Mostrando entradas con la etiqueta azúcar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta azúcar. Mostrar todas las entradas

lunes, 9 de julio de 2018

Los 10 bulos alimentarios más extendidos


Desde hace unos meses hemos abierto en nuestro Servicio de Pediatría un programa de formación que hemos denominado como "10(pequeñas) Historias de Pediatría", idea liderada por nuestro compañero el Dr. Carlos Loeda, quien vive con júbilo su libertad laboral y mental, y nos deleita con su experiencia y sus reflexiones. Curiosamente su última charla se tituló como "Alimentación infantil: dogmas, sectas y tradiciones" y que intentaba poner las bases de una conducta alimentaria realista, un ámbito en que la formación del pediatra hacia los padres se nos ha sido enajenado (con la complicidad de algunas figuras públicas), hasta el extremo de convertirnos en testigos pasivos de recomendaciones “urbi et orbe” como el consabido “baby led weaning” y otras modas. 

Y es que el mundo de la alimentación es muy dado a los dimes y diretes... y no solo en la infancia, claro está. En el mundo de la alimentación circulan infinidad de mitos y el científico J. M. Mulet, autor del libro "¿Qué es comer sano?", pretende desterrarlos todos. Los hemos oído en tantas ocasiones que han conseguido hacerse un hueco en el imaginario colectivo como verdades absolutas, tanto que incluso condicionan nuestros hábitos nutricionales y, por lo tanto, nuestra salud. Estos son algunos de ellos (que nos recordaba El Mundo hace unos días): 

1. Hay que beber ocho vasos de agua al día. 
Nadie puede afirmar que hay que beber una cantidad determinada, pues tenemos que beber lo que necesitemos. Aunque nadie pondrá en duda de el agua es mejor que la mayoría de las bebidas. Ah, y beber agua en las comidas no engorda, pues como tiene cero calorías el orden de antes o después no afecta al resultado. 

2. El azúcar moreno es mejor que el blanco. 
Quizás tiene más minerales y nutrientes, pero es poco significativo, porque mayoritariamente es azúcar y, por tanto, son calorías vacías. Porque ni el azúcar moreno es un santo ni la sacarina, edulcorante sintético, un veneno. Y lo que sí recomienda la OMS es que se limite el consumo de los azúcares libres a un máximo del 5% de la ingesta calórica total (25 gr. de azúcar al día). 

3. El aceite de palma es tóxico. 
En muchos medios se recogió la noticia hace tiempo de que era cancerígeno y no es cierto. No es aconsejable, pero no es el demonio.  Y en este blog ya tratamos hace tiempo este tema con el Comunicado sobre el aceite de palma y ácido palmítico en la alimentación infantil 

4. Una dieta sin gluten es mejor para la salud. 
Y es que hay libros que dicen que comer trigo es un veneno. Lanzar el mensaje de que una dieta sin gluten es más sana genera confusión... y nunca más salud. La dieta sin gluten, eso sí, es esencial para el paciente celíaco: y aquí si que conviene que no haya transgresiones.

5. Productos lácteos que activan el sistema inmune. 
La realidad es que ninguno tiene efecto en el sistema inmune, por mucho que lleve bacterias con nombre en latín (que queda más fino y científico, pero no más inmune...)

6. El pollo anaranjado indica que es de campo. 
Tradicionalmente asociamos el color anaranjado con la libertad del pollo, pero la carne se puede maquillar por métodos naturales. Así que fíese del color del pollo y no corras...

7. El pescado de piscifactoría es peor.
Sorprende la manía que tiene la gente respecto al pescado de crianza. Cuando nos comemos un filete nadie repara en ello, o al menos no se equipara el mero a la vaca. Y sí, no hay duda: ojalá pudiéramos comprar siempre el pescado de una lonja (y yo tengo dos cerca, la de El Campello y la de Santa Pola).

8. La vitamina C previene resfriados. 
Lo cierto es que coma las naranjas que quiera - sobre todo si son dulces y jugosas -, pero para prevenir los resfriados mejor comencemos por lavarnos las manos y huir de aglomeraciones donde circulan los virus. Y una cosa más, que siempre nos dicen las madres (lo de beber rápido el zumo que pierde las vitaminas), y que no es así, pues las vitaminas se mantienen unas 12 hs tras exprimir la naranja... aunque también es cierto que con lo bueno que está, para qué esperar...

9. Las bayas de goji sirven para todo.
Son un alimento normalito con una historia fabulosa. Sus propiedades son similares a las de cualquier otra fruta del bosque, pero con mejor marketing.

10. Comer ecológico es más sano.
Su consumo sólo se puede justificar por motivos filosóficos o políticos. Por beneficios para la salud, la ciencia dice que nada. Y lo único demostrado es que comer ecológico es un 65% más caro (alguien lo ha estudiado... y es que hay gente pa tooo). Y con este último punto tendríamos para hablar en otro post... o hasta para escribir un libro. 

miércoles, 12 de junio de 2013

Menos azúcar, más salud



En el último número de la revista electrónica “Evidencias en Pediatría” se trata sobre el problema de las bebidas azucaradas y de los azúcares de la dieta  nada menos que en tres documentos. Dos de ellos son artículos valorados críticamente (AVC) y uno es un editorial sobre el mismo tema.
Volver a insistir en este blog sobre este asunto es obligado.

Hay cada vez más pruebas de que uno de los factores que han contribuido a la epidemia de obesidad actual es el cambio en los hábitos nutricionales de la población en general y de los niños en particular.
Es muy elocuente la manera exponencial en que ha aumentado el consumo de bebidas dulces (zumos y refrescos de todo tipo, incluyendo las bebidas deportivas).

De los dos AVC, uno de ellos es de una revisión sistemática que incluye al otro. En esta revisión sistemática incluyen artículos experimentales en adultos en que (resumidamente) les dan más azúcar y engordan más. Este tipo de experimentos no se pueden hacer en niños, por eso los estudios de niños no tienen ese diseño experimental que demuestra claramente la relación de los azúcares con la obesidad sino que en niños los estudios son descriptivos, en los que se compara el peso de los niños y se relaciona con la cantidad de azúcares que vienen tomando habitualmente, viéndose que los niños que toman más azúcares son más obesos.

Como dice en su espléndido editorial la Dra. Ana Martínez Rubio, experta en lactancia materna y nutrición infantil, los pediatras tenemos algo de culpa: “Los pediatras como consejeros hemos tardado en darnos cuenta de los errores cometidos en el pasado… primero fue cuando se intentó poner reglas a la lactancia materna, uno de los motivos que contribuyeron a la disminución en la tasa de amamantamiento que, afortunadamente, está revirtiendo en la actualidad. El segundo, de nuevo consistió en poner unas reglas artificiales a la alimentación de los bebés, cuando lo natural es que las crías tomen los mismos alimentos que ingieren sus progenitores y la transición sea paulatina. Ciertamente la industria ha aprovechado el filón, creando infinidad de productos alimenticios diseñados para los bebés, que, con la finalidad aparente de facilitar la vida familiar, han conseguido convertirse en un buen negocio económico a base de hacer a muchos niños adictos a determinados sabores, consistencias y productos”.
Como nos dice Ana: “El sabor dulce, uno de los favoritos de los seres humanos es omnipresente en los alimentos catalogados como “infantiles” y la textura suave homogénea también. Son fáciles de comer, de adquirir, transportar y conservar. Son cómodos para la familia, pero encierran un riesgo muy importante: el retraso en el paso a la alimentación natural o normalizada. Cuando la familia o el pediatra caen en la cuenta de que el niño rechaza ésta es, a menudo, demasiado tarde, pues ya es adicto a potitos homogeneizados, lácteos azucarados y bebidas dulces. Y se niega a comer los guisos caseros, las frutas o el pescado de la mesa familiar”.

El poder de la industria es grande, mueve un importante entramado industrial que dificulta que se introduzcan modificaciones legislativas en la distribución y publicidad de estos productos.
Las consultas de atención primaria y los consejos nutricionales en el programa de salud infantil, son un marco ideal para insistir en una alimentación sana y variada, sin azúcares añadidos, y por dos motivos fundamentales: evitar las caries y prevenir la obesidad. Otro motivo muy de actualidad es no gastar dinero en lo no necesario, y esto, además de no necesario es perjudicial.