sábado, 16 de agosto de 2014

Cine y Pediatría (240). “El cielo es real” y nos muestra una experiencia cercana a la muerte


En el año 2010 apareció un libro que no dejó indiferente a nadie, a los que lo compraron y recomendaron y a los que lo leyeron y criticaron. Bajo ese hecho, la novela titulada “Heaven is for Real: A Little Boy's Astounding Story of His Trip to Heaven and Back”, se convirtió en todo un best seller y llegó a ser número 1 del New York Times. Con más de 10 millones de ejemplares vendidos en todo el mundo, ya ha sido traducida a 35 idiomas y acaba de estrenarse su versión cinematográfica, bajo la misma polémica. 

La novela está escrita por Tod Burpo y Lynn Vincent y narra la experiencia cercana a la muerte de Colton, el hijo menor de Tod Burpo, quien por entonces contaba con 4 años de edad y sobrevive milagrosamente a una crítica operación de apendicitis con peritonitis y shock séptico de origen intestinal. Corría el año 2003 y Tod Burpo, empleado de una empresa de puertas de garaje, bombero voluntario y pastor de la comunidad de un pequeño pueblo agrícola en Nebraska, y su mujer, piden a los amigos y a su comunidad que recen por su hijo, que se halla entre la vida y la muerte. El niño sobrevive y, en los meses siguientes, Colton comienza a revelar inquietantes recuerdos de la intervención que dejan asombrados a sus padres, pues habla de un viaje de ida y vuelta al cielo de tan sólo tres minutos, a un lugar de una paz y una calma indescriptible donde mantiene contacto con Jesús, con ángeles y seres humanos ya fallecidos. El padre, escéptico al principio, va tomando conciencia durante los años siguientes, a medida que Colton le da detalles de su breve estancia en el cielo y las personas (algunos familiares) que allí conoció. 
En la actualidad Colton tiene 14 años, pero todavía recuerda aquel cielo en el que abundan los colores, las personas y los animales, mientras su historia ofrece un mensaje esperanzador que ha conmovido a millones de lectores en todo el mundo. Y sigue marcado por aquellas vivencias: ”Puedes creer lo que quieras, pero yo sé lo que vi”, afirmó tras la presentación del libro “Heaven changes everything”, continuación del “Heaven is for real”. 

Y es así como Tod Burpo se ve con el valor suficiente para hacerlo público al mundo, e incluso publicarlo, y para ello se alía con la experiencia del periodista y novelista Lynn Vincent. El libro ha recibido fuertes críticas, no sólo de los ateos por manipular el cielo, sino también de los cristianos, por ser anti-bíblico y no utilizar la mejor teología. Y es así como Randall Wallace, guionista nominado al Oscar por Braveheart (1995) y director de películas como El hombre de la máscara de hierro (1998) o Cuando éramos soldados (2002), se convierte en el encargado de un difícil cometido: trasladar en formato de película este drama conmovedor y algo edulcorado sobre la existencia en el más allá (dentro de las creencias de la fe cristiana) y la película se ha venido a llamar como El cielo es real (2004). 

La película comienza con dos imágenes, dos localizaciones y dos frases: “Lituania, en la actualidad” y “Nebraska, en la actualidad”. En la primera escena una niña lituana pinta con trazos muy seguros sobre un lienzo, pinta un rostro del que sólo vemos unos ojos de color verde y poco más (el retrato, terminado al final de la película, nos explicará algo más). En la segunda escena, ya en Nebraska, nos inicia el relato que nos atañe, en donde se nos presenta a la familia Burpo: el padre, Tod (Gred Kinner, también padre en una película emblemática en “Cine y Pediatría” como Pequeña Miss Sunshine), la madre, Sonja (Kelly Reilly), la hermana mayor y el pequeño Colton (Connor Corum, el niño rubio y de ojos azules que buscaban los productores).
Porque El cielo es real nos acerca a esa América profunda de un pequeño pueblo agrícola de Nebraska llamado Imperial, de apenas 2000 habitantes, donde se viven ciertas normas y valores, entre ellos la religión. Pero la aparente normalidad del pueblo y sus personajes nos aproxima más cerca al idílico mundo de Qué bello es vivir (Frank Capra, 1946) o Campo de sueños (Phil Alden Robinson, 1989) que a otras propuestas más comprometidas como Las uvas de la ira (John Ford, 1940) o Nebraska (Alexander Payne, 2013). Ahora bien, Randall Wallace no es Frank Capra, Phil Alden Robinson, John Ford o Alexander Payne, por lo que algunos han comentado que es la película ideal para compartirla una tarde con el grupo de catequesis o después de una sesión de góspel. Lo cierto es que, sin poner en duda la veracidad de lo ocurrido, estamos ante una película familiar directamente pensada para tocar la fibra emocional sobre una experiencia cercana a la muerte (hay varias más en la literatura) donde se nos plantea el dilema entre el miedo a creer y la necesidad de sentir. Y con ese dilema nos queda la melodía del “We will rock you”, la mítica canción de Queen, casi como leit motiv, y las palabras de Tod Burpo en una de sus homilías ante la comunidad: “Dios es amor, tanto en el cielo como en la tierra…”.

Y al final de la película vemos finalizado el cuadro que pintaba la niña lituana, un retrato titulado “El príncipe de la Paz”. Y Colton reconoció sin duda alguna el rostro. Y con ello se unen las dos historias: la de nuestro pequeño protagonista y la de esta niña de ocho años llamada Akiane Kramarik, pintora prodigio, hija de una familia no creyente, educada sin religión en Idaho (aunque su madre es de Lituania). Los dos, Cotton y Akiane, no se conocen, nunca se han tratado, pero de forma inquietante y sorprendente comparten las mismas experiencias espirituales sobre ese Jesús de ojos verdes, que rompe con toda la iconografía tradicional.

No es fácil trasladar al papel o a la pantalla experiencias de estas características. Pero la debilidad de la obra no debiera debilitar la oportunidad del testimonio. Y siempre los hay y a nuestro alrededor: experiencias de hijos y experiencias de padres. Por ejemplo, en este mes de agosto se ha cumplido el noveno año del fallecimiento de Irene Megías, una preciosa adolescente de 17 años cuya vida quedó truncada en menos de 24 horas por una sepsis meningocócica. Quien tenga la suerte de conocer a Jorge Megías, su padre, como yo lo conozco y tener oportunidad de conocer su experiencia vital y su obra, la Fundación Irene Megías contra la Meningitis, podrá sumarse a la afirmación de que el cielo es real…