sábado, 18 de junio de 2011

Cine y Pediatría (75). Pequeños grandes actores de Hollywood en color



Los ojos de Liz Taylor nos sirvieron la semana pasada para hablar en clave de la transición del cine en blanco y negro, al cine en color. Desde sus orígenes el cine buscó los colores. Algunas cintas de Edison y Lumiére fueron coloreadas a la manera de tarjetas postales y retratos. Los primeros pasos se dieron en Inglaterra (Kinemacolor), en Estados Unidos (Technicolor) y en Alemania (Agfacolor). Consta que el primer largometraje realizado por completo en Technicolor tricomático fue La feria de las vanidades (Robert Mammoulian, 1935). A continuación se sucedieron los experimentos: Kodachcrome, Eastmancolor, Gevacolor, Ferraniacolor, etc.
Y con el color, Hollywood siguió dando pequeños actores, prolongación de los comentados la semana pasada.

-Ron Howard: con un año apareció en Frontier Woman (Ron Ormond, 1955) y con 9 años fue el hijo buscanovias de su padre en El noviazgo del padre de Eddie (Vicente Minnelli, 1963). El paso a la vida adulta le dejó una efímera vida como actor y también una significativa calva, pero le convirtió en uno de los directores más comerciales y diversificados, ya con un Oscar al mejor director en su poder en el año 2001 por Una mente maravillosa.

-Jodie Foster: su debut a los 10 años en Napoleon y Samantha (Bernard McEveety, 1972) dio paso a Alicia ya no vive aquí (Martin Scorsese, 1974) y a su gran revelación como Iris, la prostituta infantil de Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976), por la que ya fue nominada a Oscar a mejor actriz de reparto. Es un ejemplo paradigmático de cómo seguir en la cresta de la ola, tanto como actriz (dos Oscar a mejor actriz le avalan en Acusados de Jonathan Kaplan, 1988 y El silencio de los corderos de Jonathan Demme, 1991) como directora (El pequeño Tate, 1991; A casa por vacaciones, 1995; y, actualmente en cartel con El castor). Tiene fama de antipática y excesivamente intelectual y, en el anecdotario de Hollywood, cabe recordar que la persona que realizó en 1981 el atentado fallido contra Ronald Reagan alegó que con esto pretendía llamar la atención de Foster, con la que estaba obsesionado a causa de su interpretación en Taxi Driver.

-Tatum O´Neal: su debut a los 10 años fue de lujo, pues lo hizo junto a su padre Ryan O´Neal en Luna de papel (Peter Bogdanovich, 1973) y le valió ya el Oscar a la mejor actriz de reparto. Continuó con algunos papeles juveniles en la década de los setenta y luego su carrera tomó los derroteros menos recomendables, incluyendo la adicción a las drogas, su noviazgo con Michael Jackson, su matrimonio fallido con el tenista John McEnroe y una polémica autobiografía titulada "A paper life".

-Rick Schroeder: nos conquistó a los 9 años en Campeón (Franco Zeffirelli, 1979) y su fama infantil intentó prolongarse con El pequeño lord (Jack Gold, 1980) y El último vuelo del arca de Noé (Charles Jarrott, 1980). Posteriormente su vida se ha desarrollado entre teleseries (Policías en Nueva York la más conocida) y le han convertido en un sex simbol.

-Jennyfer Connelly: la niña que nos enamoró bailando con 14 años en Érase una vez en América (Sergio Leone, 1984) y que, poco después, nos llenó de ilusion Dentro del laberinto (Jim Herson, 1986) se ha catapultado como una bella y solvente actriz, con su cénit en el Oscar a mejor actriz de reparto en Una mente maravillosa (dirigida por el niño prodigio que hemos comentado al inicio, Ron Howard).

-Christian Bale: fue un descubrimiento de Steven Spielberg con 13 años en El imperio del sol (1987), pero su posterior aprendizaje en las tablas teatrales británicas le han convertido en un actor todoterreno con películas de la talla de American Psycho (Mary Harron, 2000) o El maquinista (Brad Anderson, 2004), y ha llegado a ser el mejor Batman de la mano de Christopher Nolan en Batman Begins (2005), El caballero oscuro (2008) o la próxima entrega en La rebelión del caballero oscuro (2012). Todo esto, paso a paso, hasta llegar a conseguir el Oscar al mejor actor de reparto este año con The fighter (David O. Rusell, 2010).

-Leonardo di Caprio: su papel de Jack Dawson en Titanic (James Cameron, 1997) pudo eclipsar algunos de sus papeles juveniles esenciales, como fue en Vida de este chico (Michael Canton-Jones, 1993) o el niño con retraso mental de ¿A quién ama a Gilbert Grape? (Lasse Hallström, 1993) y por el que fue ya nominado al Oscar a mejor actor de reparto. Su carrera se ha ido consolidando como un actor solvente que es mucho más que una cara bonita, y así lo demuestran otras dos nominaciones más a Oscar a mejor actor, tanto por su papel de Howard Hughes en El aviador (Martin Scorsese, 2004) como en Diamante de sangre (Edward Zwick, 2007).

-Lukas Haas: con 7 años debutó en Testamento final (Lynne Littman, 1983), pero fue el papel de niño amish en Único testigo (Peter Weir, 1985) el que le catapultó a una efímera fama. Desde entonces sigue en el cine, pero en papeles secundarios, aunque algunos hayan sido con directores de la talla de Woody Allen (Todo dicen I love you, 1996), Tim Burton (Mars Attacks!, 1996) o Christopher Nolan (Origen, 2010).

-Elijah Wood: con 8 años debutó en Regreso al futuro II (Robert Zemeckis, 1989) y en su infancia, adolescencia y juventud ha ido encarnando buenos papeles (como , por ejemplo, La tormenta de hielo de Ang Lee, 1997 o Todo está iluminado de Liev Schreider, 2005). Algo positivo en su trayectoria es que ser Frodo en la trilogía El señor de la anillos no le ha encasillado.

-Natalie Portman: debutó a los 13 años en la película francesa León (Luc Besson, 1994), pero es más recordada por la adolescente de Beatufil Girls (Ted Demme, 1996). Luego fue la Padmé Amidala de la precuela (en forma de trilogía) de La Guerra de las galaxias y, desde ahí, su paso es firme y sembrado de éxitos, con una primera nominación al Oscar a mejor actriz de reparto en Closer (Mike Nichols, 2001) y el irrebatible Oscar a mejor actriz este año en Cisne negro (Darren Aronofsky, 2010).

-Anna Paquin: otro estreno memorable con 11 años en El piano (Jane Campion, 1993), que le valió para ganar el Oscar a la mejor actriz de reparto. Pese a haber ganado el premio tan joven ha logrado mantener una carrera coherente (en el cine comercial e independiente, así como en televisión) y se la conoce por su discreción en torno a su vida privada, una trayectoria final bien diferente a Tatun O´Neal. Se la recuerda hoy en día especialmente por ser una de las mutantes de la trilogía sobre los X-Men.

- Kirsten Dunst: con 7 años participó en la historia Oedipus Wrecks dirigida por Woody Allen en 1989 dentro de la película Historias de Nueva York (los otros dos directores que colaboraron fueron Martin Scorsese y Francis Ford Coppola), pero fue la vampiresa Claudia de Entrevista con el vampiro (Neil Jordan, 1994) la que le encumbró. Avanza con paso firme, si bien su mayor fama hay que atribuirla a las películas realizadas con dos directores: Sofia Coppola (Las vírgenes suicidas, 1999 y María Antonieta, 2006) y Sam Raini (como Mary Jane Watson la novia de Spiderman en la trilogía de de los años 2002, 2004 y 2007).

-Scarlett Johanson: debutó con 10 años en North (Rob Reiner, 1994), pero fue dando pasos de gigante con El hombre que susurraba a los caballos (Robert Redford, 1998), Ghost World (2001) y Lost in translation (Sofia Coppola, 2003), hasta convertirse en una de las actrices más cotizadas, amén de una sex symbol.



La lista puede ser interminable. Muchos actores que hoy reconocemos han debutado en su infancia: Ben Affleck, Jessica Alba, Michael J. Fox, Heather Graham, Jake Gyllenhall, Ethan Hawke, Helen Hunt, Shia LaBeouff, Diane Lane, Juliette Lewis, Tobey Macguire, Joaquin Phoenix, Emmy Rossum, Kurt Russell, Wynona Ryder, Brooke Shields, y un largo etcétera que podeis seguir revisando en los otros dos vídeos de abajo.



Pequeños grandes actores con trayectorias bien diversas. Y sin nombrar los que se quedaron por el camino de la fama. Vemos la punta del iceberg, la alegre, la del éxito, la de la fama,..., pero el camino no es de rosas (en algunos es patente el descalabro) y el entorno familiar y profesional debe ser muy equilibrado para que la fama no haga un daño irreparable en la infancia y en su transición hacia la adolescencia y madurez personal.