Cine y Pediatría 8

sábado, 30 de marzo de 2013

Cine y Pediatría (168): “Dollhouse”, una casa de muñecas que hay que cuidar


La semana pasada, el estadounidense Todd Solondz nos presentaba su Bienvenido a la casa de muñecas, un agridulce relato del fin de la infancia y la llegada de la adolescencia, y que le valió el Gran Premio del Jurado del Festival de Sundance en el año 1995. Hoy, la joven irlandesa Kirsten Sheridan nos presenta su Dollhouse, esa casa rota en mil pedazos de seis adolescentes en una noche, tras conseguir una Mención Especial en la Sección Panorama de la Berlinale del año 2012. 

La adolescencia es, a veces, una casa de muñecas de jóvenes perdidos y descontentos en la transición de la infancia a la vida adulta, que se mueven por arenas movedizas ante la falta de rumbo y de estabilidad. Y es lo que nos cuenta esta joven directora, hija del afamado director Jim Sheridan. 
De ambos, padre e hija, ya hemos hablado en "Cine y Pediatría". Jim Sheridan nos regaló en el año 2002 sus recuerdos de infancia desde la Gran Manzana en En América (donde Kirsten y su hemana Naomí fueron coguionistas) y Kirsten Sheridan nos emocionó en 2007 con El triunfo de la música y el triunfo de la música, también con Nueva York como gran protagonista. 

Es curioso como Kirsten cambia de registro: si con el Triunfo de la música nos muestra la belleza de una fábula con final feliz en una película de corte clásico y con la música clásica de fondo, con Dollhouse nos enfrenta al caos visual, sonoro y emocional de una pesadilla de adolescentes en una película de corte experimental y con la música ecléctica de fondo. 
Dollhouse se nos presenta como seis lunáticos, una noche, un secreto... Todo comienza con cinco adolescentes colándose de noche a una casa que no sabemos de quién es. Y todo continúa, casi en tiempo real, durante esa noche: los adolescentes sólo piensan en divertirse sin control, dejando una oleada de destrucción, tanto física como corporal, y durante todo el tiempo nos mantiene en vilo en una caótica fiesta llena de excesos que cambiará sus vidas para siempre. Durante esa noche aparece otro adolescente, un niño y, al final, unos padres. Y al final de la noche se descubrirá que uno de ellos guarda un secreto. 
Adolescentes con escasa afectividad, violentos y sin un rumbo fijo, a los que no les importa caminar por el borde del acantilado de la vida, quizá porque es la única manera que encuentran de sentir alguna emoción verdadera. La diversión que buscan es una diversión vacía (y que nos enerva como espectadores) y lo único que les ofrece es una una falsa felicidad momentánea. Pero como dice uno de los personajes: "¿por qué no podemos sentarnos y tan solo hablar?"

Como dice su directora, "Me interesaba indagar en una generación de jóvenes perdidos y descontentos que se mueven por arenas movedizas ante la falta de estabilidad. Aparentemente, parecen estar conectados a través de las redes sociales y los teléfonos móviles, pero en el fondo están aislados, cada uno vive en su mundo y cuando se reúnen es como un juego de máscaras". Y para ello parte de un elenco de actores puramente amateur para conseguir transmitir esa sensación de autenticidad adolescente y en donde la improvisación impera en la gran mayoría del metraje, ayudando así al espectador a creerse a los personajes y entrar en el juego. Una improvisación de rodaje que duró 21 días y de donde fueron saliendo las piezas de este "rompecabezas" de película.

Dollhouse ofrece todo un torrente de emociones mezcladas, revueltas, confusas, como la adolescencia misma. Y donde los personajes vagan por esa casa en un mundo donde su realidad está continuamente alterada. Esta sensación viene reforzada con un potente apartado visual y musical que mezcla momentos esquizofrénicos con momentos más pausados (ofreciendo cierto equilibrio dentro del descontrol que se plantea). Pero a pesar de la deriva destructiva de esa noche, el mensaje de la película está lleno de optimismo. Porque siempre hay un amanecer al final de la noche, y los "errores" adolescentes pueden ser perdonados, porque no son más que eso, errores dentro del mar de posibilidades que conforma esta etapa, donde todos y cada uno de ellos tiene aún toda la vida por delante. Y si ese "error" tiene los ojos y la sonrisa de un recién nacido, mucho más... 

Sea como sea, nos lo presenten como nos lo presenten (como sueño o pesadilla), la adolescencia es una casa de muñecas que hay que cuidar.

 

1 comentario:

José María Souza Costa dijo...

Invitación
Soy brasileño.
Pasei acá leendo , y visitando su blog.
También tengo un, sólo que mucho más simple.
Estoy invitando a visitarme, y si es posible seguir juntos por ellos y con ellos. Siempre me gustó escribir, exponer y compartir mis ideas con las personas, independientemente de su clase Social, Creed Religiosa, Orientación Sexual, o la Etnicidad.
A mí, lo que es nuestro interés el intercambio de ideas, y, pensamientos.
Estoy ahí en mi Simpleton espacio, esperando.
Y yo ya estoy siguiendo tu blog.
Fortaleza, la Paz, Amistad y felicidad
para ti, un abrazo desde Brasil.