jueves, 15 de abril de 2010

Que nadie se escandalice por la eficiencia… bien planteada


El pediatra de a pie (todo médico, en general) no se encuentra cómodo con los “dineros”. Pero la barrera entre médicos y gestores debe tender a desaparecer (se entiende que respetando cada uno de los campos de actuación). Así como nos gusta que los gestores conozcan el mundo de la medicina (para tomar decisiones más fundamentadas y realistas), también es lícito pensar que los médicos conozcamos el mundo de la gestión clínica (para tomar decisiones más eficientes). Porque el concepto “coste oportunidad” es uno de los términos con mayor contenido bioético al que nos enfrentamos cada día en la práctica clínica. La micro, meso y macrogestión en sanidad tiene que transformarse en un “continuum” incorporado a nuestra asistencia clínica sin estridencias.
Hoy se publica en el País un reportaje bajo el título “La relación entre coste y efectividad marcará los nuevos servicios sanitarios”
cuyos comentarios (de toda índole) no se han dejado esperar. Este artículo se enmarca en una serie de reportajes futuros sobre “La sostenibilidad del Estado de bienestar”, teniendo en cuenta que España tiene una de las carteras de servicios más amplias de la Unión Europea.

Como opina Albert Jovell, presidente del Foro Español de Pacientes, "tomar decisiones en función de la efectividad de las prestaciones es complicado… Ponerle precio a una vida es complicado". Apoyo su propuesta de una “medicina basada en la afectividad” (MBA)
como complemento y sustento de una “medicina basada en la eficacia, eficiencia y efectividad” que engloba el entorno de la medicina basada en la evidencia (MBE), paradigma polémico donde los haya (apoyado con frenesí en ocasiones, vilipendiado en otras, con mesura en pocas).
Las palabras del secretario general de Sanidad, José Martínez Olmos, en el artículo del País no me provocan espanto, sino esperanza (otra cosa es que se traduzca en realidad, tiempo al tiempo). Esperanza porque se intuye que también desde las alturas de la política sanitaria se difunde que hacer más no siempre es hacer mejor (aplicado a los cribados el artículo entona conceptos claves como la relación beneficio-perjuicios y el peso de los falsos positivos o fenómeno de etiquetado) y el concepto de efectividad bien entendido (las agencias de evaluación de tecnologías sanitarias revisarán las prestaciones existentes en relación con criterios de calidad, coste y efectividad y en casos dudosos, más que denegar su entrada, se negociará si su precio es el adecuado en base al beneficio que aporta).

En Pediatría esto nos afecta directamente y todos tenemos en mente pruebas de cribado innecesarias (perpetuadas en el tiempo, que consumen tiempo y recursos) e intervenciones terapéuticas de dudosa eficacia y elevadísimo coste que merecen un reanálisis desde instancias sanitarias superiores. Porque es una responsabilidad de todos gastar bien el dinero para mejorar la salud de la población.