sábado, 6 de febrero de 2021

Cine y Pediatría (578). “La vida por delante” para lograr la redención

 

Comencemos por donde comienzan algunas películas: por su novela. Y ello nos lleva a comenzar nuestro relato con un escritor (también diplomático) francés de origen judío-lituano, por nombre Romain Gary, un hombre políglota y de mundo que hablaba y escribía correctamente francés, inglés, ruso y alemán, además de comprender polaco, español, italiano, lituano y yídish. Un escritor que cabe reivindicar para los que, como yo, desconocíamos a este novelista que se escondió entre los seudónimos de Émile Ajar, Fosco Sinibaldi y Shatan Bogat. Y del que cabe decir que es el único escritor en la historia que ha ganado dos veces el Premio Goncourt, uno de los más prestigiosos premios literarios de Francia. 

La trayectoria literaria de Romain Gary (con o sin seudónimos) abarca unos treinta libros, novelas, relatos, ensayos y memorias, además de guiones de cine, medio en el que llegó a dirigir dos películas protagonizadas por su segunda mujer, Jean Seberg (quien fuera un verdadero icono de la Nouvelle Vague, inolvidable en películas como Al final de la escapada – Jean-Luc Godard, 1960 – o Lilith – Robert Rossen, 1964 -). El nombre de Romain Gary figura en los créditos de una veintena de películas, telefilmes y series de televisión, en calidad de guionista, argumentista, director o actor. Y una de esas películas es la que hoy nos convoca, La vida por delante (Edoardo Ponti, 2020), basada en su novela del año 1975, “La vie devant soi”, firmada como Émile Ajar y uno de los Premios Goncourt (el otro lo obtuvo en 1956 por “Les racines du ciel”). 

¿Y qué tiene de especial esta historia? Pues posiblemente la capacidad de mostrar el desamparo en el que se encuentran los niños y los ancianos en los barrios más pobres de las ciudades (en la novela centrada en París), y como lo narra reclamando la humanidad, el respeto y el valor a aquellas culturas y religiones diferentes, porque lo importante ante todo es lo que nos une y eso es la condición humana: todos vivimos bajo la misma ley de la naturaleza, nacemos y envejecemos, y en el camino, sobrevivimos y nos redimimos. Y nos cuenta la historia de Momo, ese niño huérfano senegalés que actúa de narrador, y su especial relación con esa vieja exprostitua judía, por nombre Madame Rosa,  y todo un elenco de personajes de distintas nacionalidades y religiones. 

Y es en el año 2020 cuando Edoardo Ponti logra convencer a su madre, Sophia Loren, para que se convierta en Madame Rosa y traslada la historia a la ciudad de Bari, capital de la bella región de Apulia, el talón de la “bota” de Italia. Y consigue convencerla a sus 86 años, porque la más internacional de las maggioratas llevaba desde la década de los 90 fuera de los focos del Hollywood y del cine europeo que conquistó, aunque la vimos esporádicamente en la película Nine (Rob Marshall, 2009). Y así como Sophia Loren tuvo en su juventud a su marido Carlo Ponti como su verdadero Pigmalión, es en su senectud cuando su hijo logra ocupar este papel y la dirige en tres películas: Entre extraños (2002), Voce Umana (2014) y la actual, La vida por delante. Por cierto, cabe decir que esta película es la segunda adaptación de la novela “La vie devant soi”, pues la primera se tituló Madame Rosa (Moshé Mizrahi, 1977) con Simone Signoret como protagonista y que se alzó ya entonces con el Oscar a Mejor película de habla no inglesa. 

Y la película comienza con esta reflexión en off de un niño: “Dicen que todo está escrito, que no podemos cambiar. Yo quiero cambiarlo todo. Quiero volver al principio, cuando nada estaba escrito…” Y la acción se traslada a seis mese atrás, cuando se nos presenta el protagonista: “Tengo 12 años. Me llamo Mohamed, pero me llaman Momo. Soy huérfano. De niño, Servicios Sociales dieron mi custodia al doctor Coen. Trabajaba en casa y siempre había pacientes. Él decía que debía portarme como los demás niños, para no acabar mal. Pero yo no quiero ser como los demás”. Y así ocurre, pues el primer encuentro de Momo (gran debut de Ibrahima Gueye) con Madame Rosa es robándole en un mercado unos candelabros, y luego es cuando el Dr. Rose (Renato Carpentieri) le pide que se quede un mes en su casa, allí donde ella tiene ya recogidos a Iosif, un niño de origen hebreo, y a Babú, un niño de origen español, hijo de la travesti Lola (Abril Zamora). A la casa de Madame Rosa la conocen por ello ya como “el refugio”, pero ella intenta rehusarlo: “Ni hablar. Eso se acabó. No quiero más hijos de prostitutas en casa. He cuidado a muchos y he arriesgado mucho en esta vida. Pero las prostitutas siempre nos ayudamos. Mejor que los Servicios Sociales”

En ese nuevo y temporal hogar, Momo continúa al servicio de un traficante de drogas, mientras Madame Rosa intenta que trabaje en la tienda de Hamil, un musulmán que le da grandes consejos: “En El Corán el león simboliza la fuerza, la paciencia y la fe. Tú tienes fe, ¿no? La fe es como el amor. Un musulmán debe recordarlo”. Y también cuando le dice “Te hablé de Los Miserables, ¿no? De cómo Víctor Hugo nos enseña que todo es relativo. Sobre todo, el bien y el mal. Depende de las personas que conoces y de cómo los escuchas?”

Y es así como La vida por delante se nos presenta como una historia de amistad y tolerancia entre edades, razas y religiones, pero también de soledades y de redención. La soledad de Madame Rosa con sus niños de acogida, sus recuerdos y su secreto, la soledad de Hamil entre sus alfombras y sus libros, la soledad de Momo, quien sueña con esa leona que le cuida y con la que juega, como expresión del afecto y amor familiar que se le ha negado. Y a medida que transcurre la historia, llega el progresivo deterioro mental de Madame Rosa, quien cada noche sigue bajando al sótano de la casa a rememorar sus vivencias en Auschwitz, cuyas trágicas marcas del holocausto aún permanecen tatuadas en su piel y en su cabeza, mientras añora el recuerdo de las flores amarillas de las mimosas de su niñez. 

La vida por delante nos enfrenta, por enésima vez, a esas ciudades donde la soledad y las dificultades se ceban en muchas personas alrededor de la prostitución, la drogadicción, el pillaje, las familias disfuncionales con hijos sin rumbo, los inmigrantes en condiciones de inseguridad. Y es en estos ambientes donde se registran historias espontáneas de heroísmo (casi sin querer) donde personas como Madame Rosa se dedican a la solidaridad y al servicio de otros más necesitados. Y en este contexto, se nos cuenta una preciosa historia de redención de cada uno de sus protagonistas, especialmente de Momo…a quien aún le queda una vida por delante. 

Quién sabe si esta será la última (o la penúltima) película de Sophia Loren, pero nos deja claro (por si alguien tenía alguna duda) que fue y es una maravillosa actriz, que trasciende totalmente la belleza física. Ella sigue siendo una leona de la interpretación, como esa leona con la que sueña Momo, y aún ruge en el ocaso de su vida artística. Porque en La vida por delante, Loren es presencia y reclamo, centro de casi todas las cosas en la película. Y la canción final de Laura Pausini, por título “Io si”, actúa como un perfecto colofón.

 

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