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lunes, 20 de abril de 2026

La docencia a través del séptimo arte: alumnos, aulas y profesores a escena

 

El cine, desde su nacimiento, ha mantenido un idilio ininterrumpido con la educación. No es una coincidencia azarosa, porque tanto una película como una clase comparten la misma materia prima: la mirada. Si educar es ayudar a otros a ver el mundo por primera vez, el cine es la herramienta que nos permite volver a verlo con ojos renovados. 

A lo largo de la historia, las películas han documentado la transformación del ecosistema educativo. Desde la rigidez institucional de las aulas de posguerra hasta la disruptiva diversidad de los centros contemporáneos, el cine ha servido de notario emocional de los cambios en la infancia y la adolescencia. Al proyectar la figura del docente, el séptimo arte no solo rinde homenaje a una profesión, sino que explora la esencia misma de la mentoría: ese instante sagrado en que un adulto (profesor) decide apostar por el potencial invisible de la infancia y adolescencia (alumnos) en un microcosmos muy determinado (aulas)

Y en el artículo titulado "La docencia a través del séptimo arte: alumnos, aulas y profesores a escena", publicado recientemente en Revista de Pediatría de Atención Primaria (y que se puede consultar también en este enlace), homenajeamos a ese cine que se centra en las experiencias docentes en las guarderías, escuelas, institutos y universidades.  Película muy diversas, pero donde el guion más común es el que reúne a adolescentes (generalmente problemáticos y desmotivados, reflejo de familias y circunstancias difíciles), centros educativos (principalmente institutos de entornos sociales complicados o peculiares) y profesores coraje (que rompen el esquema habitual del resto de sus compañeros docentes) y que son los elementos clave para cocinar un casi-subgénero en el cine

Desde la aparición del proyecto Cine y Pediatría en el año 2010 hemos volcado ya más de mil películas alrededor de la infancia, adolescencia y familia. Y hoy recogemos aquellas que gravitan alrededor de la docencia. Películas de todas las cinematografías, pero donde destaca el cine procedente de Estados Unidos (omnipresente y omnívoro en esta industria de la imagen), de Francia (una filmografía con gran sensibilidad y destacada siempre en Cine y Pediatría) y de España (sin duda, con el sesgo de proximidad a nuestras carteleras). 

a) La docencia en el cine de Estados Unidos, caracterizado por relatos épicos e individualistas donde profesores carismáticos actúan como agentes de redención en contextos de conflicto social. Algunos ejemplos: 

- Semilla de maldad (The Blackboard Jungle, Richard Brooks, 1955) 
- El milagro de Ana Sullivan (The Miracle Worker, Arthur Penn, 1962) 
- El club de los poetas muertos (Dead Poets Society, Peter Weir, 1989) 
- Profesor Holland (Mr. Holland's Opus, Stephen Herek, 1995) 
- La sonrisa de Mona Lisa (Mona Lisa Smile, Mike Newell, 2003) 
- Diarios de la calle (Freedom Writers, Richard LaGravenese, 2007) 
- El profesor (Detachment, Tony Kaye, 2011) 


b) La docencia en el cine de Francia, que adopta un tono realista y coral para analizar la escuela como una institución compleja enfrentada a la diversidad cultural y las desigualdades estructurales. Algunos ejemplos: 

- Cero en conducta (Zéro de conduite: Jeunes diables au collège, Jean Vigo, 1933) 
- La piel dura (L'argent de poche, François Truffaut, 1976) 
- Hoy empieza todo (Ça commence aujourd'hui, Bertrand Tavernier, 1999) 
- Los chicos del coro (Les Choristes, Christophe Barratier, 2004) 
- La clase (Entre les murs, Laurent Cantet, 2008) 
- Sólo es el principio (Ce n'est qu'un debut, Jean-Pierre Pozzi y Pierre Barougier, 2010) 
- Camino a la escuela (Sur le chemin de l'école, Pascal Plisson, 2013) 


c) La docencia en el cine de España, donde el aula es un espacio atravesado por la memoria histórica y las tensiones generacionales. Algunos ejemplos: 

- La lengua de las mariposas (José Luis Cuerda, 1999) 
- Katmandú, un espejo en el cielo (Icíar Bollaín, 2011) 
- Entre maestros (Pablo Usón, 2012) 
- Nous, la evolución del pensamiento (Henar Rodríguez y Christian Dehugo, 2019) 
- Picotazos contra el cristal (Rafael Moles y Pepa Andreu, 2019) 
- Uno para todos (David Ilundain, 2020) 
- El maestro que prometió el mar (Patricia Font, 2023) 


d) La docencia en el cine de todas las pantallas del mundo. Algunos ejemplos: 

- Adiós, Mr. Chips (Goodbye Mr. Chips, Sam Wood, 1939), desde el Reino Unido. 
- La Ola (Die Welle, Dennis Gansel, 2008), desde Alemania. 
- La educación prohibida (German Doin, 2012), desde Argentina. 
- María Montessori (Maria Montessori - Una vita per i bambini, Gianluca Maria Tavarelli, 2008), desde Italia. 
- Nuestra querida profesora (Favoriten, Ruth Beckermann, 2024), desde Austria. 
- Ni uno menos (Yi ge dou bu neng shao (Not One Less), Zhang Yimou, 1999), desde China. 
- Profesor Lazhar (Monsieur Lazhar, Philippe Falardeau, 2011), desde Canadá.

(Nota de interés: en el artículo original se recogen muchos otros títulos de películas).

Porque el séptimo arte se convierte en una herramienta terapéutica y pedagógica invaluable para el pediatra, lo que permite una reflexión profunda sobre la influencia emocional en las nuevas generaciones y la defensa de los derechos de la infancia frente a las adversidades.

sábado, 22 de noviembre de 2025

Cine y Pediatría (828) “La acusación” que puede acosar a cualquier profesor


El cine en francés pocas veces deja indiferente. Y he aquí un ejemplo más y relacionado con ese subgénero alrededor de la docencia al que tanto se acerca la filmografía en este idioma. Hoy hablamos de La acusación (Teddy Lussi-Modeste, 2024), film basado en hechos reales, incluyendo la experiencia personal del director, quien participó en el guion junto con Andrey Diwan (a la que conocimos dirigiendo El acontecimiento en el año 2021). Porque esta obra cinematográfica se mantiene bastante fiel a la esencia del caso real vivido por el director, pero con licencias en la narrativa para potenciar la fuerza del mensaje sobre la educación, la injusticia social, la dignidad personal y la fragilidad institucional.  

La acusación narra la historia de Julien (François Civil), un joven profesor de instituto que intenta enseñar desde la confianza y conexión con sus alumnos. De pronto, Leslie (Toscane Duquesne), una tímida e introvertida alumna adolescente, realiza un escrito en el que manifiesta que es acosada por este profesor de francés en el Instituto Paul Eluard. Desde el centro se llama a la familia, y se presenta el hermano de Leslie, quien se pone agresivo contra ella y contra el profesor. De aquí devienen una denuncia… y a partir de ahí la película se desarrolla como un thriller escolar donde lo que importa no es solo la acusación en sí, sino cómo esta afecta profundamente las relaciones humanas, la confianza y la dignidad. Se ve amenazado y ni el director ni la policía le van a proteger. Sigue esperando el hermano de Leslie a la puerta del instituto y se ve obligado a salir como un ladrón de la escuela. No ha hecho nada, pero hay un juicio ya sobre él… “La policía dice que no le hablemos”, le dicen otros alumnos en el patio. 

Porque Julien nos es presentado como un idealista que lucha por educar desde la confianza en un instituto difícil, con alumnos de diferentes nacionalidades. Sin embargo, esta postura no es comprendida ni apoyada por algunos de sus compañeros de claustro, y pronto se encuentra aislado, enfrentando la desconfianza incluso de sus colegas y la administración. Su orientación sexual también hace más compleja la trama, pues no puede ocultarla para defenderse, poniendo en evidencia prejuicios sociales latentes. Julien es gay y le dice a su pareja: “No diré que soy gay solo para demostrar que no me gusta una niña”. Esta situación sin aparente fundamento desata un torbellino de rumores, sospechas y violencia, tanto en la comunidad escolar (donde ve las diferentes reacciones de sus compañeros y la actitud pasiva del director) como en la vida personal del profesor (crece la tensión con su pareja). 

Alumnos maleducados, envalentonados, se la saben todas y no saben nada… Una jauría en el aula que se vuelve contra él. Hasta la delegada del curso escribe en un diario todo lo que cree ver del profesor para contárselo a la policía, y llega a escribir: “El profesor se muerde el labio como en una película porno”. La escena del claustro de profesores no es mucho más tranquilizadora. 

En el tramo final Julien llega a confesarle: “Ya no sé qué puedo hacer…En casa solo hablan de esto, no puedo más. Me equivoqué, pero no puedo decirlo. Ya es tarde. Mi hermano me da miedo. Se lo conté a mi madre y me pidió que no dijera nada. Ella también le tiene miedo. Cuando se enfada nos da miedo, ¿sabe? Supongo que me odia”. La espiral de acoso que se desata sobre Julien y Leslie retrata con realismo la fragilidad humana ante la sospecha y la presión social. Porque ambos, acusadora y acusado, son víctimas de una dinámica de incomprensión, manipulación y un sistema educacional y social incapaz de gestionar estos conflictos con prudencia. Muy conseguida la escena del simulacro final en el instituto con la que finaliza. Fundido en negro y el mensaje “Inspirado en una historia real”. 

La acusación profundiza en la dignidad personal como conflicto moral: hasta qué punto uno debe sacrificar su intimidad y verdad para sobrevivir socialmente ante una acusación. También pone el foco en la precariedad y torpeza de las instituciones, incapaces de proteger ni a acusados ni a presuntos víctimas, evidenciando un sistema administrativo e institucional roto. Y un tercer gran tema es el cuestionamiento de la presunción de inocencia y el poder destructivo del rumor y la desinformación en la esfera pública, especialmente cuando se trata de temas tan delicados como la sospecha de abuso sexual. La manera en que se examina la dignidad del profesor frente a una comunidad que ya ha emitido su juicio invita a reflexiones sobre justicia, verdad, prejuicio, y el impacto de la cultura del juicio rápido. Y todo ello en el entorno de las aulas, un espacio vulnerable que refleja y sufre las fracturas sociales más amplias, mostrando la dificultad de mantener ideales pedagógicos éticos en un entorno muchas veces hostil o indiferente. 

La acusación invita a una mirada crítica al impacto devastador de las acusaciones falsas y de la cultura del juicio social, así como a una reflexión profunda sobre la integridad personal y las limitaciones de los sistemas para proteger la justicia y la verdad en contextos complejos como el educativo. Decir que esta historia no ha pasado desapercibida y ha generado debate en la opinión pública francesa y en ámbitos educativos, reforzando legal y pedagógicamente la prevención y gestión del acoso y abuso, tratando de equilibrar la protección a los vulnerables y el respeto a la presunción de inocencia en un contexto donde casos como el expuesto han puesto de relieve las carencias del sistema. 

Ni que decir tiene que esta historia no parece nueva y guarda similitudes con varias películas que abordan falsas acusaciones y el impacto social y personal de estas en contextos educativos y judiciales. Y, sin duda, la principal comparación es con la película danesa La caza (Thomas Vinterberg, 2012), película que nos dejó sin aliento al ser partícipes de la historia de ese profesor de primaria acusado falsamente de abuso sexual por una pequeña alumna y cómo esta acusación destruye su vida y reputación. Ambas películas comparten una atmósfera tensa, dramática y realista, y abordan temas como el efecto devastador del rumor y la estigmatización social. Pero además, también cabe relacionarla con películas que subrayan lo complicado que lo tienen los profesores para impartir una educación en valores, especialmente cuando los alumnos son adolescentes, y la reciente película alemana Sala de profesores (Ilker Çatak, 2023) es un buen ejemplo.   

Y si agitamos La caza con Sala de profesores es posible que nos acerquemos a La acusación.

 

sábado, 30 de agosto de 2025

Cine y Pediatría (816) “Katmandú, un espejo en el cielo”… de Verónica Echegui

 

La madrileña Icíar Bollaín se introdujo en el cine a través de la actuación, y debutó con tan solo 15 años para ser la Estrella adolescente de esa obra de luz y poesía fílmica que nos regaló Víctor Erice con El Sur (1983). Pero pronto, con 28 años, debutó como directora para abordar el problema de la soledad en la sociedad moderna con Hola, ¿estás sola? (1995). Y ahí se mantiene, con esa sensibilidad especial a la hora de escoger proyectos, todos de hondo calado social y alrededor de mujeres: la inmigración en Flores de otro mundo (1999), el maltrato a la mujer en Te doy mis ojos (2003), la difícil conciliación para la mujer de su vida profesional y personal en Mataharis (2003), la raíces familiares de una joven con su abuelo en El olivo (2016), la emancipación de la mujer en La boda de Rosa (2020), la reconciliación tras el terrorismo de ETA en Maixabel (2021), o el acoso sexual laboral en Soy Nevenka (2024). Estas dos últimas proceden de historias basadas en hechos reales, al igual que nuestra película de hoy, Katmandú, un espejo en el cielo (2011), una historia de superación a través de un proyecto educativo en Nepal.  

Películas todas ellas donde brillan sus actrices: Silke, Candela Peña, Lissete Mejía, Laia Marull, Najwa Nimri, Anna Castillo, Blanca Portillo, Mireaia Oriol,... Y en Katmandú, un espejo en el cielo brilló Verónica Echegui, en lo que hoy queremos que sea un homenaje a esta gran actriz que ha fallecido hace unos días a la edad de 42 años por un cáncer de ovario. Porque todos recordamos su debut en el largometraje como esa adolescente de extrarradio en Yo soy la Juani (Bigas Luna, 2006), lo que le valió su nominación como actriz revelación en los Goya. Su siguiente nominación, pero ya como actriz principal, llegó con su papel de Isa, esa particular atracadora en El patio de mi cárcel (Belén Macías, 2008), y repitió nominación con el papel de Laia, la joven maestra que se traslada de Barcelona a Nepal en Katmandú, un espejo en el cielo. Finalmente consiguió su ansiado Goya como directora en el cortometraje Tótem loba (2021), donde se revisan las tradiciones populares y la normalización de la violencia contra las mujeres. Una gran carrera truncada demasiado joven. Y al revisar nuestra película de hoy confirmamos su potencial para emocionarnos como actriz. 

Katmandú, un espejo en el cielo tiene el protagonismo de tres mujeres, las dos citadas y una más: Icíar Bollaín como directora y guionista con sus señas de identidad; Verónica Echegui en su papel protagonista en todas y cada una de las escenas de esta historia llena de valores; y Victoria Subirana, pedagoga y cooperante catalana nacida en Ripoll en el año 1959, más conocida con el nombre de Vicki Xerpa. Su historia merece un receso, pues es el fundamento de nuestra película: Victoria viajó a los 30 años a Nepal y allí decidió iniciar un proyecto educativo basado en los principios de enseñanza de María Montessori; fue en el año 1993 cuando puso en marcha la Escola Daleki con el objetivo de facilitar las necesidades sociales, intelectuales y psicopedagógicas de los más desfavorecidos de la comunidad; en el año 1998 crea Family Project para la sostenibilidad de los proyectos y mejorar las condiciones de vida de las familias sin recursos; en el año 2000 crea el segundo centro escolar en Katmandú y, en el año 2002, la asociación Amigos de Vicki Xerpa se transforma en la Fundació EduQual (Educació de Qualitat per tothom), una ONG encargada de financiar los proyectos en Nepal. Y ese año 2002 también publica el libro autobiográfico "Vicki Xerpa, una mestra a Katmandú" donde narra sus experiencias, lo que sirve de base para el film que hoy nos convoca. 

Pero aquí nuestra protagonista no se llama Vicki, sino Laia (Verónica Echegui), su alter ego en la película, esta joven maestra catalana que desde el inicio de la historia vemos como voluntaria en una escuela local de Katmandú, esa ciudad de un millón de habitantes fascinante y caótica ubicada en el valle del mismo nombre y rodeada de montañas, una mezcla cultural vibrante de budismo e hinduismo y que funciona como la capital de Nepal, situada en el centro del país y una de las puertas del entrada a la cordillera del Himalaya. Aquí pronto descubrirá la pobreza que le rodea y un panorama educativo desolador que además deja fuera a los más necesitados (los llamados “intocables”), y donde la corrupción no es ajena. Pero ella ha viajado desde Barcelona porque quiere ser aquí maestra por encima de todas las dificultades que se le presenten, y para ello cuenta con el apoyo de la joven maestra local, Sharmila, quien acabará siendo también su mejor amiga. En el primer tercio de la película abundan los flashbacks a su infancia y juventud en Barcelona, con vivencias en el hogar y en la escuela que no son idílicas tampoco. 

Para no ser expulsada del país, tiene que arreglar un matrimonio de conveniencia para legalizar su situación, y lo hace con un Tsering, un joven desconocido, reservado y respetuoso, cuya familia vive en las recónditas alturas del Himalaya, quien acaba siendo su gran soporte y del que acaba por enamorarse. Y, en ese espectacular paisaje, Tsering le comparte un pensamiento de su abuelo: “Mi puñado de tierra, mi espejo en el cielo”. Shamila y Tsering se convierte en sus dos baluartes para que Laia consiga su espejo en el cielo y logren abrir una escuela. Pero no es fácil, pues apenas acuden niños y niñas, pues están trabajando para traer dinero y que sus familias pueda comer: “Laia, es la pescadilla que se muerde la cola”, le recuerda Shamila sobre las difíciles condiciones sociales. Finalmente logran que acudan al colegio con el acuerdo de que allí se les dará de comer. Y más adelante consigue que también acudan las madres a aprender a leer y escribir. En esa experiencia vivirá historias duras con algunas alumnas, como es el caso de Kushila y Bimala, pero que solo harán que reforzar su voluntad de seguir adelante. 

Así es como Laia se embarca en un ambicioso y personal proyecto pedagógico en los barrios de chabolas de Katmandú. Regresa a Barcelona para conseguir apoyos y desde allí escribe a Tsaring: “Mi espejo en el cielo está en Nepal con los niños, con Shamila, contigo…”. Y en su regresó retoma ese viaje que la llevará hasta el fondo de la sociedad nepalí y también hasta el fondo de sí misma, aunque llegará un momento en que tendrá que continuar sola, pues Tsering y Shamila ya no estarán con ella por motivos que el espectador descubrirá en el tramo final de la película. Y recordamos las palabras de Laia: “Necesito hacer esto. Nunca había hecho algo con tanto sentido”. Y también recodamos la banda sonora de Pascal Gaigne, un buen complemento a las imágenes y los mensajes.
 
Recomiendo ver esta película en versión original (la versión doblada ha originado críticas duras, pero es que siempre un film debería verse sin doblar). Aunque la historia no tenga un guion tan conseguido como la primeras obras de Icíar Bollaín, lo cierto es que es todo un viaje emocional que nos invita a la reflexión, mostrando un choque cultural y una búsqueda personal en un entorno complejo. Y donde cabe revisar tres temas: el dilema del "salvador blanco", pues a todo cooperante occidental cabe recordarle que la verdadera ayuda no es paternalista, sino colaborativa; la educación como motor de cambio, subrayando de nuevo el poder transformador de la educación como mejor herramienta para romper el círculo de la pobreza y la discriminación; y ese “espejo en el cielo" (que forma parte del título de la película) que transforma a la ciudad de Katmandú en el lugar donde Laia encuentra su espejo interior, lo que le permite confrontar sus propios prejuicios y descubrir su verdadera vocación y fuerza interior. 

Y ese espejo en el cielo que deseamos a Verónica Echegui. Sea nuestro homenaje desde Cine y Pediatría, con la recomendación de que vale la pena prescribir esta película para formarse en valores. Un regalo de tres mujeres: Icíar, Verónica y Victoria.

 

sábado, 19 de julio de 2025

Cine y Pediatría (810) “Nuestra querida profesora”, difícil de encontrar, difícil de dejar e imposible de olvidar

 

Las historias alrededor de alumnos y profesores en las escuelas e institutos es un tema recurrente en Cine y Pediatría. Películas llenas de valores desde la ficción o la realidad. Y dentro de la realidad de algunas historias, un buen número de ellas se enmarcan como películas documentales y son ejemplos paradigmáticos las siguientes, desde diferentes nacionalidades: desde Francia, Ser y tener (Nicolas Philibert, 2002), La clase (Laurent Cantet, 2008), Sólo es el principio (Jean-Pierre Pozzi y Pierre Barougier, 2010), Camino a la escuela (Pascal Plisson, 2013), El gran día (Pascal Plisson, 2015); desde España, Entre maestros (Pablo Usón, 2012), La hora del patio (Manuel Pérez Cáceres, 2012), El lápiz, la nieve y la hierba (Arturo Méndiz, 2017), Picotazos contra el cristal (Rafael Moles y Pepa Andreu, 2019), Nous, la evolución del pensamiento (Henar Rodríguez y Christian Dehugo, 2019), Las clases (Orencio Boix, 2021); desde Argentina, La educación prohibida (German Doin, 2012), Escuela normal (Celina Murga, 2012), Escuela de sordos (Ada Frontini, 2013), Las clases (Orencio Boix, 2021); desde Bélgica, Pequeña escuela (Lydie Wisshaypt-Claudel, 2022), Una oportunidad para ellos (Thierry Michel, Pascal Colson, 2017); desde Estados Unidos, Esperando a Superman (Davis Guggenheim, 2010); desde Países Bajos, Los niños de la señorita Kiet (Peter Lataster y Petra Lataster-Czisch, 2016); desde Alemania, El profesor Bachmann y su clase (Maria Speth, 2021); entre otras muchas. Y hoy llega la reciente película documental austriaca, Nuestra querida profesora (Ruth Beckermann, 2024).  

Nuestra querida profesora retrata, durante tres años (entre 2020 y 2023) y tres cursos, a un grupo de niños y niñas que crece desde segundo hasta cuarto de Primaria en una escuela pública del distrito de Favoriten, una de las zonas más multiculturales de Viena, y siempre con la misma profesora, Ilkay, de origen turco. De hecho, el título original de esta película es, precisamente, Favoriten. Y en el transcurso de este periodo escolar nos sumergimos en un gran colegio vienés en el que la mayoría de alumnos son inmigrantes (de Turquía, Siria, Túnez, Chechenia, Afganistán, Ucrania, Bulgaria, Macedonia, Albania,…) y están integrándose y aprendiendo en alemán. Además de la falta de recursos, Ilkay y sus colegas profesores se enfrentan a estas clases multiculturales en las que la comunicación a veces se ve dificultada por el idioma. 

Es Nuestra querida profesora una película que se transforma en una oda a la infancia, donde se celebra el trabajo de los educadores y el aprendizaje de cada día, tanto dentro como fuera de las aulas. Y con dos aspectos nucleares que son el punto de partida del documental de Ruth Bechermann: uno, el conocer que del 60 % de los niños de las escuelas primarias vienesas no hablan alemán como primera lengua; y, al mismo tiempo, reconocer que hay una aguda escasez de profesores. Dos datos que pueden sorprender de una sociedad tan aparentemente avanzada y estructurada como la austriaca. 

Y durante estos tres cursos acompañamos a esta clase de alumnos desde los 7 a los 10 años, allí donde su ambiciosa profesora, Ilkay, está decidida a crear un entorno inclusivo y seguro para los esos niños y niñas que en su mayoría no hablan alemán en casa, y donde muchas familias están marcadas por la guerra y se enfrentan a la discriminación. A pesar de contar con pocos recursos, Ilkay guía a su clase a través de las aventuras de la educación, con visibles derrotas y victorias del día a día. Y durante el metraje vamos conociendo a los 24 alumnos de clase (Majeda, Melisa, Teodora, Mohammed, Egemen, Selin, Eda, Hafsa, Ibro, Valentin, Manessa, Alper, Rebeca, Nerjiss, Dani, Beid, Ibrahim, Liemar, Furkan, Selen, Natalia, Danilo, Fátima, David) y también algo de sus familias, con sus luces y sus sombras, con sus dificultades y oportunidades. 

Porque durante estos tres cursos asistimos a muy diversos momentos de esa interacción entre alumnos y su profesora, desde las clases tradicionales a las clases de relajación o natación, desde las visitas a una mezquita a la visita a la catedral de San Esteban de Viena, desde la celebración de la llegada del Ramadán (“Aún sois niños. Los niños aún no estáis obligados a ayunar. Pero también podéis probarlo. El fin de semana, el sábado o el domingo”) a los debates sobre las guerras de Siria y Ucrania (y el mensaje de Ilkay: “Para mí es muy importante que lo recordéis. La paz es lo más importante del mundo. La guerra, las peleas y los golpes, eso también lo aprendemos en la escuela…,¿sirve de algo?”), desde los exámenes a las tutorías con los padres de los alumnos. Y esa continua mediación de la profesora en los conflictos y peleas de sus alumnos en busca de la conciliación. Y todos integrándose al alemán, tal como una alumna recuerda a otra: “No hables turco. Habla alemán. Eso no está permitido”

En un momento dado, el director del centro reúne a los profesores y les cuenta que no contarán este curso con trabajadora social ni con psicóloga por varios motivos, y no saben si tendrán sustituta. Y así ocurre cuando, en cuarto de Primaria, Ilkay comunica a sus alumnos que está embarazada y tendrá que irse de baja a mitad de curso. Y la despedida de sus alumnos es muy emotiva, e incluye mensajes como este que una alumna le regala: “Un buen profesor es difícil de encontrar, difícil de dejar e imposible de olvidar”. Y en el momento de la despedida Ilkay se pone a llorar porque no han conseguido que nadie la releve para el resto del curso y muchos de los niños y niñas también lloran desconsoladamente. “Estudiad mucho, demostrar a los demás de lo que sois capaces…Habéis aprendido mucho en los últimos cuatro años… Que sean lágrimas de alegría porque nos volveremos a ver”. Y tras el final, uno a uno se van presentando los 24 alumnos. Y este mensaje como colofón: “Tres días después, se encontró un nuevo profesor para la clase. Rodada entre otoño de 2020 y primavera de 2023 en la escuela primaria más grande de Viena Bernhardsthalgasse, distrito 10, Favoriten”. 

Una película especial, una vivencia especial. Porque Ruth Beckermann filma con una mirada empática pero sin idealizar, y para ello su dirección es contenida y deja que las escenas hablen por sí mismas. Usa ese cine de observación sin entrevistas ni voz en off, donde la cámara es casi invisible, lo que permite una naturalidad y espontaneidad sorprendentes. Y donde hay una clara intención de no juzgar, sino de observar y comprender esta realidad que se nos cuenta en un momento donde Austria, como gran parte de Europa, enfrenta debates sobre la inmigración, la identidad nacional y la integración. El documental evita lo panfletario, pero es profundamente político en su elección de tema: mostrar cómo se construye la sociedad desde abajo, desde el aula. 

Nuestra querida profesora nos regala varios temas para el debate, como el multiculturalismo y migración (donde esa aula se convierte en un retrato de la nueva Europa, un microcosmos de nuestra sociedad, donde la integración, el entendimiento y los choques culturales son parte del día a día), la educación como herramienta social (con el papel central de esta profesora firme y paciente, dialogante y creativa, que intenta integrar los valores familiares y culturales para enseñar respeto mutuo y fomentar la convivencia) y esa construcción de la identidad desde la infancia (porque la película da voz a los alumnos, a sus sueños, sus frustraciones, sus preguntas sobre género, religión y pertenencia, por lo que, a través de ellos, se refleja la tensión entre las raíces culturales de sus familias y los valores del país que los acoge). En general, una película documental conmovedora y reflexiva que destaca la importancia de la educación y la dedicación de los docentes. Y como esta profesora, también una película difícil de encontrar, difícil de dejar e imposible de olvidar.

 

sábado, 5 de octubre de 2024

Cine y Pediatría (769) “Sala de profesores”, desconcertante reacción en cadena


Son decenas las películas que en Cine y Pediatría hemos analizado en relación con la docencia en las aulas, ese punto de encuentro de alumnos y profesores. Pero la que hoy vamos a comentar tiene algo de particular. Porque Sala de profesores (Ilker Çatak, 2023) es una impresionante película alemana donde este director turco-alemán (también coguionista) nos relata un drama tenso en formato thriller rodado entre los muros de un colegio con mucha capas, allí donde un incidente pequeño provoca una reacción en cadena de grandes proporciones y que nos devuelve una visión del mundo de la pedagogía desconcertante. La película ha sido multipremiada en diferentes festivales de cine y fue nominada como mejor película internacional en los premios Óscar de 2024, premio que recayó en la película británica La zona de interés (Jonathan Glazer, 2023). 

La protagonista principal es Carla Nowak (Leonie Benesch), una joven profesora polaca que ha comenzado a trabajar en una escuela alemana. Se aprecia que es una profesora idealista y de fuertes convicciones morales, a la que le toca asumir las asignaturas de matemáticas y gimnasia en una clase de secundaria. Llama la atención esa particular manera de comenzar sus clases, con ese particular “guten tag”, así como esas palmadas de toda la clase para ordenar silencio. Pero la noticia de que han ocurrido una serie de robos (de dinero y material escolar) en la escuela desencadena una serie de hechos que le harán enfrentarse a niños agresivos que pierden el respeto, a padres ofensivos y acusadores, a compañeros poco solidarios, a un sistema educativo ineficaz e, incluso, a sus propios principios. 

La directora y su administración están llevando a cabo una investigación que comienza interrogando a los dos delegados de clase, a quien se les recuerda: “Será mejor no contar lo que hemos hablado”. La sospecha inicial recae en un alumno inmigrante turco que está en la clase de Carla, pero el proceder no convence a la profesora, por lo que un compañero le reprende: “Entiendo su indignación, pero usted no sabe desde cuándo lleva pasando esto. Hay gente aquí robando todo lo que puede y más. Tenemos que actuar cuando se presenta la ocasión”. 

Mientras convive con la rebeldía de sus alumnos preadolescentes y las incoherencias de sus colegas, su sospecha sobre quién puede haber sido el causante de los robos lo desestabiliza todo. Y la historia avanza con un cierto tono de thriller con esa particular banda sonora de Marvin Miller, inquietante entre las aulas, pasillos, patio de recreo… y en la sala de profesores. No ocurre nada extraordinario, pero es que lo ordinario que visualizamos no nos da respiro en ese pequeño mundo que es un centro escolar y que se nos presenta como representativa de nuestra convulsa sociedad, entre los derechos y deberes, entre el racismo y el clasismo, entre la libertad de prensa y las redes sociales y, especialmente, en lo complicado que lo tienen lo profesores para impartir una educación en valores. Y todo ello mientras la cámara sigue constantemente el rostro de Carla, una Leonie Benesch en estado de gracia, y quien se debate con su propia brújula moral. 

Y en Sala de profesores hay escenas que vale la pena destacar. La tutoría con los padres y ese enfrentamiento con una madre: “Los padres tienen derecho a saber lo que pasó. Los padres tienen derecho a saber que la profesora de sus hijos irá a juicio…¿Quieren saber lo que ha pasado? Esta mujer ha grabado vídeos a escondidas en el colegio de los trabajadores ¡Ha estado espiando! ¡Acusando! Con calumnias y difamaciones. ¡De todo! Ha arruinado una vida con sus suposiciones. Yo no me creería una palabra de lo que diga. Avergüencese…”. También la entrevista de los alumnos para la revista del colegio y ese tercer grado a Carla con su “Queremos saber que pasa en el colegio”. O la amenaza de ese alumno, Oskar, que defiende a su madre, e intenta que su profesora se retracte: “Discúlpese con mi madre públicamente o sufrirá las consecuencias”. Todo esto hace que el caos, la insubordinación y la violencia se apoderen de la clase y en la sala de profesores deciden expulsar a Oskar durante 10 días y revalorar luego. Y aunque Carla dice a los alumnos aquello de que “Lo que pasa en la sala de profesores se queda allí”, realmente todo trasciende. 

Y todo esto transcurre con una interpretación tan veraz que vivimos muy de cerca los sentimientos de la profesora. Y es sorprende su capacidad de contención para lo que tiene que vivir…, hasta que solicita a sus alumnos que griten, en una de las escenas que más se recuerdan. Y que nos lleva a un desconcertante final…, donde quizás esperábamos algo más. Pero donde entendemos que el robo era un simple “macguffin” para conformar esta historia, allí donde el dictado de tolerancia cero del centro escolar conduce a la denuncia, la sospecha y la exclusión, en lugar de crear un espacio seguro

Porque en Sala de profesores el director Ilker Çatak plantea preguntas morales que no permiten respuestas sencillas, y que nos permite reflexionar sobre lo difícil que es distinguir entre el bien y el mal, allí donde Leonie Benesch nos transfiere de forma magistral la desesperación cada vez mayor de su personaje, con sonrisas inseguras y miradas nerviosas persistentemente. Quizás igual que las nuestras o de la de aquellos profesores que hayan vivido situaciones similares. 

No puedo terminar el análisis de esta película, sin comentar que la sensación de inquietud que me ha provocado fue, de alguna manera, la que sentí en su momento con la película danesa La caza (Thomas Vinterberg, 2012), esa caza a la presunción de inocencia de Lucas, un maestro de guardería, magníficamente interpretado por Mads Mikkelsen. Y también desgarradora y con un final desconcertante. 

  

sábado, 7 de septiembre de 2024

Cine y Pediatría (765) Profesores singulares en las infancias del mundo

 

Son decenas el número de películas que hemos ido desgranando ya en Cine y Pediatría alrededor de la docencia en las aulas y junto a esos alumnos peculiares y profesores singulares. Algunos de estos docentes ya quedan grabados en nuestra memoria fílmica, y baste recordar algunos como Arthur Chipping o Mr. Chips, Ana Sullivan, Mark Thackeray, John Keating, Glenn Holland, Sean McGuire, Katherine Watson, Clément Mathieu, Erin Gruwell, Brad Cohen, Bachir Lazhar, Anne Gueguen, Dieter Bachmann, María Montessori, entre otros muchos profesores ficticios o reales.           

Profesores singulares en la formación de la infancia, a los que hoy sumamos dos títulos más, uno desde Italia y el otro desde Francia (país donde la filmografía alrededor de la educación siempre ha estado muy presente), aunque ambientado en Groenlandia. 

- Un profesor singular (Marco Ferrari, 1979) gira alrededor de Roberto (Roberto Beningni), un joven neófito en la docencia, quien consigue un nuevo trabajo como profesor en una guardería y acaba incorporando peculiares métodos educativos. Es el primer y único encuentro entre dos italianos singulares, el director Marco Ferreri (quien filmó en España tres obras que se encuentran entre lo mejor de su filmografía: El pisito, 1958; Los chicos, 1959; y El cochecito, 1960) y el actor Roberto Benigni (que forma parte ya de Cine en Pediatría en obras como La vida es bella y Pinocho, en ambas como director y actor). Para el histriónico Beningi este era su segundo papel protagonista, tras Berlinger, te quiero (Giuseppe Bertolucci, 1977) y su pequeño papel en La Luna (Bernardo Bertolucci, 1979).    

Y es que el papel le va Benigni como anillo al dedo, el de este histriónico profesor que se enfrenta cada día a decenas de preescolares y que usa particulares métodos docentes, como un televisor, una grabadora o un asno. No es de extrañar que alguien le diga: “Hoy en día los maestros estáis locos”. Y con los persistentes acordes del bandoneón del tango, somos espectadores de su enamoramiento con Isabella (Dominique Laffin), la madre de una de sus alumnas, así como su convivencia con un compañero de piso, Luca el Magnífico, con un fenotipo peculiar que mezcla características de un síndrome de Marfan y un cromosoma X frágil, así como ese alumno que no habla y no quiere comer, GianLuigi, con rasgos de un trastorno del espectro autista (distorsión profesional, claro está, ambas divagaciones). 

Una extraña película, no fácil de entender y encuadrar, donde la excesiva espontaneidad actoral y la libertad de grabación nos lleva a la isla de Cerdeña, allí donde acuden algunos niños de la guardería con Roberto e Isabella a punto de parir, momento en el que una niña nos devuelve esta reflexión: “Todos nacemos de la tripa. Después te haces mayor, vas a la escuela. Luego te vuelves viejo”. Y el final de la película nos lleva a esa playa donde las olas ahogan el llanto del recién nacido y el sonido del bandoneón. 

Porque Un profesor singular es una película singular de la suma de un director y actor singulares que se enfrentan a un guion singular. 

- Profesor en Groenlandia (Samuel Collardey, 2018) es la historia de Anders (Anders Hvidegaard, interpretándose a sí mismo), un profesor recién licenciado, quien decide dejar su Dinamarca natal en busca de una aventura laboral en Groenlandia (como sabemos, un territorio danés autónomo que es la mayor isla del mundo y que atesora una de las más bajas densidades de población). De nuevo un profesor sin experiencia, como nos ocurría en Un profesor singular, pero aquí con toques de la mítica Nanook, el esquimal (Robert J.Flaherty, 1922) y de aquella famosa serie de televisión de la década de los 90, Un doctor en Alaska. Una película con paisajes increíbles, auroras boreales y climatología extrema, un mundo de nieve y hielo que nos devuelve maravillosos fotogramas (fotografía realizada por el propio director). Y no es la primera vez que el director francés, Samuel Collardey, nos presenta ese contraste entre la vida de ciudad y la vida rural, y así ya lo vimos en films previos como L´apprenti (2008), Como un león (2013) o Tempête (2015). 

En esa inmensidad se encuentra Tiniteqilaag, un asentamiento con unos cien habitantes, un conjunto de casas de colores dispersas entre el blanco del paisaje, casas sin agua corriente donde tres veces a la semana llegan “los hombres de mierda” a llevarse los restos del inodoro. En ese contexto, no es difícil entender que Anders sienta el reto en primera persona y, además, se siente extraño y alejado de sus habitantes, al ser una comunidad muy cerrada. Su misión será enfrentarse a una decena de niños algo rebeldes entre 7 y 10 años, donde aprenden en danés (no en groenlandés). También percibe que la mayoría de estos alumnos no viven con los padres, sino con los abuelos. Y pregunta: “¿Sabéis si algún niño no come lo suficiente en casa?”

El tiempo pasa y el desánimo no mejora, pues la falta de respeto de los alumnos hacia la escuela no es posible mejorarla con los padres, quienes no dan importancia a la escolarización. Y donde va percibiendo la tensión que implica que los daneses no sean bien recibidos, a los que consideran colonizadores de su territorio. Con el tiempo, Anders cuestionará sus convicciones centroeuropeas y aceptará su nuevo estilo de vida polar, donde establece una especial relación con el niño Asser (quien está más tiempo pescando con el trineo del abuelo que en la escuela). 

Curiosamente, un conflicto de fondo entre Dinamarca y Groenlandia filmado por un francés, y con un dilema personal, el de este profesor que toma una decisión final con el avistamiento de ballenas que disfrutan Anders y Asser. Una película entre la ficción y el documental que termina así: “Cuando se acabó de hacer esta película, en enero 2018, Anders Hvidegaard aún era maestro en Tiniteqilaag”. 

Dos profesores singulares entre las infancias del mundo…

 

sábado, 22 de junio de 2024

Cine y Pediatría (754) Documentales educativos de cine (y 4): “Escuela normal”, “Nous, la evoluación del pensamiento” y “Las clases”

 

Y finalizamos hoy nuestro homenaje en Cine y Pediatría a ese gran número de película documentales alrededor de los centros educativos y la docencia, sabiendo que es un homenaje incompleto y en continua evolución. Y lo hacemos hoy de con la película argentina Escuela Normal (Celina Murga, 2012) y las películas españolas Nous, la evolución del pensamiento (Henar Rodríguez y Christian Dehugo, 2019) y Las clases (Orencio Boix, 2021). 

- Escuela Normal (Celina Murga, 2012), donde su directora regresa a la institución donde cursó secundaria, la histórica Escuela Normal Superior José María Torres, en Paraná (Entre Ríos), y lo hace para registrar los acontecimientos que habitan ahora la cotidianeidad y encrucijadas de esta institución centenaria, fundada por Domingo Faustino Sarmiento en 1871 y que hoy alberga a 1600 alumnos de los distintos niveles educativos. 

La cámara de Murga nos sumerge, cámara en mano y con sonido en directo, no fácil de ver y seguir, a este mundo escolar de estudiantes, profesores y espacios. Comienza muy pronto la intensa actividad de esta escuela pública, aún es de noche, y seguimos a la directora que revisa que todo está en marcha y funciona. Todos en el patio escuchan la canción “Aurora”, una de esas canciones populares que simbolizan en nacimiento de la nación Argentina, mientras izan la bandera: “Alta en el cielo un águila guerrera eleva su vuelo triunfal…”. Y tras 140 horas de material filmado se nos presenta en 87 minutos tres aspectos que vertebran la historia: las elecciones para el comité de estudiantes, la resolución de los conflictos cotidianos que surgen por parte de los profesores y la reunión de una asociación de maestras jubiladas que se reúnen para recordar tiempos pasados aquí. 

Y la Escuela Normal funciona como un microcosmos, donde se mezclan clases y patio, diversión y tedio, alumnos y profesores, conflictos y momentos festivos, también reflexiones: “El alumno no es un mero acumulador de contenidos, aprende de nuestras actitudes como persona, aprende de la metodología que utilizamos”. Y donde la bandera y los himnos siguen apareciendo, de nuevo en dos momentos más, como en la Fiesta de la Independencia y también ese himno final a Sarmiento, este personaje ya nombrado que impulsó fuertemente la educación pública (con la fundación de más de 800 escuelas en toda Argentina) y la cultura (pues impulsó la creación de Bibliotecas populares y el primer censo escolar). 

- Nous, la evolución del pensamiento (Henar Rodríguez y Christian Dehugo, 2019) nos transporta al corazón de la escuela privada ý pública en dos contextos socioculturales diferentes, entre el primer y tercer mundo, entre Europa (Liceo Francés Les Joyeux Bambins de Castilla y León) y África (una escuela pública en Bobo-Dioulasso, Burkina Faso). Y en donde se abren espacios de diálogo con el alumnado donde los profesores les dan la oportunidad e reflexionar sobre grandes cuestiones en la humanidad, pues las preguntas se repiten en cada centro escolar: quiénes somos, qué es la verdad, la realidad, el conflicto, la exclusión, la sostenibilidad… hasta llegar a qué es el amor. 

Comienza la película con imágenes de el juego de la rayuela en estos dos colegios, porque como al final nos explican los directores, Henar Rodríguez, investigadora educativa, y Christian Dehugo, compositor y profesor, la rayuela es ese juego infantil que simboliza el avance entre la tierra y el cielo. Y con esas preguntas realizadas a los alumnos se ha partido del yo (la tierra) y se ha llegado al amor (el cielo), y a través de los otros temas ya comentados. Y, por medio de estos talleres de pensamiento, se aprecia en sus respuestas la influencia del contexto social, religioso y económico, reflexiones profundas e interesantes en tres etapas con alumnado de preescolar (5 años), escolar (10-11 años) y adolescentes (16-17 años). 

Y este grupo de niños, niñas y adolescentes nos marcan algunos hitos que derivan de la globalización y multiculturalidad de nuestra sociedad del siglo XXI y que buscan crear puentes de convivencia en la docencia del futuro. Y en los 65 minutos de metraje también somos partícipes de las opiniones de los profesores de los distintos niveles educativos, tanto en España como en Burkina Faso. Y como nos dice uno de ellos: “Se podría introducir la noción de filosofía, porque lleva a tener un espíritu crítico, a tener cómo defenderse frente a lo que recibimos, porque la gente está a menudo adaptada al sistema dogmático; y la filosofía puede inducirlos a pensar de otra manera, a criticar y no decir que es legítimo lo que se hace y poder tener otra manera de ver las cosas”. Y es que, de alguna forma, asistimos a sesiones de filosofía para niños y adolescentes, algo que ya vimos en la etapa preescolar en la película Solo es el principio (Pierre Barougier y Jean-Pierre Pozzi, 2010). Y es que para abordar la reflexión sobre la educación y los sistemas educativos siempre es bueno regresar al principio y seguir mejorando.  

- Las clases (Orencio Boix, 2021), documental grabado en septiembre de 2020 en el colegio público Ramiro Solans de Zaragoza, situado en el barrio obrero de Oliver (con la inmigración y multiculturalidad muy presente en sus aulas), tras reabrir la actividad escolar después de seis meses de confinamiento por esas pandemia de la covid-19, de cuyo nombre no quiero acordarme. Y así comienza, con esta voz en off de un pequeño alumno: “Fue un día, así como así, cuando nos encerraron, salíamos a las 8 en punto a aplaudir todos los días…Le saqué algo positivo a la pandemia: poder estar más rato en familia”

Y la película transcurre con mascarillas de todos los colores, formas y texturas en alumnos, profesores, familiares y sociedad, allí donde tuvimos que reinventar escenarios inauditos de convivencia y trabajo, también en las escuelas y en la educación. Y aparecen esas escenas de toma de la temperatura a los niños al entrar en el centro escolar, el lavado de manos con gel hidroalcohólico, los flujos de circulación, líneas en el suelo y carteles múltiples de mensajes sobre el monotema, las distancias de separación y el no tocarse… Y el regreso al colegio tras meses encerrados, con la experimentación en la dudosa formación digital, con más dudas que respuestas. Una no vuelta al colegio que en España fue de meses, pero en algunos países superó el año, lo cual cabe reflexionar para nunca volver a cometer un error así. Por mucho que se utilizaran eufemismos como el de “la nueva normalidad” y “la escuela postcovid”. Porque si algo constamos con esa anormalidad a la que nos sometieron fue la gran capacidad de adaptación de la infancia y adolescencia, incluso de los más pequeños,.. aunque eso no debe hacernos olvidar los problemas psicosociales que nos ha dejado en esta población. 

Y en este documento vibrante y luminoso de 90 minutos, profesores y alumnos debaten sobre cómo se sintieron y sienten. Y aquí quiero destacar la enseñanza que una maestra realiza en su clase a través de los conocidos como “los tres filtros de Sócrates”, que como reflexionan los alumnos nos debe hacer pensar tres veces antes de actuar: una por si estás seguro, otro por si es verdad y otra por si es necesario. Qué gran mensaje oír este pensamiento de Sócrates a través de una niña y enviar el mensaje a políticos y gestores para que en la próxima pandemia, antes de tomar decisiones que tanto nos afectan, se aplican estos tres filtros de Sócrates

Decir que este film contó con la participación de dos figuras relevantes en el campo de la educación en España, quienes debaten y también son preguntados por los alumnos: Mónica Garcés, filósofa y ensayista, y Carlos Magro, presidente de la Asociación Educación Abierta. 

Y con esta maravilla del aprendizaje de los tres filtros de Sócrates, finalizamos por ahora este breve recorrido por estas películas documentales sobre el mundo de la educación. Un viaje multicultural, y bajo diferentes prismas, al corazón de la escuela.

 

sábado, 15 de junio de 2024

Cine y Pediatría (753) Documentales educativos de cine (3): “Una oportunidad para ellos” y “La hora del patio”


El polifacético e interdisciplinario Jean-François Lyotard, filósofo, sociólogo y teórico literario francés, nos dejó esta reflexión: “La educación es el arte de hacer visibles las cosas invisibles”. Y en este post, que continúa la serie de documentales de cine sobre la educación, tiene también esa pretensión: hacer visibles estos interesantes documentales alrededor de la docencia que siguen siendo invisibles para la mayoría de los espectadores. Y que gracias a plataformas como Filmin podemos recuperar, analizar, reflexionar y aprender. 

Y hoy queremos difundir y comentar dos películas documentales más sobre diferentes aspectos de la educación: la película belga Una oportunidad para ellos (Thierry Michel, Pascal Colson, 2017) y la película española La hora del patio (Manuel Pérez Cáceres, 2012). 

- Una oportunidad para ellos (Thierry Michel, Pascal Colson, 2017) nos sumerge en una aula del último curso de primaria de la antigua ciudad minera de Cheratt, situado en la región belga de Valonia, donde la mayoría son alumnos inmigrantes (turcos de religión islámica), por lo que algunos la han definido como la antesala de La clase (Laurent Cantet, 2008).  

Compartimos el curso escolar con 16 alumnos (Ahmet, Arda, Baran, Dilay, Gizem, Melinda, Muhamett Ali, Sila,…) y su vivaz profesora (Brigitte Waracquier), en un año importante para ellos, pues deben superarlo para poder entrar al año siguiente en secundaria, con cambio de centro y ya sin el caparazón protector de la primaria. A lo largo de sus 100 minutos de metraje compartimos los diálogos y las vivencias en la clase y en el patio, en los seminarios y en las reuniones de grupo, en la clase de religión islámica (a la que asisten 15 alumnos) y a la clase de moral laica (en la que solo asiste el alumno restante, el único que no es turco de esa aula), y también a las tutorías con las diferentes familias, los periodos vacacionales y la fiesta de fin de curso. Y en todo momento se nos muestra al lado del colegio esa torre gigante de la empresa minera cerrada, como un esqueleto abandonado de lo que hizo de esta ciudad un lugar de llegada de inmigrantes, los abuelos y padres de los actuales alumnos. Muy significativa es la visita a las galerías abandonadas de la mina y la declaración de una de las alumnas: “Mi abuelo murió por culpa de la mina de carbón. Por el polvo. Dijo que era duro. Estar bajo la tierra no es muy agradable”. Una declaración que al que esto suscribe resulta muy cercana, al ser hijo de mineros y haber acudido también en mi infancia a un centro escolar junto a las minas del pueblo. 

“Creo que voy a pasarme todo este curso llorando”, nos dice la profesora al inicio del curso, dado los lentos avances del alumnado. Y especial relevancia adquieren las conversaciones entre alumnos y profesora, sobre temas como el amor, la felicidad, el acoso escolar y ciberbullying,… y cómo se aprecia en sus respuestas la influencia de la religión a través del Corán (pues en la localidad tienen mezquita y escuela coránica, a la que asisten): “Cuando te cases, ¿quieres que tu esposa lleve pañuelo?", “Que qué me hace feliz. Pues ver sonreír a mi familia”. “Tengo miedo que me acosen. De acabar matándome. Muchos adolescentes se suicidan porque son infelices”. Y todo ello bajo la dirección docente de Brigitte, severa en ocasiones, condescendiente casi siempre y que les ayuda a caminar en el camino de su formación. 

La noticia en televisión de los atentados yihadistas en el aeropuerto y la red de metro de Bruselas nos sitúa el desarrollo de los hechos en el año 2016. Y antes del examen de certificación de final de eses curso, cada niño y niña expresa lo que espera de su futuro, antes de enfrentarse a la confirmación del aprobado o no, eso sí, realizado con el mismo sentido y sensibilidad que acoge todo el metraje. Y aquí finaliza su preparación en Primaria. Y al curso siguiente les espera el instituto a la mayoría. 

- La hora del patio (Manuel Pérez Cáceres, 2012) nos acerca al centro escolar catalán de la Escuela Barrufet, donde convivimos en el aula y en el patio de recreo con los alumnos de esa clase de segundo de Primaria, niños de 7 y 8 años, entre los que se encuentra un alumno diferente, Pau Felipe. 

Porque a Pau Felipe le gusta contar los nudos de su cuerda roja y su cuerda azul, prefiere aislarse a jugar con los demás compañeros, decide quedarse en el alfiz de la puerta de clase y observar las luces del techo, le cuesta hablar y no le gustan los petardos. Y vamos descubriendo que Pau es un niño con trastorno del espectro autista integrado en un aula, donde recibe el apoyo continuo de su tutora Rosa y de la joven profesora de apoyo. Y así les habla Rosa a sus alumnos, en una hermosa conversación para entender mejor a Pau y ayudarle: “Mirad, yo os quería hablar de una cosa, que ya hace tiempo merodeaba mi cabeza. Que tenía ganas de comentároslo y a ver qué opináis vosotros. Si podéis ayudarme a qué podemos hacer. Resulta que vosotros sabéis que tenemos un compañero de clase, Pau Felipe. Y hay muchas cosas que Pau las hace muy bien porque es muy espabilado, pero hay otras que le cuestan un poco. ¿Qué cosas creéis que le cuestan más a Pau?” 

Y bajo los recurrentes acordes musicales de Jordi Batiste somos espectadores de la relación Pau con los profesores y compañeros de clase, en el aula, en el patio y en otras actividades extraescolares. El seguimiento de los conflictos, dificultades y progresos de Pau centrará nuestro interés durante el tiempo que acompañemos a la clase de Els Ocells. Un documento que nos sumerge en una realidad cada vez más frecuente, pues existe un incremento en el diagnóstico del trastorno del espectro autista (se dice que llega a ser de alrededor de un alumno por aula), bien porque cada vez sea más frecuente, pero también porque es un diagnóstico cada vez presente entre sanitarios, educadores y familias. Y el documento finaliza con el fin de curso y los deseos de un buen verano, algo que justo en estas fechas estamos también viviendo en nuestras aulas. 

Es La hora del patio una película muy especial, que lleva esta dedicatoria: “A todas y todos aquellos que trabajan con y por la diferencia”. Porque la diferencia es parte de las familias, de las escuelas y de la sociedad. Y su integración es labor de todos.

 

sábado, 8 de junio de 2024

Cine y Pediatría (752) Documentales educativos de cine (2): “Picotazos contra el cristal” y “Escuela de sordos”

 

En nuestra entrada previa comenzamos a analizar algunas películas documentales alrededor de la educación, películas poco conocidas y apenas difundidas, muchas incluso no estrenadas en cines y relegadas a plataformas. Y lo hicimos con la película belga, Pequeña escuela (Lydie Wisshaypt-Claudel, 2022), y la película española, El lápiz, la nieve y la hierba (Arturo Méndiz, 2017). Y hoy continuamos con la película española Picotazos contra el cristal (Rafael Moles y Pepa Andreu, 2019) y la película argentina Escuela de sordos (Ada Frontini, 2013).  

- Picotazos contra el cristal (Rafael Moles y Pepa Andreu, 2019) nos muestra el proceso de transformación educativa del instituto Cotes Baixes de Alcoy (Alicante) durante el curso académico 2017-18. Un grupo de profesores decide asumir el reto aunque era previsible que surgieran las dudas y algún rechazo entre algunos padres, alumnos y parte del profesorado. 

Lo explica Fernando Sancaloni, el director: “La idea no es escuchar al maestro, tomar apuntes y después hacer un examen, expulsar lo que hemos aprendido y olvidarse”, “Mi obligación como profesor cada vez lo tengo más claro: preparar personas para una sociedad justa, solidaria y lo más avanzada posible”. Porque ellos entienden que no se puede cambiar el mundo si siguen enseñando lo mismo que les enseñaron a ellos, y quieren luchar frente a esa educación habitual como una forma de domesticación que suele romper la imaginación y la creatividad. Y por ello vemos actividades como escribir una carta asimismo para volver a leer a fin de curso, dar clases de cocina por grupos o realizar una visita al cementerio. 

Y se cruzan las opiniones de profesores, y algunos alumnos y padres: “Hasta ahora, el valor se basaba en los conocimientos, pero pensamos y tenemos claro que el valor serán las personas”. Y el formato y objetivo recuerda de alguna forma a la película La educación prohibida (Germán Doin, 2012), por constituirse como un lugar para el debate y la reflexión al cuestionar el modelo de escuela tradicional y dirigir los esfuerzos en formar ciudadanos activos y críticos.  

Y en el montaje de la película, las vivencias de este instituto de Alcoy se cruzan con el de otros institutos y escuelas de España: el instituto Sils de Gerona, el instituto Miguel Catalán de Coslada (Madrid) y la escuela O Pelouro en Caldeiro de Tui (Pontevedra). Porque, poco a poco, ya algunos colegios han iniciado el cambio por su cuenta, y en el centro pontevedrés se nos explica como el niño tiene la libertad de autodefinirse y el profesor se retira hacia atrás, en un modelo que nos recuerda algo al método Montessori. Y también aparecen algunos otros personajes relevantes en la docencia como Ken Robinson (escritor, conferenciante y asesor internacional sobre educación británico, considerado un experto en asuntos relacionados con la creatividad, la calidad de la enseñanza, la innovación y los recursos humanos) y César Bona (maestro y escritor zaragozano, uno de los cincuenta mejores maestros del mundo según el Global Teacher Prize, el llamado Premio Nobel de los profesores), quien nos deja algunos buenos mensajes: “Si echamos la vista atrás, siempre recordaremos un maestro que nos marcó para bien o para mal”, “Se puede aprender con miedo o con alegría, pero los resultados serán totalmente diferentes”.  

Y en este paseo por diferentes centros escolares que han empezado a dar picotazos contra el cristal, como ese pájaro que quiere salir de una habitación y consigue que la abran la ventana para comenzar a volar, vemos como algunos profesores que venían de la frustración están intentando transformar los métodos docentes. 

- Escuela de sordos (Ada Frontini, 2013), película ganadora al mejor documental en el Festival Mar del Plata, nos muestra la experiencia de Alejandra, fundadora y docente de una escuela de sordos en una pequeña ciudad del interior de Argentina, pero que se ha constituido en mucho más que una maestra. Una escuela donde atiende a unos 30 alumnos de diferentes edades (niños, adolescentes y jóvenes, los más pequeños entre 8 y 12 años), aunque cada día acuden una decena, los que pueden, y allí les enseña a leer, a escribir, a expresarse o, por qué no, a poner mensajes en un teléfono móvil. 

Y la grabación se realiza preferentemente sin sonido, bajo el lenguaje de señas y con subtítulos. Escenas que el espectador puede sentir como agobiantes, al vivir la sensación de no oír. Entre las rutinas de su casa y el trabajo nos asomamos a la vida de Alejandra, una vida dedicada a la integración de los sordos a la comunidad. Y en este documental de 71 minutos compartimos esa cena alrededor de una fondue de carne con su amigo Juan, un referente de la comunidad sorda argentina, una tarde a la orilla del río, un día de trabajo en el campo o un asado con algunos de sus alumnos. Y entre silencios y gestos se reflexiona sobre la problemática de la educación en la discapacidad a través de una mirada austera, pero también real y humana. Y se establecen diálogos sobre la diferencia entre la lengua de señas y el llegar a hablar, sobre el estar implantado o no, sobre lo distinto que puede ser la lengua de señas de los oyentes, más variable, y la de los sordos, bastante homogénea. En la película se hace referencia continuamente a las siglas LSA, significado de lengua de señas argentina, que es la lengua de señas empleada por la comunidad sorda en Argentina con una gramática compleja, completa y distinta al español, y cuyo origen puede remontarse a la comunidad nacida en las primeras escuelas para sordos de Buenos Aires a finales del siglo XIX. Y lo cual ha causado conflictos con la comunidad sorda cuando docentes, artistas o intérpretes ajenos a la comunidad realizan señas en el orden gramatical del español, lo cual se ha denomina "español señado", pero que es diferente al LSA. 

En Cine y Pediatría algunas otras películas de ficción han abordado el mundo de la docencia en sordomudos con dos películas dramáticas basadas en hechos reales: El milagro de Ana Sullivan (Arthur Penn, 1962) y La historia de Marie Heurtin (Jean-Pierre Améries, 2014), Y también en dos comedias dramáticas alrededor de familias sordomudas, la francesa La familia Bélier (Eric Lartigeau, 2014) y su remake estadounidense, CODA: CODA: Los sonidos del silencio (Siân Heder, 2021). Pero nada que ver estas con el formato y mensaje de Escuela de sordos.   

 

sábado, 1 de junio de 2024

Cine y Pediatría (751) Documentales educativos de cine (1): “Pequeña escuela” y “El lápiz, la nieve y la hierba”

 

La docencia y el séptimo arte se han convertido en un tema recurrente en Cine y Pediatría. Decenas de películas de todas las filmografías con la escuela como escenario, y alumnos y profesores como protagonista, algunas ya icónicas y otras menos conocidas. Y entre ellas algunas con carácter de película documental como las francesas Ser y tener (Nicolas Philibert, 2002), La clase (Laurent Cantet, 2008), Sólo es el principio (Jean-Pierre Pozzi y Pierre Barougier, 2010), Camino a la escuela (Pascal Plisson, 2013) y El gran día (Pascal Plisson, 2015); la estadounidense Esperando a Superman (Davis Guggenheim, 2010); la argentina La educación prohibida (German Doin, 2012); la española Entre maestros (Pablo Usón, 2012); la neerlandesa Los niños de la señorita Kiet (Peter Lataster y Petra Lataster-Czisch, 2016); y la alemana El profesor Bachmann y su clase (Maria Speth, 2021). 

Y a estas queremos sumar algunas películas documentales más en las próximas cuatro entradas de Cine y Pediatría, donde infancia, educación y séptimo arte se funden para reflexionar sobra los métodos educativos, con sus luces y sus sombras. Y hoy comenzamos con dos películas con mensajes tan poéticos y necesarios como sus propios títulos: la película belga, Pequeña escuela (Lydie Wisshaypt-Claudel, 2022), y la película española, El lápiz, la nieve y la hierba (Arturo Méndiz, 2017). 

- Pequeña escuela (Lydie Wisshaypt-Claudel, 2022) nos invita a cuestionar el sistema educativo escolar convencional en un alumnado de niños exiliados en Bruselas, a través de un experimento educativo llevado a cabo por las maestras Marie y Juliette, tal como indican en un cartel a la entrada del pequeño local: “La Petite École acoge a niños de 6 a 15 años que nunca han ido a la escuela”. 

Abdelaziz, Ahmad, Aziza, Birgal, Janoa, Khaled, Khoder, Mohamed, Nouredinne, Rokhaya, Youssef, Zained son el nombre de esos alumnos, que denota su origen. Niños y niñas emigrantes, un buen número procedentes de Siria, y que viven con sus familias bajo asilo y con el recuerdo de lo vivido (y sufrido) en la guerra. Y en la Petite Ecole estas dos maestras les ofrecen espacio y tiempo de forma individualizada, fuera de los procesos formales de aprendizaje académico, para volver a ser niños, antes de enfrentarse a la institución escolar que esperar de ellos que sean alumnos. Aquí lo importante no es leer y escribir, sino ofrecerles un entorno amable que les prepare para “la gran escuela” al curso siguiente. Y así lo reflexionan, entre ellas mismas, pero también ante diferentes comunidades educativas, para evitar que su proyecto se considere una “falsa” escuela: “Tenemos bastantes niños que tienen problemas con la escuela en sí. Deben haber vivido cosas terribles. Algunos niños se ponen a llorar, tienen pataletas, se revuelven por el suelo, porque no entienden cómo funciona la escuela”

Porque el objetivo de esta Petite École, según nos explican Marie y Juliette, es reducir esos comportamientos negativos (especialmente llamativos en Ahmad y Khaled), proporcionar un espacio seguro previo a la escuela en el que puedan mitigar todo tipo de miedos y ansiedad, y ganarse la confianza de los niños y sus familias para evitar el fracaso escolar o la educación especial en el futuro. Y ello porque el estado postraumático de lo vivido por esa infancia refugiada les impide afrontar la escolarización. Y de esta forma la película nos exige cuestionar la escuela como un lugar que perpetúa, quizás, la opresión para todos nosotros. 

- El lápiz, la nieve y la hierba (Arturo Méndiz, 2017) es un canto a las escuelas unitarias, tal como sigue ocurriendo en algunos pueblos del Pirineo oscense: un aula, un maestro y un puñado de niños y niñas de todas las edades en pueblos pequeños, donde aprenden y juegan juntos. Y así nos sitúa en el principio del propio film: “Esta película tiene lugar entre Chistén, muy cerca de la frontera de Francia, y una serie de pueblos esparcidos en 30 Km río abajo en los valles de Cinca y Cinqueta”. 

Carlos, Israel, Naza, Iván… son algunos de los profesores que nos cuentan su experiencia. Y se desgranan los pueblos y las vivencias: Chistén (140 habitantes, 8 niños en la escuela), Saravillo (94 habitantes, 8 niños en la escuela), Tella (21 habitantes, sin escuela), Bielsa (331 habitantes, 39 niños en la escuela), Plan (186 habitantes, 12 niños en la escuela), Laspuña (248 habitantes, 7 niños en la escuela), San Juan de Plan (147 habitantes, 14 niños en la escuela) y Parzán (63 habitantes, sin escuela). Pueblos donde el paisaje es tan hermoso como dura es la vida. Y la experiencia de estos profesores titulares y profesores itinerantes en este CRA (Centro de Recuperación Agraria) y su agrupación de colegios, donde uno de ellos nos explica algo no difícil de entender: “Cerrar una escuela es como matar a ese pueblo”. 

Y al final se nos muestra el destino de alguno de los alumnos y profesores, y una dedicatoria: “A mis padres. A todos los que hace posible la escuela rural”. Y todo este documento cinematográfico con el fondo musical de la guitarra omnipresente de Joaquín Pardinilla, que le da más emoción al mensaje. Pero, por desgracia, una película con tan poca difusión que no es posible ni encontrar el tráiler en Youtube. Para reflexionar sobre lo que es este negocio quizás mal llamado séptimo arte… lo digo por lo de arte (y conciencia).

Porque la educción es clave en el desarrollo de los seres humanos. Y nuestras películas de hoy (y las que vendrán en las siguientes publicaciones) nos permiten reflexionar sobre ello. Vale la pena...