sábado, 20 de febrero de 2016

Cine y Pediatría (319). ¿En qué lado de la estadística te encuentras... "ma ma"?


Julio Medem es un director vasco cuyo apellido es un palíndromo, casi como su cine. Un cine de universos casi cósmicos, símbolos de mundos plegados en sí mismos con el nexo de los contrarios, allí donde sus relatos se enfrentan a la vida, a la muerte y al amor. Desde su primera película, Vacas (1992) hasta la última, ma ma (2016) que hoy nos convoca, nos ha dejado cintas de corte romántico como La ardilla roja (1993), Tierra (1996), Los amantes del círculo polar (1998) o Lucía y el sexo (2000) y otras más experimentales como Caótica Ana (2007) y Habitación en Roma (2010). A diferencia, no obstante, de sus anteriores trabajos, aquí en ma ma Medem trata de sostener su relato de vida, muerte y amor como el nexo de ambos contrarios a partir de una historia más terrenal, cotidiana y común. Dos almas pierden el rumbo en dos momentos críticos de su vida en que su vida coincide y ello es el motivo para poner en escena sempiternas cuestiones: la familia, la pareja, los hijos, el sentido de la vida. De eso y mucho más versa ma ma (en mínúscula y separado), una obra con algunas sombras, pero con muchas luces, igual que los frecuentes fundidos en blanco de la película.

La película comienza con una niña caminando desde lo lejos sobre la nieve y, cuando alcanza su primer plano, aparecen sobreimpresas en la pantalla las palabras "ma ma". Y a continuación la primera frase de la película que ya nos marca el camino: "Cuándo se notó ese bulto?" le dice el ginecólogo a la paciente. Y tras la tensa espera en la sala de mamografías, la pregunta de ella: "¿Qué porcentaje de mujeres tienen cáncer de mama?" y la respuesta del médico: "Una de cada ocho están en riesgo".
Poco a poco reconocemos a nuestra protagonista, Magda (Penélope Cruz en estado de gracia), una joven madre que vive dos pequeños varapalos: su marido se acaba de marchar a pasar el verano con una joven alumna y acaba de perder su trabajo como maestra. Y ahora recibe la noticia de que padece una cáncer de mama, y todo son dudas, temor y preguntas: "¿Y qué significa estadio III?", "¿No me va a dejar ni el pezón, ni como un recuerdo?", "¿Y por qué iba a pasarme al lado bueno de la estadística...?".
Con todo el dolor a cuestas, Magda acude a ver a Dani (Teo Planell), su único hijo de 10 años, al partido de fútbol, pues es su gran afición. Y allí conoce a Arturo (Luis Tosar, siempre grande), un ojeador del Real Madrid, quien en ese momento recibe una trágica noticia: un grave accidente de tráfico provoca la muerte de su hija y de su mujer. Es el encuentro de dos personas tocadas por el dolor que fundamenta su relación a partir de estructuras geométricas y que dibujan esas conexiones invisibles que tanto le gustan al director. Y se activa en la película un juego constante de paralelismos y antagonismos y que activan una dinámica de la atracción que les acaba convirtiendo en pareja: "Hemos venido a estar juntos, a acompañarnos". Una nueva familia, una nueva vida. Y, en breve, Magda vivirá en ella misma la lucha entre dos estados contrarios: se queda embarazada, y con ello su cuerpo alberga tanto el tumor que la puede llevar a la muerte, como la nueva vida de la hija que ha engendrado con Arturo, y a quien le dice "Es una niña. Es mi regalo para Dani y para ti".

Durante la película acompañamos a Magda en la historia de una mujer con cáncer de mama: la sistemática aplicación de la quimioterapia en el Hospital de Día, los primeros signos de alopecia y el inicio de la distorsión de la imagen corporal (se llega a rapar la cabeza y le comunica a su marido por teléfono: "Por cierto, ahora no so y morena; ahora soy calva"), el paso por el tubo de resonancia, la mastectomía radical y su propia visión mutilada en el espejo, el rechazo de su hijo ante la enfermedad (a Dani le cuesta mirar a los ojos a su madre y, además, tiene que criarse entre dos padres), el valor de un simple peluca, las revisiones ginecológicas... y la temida recaída, en esta ocasión la palabra fatídica de la estadística: "Ya no es curable. Es un estadio IV avanzado". Y entonces surgen de nuevo muchas preguntas en Magda: "¿Cuánto tiempo me queda?", "¿Y quién se lo va a decir al niño?".

Perdón, esperanza, fe, vida y muerte se dan cita en esta película que avanza en su nudo gordiano, tan inverosímil como asombrosamente real, y donde Medem se otorgar el derecho de posibles excesos, en compañía de la fotografía de Kiko de la Rica y la música de Alberto Iglesias: el personaje de Julián, el ginecólogo perfecto, con una empatía casi excesiva que le lleva a cantar a su paciente, la referencia al partido de la Final de la Eurocopa 2012 (con ese mítico España 4 - Italia 0), las recurrentes referencias al corazón latiendo (distintos latidos en momentos puntuales de la historia) y la niña que vimos al inicio de la película y que aparece como una foto en el mesa del despacho de Julián (una niña de nombre Natasha y que quiere ser adoptada).

Es ma ma una de las pocas películas que uno recuerda que la sanidad (pública y privada) salen tan bien parada, así como los propios sanitarios, con médicos y enfermeras empáticos, asertivos, que proporcionan una adecuada información al paciente y que se ponen en el lugar del paciente, con esa frase tan significativa de la enfermera, "No tengas miedo", y esa dedicatoria del ginecólogo, "Por todo lo que nos has dado y lo que nos vas a dejar".

Y es ma ma un drama que se aproxima a la muerte para proclamar bien alto su reivindicación de la vida, y es algo más que una historia que nos habla del cáncer de mama. Baste recordar la grabación que Magda le deja a la hija que va a nacer y a quien dedica el nombre de Natasha, la niña nunca adoptada y que sigue pasando frío en Siberia, una grabación que es todo un palíndromo: "Vamos rectas, juntas, tú con mi principio y yo con mi final". Y esa dedicatoria que le dedican a Magda en el primer cumpleaños junto a Arturo: "Eres nuestra vida. Natasha, Dani y Arturo". Y Arturo le dice "Tus hijos son mis hijos" y Magda le responde "Y tú eres mi único Dios".

La canción final que Julián le dedica resume parte de esa reivindicación a la vida: "Hablar, pensar, soñar, llorar, luchar, reír, sentir, amar, sufrir,... eso es vivir". Y un fundido final en blanco y una dedicatoria: "A las mujeres".

En el mundo occidental el cáncer de mama es el más frecuente en la mujer (en el hombre es el cáncer de próstata y en ambos sexos, el cáncer colorrectal). La supervivencia global a los cinco años en el cáncer de mama es del 60 %, pero depende del estadio clínico: 82% en estadio I, 70% en  estadio IIB, 65% en IIA, 47% en IIIB, 44% en  IIIA y al final solo un 15% en estadio IV. Y ese es el lado más trágico de la estadística, saber dónde nos encontramos y cómo un porcentaje afecta a la persona, a su entorno familiar y a sus hijos.