sábado, 27 de julio de 2013

Cine y Pediatría (185). “Tiempos de azúcar”, tiempos de amor edulcorado


Vivo en Alicante, una provincia de cine en su máxima expresión. Quizás `por ello, en el año 2005 se decidió crear los Estudios Cinematográficos “Ciudad de la Luz”, con el objetivo de convertirse en claro referente de la industria audiovisual internacional. Lo cierto es que cuando llega el verano, brotan sus tres festivales de cine en la provincia: en junio el Festival de Cine de Alicante (al que tanto debe “Cine y Pediatría” y en donde hemos presentado nuestros dos libros en las ediciones de 2012 y 2013) y en julio el Festival Internacional de Cine Independiente de Elche y el Festival de L´Alfàs del Pi.

Y este año, precisamente, acaba de celebrar sus bodas de plata el Festival de L´Alfàs del Pi, desde que en lejano 1989 el guionista y director alfasino, Juan Luis Iborra, se decidiera a crearlo. Desde hace muchos años acudimos en familia puntualmente a este pequeño pueblo de la Marina Baixa de Alicante a disfrutar del sabor del cine en primera persona. En honor de los buenos momentos que nos ha regalado este festival y en honor de su director, Juan Luis Iborra, dedicamos la entrada de hoy a su película más personal y parcialmente autobiográfica: Tiempos de azúcar (2001).

Tiempos de azúcar es una historia de amor imposible ambientada en la provincia de Alicante, en los paisajes que vivió en su infancia y en torno a la cultura mediterránea. La película fue rodada en distintas localidades de la Marina Baixa: Alfàs del Pi, Altea, Polop y Benidorm. Los días de rodaje supusieron una gran emoción para él y para todo un equipo que vivió unas semanas llenas de magia. Y pasado el tiempo, muchos actores y técnicos que trabajaron en ella, siguen diciendo que fue uno de los rodajes más especiales en los que habían participado. Tiempos de Azúcar supuso un paso muy importante en su carrera como director y para ello contó con Susana Prieto como coguionista, con Luís Ivars como responsable de una banda sonora muy especial y con un reparto espléndido (ente ellos, María Adánez, Carlos Fuentes, Charo López, Elisa Matilla, Roberto Álvarez y, como es habitual en él, con su mujer Verónica Forqué).

Dos grandes pasiones han marcado la vida de Miguel desde niño: la entrega a su profesión y el profundo amor por Ángela. Cuando sólo tenía 7 años empezó a ayudar a su madre viuda en la empresa familiar (la pastelería) y convirtió su oficio, lleno de entrega y amor, en algo más que hacer pasteles. Con el paso del tiempo, consiguió hacer del pequeño obrador un negocio próspero y rentable, en donde su hermana menor le ayudaba tras la prematura muerte de su madre. En el amor por Ángela tuvo menos éxito: vecinos (puerta con puerta) y amigos inseparables, el tiempo hizo que esa amistad que se nos narra de niños y de adolescentes, se fuera tiñendo de amor imposible en la juventud y que se mantuviera toda la vida. Miguel (Carlos Fuentes de adulto) nunca se atrevió a confesar a Ángela (María Adánez de adulta) sus sentimientos por temor a cortar sus sueños de libertad, su deseo de triunfo y su necesidad de trasladarse a una gran ciudad llena de maravillosas posibilidades. Miguel calló por amor y ella sintió pasar su vida al lado de otra persona. Muchos años más tarde, como si de una pequeña versión de "El amor en tiempos del cólera se tratara", ya entrando en la madurez, Miguel y Ángela se confiesan sus verdaderos sentimientos. Pero, aunque a veces es tarde para echar marcha atrás, lo cierto es que en Tiempos de azúcar la provincia de Alicante se convirtió en un pequeño Macondo de Gabriel García Márquez, gracias al sentido y sensibilidad de Juan Luis Iborra.

Preciosa película romántica, sólo aconsejable para quien esté dispuesto a ser transportado por la historia de una película llena de valores (aunque sean valores edulcorados alrededor de la omnipresente pastelería) y de sentimientos (ternura, sensibilidad, cariño, amistad, amor, vida, muerte….) que se expresa durante toda la vida de los personajes y durante toda la película: que comienza por la inocencia entre dos niños, continúa por el descubrimiento de la adolescencia y termina en la más racional madurez.
Cuenta con un guión lleno de escenas y frases con azúcar y con canela, recién sacadas del obrador de la pastelería de Miguel: "Jamás diría ni haría nada que te impidiera ser feliz", “Te voy a regalar el primer amanecer del año”, "¡ Te quiero ¡. A veces es bueno decir éstas cosas en voz alta". Pero por encima de todo, destaca la carta final de Miguel a Ángela, en una de esas frases y finales difíciles de olvidar: “Querida Ángela: Te vi nacer y, desde ese momento, formaste parte de mi. Por miedo a romper la magia que nos unía, me conformé con ser el testigo mudo de tu felicidad. Hace un rato, en el faro, nos hemos entregado con la ternura y la pasión de toda una vida. En realidad me has pertenecido siempre desde el principio del tiempo y hasta el final del tiempo. Maravillosos tiempos de azúcar. Te quiero”.

Lo dicho, una película que a algunos le puede parecer un pastel, demasiado azucarada. Lo cierto es que es una película que ronda siempre alrededor de una pastelería, como esas películas en que buscan su leit motiv alrededor de la gastronomía: El gran restaurante (Jacques Besnard, 1966), La grande bouffe (Marco Ferreri, 1973), Tampopo (Juzo Itami, 1985), El festín de Babbete (Gabriel Axel, 1987), El cocinero, el ladrón, su esposa y su amante (Peter Greenaway, 1989), Delicatessen (Jean-Pierre Jeunet y Marc Caro, 1991), Como agua para chocolate (Alfonso Arau, 1992), American Cuisin (Jean-Yves Pitoun, 1999), Chocolat (Lasse Hallström, 2000), Vatel (Roland Joffé, 2000), Deliciosa Martha (Sandra Nettelbeck, 2001), Un toque de canela (Tassos Boulmetis, 2003), Charlie y la fábrica de chocolate (Tim Burton, 2005), Fast Food Nation (Richard Linklater, 2006), Ratatouille (Brad Bird, 2007), Estómago (Marcos Jorge, 2007), Sweeney Todd (Tim Burton, 2007), Fuera de carta (Nacho G. Velilla, 2008), El pollo, el pez y el cangrejo real (José Luis López-Linares, 2008), Dieta mediterránea (Joaquín Oristrell, 2009), Julie y Julia (Nora Ephron, 2009), Soul Kitchen (Fatih Akin, 2009), Bon Appétit (David Pinillos, 2010), Toast (S.J. Clarkson, 2010), Jiro, sueños del sushi (David Gelb, 2011), La cocinera del presidente (Christian Vincent, 2012), entre otras. Porque hay películas e historias que alimentan también el alma.

Lo dicho, Tiempos de azúcar nos habla de tiempos (de la infancia, adolescencia, juventud y madurez) de amor edulcorado. Porque a veces es bueno endulzar la vida y hoy lo hacemos con una película cien por cien alicantina. Sea como sea, cuando Tiempos de Azúcar se pasó por TVE en el 2004, ese año fue la película española mas vista: a lo mejor, y no lo sabemos, nos gusta más el dulce que el salado…

 

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Acabo de verla. Sencilla, fácil de entender...........muy dulce......y muy bonita historia de amor. Carlos fuentes esta perfecto, un papel precioso. Me ha encantado.

Miguel Maravilla dijo...

De lo mejor que he visto. Parece como una mezcla entre Verano Azul y Cuéntame