sábado, 23 de octubre de 2010

Cine y Pediatría (41). “Abel” crítica la paternidad irresponsable


Viajamos a Méjico, un país con una amplia filmografía, pero que hoy en día se encuentra representado principalmente por tres cineastas chicanos para el mundo, que iniciaron sus pasos en su país, pero que su éxito les trasladó a Gringolandia: Alfonso Cuarón triunfó con Y tu mamá también (2001) y fue llamado para dirigir Harry Potter y el prisionero de Azkaban (2004); Guillermo del Toro ha desarrollado dentro y fuera de su país su pasión por el cine fantástico, desde Cronos (1993) hasta Hellboy (2004 y 2008), pasando por Mimic (1997) o el Laberinto del fauno (2006); y Alejandro González Iñárritu quien, tras impactar en su debut en su país con Amores perros (2000), viajó a Hollywood (eso sí, rodeándose de los suyos: el guionista Guilermo Arriaga o el director de fotografía Rodrigo Prieto) para grabar 21 gramos (2003) y Babel (2006) y completar su “trilogía de la muerte”. Curiosamente, los tres son amigos y se han reunido para crear una productora llamada Cha Cha Cha Films.

Y a nivel de actores mejicanos, los dos más conocidos en estos lares son Gael García Bernal y Diego Luna, quienes saltaron al estrellado precisamente con la película Y tu mamá también, junto con nuestra Maribel Verdú. Ambos son amigos y se unieron para crear la productora Canana Films, con el objetivo de apuntalar la producción latinoamericana y apoyar a los nuevos realizadores. Uno de los primeros apoyos fue para el documental JC Chávez, acerca del legendario boxeador mexicano Julio César Chávez, opera prima de Diego Luna en el corto en el año 2007. Y es ahora, cuando este mismo actor ha dado el salto a la dirección de su primer largo: Abel. La historia del cine está repleta de actores que han dado el salto a la dirección, con mayor o menor éxito y con una trayectoria más o menos prolongada: algún caso ya hemos tenido oportunidad de comentarlo en el blog y otros siguen maravillando pese al paso del tiempo (como el legendario Clint Eastwood, un caso excepcional).

Abel ha sido muy aclamada en su país, una película de difícil catalogación y mezcla de géneros (entre el drama y la comedia) sobre la problemática de una familia rota por la marcha del padre y cuyo protagonista principal es un niño de 9 años (Christopher Ruiz-Esparza, en una actuación de mérito para un niño que debuta ante las pantallas) afecto de un trastorno del comportamiento que bien podría encuadrarse como un trastorno generalizado del desarrollo / trastorno del espectro autista, aunque queda en el aire si su comportamiento es secundario a un trauma psicológico por la partida de su padre (quien huyó a los Estados Unidos dos años antes). Abel está interno en un hospital psiquiátrico e intuimos como rasgos esenciales su mutismo, tendencia al aislamiento, las estereotipias (pinta círculos compulsivos en su mano) y episodios de autoagresión. Su madre, que vive sola, quiere que vuelva a casa un tiempo, convencida de que reunirle con su hermano y su hermana podría ayudar en su situación. En una pirueta de guión (que no acaba de funcionar del todo) Abel asume el papel de padre y, como si fuera un adulto intenta paliar las deficiencias emocionales que deja en los componentes de una familia la falta de la figura paterna. La madre y los hermanos le siguen la corriente para no causarle mayores daños, pero el regreso del verdadero padre plantea situaciones paradójicas.

La película se ha paseado con éxito de crítica en los festivales de Sundance y Cannes y con mayor éxito de público en Méjico (una de las más rentables en la historia del país azteca), de forma que el tándem Diego Luna (como director y coguionista) - Gael García Bernal (como productor, junto a John Malkovich) sigue triunfando y convierte a Abel en un fenómeno mediático. Diego Luna apostó fuerte en su ópera prima en el largo, pues se atreve con un guión complicado y con una temática diferente a la habitual del cine mejicano actual y en la que (a diferencia de otras filmografías latinoamericanas) son pocos habituales los protagonistas infantiles como hilo conductor de un relato. Como explica el propio Luna, la película tiene algunos elementos autobiográficos: la figura materna es sumamente importante en la cultura mejicana; en parte se debe a que desde hace bastantes décadas los padres dejan a sus familias para ir a buscar trabajo en Estados Unidos.

Pero para abandonar a la familia ya no es necesario desaparecer “físicamente”, pues hay un tipo de abandono “emocional” mucho más habitual y que ocurre en demasiadas ocasiones y en todas las culturas. Los padres delegan en la madre gran parte del cuidado y la educación de los niños y éstos lo acusan. La figura del padre y de la madre son esenciales en el desarrollo cognitivo y emocional de los hijos. El tiempo (en cantidad y, sobre todo, en calidad) que empleemos con nuestros hijos es una de las mejores inversiones. La semana pasada poníamos el ejemplo de un padre ejemplar (Atticus Finch); hoy señalamos como Diego Luna critica la paternidad irresponsable en su película Abel. No desoigamos el mensaje, un mensaje emitido por un niño con rasgos autistas.