sábado, 4 de junio de 2016

Cine y Pediatría (334). "Vete y vive",.. sobrevive y no olvides


La adopción es un tema con gran interés jurídico, médico y social. Un tema que rezuma mucha humanidad y que se ha tratado en diversas entradas de Cine y Pediatría, como la película francesa La pequeña Lola (Bertrand Tavernier, 2004), la estadounidense El niño de marte (Menno Meyjes, 2007) o la belga Color de piel: miel (Laurent Boileau, Jung Henin, 2012). 
Y ya en una entrada de las primeras del proyecto Cine y Pediatría enumeramos otras películas (y de más nacionalidades) sobre la adopción, entre ellas nuestra película de hoy, la franco-israelí Vete y vive, dirigida en el año 2005 por el rumano Radu Mihaileanu

La película comienza en 1984, cuando miles de africanos hambrientos y golpeados por la guerra civil se dirigen a los campamentos humanitarios de la ONU en Sudán. Estados Unidos e Israel están llevando a cabo la "Operación Moisés", un proyecto de inmigración que pretende trasladar a los judíos provenientes de Etiopía, los "falashas", a Israel, buscando facilitarles el acceso a la Tierra Prometida. 

Comienza con la frase del Torá: "Os he puesto sobre la alas de una gran águila para haceros venir junto a mí". Y una voz en off: "Los teníamos olvidados más allá de las montañas. Desde la noche de los tiempos, los judíos etíopes fueron llamados falashas. A instancias de Israel y Estados Unidos, entre 1984 y 1985, empezó la repatriación de los judíos etíopes a Israel cuando se reconoció que eran descendientes del rey Salomón y de la reina de Saba, poniéndose así fin a una larga controversia. La operación fue organizada por el Mossad, el servicio secreto israelí. Los falashas dejaron su país a escondidas del régimen prosoviético de Mengistu, que les prohibía emigrar, y cruzaron las montañas a pie hasta los campamentos e Sudán, país musulmán regido por los sharia. Allí debieron ocultar su identidad judía, so pena de muerte. En Sudán les esperaban los aviones para llevarlos a Israel. En el camino, miles de ellos murieron de hambre, por enfermedades o por las armas. En los años 80 miles de africanos se desplazaron hasta los campamentos instalados en Sudán: eran cristianos, musulmanes y judíos clandestinos. Esta operación secreta se llamó "Operación Moisés". Ocho mil judíos etíopes fueron salvados. Cuatro mil murieron entre Etiopía y Sudán: asesinados, torturados, de hambre, de sed o de agotamiento. Muchos niños quedaron solos o huérfanos"

Y ya en el campo de refugiado una madre que le dice a su hijo: "No llores ¡Vete! Vete, vive y cambia. ¡Y no vuelvas! ¡Vete!". Es una madre etíope cristiana que con la ayuda de una mujer judía que acaba de enterrar a su hijo, convence a su hijo para que diga que es judío y así poder escapar de una muerte segura sin alimento, sin bebida y sin protección. El niño llega a la Tierra Prometida donde, tras la muerte de su segunda madre que llegó muy enferma, es acogido por una familia francesa-sefardí de Tel-Aviv. Allí debe ocultar su verdadera identidad, pues es un simple niño negro no judío y debe hacerse pasar por tal. 

El niño se llama Scholomo/Salomón, tiene 6 años y siempre mira hacia abajo para evitar las miradas de las personas que no conoce o hacia arriba, a la luna, pensando en su madre: "Mamá, quieren que sea como ellos. No quiero cambiar. ¿Cómo me reconocerás? Por favor, déjame volver". Y eso que la nueva familia, con dos hijos más, le quiere como si fuera suyo. Y solo baste recordar como la madre defiende como una fiera a Scholomo cuando el director de la escuela le dice que los padres temen porque el niño les contagie alguna enfermedad de África y ella les dice: "¡Mi hijo es el más hermoso del mundo! ¿Entendido? ¡Y es tan bueno si no mejor, que los suyos! ¡Se porta muy bien!", y luego le lame la cara como una tigresa lo haría con su camada... 

Ya de adolescente, y ante el rabino, continúa su deseo de encontrar a su madre biológica. Y le comienza a escribir una carta: "Querida mamá, sol de mi vida. Me dijiste, ¡cambia! ¿Cambiar a qué?". Su nueva familia judía, burguesa y progresista, le acompañará durante su adolescencia y juventud, ambas etapas cargadas de dudas sobre su auténtica identidad y la mentira con la que tiene que vivir. Se va a estudiar Medicina a Francia y, cuando ya doctor intenta regresar, se pregunta: "¿Dónde está mi hogar...?".

Finalmente se casa con Sara, su amor eterno, pero ella descubre la vedad sobre su secreto de que se hizo pasar por judío para salvarse. Sufre una gran decepción, pero la madre le explica: "Intenta imaginar el trauma de Scholomo: una madre que quiere tanto a su hijo que es capaz de obligarle a irse y de renunciar a volverlo a ver con tal de salvarlo. Y un hombre que quiere tanto a su mujer que no se atreve a revelar su secreto por miedo a perderla. ¿No es eso amor?".

Y esta película guarda una joya: la maravillosa, enigmática y racial música de Armand Amar... especialmente cuando nuestro protagonista mira a la luna y recuerda a su madre. Y también en el esperado final: el reencuentro con las palabras del hijo a su madre anciana "Mamá, te quiero" y un grito desgarrador y una imagen cenital. Fundido en negro y títulos de crédito bajo la música enigmática y todas las preguntas que quedan por responder... 

Porque Vete y vive es una auténtica epopeya sustentada en el amor recíproco que una madre y su hijo se tienen en las dificultades a que nos enfrenta la vida. Una odisea del amor maternofilial y, además, una oportunidad para conocer una realidad histórica entre el desarraigo y la esperanza de nuestro protagonista. Un protagonista que se fue, vivió, sobrevivió y no olvidó. Algo así debe ser el amor incondicional entre una madre y un hijo.