sábado, 9 de julio de 2011

Cine y Pediatría (78). “Como la vida misma” y por partida doble


La traducción de títulos de películas al español es todo un arte, aunque no siempre se logra poner el tino suficiente. Uno de los problemas es la repetición de títulos en español de películas extranjeras bien diferentes, si bien en la mayoría de los casos esto ocurre con películas que tienen más de 20 años de diferencia entre sí.
Algunos ejemplos son: Al rojo vivo (White Heat de Raoul Walsh, 1949 o Mercury rising de Harold Becker, 1998), El americano (The Americano de William Castle, 1935 o The American de Anton Carbijn, 2010), Bajo sospecha (Still of the night de Robert Benton, 1982 o Under suspicion de Stephen Hopkins, 2000), Cara a cara (Ansikte mot anskite de Ingmar Bergman, 1976 o Face/off de John Woo, 1997), Chantaje (Hush Money de Sindney Lanfield, 1931 o Butterfly on a wheel de Mike Baker, 2007), Condenado (Codemned de Wesley Rufflez, 1929 o City by the sea de Michael Caton-Jones, 2003), En el punto de mira (Another stakeout de John Badham, 1993 o Vantage point de Pete Travis, 2008), Estado de sitio (État de siège de Costa-Gavras, 1972 o The siege de Edward Zwick, 1998), La herencia (Karami-ai de Masaki Kobayashi, 1962 o Arven de Per Fly, 2003), El ladrón (Le voleur de Louis Malle, 1967 o Vor de Pavel Chukhrai, 1997), El luchador (Hard times de Walter Hill, 1975 o The fighter de Darren Aronofsky, 2009), Operación trueno (Thunderball de Terence Young, 1965 o Pi li huo de Gordon Chan, 1995), El rostro (Ansiktet de Ingmar Bergman, 1958 o Face de Antonia Bird, 1997), Sin palabras (Tatum ergo, escuza parole de Dino Risi, 1977 o Speechless de Ron Underwood, 1994), El soltero (Lo scapolo de Antonio Pietrangeli, 1956 o The bachelor de Gary Sinyor, 1999), Toda la verdad (The whole truth de John Guillermin, 1958 o High crimes de Carl Franklin, 2002), Vuelo nocturno (Night flight de Clarence Brown, 1933 o Red eye de Wes Craven, 2005).
Menos justificación en poner el mismo título en español a películas que nada tienen que ver y que se diferencian en poco años, caso de El dilema (Quiz Show de Robert Redford, 1994 o The insider de Michael Mann, 1999), Infiel (Trolösa de Liv Ullman, 2000 o Unfaithful de Adrien Lyne, 2002) o las películas que hoy vamos a comentar en nuestra sección de Cine y Pediatría: Como la vida misma (Dan in real life de Peter Herges, 2007 o Life as we know it de Greg Berlanti, 2010).

Dan in real life (Peter Herges, 2007) nos cuenta la historia de un padre viudo con tres hijas (Steve Carell) que se enamora de la novia de su hermano (Juliette Binoche). Comedia romántica con mensaje, con un buen guión y personajes bien definidos con adecuada dirección de actores (conseguir que Carell esté comedido y que Binoche se acerque a la comedia ya es un buen reto), en el que lo peculiar del personaje es que se trata de un columnista que aconseja sobre temas familiares, pero que no los aplica a su vida. La relación con sus hijas (dos de ellas con los problemas típicos de la adolescencia) es particularmente interesante: no acaba de entender que necesitan su espacio para crecer como mujeres. Es por ello que la hija pequeña acaba diciéndole: “Eres buen padre, pero eres cabezón” (un tópico, una realidad).
Lo importante de esta película no es lo que cuenta, sino cómo lo cuenta. Cuenta sentimientos bien planteados que contagian al espectador y logra crear emociones sin caer en la comicidad fácil o en el dramatismo impuesto. La historia transcurre alrededor de la familia reunida durante unos días alrededor de una casa, con una estructura a medio camino entre Los amigos de Peter (Kenneth Branagh, 1992) y El diablo dijo no (Ernst Lubitsch, 1943), con el formato de una película casi coral. Sentimientos sin sentimentalismo, mensajes tópicos alrededor del valor de la familia contados de forma no típica y sin sensiblería.

Life as we know it (Greg Berlanti, 2010) nos cuenta la animadversión surgida tras una primera cita fallida entre Holly (Katherine Heigl, la nueva reina de la comedia, conocida como la eterna residente en Anatomía de Grey) y Eric (Josh Duhamel, habitual en la saga Transformers, Michael Bay, 2007 y 2011), pero que tienen que transformar su relación y vivir bajo el mismo techo tras tener que hacerse cargo de la hija de unos amigos comunes fallecidos en accidente: Sophie, un bebé de pocos meses. Comedia previsible, que no llega a la calidad de la homónima ya comentada, pero en la que es posible recuperar algunos momentos para pasar un buen rato y sonreírnos de la pediatría y de ser pediatras. Contada durante las 4 estaciones, somos testigos de la evolución de un niño durante su primer año y de las dificultades de unos padres primerizos a la fuerza (por el compromiso de un testamento) para poder adaptarse a la desquiciante rutina de cuidar de un lactante, lo que afirmará en su posición a unos y servirá de hilarante reflejo a otros.
Si no es muy exigente con la película, puede llegar a pasar un buen rato con algunos detalles alrededor de la “profesión” de ser padres y/o de ser pediatra:
- La visita al pediatra por una “urgencia” que resulta ser una hernia umbilical; la auscultación del bebé a través de la ropa tampoco tiene precio.
- O la escena de cómo calmar el llanto del niño con la campana extractora de la cocina: método que se conoce como “ruido blanco” y del que el Dr García-Tornel ya nos ha hablado en su blog
- Cuando Holly se enamora del pediatra de Sophie (Josh Lucas, el guaperas de Poseidon, Wolfgang Petersen, 2006) y queda con él para cenar, le dice Eric con cierto celo y recelo: ”Cuando os acostéis, ¿ te va a contar en qué percentil estás…?” (esto de los percentiles y la pediatría sería cuestión de una revisión profunda). Y en plena cita, Eric les llama porque Sophie tiene fiebre, que resulta ser una infección de orina… que cuesta la nada desdeñable factura de 1.200 dólares. Por cierto, este Josh Lucas interpreta a un pediatra que es todo un caballero y que deja nuestra profesión a gran altura, no asumible en el séptimo arte desde la época de George Clooney en Urgencias.
- Cuando la niña se queda con la niñera le recuerdan dónde está el móvil de Holly, de Eric… y del pediatra (esto os suena, ¿no?). Y es que el pediatra es una raza especial de médicos que, en ocasiones, formamos parte de la vida de algunas familias.
- Las visitas de la trabajadora social tampoco tienen desperdicio.

Dos comedias “Como la vida misma” y por partida doble. Dos comedias refrescantes para un inicio de verano muy caluroso. Que las disfrutéis…