sábado, 19 de octubre de 2013

Cine y Pediatría (197). “Las ventajas de ser un marginado” y la búsqueda del amor que creemos merecer


“The Perks of Being a Wallflower” es una novela epistolar publicada en el año 1999 por el autor estadounidense Stephen Chbosky. El mismo autor se atreve en el año 2012 a dirigir la película con el mismo título y que en España conocemos como Las ventajas de ser un marginado. Y el resultado es un amable y fresco retrato generacional con estupendas interpretaciones y en donde el aprendizaje, la amistad, el amor, la familia, y el sufrimiento se condensan en un relato dibujado a través de un triángulos de adolescentes. 

La adolescencia como edad de los ideales infinitos, como un periodo de definición ante un futuro por escribir y también como momento de máxima fragilidad en el despertar de la vida. Así queda reflejado en las cartas que Charlie (Logan Lerman) escribe desde el instituto, cuando ha terminado su primer curso y recuerda su difícil llegada (“He oído que lo pasaste mal el año pasado. Pero dicen que si consigues hacer un amigo el primer día, vas bien”, le recuerda el profesor), sin amigos ni proyectos, con complejos y culpas, siendo blanco de burlas y novatadas. Charlie es un inadaptado que sangra por una herida de la infancia y que sueña con un amor platónico, que siente la inseguridad y timidez a cada paso, y que soslaya su soledad con atisbos de cartas a un amigo imaginario. Él es el protagonista junto a dos hermanastros, Patrick (Ezra Miller, enorme actor, y quien ya nos dejo un escalofrío en su papel de hijo inadaptado en Tenemos que hablar de Kevin - Lynne Ramsay, 2011-) y Sam (Emma Watson, que demuestra que hay vida más allá de su Hermione en la serie Harry Potter, tal como vimos en la reciente The Bling Ring –Sofía Coppola, 2013-), junto a la pandilla que le acoge en ese tiempo en que necesita sentir que forma parte de algo y que las piezas de su interior encajan. 

Porque todos ellos son jóvenes marginados y con algún trauma (un inadaptado con problemas psicológicos por un secreto de la juventud, un homosexual que busca su espacio, una chica que ha sufrido abusos en su infancia, una gótica que quiere ser actriz de cine, etc.), que coinciden en el instituto y en sus diversiones, en sufrimientos y en emociones compartidas. Son adolescentes que necesitan sentir la fuerza del viento mientras descubren la canción del túnel, que necesitan héroes o sentirse héroes, al mejor estilo de David Bowie (la escena a mitad y final de la película se acabarán convirtiendo en un icono del séptimo arte). Son almas sensibles que sufren la falta de afecto, el dolor de la culpa, el sufrimiento del rechazo o el daño causado en su sensibilidad. 
Todo un panorama mil veces llevado al cine, pero aquí Chbosky lo adorna con preciosas canciones y unas frescas interpretaciones que componen unos personajes sin excesivo dramatismo interior… y que nos toca. Y entre medias ese amor casi imposible de dos amigos que se quieren y que se cuidan y esa frase antológica que comparten Charlie y Sam: “aceptamos el amor que creemos merecer”. Una película con sólo un pequeño pero, y es cuando el director quiere imitar al mejor M. Night Shyamalan de el Sexto sentido con un recurso algo forzado y que no terminan de convencer: cuando se nos descubren los traumas de la infancia de Charlie, evocando que casi todos escondemos algún secreto o alguna tragedia… 

Es Las ventajas de ser un marginado (y su novela homónima) una obra llena de referentes literarios y musicales. Durante la historia, el profesor Bill (Dylan McDermott) le deja leer varios libros a Charlie, y nos pasea por una pequeña historia literaria: ”Matar un ruiseñor” de Harper Lee, “Peter Pan” de James Matthew Barrie, “El gran Gatsby” de F. Scott Fitzgerald, “El guardián entre el centeno” de J. D. Salinger, “El almuerzo desnudo” de William Burroughs, “El extranjero” de Albert Camus, “El manantial” de Ayn Rand, etc. Y como música de fondo, Chbosky nos regala la banda sonora de sus años de instituto, lo que incluye algunos de los temas más memorables de finales de la década de 1980 y principios de la de 1990, entre los que figuran “Asleep“, de The Smiths, “Come On Eileen“, de Dexy’s Midnight Runners, “Could it Be Another Change“, de The Samples, “Araby“, de The Reivers y, sobre todo, la seña de identidad de esa película: “Heroes” de David Bowie. Y también un homenaje al musical “The Rocky Horror Picture Show”. 

Una película con escenas y frases para el recuerdo, y a lo largo de toda la película. 
- Al comienzo de la película, Charlie nos recuerda en su epístola imaginaria: “Bueno, todavía me quedan 1384 días por delante. Así que se podría decir que el instituto es aún peor que el colegio. Si mis padres me preguntan, lo más probable es que no les diga la verdad, porque no quiero que se preocupen porque vuelva a estar mal. Si mi tía Hellen siguiera aquí podría hablar con ella. Sé que ella comprendería que esté al mismo tiempo contento y triste. Todavía intento descubrir como eso es posible. Espero hacer un amigo pronto. Con mucho cariño, Charlie”
- A mitad de película, Patrick dice “Chicos, chicos, brindemos por Charlie. Queremos brindar por nuestro nuevo amigo. Ves cosas y las entiendes. Eres un marginado”. Y Sam acaba el brindis con “Bienvenido a la isla de los inadaptados”… Y a continuación la escena mítica con Sam con los brazos al aire en la trasera del coche cruzando el túnel mientras suena a todo volumen la canción “Heroes” de David Bowie. 
- Y en el colofón, este pensamiento de Charlie, mientras atraviesa otro túnel, de nuevo con la misma canción de Bowie: “No sé si tendré tiempo para escribir mas cartas, porque podría estar demasiado tiempo intentando implicarme. Así que si está acaba siendo mi última carta quiero que sepas que me encontraba mal cuando empecé el instituto y tú me ayudaste. Aunque no supiera de qué hablaba ni conocieras a nadie a quien le hubiera pasado lo mismo, hiciste que no me sintiera solo. Sé que algunas personas dicen que estas cosas no pasan y que hay gente que olvida lo que es tener 16 años cuando cumple los 17. Y sé que algún día todo esto serán anécdotas, que nuestras fotos se volverán viejos recuerdos y que todos nos convertiremos en padres o madres de alguien. Pero ahora mismo estos momentos no son anécdotas, esto está pasando. Estoy aquí y la estoy mirando, porque es preciosa…. Puedo verlo. En ese instante te das cuenta de que no eres una historia triste. Estás vivo. Te pones de pie, ves las luces sobre los edificios y todo lo que hace que te asombres, escuchas la canción de aquella noche en el coche con las personas a las que más quieres en el mundo y, en ese instante, sientes que… somos infinitos”

Porque, marginados o no, todos buscamos, pero más en la adolescencia, el amor que creemos merecer. Y es lo que nos enseñan, con los brazos al aire, Charlie, Sam y Patrick.