sábado, 22 de junio de 2013

Cine y Pediatría (180): "15 años y un día" no es una condena, es sólo la adolescencia


Los caprichos del destino coinciden en nuestra película de hoy. Hace dos semanas falleció Elías Querejeta, el gran productor del cine español y cuyo nombre está detrás de películas emblemáticas de nuestra filmografía, como La caza, Cría Cuervos y Mamá cumple cien años (Carlos Saura, 1965, 1975 y 1979), El espíritu de la colmena y El sur (Víctor Erice, 1973 y 1983), Pascual Duarte (Ricardo Franco, 1976), Feroz (Manuel Gutiérrez Aragón, 1984), Familia y Barrio (Fernando León de Aranoa 1996 y 1998), La espalda del mundo (Javier Corcuera, 2000), y un largo etcétera (algunas como vemos, ya comentadas en Cine y Pediatría). 

Pero además de su legado, Elías nos dejó también a su hija: Gracia Querejeta. Y, precisamente, dos días antes del fallecimiento de su padre estrenó su última película: 15 años y un día (2013), la única película de Gracia que no está producida por su padre, a quien tanto debe en su carrera como directora. En 15 años y un día, Gracias Querejeta vuelve a abordar uno de sus temas favoritos: las relaciones paterno-filiales, en este caso entre un grupo de seres humanos lastrado por un pasado sombrío y un presente escaso en positivismos. Un drama familiar que ahonda en los problemas de disgregación de una familia, marcada por el suicidio del padre y por la inestabilidad emocional de la madre, que hacen mella en el desarrollo de un adolescente que vive al límite y que no quiere saber nada de disciplina en su existencia. 

La directora madrileña ha ido acumulando premios a lo largo de su carrera cinematográfica, a pesar de su no muy extensa filmografía. Destacan un Goya al Mejor Cortometraje por El viaje del agua (1991) el Premio del Jurado del Festival de Cine de Valladolid por Una estación de paso (1992), una Mención Especial por Cuando vuelvas a mi lado (1999) del Festival de Cine de San Sebastián y Biznaga de Oro del Festival de Málaga por Héctor (2004). Y ahora, con 15 años y un día ha sido galardonada de nuevo con la Biznaga de Oro del Festival de Cine de Málaga, además de la de Plata al Mejor Guión para y a la Mejor Banda Sonora Original (Pablo Salinas). 

Jon (Arón Piper) está en plena edad del pavo, esa etapa tan caótica entre la adolescencia y la juventud. Es el hijo único de Margo (Maribel Verdú), madre viuda que se ve obligada, ante los problemas escolares de su hijo (es expulsado del instituto por mala conducta), a enviarle una temporada con su abuelo Max (Tito Valverde), un veterano militar retirado y con tintes “eastwoodnianos”. Desde un primer momento, las relaciones entre el nieto y el abuelo serán algo tensas, especialmente por la actitud del chico y su amistad con algunos jóvenes inmigrantes de la zona. Un desgraciado incidente desencadena las emociones y reflexiones de cada una de las vidas que se cruzan en la vida de Jon. 

Hace un lustro, Gracia Querejeta escribió esta película junto su hijo de 14 años, con el fin de fotografiar a Jon, un adolescente sumido en ese habitual estado de desidia crónica, de escepticismo hacia todo, viviendo solo con una madre demasiado dócil y sumisa y sin una figura paterna que equilibre esos conflictos irrefrenables. Como remedio ante la previsible catástrofe, la madre decide enviar a su hijo a la Costa de la Luz con su abuelo: y la colisión generacional está servida, pues chocan dos formas de entender la vida. Querejeta nos coloca en la situación de espectador de lo cotidiano y firma un auténtico alegato ético y sociológico, a la vez que genera un retrato sobre los puntos de distancia y unión de las dos Españas: la alter-franquista y la del Tuenti. 

“¿Tú qué quieres ser de mayor?”, “Nada”. “¿Y tú?”, “Nada” es el significativo diálogo entre Jon y el colega ecuatoriano que acaba de conocer y que nos lo dice casi todo de la desidia de tantos adolescentes sin rumbo. “La película se adentra en los problemas que se encuentran los adolescentes y los problemas de éstos cuando se unen a pandillas. Y los choques de trenes que pueden tener con sus adultos”, nos explica la directora. 
La película nos muestra, con unos acertados diálogos, a una madre que tiene que sacar adelante a su hijo sin la figura paterna, como ya hiciera la realizadora en su anterior largometraje, 7 mesas de billar francés (2007). En esa película se encontraron por primera vez Gracia Querejeta y Maribel Verdú y le valió a la última su primer Goya y que tanto se le resistía (su segundo Goya acaba de conseguirlo gracias a Blancanieves de Pablo Berger, 2012). Y ya antes, esas relaciones paterno-filiales con adolescente varón por medio, se dieron en su película Héctor (2004). 

Porque 15 años y un día no es una condena, es la adolescencia. Y adolescentes confundidos o cabreados por sus problemas de integración en familias desestructuradas son habituales en el cine de Gracia Querejeta: los fue Héctor (Nilo Mur) en la película homónima, Guille (Victor Valdivia) en 7 mesas de billar francés y ahora Jon (Arón Piper) en 15 años y un día
Está claro, la adolescencia es casi un subgénero en el cine (casi como el western o el musical), y está claro que esta directora lo sabe explorar y explotar. 
"No te hagas mayor tan deprisa", le dice Margo a su hijo Jon. Y éste le pregunta: "¿15 años es mucho para ti?..."Muchísimo", contesta ella.

Esta película se la dedica Gracia a su padre, Elías Querejeta. Creo que no se le puede hacer mejor homenaje a alguien del cine que acudiendo a ver sus obras. Lástima que es un mensaje que llega mal: el día que fuimos a ver esta película (era fin de semana y la segunda semana del estreno), en una sala de 400 personas, sólo la vimos mi mujer y yo. Y no es una anécdota aislada, porque nos ha ocurrido más veces. El problema no es que haya muerto Elías Querejeta; el problema será si dejamos morir el cine.