Cine y Pediatría 8

sábado, 24 de febrero de 2018

Cine y Pediatría (424). “El silencio roto” y la denuncia continua frente al acoso escolar


Alicante es una provincia de cine, donde crece y donde se desarrolla el proyecto Cine y Pediatría, vinculado estrechamente con el Festival de Cine Internacional de Alicante. Pero también con otros proyectos y uno es el que desarrolla con empeño Beatriz Martínez desde hace varios años. Y de esos certámenes, primero bajo el acrónimo de MICE (Muestra Internacional de Cine Educativo) y ahora como PROYECTA-Alc, hemos vivido películas de primera mano con sus directores y actores. 

En el año 2016 vivimos la película Novatos (Pablo Aragües, 2015) una denuncia frente a las novatadas universitarias. En el año 2017 ocurrió con la película La historia de Jan (José Bernardo Moll, 2016), una historia alrededor de un hijo con síndrome de Down que es la historia de muchos. Y este año 2018 el encuentro y el evento ha sido con la película El silencio roto (2017) y con su directora, Piluca Baquero. Una película de estilo documental frente al acoso escolar que nace de la experiencia personal que su directora vivió con su única hija, y entonces conjugó sus facetas de educadora de formación en el Grado de Cine y su experiencia como productora de 25 películas, para atreverse a dirigir su ópera prima. 

Todo comienza con varias imágenes de un colegio que se mezclan con dibujos animados de niños y niñas y su voz en off. Y luego el titular, El silencio roto, porque están claras las intenciones desde un principio: romper el silencio frente al acoso escolar. Y para ello en la película desfilan la inmensa mayoría de los protagonistas de esta lacra social: alumnos, profesores, padres, familiares, psicólogos y psiquiatras, representantes de asociaciones de afectados (CONVIVES o AMACAE, Asociación Madrileña Contra el Acoso Escolar), abogados, políticos, mediadores y formadores de mediadores, y también una pediatra. Una pediatra muy especial, mi amiga María Salmerón, adjunta de la Unidad de Adolescencia de mi añorado Hospital Infantil La Paz, quien aún no ha podido visionar la película y a quien dedico este post. 

Tres niñas y un niño nos declaran su dura experiencia real ante el acoso escolar sufrido: María, 6 años; Mario, 8 años; Elena, 11 años; y Victoria, 13 años. Y lo hace con un formato genial, pues a diferencia de los adultos, la imagen de los menores es preservada con dibujos animados, aunque conservando, eso sí, su voz y sus declaraciones

Y con este marco, que se antoja de un alarde de montaje ante las muchas horas de grabación a los muchos protagonistas, somos espectadores de las variadas formas de acoso escolar (que en ocasiones reconocemos ya más por su anglicismo, bullying), sus secuelas en la infancia (la somatización, la depresión y ansiedad, el estrés postraumático, las autolesiones, etc.) y las duras confesiones de los padres y madres ante la indefensión de muchos colegios (que niegan y ocultan el acoso escolar, para evitar la mala fama). Porque aunque hay centros escolares para todos los gustos, los afectados tienen la sensación de que la cobardía moral no les apoya y exigen que se abran los Protocolos de Acoso Escolar y que sean homogéneos y firmes (pues ha día de hoy estos protocolos son muy diferentes entre colegios públicos y privados, entre una Comunidades Autónomas y otras). Y también estas familias muestran y demuestran su descontento ante los Juzgados de Menores (por su escasa sensibilidad) y ante la Fiscalía (por esos procesos judiciales interminables y nada eficaces para solucionar el problema). 

Y qué hacemos cuando una niña pequeña se atreve a decir "Los de mi clase no me quieren, abuela" o una joven lleva a expresar "Para estar así, mejor me muero". Porque queda muy bien el eslogan Tolerancia cero contra el acoso escolar, pero los afectados y sus familias creen que es aún puro postureo y permanecen mayoritariamente en la indefensión. Y como nos recuerdan en una de las muchas declaraciones, "Lo primero es contarlo...", porque está bien saber cómo actuar ante el acoso escolar, pero estaría mejor prevenirlo, evitarlo antes de que ocurra la unanimidad persecutoria de todos contra la víctima. Y no puede ser que la solución de muchos de estos alumnos sometidos al acoso escolar fuera irse a otro colegio...  

Por ello El silencio roto rompe el silencio para recordarnos que hay que ocuparse y preocuparse por este tema. Y por ello esta película se debe prescribir, especialmente en centros escolares y a pediatras. Porque maestros y pediatras compartimos el cuidado de la salud de la infancia, en sus distintos ámbitos: salud física, salud formativa, salud mental y salud social. 

Y ya son muchas las películas que han tratado el bullying en Cine y Pediatría, tanto en español como en todos los idiomas, en películas de ayer como Carrie (Brian de Palma, 1976) o de hoy como Wonder (Stephen Chbosky, 2017). Pero esta película de Piluca Baquero tiene un plus... porque es real como la vida misma. Y es terapéutica.

 

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