miércoles, 12 de junio de 2013

Menos azúcar, más salud



En el último número de la revista electrónica “Evidencias en Pediatría” se trata sobre el problema de las bebidas azucaradas y de los azúcares de la dieta  nada menos que en tres documentos. Dos de ellos son artículos valorados críticamente (AVC) y uno es un editorial sobre el mismo tema.
Volver a insistir en este blog sobre este asunto es obligado.

Hay cada vez más pruebas de que uno de los factores que han contribuido a la epidemia de obesidad actual es el cambio en los hábitos nutricionales de la población en general y de los niños en particular.
Es muy elocuente la manera exponencial en que ha aumentado el consumo de bebidas dulces (zumos y refrescos de todo tipo, incluyendo las bebidas deportivas).

De los dos AVC, uno de ellos es de una revisión sistemática que incluye al otro. En esta revisión sistemática incluyen artículos experimentales en adultos en que (resumidamente) les dan más azúcar y engordan más. Este tipo de experimentos no se pueden hacer en niños, por eso los estudios de niños no tienen ese diseño experimental que demuestra claramente la relación de los azúcares con la obesidad sino que en niños los estudios son descriptivos, en los que se compara el peso de los niños y se relaciona con la cantidad de azúcares que vienen tomando habitualmente, viéndose que los niños que toman más azúcares son más obesos.

Como dice en su espléndido editorial la Dra. Ana Martínez Rubio, experta en lactancia materna y nutrición infantil, los pediatras tenemos algo de culpa: “Los pediatras como consejeros hemos tardado en darnos cuenta de los errores cometidos en el pasado… primero fue cuando se intentó poner reglas a la lactancia materna, uno de los motivos que contribuyeron a la disminución en la tasa de amamantamiento que, afortunadamente, está revirtiendo en la actualidad. El segundo, de nuevo consistió en poner unas reglas artificiales a la alimentación de los bebés, cuando lo natural es que las crías tomen los mismos alimentos que ingieren sus progenitores y la transición sea paulatina. Ciertamente la industria ha aprovechado el filón, creando infinidad de productos alimenticios diseñados para los bebés, que, con la finalidad aparente de facilitar la vida familiar, han conseguido convertirse en un buen negocio económico a base de hacer a muchos niños adictos a determinados sabores, consistencias y productos”.
Como nos dice Ana: “El sabor dulce, uno de los favoritos de los seres humanos es omnipresente en los alimentos catalogados como “infantiles” y la textura suave homogénea también. Son fáciles de comer, de adquirir, transportar y conservar. Son cómodos para la familia, pero encierran un riesgo muy importante: el retraso en el paso a la alimentación natural o normalizada. Cuando la familia o el pediatra caen en la cuenta de que el niño rechaza ésta es, a menudo, demasiado tarde, pues ya es adicto a potitos homogeneizados, lácteos azucarados y bebidas dulces. Y se niega a comer los guisos caseros, las frutas o el pescado de la mesa familiar”.

El poder de la industria es grande, mueve un importante entramado industrial que dificulta que se introduzcan modificaciones legislativas en la distribución y publicidad de estos productos.
Las consultas de atención primaria y los consejos nutricionales en el programa de salud infantil, son un marco ideal para insistir en una alimentación sana y variada, sin azúcares añadidos, y por dos motivos fundamentales: evitar las caries y prevenir la obesidad. Otro motivo muy de actualidad es no gastar dinero en lo no necesario, y esto, además de no necesario es perjudicial.

1 comentario:

Anónimo dijo...

SOY PEDIATRA TRABAJO INTENSAMENTE CON LACTANCIA MATERNA Y ALIMENTACION SALUDABLE.LA OBESIDAD ES UN FLAJELO EN NUESTRA SOCIEDAD,DEBEMOS EDUCAR DESDE LA INFANCIA CUALES SON LOS ALIMENTOS SANOS Y CUALES LOS QUE NOS PERJUDICAN.BASTA DE COMIDA CHATARRA