viernes, 25 de junio de 2010

Un paso más en la educación sexual de los jóvenes


La adolescencia es ese periodo durante el cual los chicos y chicas caminan por la cuerda floja y al final la mayoría llegan al otro lado indemnes, pero ¿que contribuye a que no se caigan?
Ríos de tinta corren acerca de esta pregunta. ¿Como contribuir a que los jóvenes no sean adictos al tabaco, tengan problemas con el alcohol y las drogas, tengan relaciones sexuales que no conlleven infecciones o embarazos no deseados, no sufran accidentes?

En cuanto a las relaciones sexuales, para prevenir los riesgos que conllevan, se han llevado a cabo programas de educación sexual. A pesar de esto, en los países occidentales, las consecuencias no deseadas de las relaciones sexuales durante la adolescencia, como los embarazos no deseados y las infecciones, se han incrementado.
Parece que la educación sexual impartida de forma aislada, aunque tiene cierta eficacia para prevenir los efectos no deseados a corto plazo, es insuficiente. Debido a esto, se han desarrollado programas dirigidos a fomentar otros factores de protección en la familia, la escuela y la comunidad.
Estos son los llamados "programas de desarrollo positivo" de los jóvenes. Una amplia revisión de los existentes y de su eficacia se puede consultar en el Journal of Adolescent Health, que también se ha publicado en Evidencias en pediatria.

Estos programas contribuyen a desarrollar relaciones positivas con los miembros del entorno (connectedness); habilidades interpersonales para integrar sentimientos, pensamiento y acción para lograr objetivos, habilidades sociales de comunicación y resolución de conflictos (social competence); la capacidad de identificar y responder a los sentimientos de uno y de los otros (emotional competence); la capacidad de resolver conflictos, tomar decisiones comprendiendo las normas sociales y tener un rendimiento académico adecuado (cognitive competence).

Como no podía ser de otra forma, es preciso evaluar si los programas que promueven los aspectos descritos son eficaces. Y los autores de la revisión de los programas existentes encuentran que si, lo que incluye que deben ponerse en marcha desde los primeros años de vida.
Todo esto no es nuevo, y ya nos lo contaba hace 10 años Felix Lopez en "Para comprender la vida sexual del adolescente", lectura imprescindible para educadores en general.

En definitiva, los adolescentes tienen relaciones sexuales y el proporcionarles una formación que les ayude a desarrollar habilidades en el presente y plantearse objetivos de futuro, les puede facilitar la toma de decisiones que les sean beneficiosas, en cuanto a tener menor número de parejas sexuales, retrasar la primera relación coital, utilizar medidas preventivas (preservativos y anticonceptivos) y tener menos embarazos.
Así pues el investigar y desarrollar programas que implementan los factores de protección descritos, añade un nuevo reto a las actividades preventivas con los adolescentes. Sin duda contribuyen a considerar al joven de una manera integral, como sujeto capaz de tomar decisiones que le beneficien, y no únicamente como mero reproductor/aplicador de unas normas dictadas por los adultos.