sábado, 28 de abril de 2012

Cine y Pediatría (120). La mirada inocente de la infancia ante el holocausto nazi



Aislar a los niños de las guerras que han ocurrido y ocurren en nuestro mundo es tarea casi imposible y, por tanto, una lacra más de las que acompañan a un conflicto bélico. La infancia se convierte, una vez más, en víctima inocente ante la sinrazón de los adultos.

Si hay una guerra paradigmática en la época contemporánea, ésta fue la Segunda Guerra Mundial. Y, dentro de ella, el holocausto nazi frente al pueblo judío adquiere connotaciones de épica del horror y se convierte en uno de los episodios más vergonzosos en la Historia de la Humanidad . Son innumerables las historias que se han llevado a la gran pantalla este genocidio, con argumentos con múltiples aristas. Algunas de estas películas, con el holocausto nazi como común denominador de sus guiones, se han narrado a través de la mirada inocente de los niños. En entradas previas de Cine y Pediatría hemos podido vislumbrar el antes (La cinta blanca del suizo Michael Haneke, 2009), el durante (La vida es bella del italiano Roberto Beningni, 1997) y el después (La llave de Sarah del francés Gilles Paquet-Brenner, 2011) del holocausto nazi.

Hoy podremos analizar algunas películas más (y de distintas nacionalidades) que atesoran la mirada inocente de un niño ante la xenofobia, los campos de concentración, la persecución y la muerte.

El niño con el pijama de rayas (Mark Herman,2008), de producción británico-estadounidense. El guión se basa en el best seller “The Boy in the Spriped Pyjamas” de John Boyne y lo hace intentando ser fiel al mismo y logrando no defraudar. Narra la historia de Bruno (Asa Butterfield, visto recientemente en el papel protagonista de La invención de Hugo de Martin Scorsesse, 2011), un niño alemán de 8 años. Bruno vive en el Berlin de 1942 y se tiene que trasladar con su familia a una nueva casa, dado que a su padre, un comandante del Tercer Reich, le han dado un nuevo destino. Allí, en su afán explorador, conocerá a un Shmuel (Jack Scanlon) un niño de su misma edad que vive detrás de una alambrada y viste un traje de rayas que parece un pijama. El niño con el pijama de rayas se convierte en un canto a la amistad y en un cuento moral, cuento que busca la perspectiva humana y poética que se esconde tras el horror. Ese horror que se nos insinúa (fuera de campo) con el grito desgarrador que se apaga tras el plano final con fundido en negro.

Hijos de un mismo Dios (Yurek Bogayevicz, 2001), de producción estadounidense y polaca. Narra la historia de Romek (Haley Joel Osment, años después de su papel revelación en El sexto sentido de M Night Shyamalan, 1999), un niño judío de nacionalidad polaca que es enviado por sus padres a una granja (junto a una familia católica) para evitar salvarle del holocausto. Allí convivirá con otros niños del pueblo y, bajo el punto de vista de estos niños, descubriremos las consecuencias del conflicto creado por los adultos. Película de bellas imágenes y con retazos de parábola, en el que la aldea aparentemente idílica reproduce en pequeña escala la crueldad y la indefensión de unos niños, primero obsesionados por la religión y Jesucristo y luego impelidos a actuar por el odio irracional generado.

El tambor de hojalata (Volker Schlöndorff, 1979), de producción franco-alemana, consiguió ganar la Palma de Oro del Festival de Cannes y el Oscar a la Mejor película extranjera. El guión se basa en una de las consideradas obras cumbres del siglo XX: “Die Blechtrommel” de Gunter Grass. Narra la historia de Oskar (David Bennent, en un papel de extraordinaria complejidad), un niño alemán que nace en Danzig en 1924 y que, al cumplir los 3 años, decide no seguir creciendo como protesta ante la desilusión provocada por la vida de los adultos. Oskar recibe como regalo un tambor de hojalata y descubre que tiene el poder de repeler a cualquiera con su agudo grito. Con la permanente compañía de este tambor de hojalata, Oskar será testigo privilegiado de toda una serie de acontecimientos históricos: entre ellos, el advenimiento del nazismo, la invasión alemana y las penalidades de la guerra, incluyendo el holocausto. Película que tiene una primera parte brillante, que conserva todo los elementos satíricos y surrealistas de la novela original, pero que pierde fuelle a medida que avanza la historia. Película que supuso una convulsión en su momento, por su aroma de cine de vanguardia y por la escabrosidad de algunas escenas (prohibida en algunos países en su estreno), pero que no ha envejecido bien y que hoy resulta menos impactante.

- Kapò (Gillo Pontecorvo, 1960), de producción italo-francesa. Narra la historia de Edith (Susan Strasberg), una joven judía trasladada a un campo de concentración quien, tras perder a su familia, logra salvarse porque le convencen para se convierta en una Kapò, prisionera privilegiada empleada por los nazis para controlar a sus compañeros. Edith abandona, poco a poco, toda esperanza de piedad humana: y pasa de ser una niña asustada a transformarse con la misma brutalidad de sus carceleros, una fría y despiadada Kapò.

Bruno, Oskar, Romek y Edith son sólo algunos de los muchos nombres de niños que sufren las consecuencias de las guerras. Y cuyas miradas inocentes se enturbian ante la perspectiva del horror. Que sirvan estas reflexiones para que algo así nunca vuelva a ocurrir.