sábado, 21 de noviembre de 2015

Cine y Pediatría (306). “Conducta” para salvar un niño


El proyecto Cine y Pediatría tiene la capacidad de devolvernos el cine a través de las historias y la mirada de niños y adolescentes de todo el mundo y en todos los idiomas. Hemos incluido ya casi cinco centenas de películas y recorrido ya muchos países, pero aún no habíamos tenido la oportunidad de disfrutar de una película de Cuba. Un cine, el de Cuba, que se divide en tres etapas, como su reciente historia: un Cine prerrevolucionario, previo a la Revolución cubana del año 1959, y con escaso recorrido; un Cine posrevolución que disfrutó de una "época de oro", en la década de los años 60, y ocasionó la creación de la famosa Escuela Internacional de Cine, Televisión y Vídeo de San Antonio de los Baños; un Cine pos Guerra Fría, donde destacan las obras de los jóvenes realizadores cubano, entre los que se encuentra nuestro protagonista de hoy, Ernesto Daranas. 

Ernesto Daranas es un destacado director y guionista de cine, radio y televisión cubana, con epicentro en La Habana. Su obra siempre ha tratado, de frente o de soslayo, los problemas de la sociedad habanera, como la pobreza, la ausencia de padres, la educación, la prostitución, y tantos otros que enturbian la sociedad y el proyecto revolucionario de Cuba. Así lo hizo en ¿La vida en rosa? (2004) y en Los dioses rotos (2009) y lo acaba de hacer en Conducta (2014), nuestra película de hoy, una película que ha conquistado al público cubano y que a buen seguro conquistará al resto del mundo. 

Conducta narra la historia de Chala (sorprendente Armando Valdés Freire), un niño de 11 años rebelde que vive en uno de los barrios más humildes de La Habana, el territorio que circunda la terminal de ferrocarriles, y en un entorno familiar complicado. Chala vive entre una madre drogadicta y alcohólica y un amante de la madre que no conoce si es su padre, sobrevive entrenando a perros de pelea y acude a la escuela donde su maestra Carmela (soberbia Alina Rodríguez, fallecida en fechas recientes) acaba siendo no solo profesora, sino también amiga, madre y salvadora, única tabla de salvación para romper el esquema de marginalidad y ruina que aplasta a Chala. 

Carmela es maestra de sexto grado, un profesional nacida para educar a sus alumnos y para acompañarles en el proceso de aprendizaje, no ajena a los habituales conflictos sociales y familiares que les circundan. Por todo ello, Carmela tiene el respeto y admiración de sus actuales alumnos y de los padres que fueron ex alumnos. Pero una enfermedad le ausenta de las clases durante varios meses, por lo que es sustituida por otra maestra, quien incapaz de controlar la rebeldía de Chala, le quiere enviar a una escuela de conducta. Al regresar a las clases, Carmela se opone a esta medida y a otras situaciones que han ocurrido durante su ausencia de las aulas, siempre en defensa de sus alumnos. Dos frases ponen en evidencia la contundencia de sus afirmaciones: "Hay cuatro cosas que hacen a un niño: la casa, la escuela, el rigor y el afecto" y "Si quieres un delincuente, trátalo como un delincuente". Porque con décadas de experiencia docente, ella sabe que sólo el amor puede ser capaz de transformar una vida condenada de antemano al infortunio. 

Dos actos de Carmela (no permitir que Chala ingrese en una escuela de conducta y permitir que Yeni, la amiga/novia de Chala, coloque la imagen de una virgen en un mural del aula) hacen que sea sometida a un juicio sumarísimo por la mayoría de sus compañeros y directores, que quieren jubilarla. Al final de la película un fundido en negro y todo por responder. Y la voz de Chala que le dice "Deme profe, que yo le llevo la cartera". 

Y es así como Conducta aparece como una película oportuna y necesaria. Una película que convida a reflexionar sobre ese soporte ético fundamental en el que la Revolución Cubana construyó su proyecto social: la honestidad del hombre y, en consecuencia, una solidaridad humana basada en la integridad de sus principios y el respeto a su dignidad. Auténtico compromiso humanista revolucionario, pero donde el mundo marginal provocado por las carencias materiales de esa realidad social, donde buscarse la vida pasa por las formas ilegales y por aquellas que no deberían serlo, pero que una legislación arbitraria y restrictiva, basada en preceptos de un socialismo equivocado, ha impregnado de prohibiciones y tabúes la existencia ciudadana coartando la iniciativa individual. Y en este contexto, el niño es el objeto debatido, la metáfora de un futuro incierto sólo hipotéticamente rescatable gracias a la consecuencia y al compromiso ético de una educadora dispuesta a enfrentar el acoso de una estructura marcada por el mecanicismo burocrático, hipócrita e insensible, que la misma deformación del sistema ha engendrado en todas sus expresiones institucionales. Una vez más David (el individuo) contra Goliat (las instituciones). 

Y muchos piensan que la película Conducta hará época. Y por ello Ernesto Darana ya está de boca en boca, fundamentalmente entre los maestros, porque un gran mérito es, sin dudas, reivindicar a ese profesional que marca la historia de todos los seres humanos que asisten a una escuela: el maestro o maestra, el profesor o profesora. Y lo hace con una obra dura pero sentimental, y apoyado por sus componentes artísticos: un guión trabajado, buena fotografía y ambientación, y actores en estado de gracia (al menos, el dúo alumno y maestra, el dúo entre Chala y Carmela). 

Algunos han querido encontrar en la película cubana Conducta una fusión entre dos películas tan diferentes como la brasileña Estación central de Brasil (Walter Salles, 1998) y la alemana Good Bye, Lenin! (Wolfgang Becker, 2003). Con la primera, comparte tener como protagonistas a un niño y a una mujer mayor, ambos con carencias afectivas, que construyen una bella y profunda relación de amistad entre las penurias y hostilidad del mundo que los rodea. Con la segunda, comparte la evocación crítica, contradictoria y nostálgica, del otro mundo posible, que quería ser socialista, y la dureza con que chocó en sus concreciones hasta hoy: en la cinta alemana se habla de la Alemania Democrática en el 89, en nuestra película de hoy de la Cuba post-Periodo Especial (ese largo período de crisis económica que comenzó como resultado del colapso de la Unión Soviética en 1991 y, por extensión, del Consejo de Ayuda Mutua Económica, así como por el recrudecimiento del embargo norteamericano desde 1992). 

En dos entornos esenciales crece y se desarrollan los niños y niñas: la familia como esencial, el centro escolar como importante, tanto que en ocasiones puede ser salvador cuando el primero falla. Y entonces aparecen esos grandes maestros, en todo el sentido de la palabra, y su conducta puede salvar a un niño.