sábado, 23 de febrero de 2013

Cine y Pediatría (163). “Una carta para Momo” y “Princess”, poesía y prosa de la infancia en el cine de animación


En el cine de animación no existe movimiento real que registrar, sino que se producen las imágenes una por una mediante dibujos, modelos, objetos y otras múltiples técnicas. Así, mientras en el cine de imagen real se analiza y descompone un movimiento real (24 imágenes por segundo), en el cine de animación se construye un movimiento inexistente en la realidad (desde 24 hasta 8 imágenes por segundo). 
Con la invención del paso de manivela, Segundo de Chomón estableció los principios fundamentales de la animación a principios del siglo XX. Más tarde, Émile Cohl los aplicó al campo gráfico, y estableció las bases de lo que con los años se convertiría en la poderosa industria de los dibujos animados. Winsor McCay dio al dibujo animado la técnica básica con la que se ha mantenido hasta el presente, pues los principios de la animación en papel, en acetato o por ordenador, la forma técnicamente más avanzada del género, son exactamente los mismos; sólo cambian las apariencias. 

El cine de animación ha ido adquiriendo dimensiones épicas a lo largo de la historia del séptimo arte, en las numerosas formas de animación: dibujo animado, stop motion, recambio de piezas, puppertoons, pixilación, rotoscopia, animación flash, animación en 3D, foto-realidad, etc. Tras la segunda Guerra Mundial se dio el gran desarrollo del cine de animación, que consolidó totalmente con los largometrajes de Disney y los cortometrajes de la Warner Bros. Actualmente, son Dreamworks y Pixar/Disney los líderes del cine de anmiación.
Un ejemplo de puro de cine de animación fue compartido la semana pasada: Persépolis (Marjane Satrapi y Vincent Paronnaud, 2007), la historia sucesiva de una niña, adolescente y joven que vive en un país con un régimen absolutista. Hoy recordamos dos historias más con la infancia como protagonista de la animación; dos películas que son la antítesis de la visión de la infancia: Una carta para Momo (Hiroyuki Okiura, 2011) es una película japonesa llena de fantasía, de poesía y de luz; Princess (Anders Morgenthaler, 2006) es una película danesa llena de realidad, de prosa y de sombras. Dos películas distintas en el tema, pero impactantes en el tratamiento de la animación y con reflexión sobre la infancia como denominador común.

Una carta para Momo carece de animación por ordenador y se ha dedicado un total de 7 años conseguir la animación de manera tradicional; y, para ello, contó con grandes profesionales de la animación de Japón (teniendo en cuenta que el cine de animación japonés se ha convertido en la industria más prolífica del planeta, popularizándose en todo el mundo).
Momo es una niña de 12 años que ha crecido en Tokyo y, tras la prematura pérdida de su padre, se muda junto a su madre a la casa de su abuela situada en una isla remota. Allí, el tiempo parece que se haya detenido y sufre el contraste de vida. Momo vive obsesionada porque su padre le dejó inacabada una carta que sólo contenía las palabras “Querida Momo”… y se pregunta qué quiso decirle en realidad, pues, antes de fallecer, Momo se enfadó por su padre por una promesa que no había cumplido y le dijo cosas horribles. A ese misterio se le sumará otro todavía mayor, cuando la joven encuentre un antiguo libro, detonante de una serie de extraños fenómenos...y en donde aparecen tres yokais (espíritus o monstruos propios de la cultura japonesa) llamados Iwa, Kawa y Mame (entrañable este último).
Una película muy recomendable y entrañable para toda la familia. Una película que nos acerca al cine de animación japonés y, especialmente, a la obra de Hayao Miyazaki, un autor sobre el que tendremos la oportunidad de hablar, pues la mayor parte de su obra ha estado enfocada a los niños.

Princess es una sorprendente película que combina la animación con escenas a imagen real, película bastante desconocida para el público español, pese a que recibió en Sitges el premio a Mejor película extranjera en el año 2006.
Nos cuenta la historia de August, un ministro de la iglesia de 32 años, quien ha recibido la noticia de que su hermana, una estrella porno a la que llaman “La Princesa”, ha fallecido por una sobredosis y ha dejado a su hija Mia, una niña de 5 años. August abandona el camino de la religión para embarcarse en una violenta misión de venganza por la muerte de su hermana y con el objetivo de destruir todo el material pornográfico, a la vez que cuidar de Mia, lo que se convierte para él en su acto de amor extremo.
La película se plantea como una encrucijada entre la inmoralidad y el fanatismo de ciertas acciones, una dura reflexión con un resultado visual muy atractivo (elección de los colores, movimientos corporales, combinación de imágenes reales con el cómic), pero que puede incomodar al espectador. Porque Morgenthaler plantea un mundo sin ninguna salida, como si solo el azar y la reacción ante él, determinara nuestras acciones.
Dura, sincera, agresiva y con unos trabajados personajes en un mundo gris y atormentado, Princess emplea para ello una animación visualmente muy atractiva y que logra conseguir una atmósfera muy opresiva de tonos muy sucios y con un ambientación malsana y enfermiza. Pero también Princess es un cuento, una fábula, en donde la película retrata la perversidad humana y las secuelas que ésta deja en su camino, y donde se personifica de manera brillante en el personaje de Mia.

Fantasía y realidad, poesía y prosa, luz y sombras en el cine de animación. Un cine al que le debía comenzar a hacer un hueco en “Cine y Pediatría” y que, gracia a los buenos consejos de Esther Zuazo, pediatra y amiga, hoy se ha hecho realidad. Una realidad que coincide con el éxito en los Goya a una película de animación española: Las aventuras de Tadeo Jones (Enrique Gato, 2012), han recibido los premios a Mejor director novel, Mejor guión adaptado y Mejor película de animación.