sábado, 23 de abril de 2016

Cine y Pediatría (328). "Millones" de milagros caídos del cielo


Una voz en off de un niño que se despide del franco francés, del marco alemán, de escudo portugués... y de la libra esterlina por la llegada del euro. A continuación apreciamos una mudanza del hogar a otro lugar y la conversación de dos hermanos sobre si Santa Ana, la madre de la Virgen, es la patrona de las mudanzas. 

Un comienzo de lo más original para una película original que combina tres elementos: dos hermanos, dinero y santos católicos. Curiosa mezcla que recayó en un director de cine que ha sido capaz de otros retos, y ahora tenía antes sí conseguir una película digna con este singular cuento infantil (apto para adultos) a partir de un guión de Frank Cottrell Boyce. Este director británico es Danny Boyle, el que saltó a la fama con Trainspotting (1996) y que, tras un notable camino en el séptimo arte, en el año 2012 fue el encargado de dirigir la ceremonia de inauguración de los XXX Juegos Olímpicos organizados en Londres. Y que en medio nos dejó una fábula tan especial como Slumdog Millionaire (2008), con el que consiguió ocho premios Oscar, entre ellos el de Mejor director y Mejor película, y ello por atreverse a mezclar temas tan singulares para otra peculiar historia, tan bien recordada: dos hermanos, dinero (de un concurso) y la diversas miserias de la infancia en la India. 

Nuestra película de hoy es previa a Slumdog Millionaire y, bajo el título de Millones (2004), narra la historia de Damian (Alex Etel), un simpático niño pecoso de ocho años, que con su hermano Anthony (Lewis McGibbon) de doce, acaban de mudarse de domicilio con su padre viudo. Los tres añoran a la madre muerta, pero Damian es quien acusa más la ausencia: "No me gusta tener una habitación para mí solo" le dice a su padre, quien le hace un hueco en la cama, allí donde pone dos almohadas que intentan paliar el hueco de la esposa ausente. 
Y para sobrellevarlo mejor, Damian mantiene animadas charlas con sus mejores amigos: los santos. Tiene encuentros (entre lo kitsch y lo surrealista) con Santa Clara de Asís, santa patrona de la televisión, con San Francisco de Asís, San Nicolás, San José Obrero y con los mártires de Uganda... y a la mayoría se le aparecen en la casa de cartón que Damian se ha construido en el campo. Y como ellos, Damian anhela hacer el bien y a todos les pregunta por Santa Morín, que es nueva y trabaja en la sección de maquillajes (porque no deja de rondarle la duda de si su propia madre habrá sido recibida en el cielo, como una santa más). Tal es su obsesión por los santos que, cuando en su nuevo colegio los alumnos eligen a sus héroes entre los jugadores del Manchester, Damian elige a San Roque. 

Y en esta tesitura, una bolsa repleta de dinero (229.500 libras) procedente de un robo sale disparada de un tren y acaba en la casa de cartón donde está Damian, quien piensa que Dios se la manda para ayudar a los pobres. Pero la dificultad estriba en que se trata de libras esterlinas, justo en vísperas de que Gran Bretaña se acoja al euro, por lo que en pocos días ese dinero no tendrá valor. Con los mimbres de fábula moral, Millones nos plantea el debate diferente entre los dos hermanos y el padre de cómo enfrentarse a la muerte de la madre/esposa y qué hacer con un dinero robado
- Para Anthony esta situación le ofrece una posibilidad para sacar provecho, quien demuestra además estar dotado de una insólita capacidad comercial: "Nuestra madre ha muerto" es la frase que más utiliza para que les regalen cosas. 
- Para Damian, vive con cierta angustia el no saber si su madre está en el cielo y es por ello una santa, y emana un punto de vista más altruista alrededor de sus santos: "San Pedro, muerto en el año 64 de nuestra era", comenta Damian al verle y al que le pregunta si el dinero robado se puede usar para las buenas causas; y ahí viene la peculiar explicación de San Pedro del milagro de los panes y los peces. Damian va descubriendo que, si el resto de la personas no pueden ver a los santos, es precisamente por el apego a las cosas materiales: eso es lo que les incapacita para acceder a un mundo espiritual. 
- Para el padre que no cree en nada pero tiene buenas intenciones, su ética laicista se desmoronan ante los estímulos del mundo. 

Los hermanos invitan a la pizzería a muchos indigentes de la calle, a los cuáles les pregunta "¿Sois pobres?". Y es en esos momentos también llega una mujer al colegio a explicar el cambio de moneda y hacer peticiones para un buena acción: conseguir agua para un pueblo de África. Milagro que se consigue con la última escena de la película... 

Pero nos quedamos con el encuentro onírico de Damian con su añorada madre y el mensaje: "Hijo, no debes preocuparte por mi...", "En realidad no me preocupaba por ti, solo te echaba de menos", le dice Damian. "¿Cuál fue tu milagro?" le pregunta Damian y su madre le responde: "No lo sabes,... fuiste tú"

Millones es una pequeña y atrevida aventura para reflexionar sobre que el verdadero valor de las cosas no se mide por los billetes que cuesta. Y ya nos lo recordó Antonio Machado: "Todo necio confunde valor y precio". Y ahora quizás nos los recuerda también esta reconfortante (y surrealista) película, porque conviene estar atentos y sensibles a los millones de milagros caídos del cielo que ocurren en nuestra vida y que comienzan en la infancia.