI espástica secundaria a asfixia perinatal grave. En el parto, su madre murió y su padre Gianni desapareció escapando de una realidad que no quiso hacer suya. Paolo permaneció sus 15 años viviendo con unos familiares. Es en este momento cuando comienza la película: Gianni conoce a su hijo cuando decide aceptar acompañarle en un viaje, desde Roma a Berlín, para poder asistir a su clínica de rehabilitación con el objetivo de mejorar sus problemas motores. Se genera aquí una forma de dependencia recíproca: Paolo depende de otras personas para hacer su vida diaria (su hándicap es puramente motor, sin afectación mental) y Gianni depende de su conciencia al reconocer al hijo que abandonó, que adquirirá inicialmente forma de angustia, pero que se irá convirtiendo en cariño, en amor paterno-filial.

Tour de force interpretativo entre padre (Kim Rossi Stuart, sex symbol italiano, que apenas recordamos que inició su andadura en un pequeño papel de novicio en El nombre de la rosa -Jean-Jacques Annaud, 1986-) e hijo (Andrea Rossi fue el único candidato para el papel de Paolo, un niño muy especial como se podrá comprobar al visionar el film; la música es una de sus aficiones y adora a Vasco Rossi, de forma que el director le homenajeó con una canción de su cantante preferido, que el propio niño tararea en una escena). El tercer personaje de la película es Nicole (Charlotte Rampling, quien alcanzó la categoría de mito erótico gracias a la polémica película Portero de noche -Liliana Cavani, 1974-; actriz multifacética e internacional, y en la que cabe destacar su implicación en temas sociales: aquí promueve la película), una mujer muy fuerte, madre de una niña con PCI y retraso mental, con quien coincide en la clínica.

El título Las llaves de casa hace referencia a los chicos que pasan de la infancia a la adolescencia, cuando sus padres les empiezan a dejar llegar tarde a casa: abrir la puerta con las llaves, sin necesidad de llamar, les provoca el sentimiento de sentirse adultos. En el film, Paolo levanta sus “llaves de la casa” como un trofeo, aunque en realidad no puede utilizarlas sin ayuda de alguien. Paolo (o, más bien, el propio niño Andrea Rossi) es el centro sobre el que gravita toda la película y todas las emociones y frágiles esperanzas. Gianni Amelio (director de la película) y Giuseppe Pontiggia (autor de la novela) nos recuerdan que las personas diferentes existen, que pueden transformarse en positivo y que pueden llegar a enriquecernos más allá de lo imaginable.

El amor paterno-filial que logran alcanzar al final de la película Gianni y Paolo es el que han tenido y tienen mi amigo Miguel y su hijo Miguel, a quienes dedico esta entrada, coincidiendo con las fiestas de su ciudad (Les fogueres de Sant Joan) que ahora están celebrando. Porque sólo unos padres que tengan un hijo con discapacidad podrán entender el alcance del verdadero amor hacia ellos.