sábado, 22 de agosto de 2015

Cine y Pediatría (293): “A corazón abierto”, más que epónimos de la cirugía cardiaca infantil


Se define el epónimo como el nombre de una persona o de un lugar que designa un pueblo, una época, una enfermedad, una unidad, etc. y etimológicamente la palabra procede del griego eponymos, que significa “nombrado después”. Los epónimos son muy frecuentes en ciencias de la salud y una parte fundamental del lenguaje y de la cultura histórica de los médicos, ya que numerosas personas han dado nombre a enfermedades, síndromes y signos, partes anatómicas, procesos fisiológicos o patológicos, y también técnicas.
Los epónimos se emplean en todas las especialidades médicas, también en pediatría, donde hay muchos y el caso de los síndromes de causa genética es bastante patognomónico: síndrome de Down (trisomía 21), síndrome de Patau (trisomía 13), síndrome de Edwards (trisomía 18) o síndrome de Martin-Bell (síndrome de cromosoma X frágil), entre otros Los epónimos pueden ser simples o compuestos por varios nombres. Cuando son compuestos, es curioso observar cómo se ha establecido el orden: puede ser por el prestigio individual de los componentes, por la antigüedad, o incluso por cierto grado de intimidación. A veces es incluso conflictivo asignar el epónimo. Y quizás la película de hoy tenga algo que ver con todo esto, concretamente con la fístula de Blalock-Taussig (también llamado fístula de Blalock-Thomas-Taussig), un procedimiento quirúrgico con el fin de paliar la cianosis producida por algún defecto cardíaco en el recién nacido y que marcó uno de los inicios de la cirugía cardíaca infantil.

Hablamos de la película A corazón abierto (Joseph Sargent, 2004) cuyo significativo título original es "Something the Lord made". Una película para la televisión muy recomendable, basada en hechos reales y de gran calado para entender los inicios de la cirugía cardíaca infantil, pero con otros temas de interés en el mundo de la medicina (la pasión por investigar, por descubrir, por hacer el bien, por crear escuela… que suenan ahora tan lejanas en ocasiones) y más allá de la medicina (ambientada en la época de segundo tercio del siglo XX en Estados Unidos, toca aspectos sobre racismo, discriminación de género y ambición humana).

La película narra la especial historia personal y profesional de Vivien Thomas (1910-1985, interpretado por Most Deff) y de Alfred Blalock (1899-1964, interpretado por Alan Rickman), también de Helen Taussig (1898-1986, interpretada por Mary Stuart Masterson). Y lo narra en dos momentos y lugares clave: año 1930 en la Universidad de Vanderbilt en Nashville (Tennessee) y año 1943 en la Universidad Johns Hopkins, en Baltimore (Maryland).

Nashville 1930.
En el Laboratorio de Cirugía Experimental Vanderbilt un joven afroamericano llamado Vivien Thomas acude a trabajar como ayudante de laboratorio y del animalario, dejando atrás su oficio anterior de carpintero. Es una época en que se nos deja claro que los negros viajan en la parte de atrás de los autobuses, separados de los blancos. Mientras limpia el laboratorio del Dr. Blalock, un cirujano muy subido de tono (“Call me doctor” era su frase más repetida) comienza a leer (y extasiarse) con los libros médicos de anatomía y acaba sorprendiendo por su habilidad manual con los instrumentos de quirófano. Pero cuando intenta estudiar la carrera de Medicina, todos los ahorros se han perdido en el Crack del 29.
Baltimore 1943.
Blalock y Thomas, cirujano y ayudante, se trasladan a la Universidad Johns Hopkins. Su paseo por los cuadros de honor de la institución nos recuerdan la importancia del centro: el filántropo Johns Hopkins, William Osler, padre de la moderna medicina americana, William Halstead, inventor de la mastectomía,… Allí tiene lugar el encuentro con la cardióloga pediátrica Helen Brooke Taussig, y surge la propuesta de intentar operar a niños cianóticos (“Blue Baby”) con estenosis pulmonar y con Tetralaogía de Fallot, en aquel momento con un 100% de mortalidad. Y se nos muestras a esos niños ingresados con Tetralogía de Fallot en la clásica posición de "squtting" (en cuclillas), mecanismo para aliviar la hipoxigenación que los afecta, dado por el aumento de las resistencias vasculares sistémicas. La sorpresa de ver a un negro con bata dentro del hospital, pero fue en realidad el alma de la experimentación animal llevada a cabo hasta conseguir la fístula que llevaba al camino de aplicarse en niños, lo que conocemos como un “shunt”, la famosa fístula sistémico-pulmonar que todos hemos estudiado y que ellos nos dibujan en la pizarra y entendemos a la perfección: “Cambiar el curso de la sangre para convertir lo azul en rosado”.
El camino no fue fácil y colegas reputados les insistían: “Recuerde el principio: primero no dañar. Posponga su operación hasta que tenga más experiencia”. El momento cumbre en el minuto 70, justo en pleno ecuador de la película, con la primera cirugía de una fístula sistémico-pulmonar y cómo la cara del niño pasada de cianótica a rosada… Y nada de esto hubiera sido posible sin Vivien Thomas, pero había dos hándicaps para que su nombre saliera en las noticias del éxito: no era doctor y era negro, aunque la idea y la habilidad técnica se debían a él, pero se le negó cualquier honor inicialmente… De ahí que en la Facultad de Medicina se nos enseñara esta fístula con el epónimo de Blalock-Taussig, y sólo años después se le otorgó el honor: porque el primer shunt Blalock-Thomas-Taussig se realizó el 29 de noviembre de 1944. Por eso, para intentar modificar esa fustración, a los 35 años intentó comenzar a estudiar la carrera de Medicina, pero no lo consiguió. Y es en los albores de su vida, cuando la Universidad Johns Hopkins le otorga el título de Doctor honorario, Vivien Thomas realizó este discurso, con el que finaliza la película: “Cuando dejé mi martillo y mi sierra ahora hace 40 años y se me ofreció la oportunidad de trabajar con un joven cirujano, no tenía idea de que podría dejar marca en una institución tan prestigiosa como ésta. No tenía idea de que haría una contribución al campo de la medicina que me mereciera esta clase de reconocimiento”. Y ver el cuadro de su retrato junto al de las grandes figuras de esa universidad, figuras que vio muchos años antes cuando comenzó a trabajar en esa institución, pero con una anécdota más: su retrato se colocó junto al de Alfred Blalock, fallecido años antes... y así es como fue, una aventura juntos en el mundo de la medicina.
Y tras la imagen de los cuadros juntos de Blalock y Thomas, mentor y discípulo, un fundido en negro y el colofón: “La operación de “Blue Baby”, pionera en Johns Hopkins, lanzó el campo de la cirugía cardíaca Hoy en día se realizan en Estados Unidos alrededor de 1.750.000 operaciones de corazón al año”.

La película se sitúa en el mismo corazón del nacimiento de la Cardiología Pediátrica y la Cirugía cardiovascular de las cardiopatías congénitas. Pero también en el corazón del espectador. Y es una película que permite no solo conocer la historia, sino los valores asociados: por ejemplo, FS Lozano Sánchez analiza la importancia de la relación mentor y discípulo en un interesante artículo. Y así, el epónimo Blalock-Thomas-Taussig nos descubre el nombre de grandes médicos en el área de la cardiología, que se suman a tantos otros como Keith, Flack, Aschoff, Tawara, His, Purkynje, Wenckebach, etc.

Esta película tiene un dedicatoria doble. Por un lado, mi agradecimiento a Miguel Ángel Zafra, quien me aconsejó esta película, él que, al pertenecer al Grupo de Trabajo de Historia de la Pediatría y Documentación Pediátrica de la Asociación Española de Pediatría, conoce bien el valor de la historia de la medicina. Y, sin duda, a los cardiólogos pediatras (especialmente a mis compañeros Ismael Martín y Ana Fernández), a los que aconsejo el valor científico y humano que atesora esta película que es A corazón abierto