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miércoles, 24 de junio de 2026

Libro Cine y Pediatría 15, todos frente al acoso escolar


Un año más, y un nuevo libro del proyecto "Cine y Pediatría" llega a las librerías. Y hoy presentamos Cine y Pediatría 15

Y es así como se desgranan las celebraciones:


Y hoy llega Cine y Pediatría 15. Ese 15 que simboliza la pasión, la creatividad, la libertad y el cambio, actuando como una energía alquímica que impulsa a tomar decisiones y buscar la realización personal. Y a buen seguro que cada una de esas características nos han acompañado para llegar aquí con este proyecto que sigue aunando cine y pediatría, arte y ciencia con conciencia.  

Y esa realización personal del número 15 es la deseamos a cada niño y niña en sus tres ámbitos de desarrollo habituales: la familia, el centro escolar y el entorno social. Y hoy centramos nuestra atención en un problema que sigue presente en los entornos educativos e interrumpe esa correcta realización personal: hablamos del acoso escolar (también conocido como maltrato entre iguales en la escuela, maltrato por abuso de poder entre escolares o con el anglicismo bullying). Un problema frente al que todos debemos luchar, desde los profesores a las familias, pasando por los organismos estatales. Un tema que no debe ser ajeno a los pediatras, pues a buen seguro que el acoso escolar influye en la salud física, psíquica y social de nuestros pacientes. Y de sus familias.

Y, desde el séptimo arte, las películas alrededor del acoso escolar se constituyen en un motivo de visualización, reflexión y debate. Y hoy recopilamos en Cine y Pediatría aquellas películas y personajes que pueden ayudarnos a entender mejor el acoso escolar en sus distintas aristas. Dividimos nuestro repaso en dos grupos de películas: aquellas argumentales y esenciales, y aquellas relevantes a tener también en cuenta.   

a) Prescribir películas argumentales sobre el acoso escolar: Klass (Ilmar Raar, 2007), Cobardes (José Corbacho y Juan Cruz, 2008), Después de Lucía (Michel Franco, 2012), Marion, 13 años eternamente (Bourlem Guerdjou, 2016), El silencio roto (Piluca Baquero, 2017), El profesor (Teacher) (Adam Dick, 2019), Un pequeño mundo (Laura Wandel, 2021).



b) Prescribir películas relevantes sobre el acoso escolar: Carrie (Brian de Palma, 1976), Bienvenido a la casa de muñecas (Todd Solondz, 1995), Mamá es boba (Santiago Lorenzo, 1999), Antes de la tormenta (Rza Parsa, 2000), Evil (Mikael Hafström, 2003), Ben X (Nic Balthazar, 2007), Ser gorda como yo (Douglas Barr, 2007), Déjame entrar (Tomas Alfredson, 2008), Precious (Lee Daniels, 2009), Bullying (Josetxo San Matero, 2009), En un mundo mejor (Susanne Bier, 2010), Moonlight (Barry Jenkins, 2016), Un monstruo viene a verme (J.A. Bayona, 2016), Wonder (Stephen Chbosky, 2017), Butter (Paul A. Kaufman, 2020), Cerdita (Carlota Pereda, 2022), Uno para todos (David Ilundain, 2020), Monstruo (Kaibutsu, Hirokazu Koreeda, 2023), etc.



Y por fortuna cada libro siempre va con la mejor compañía en este camino. La compañía de nuestros prologuistas. Y contamos con tres prologuistas “de cine”: 

- El Prólogo desde el punto de vista de la Pediatría ha contado con el saber ser y estar del Dr. Iván Carabaño, pediatra amigo amante del valor de las artes en la humanización de nuestra profesión. Con la paleta de colores de su sensibilidad dará buen sentido al término arteterapia en el cuidado de la infancia y adolescencia. 
Y en su prólogo, titulado “Abrir significados”, nos regala una frase así sobre el “significado” de este proyecto ya consolidado: “Porque Cine y Pediatría no es una propuesta ornamental ni un ejercicio cultural para tiempos muertos. Es un proyecto docente sólido, sostenido a lo largo de los años, que defiende —y demuestra— que el cruce de caminos entre las artes y la Pediatría tiene una utilidad real en la formación de los profesionales y en la mejora de la práctica clínica”

- El Prólogo desde el punto de vista del Cine es un regalo del actor José Corbacho, también director, guionista y cómico español conocido por su versatilidad en teatro, cine y televisión. Su compromiso se pactó con emoción en el pasado Festival Internacional de Cine de Alicante, cuando supo que este número 15 tendrá un capítulo introductorio (y el video promocional) dedicado al cine que afronta (y se enfrenta) al acoso escolar, un tema muy apreciado por él, pues fue uno de los primeros en denunciar en pantalla en España esta lacra con su película Cobardes del año 2008. 
En su maravilloso prólogo, por título “El cine frente al acoso escolar y la complicidad del silencio” nos hace viajar con emoción a esta lacra que conoció tan bien, y así se refiere a la conspiración del silencio frente al bullying: “Porque todos hemos sido alguna vez ese testigo silencioso. Todos hemos mirado hacia otro lado. No hemos avisado al profesor, ni al jefe, ni —quizá lo más importante— hemos tendido la mano a quien lo necesitaba…Eso me provocó una profunda reflexión, y también cierta tristeza. Porque la sociedad no es algo abstracto: la formamos nosotros. Y somos nosotros quienes tenemos la voz para romper ese silencio. Personas como el doctor Javier González de Dios, que a través de sus libros y de las películas que propone, contribuyen a generar esa conciencia, son necesarias para construir una sociedad mejor”. 

El Prólogo desde el punto de vista de la Docencia tendrá la firma de la Fundación Aprender a Mirar, entidad bajo el protectorado del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, sin ánimo de lucro, que trabaja por la defensa de los usuarios de los medios de comunicación audiovisual, en especial, de los niños y los jóvenes. 
Y desde Fundación Aprender a Mirar toma la palabra su directora de comunicación, Patricia Amat, quien titula su prólogo de forma tan acertada como “El cine como aula: aprender a mirar la infancia”. Y que haya puesto en el foco en algo tan importante para Cine y Pediatría: “Javier González de Dios propone precisamente eso: enseñar a mirar la infancia a través de narraciones cinematográficas y convertir el lenguaje audiovisual en un espacio de aprendizaje emocional, social y ético. Así, consigue que ver una película deje de ser solo entretenimiento y se transforme en una experiencia formativa que interpela al espectador, lo invita a reflexionar y amplía su comprensión del mundo infantil y de quienes lo rodean”.

Y es así como alzamos la voz contra el acoso escolar con Cine y Pediatría 15. Y a través de cada fotograma late la esperanza de una escuela más humana, donde el silencio se transforme en diálogo y la herida en abrazo. Con el deseo de que cada película prescrita no solo eduque la mirada, sino que despierte la conciencia y reclame empatía frente al silencio.

Los libros disponibles a la venta en Lúa Ediciones 3.0.

Y os dejamos el vídeo de presentación.

lunes, 11 de agosto de 2025

Guía de UNICEF para prevenir el acoso escolar

 

La Guía de UNICEF para prevenir el acoso escolar ofrece herramientas a padres y madres para entender y abordar el acoso escolar, enfocándose en la comunicación con los hijos y la detección temprana de señales de alarma. La guía enfatiza la importancia de la conexión con los hijos, la prevención, y la actuación ante situaciones de acoso, buscando soluciones eficaces. Es una guía que ya se publicó en el año 2019 y se ha actualizado en 2024, y hay un nuevo lanzamiento para que se descargue, se lea y se practique. 

Porque esta guía está especialmente dirigida al colectivo de padres y madres de hijos en edad escolar. El texto se centra en el colegio y la familia, ámbitos educativos esenciales para la protección de la infancia y la adolescencia, por ser sus principales lugares de convivencia, relación y actividad diaria. Por este motivo, el entorno escolar debe adoptar medidas para garantizar la protección, promover el conocimiento de la infancia, de los riesgos de su entorno y fomentar su autoprotección. Y por supuesto, colaborar con los padres, madres y tutores, para trabajar con ellos de manera constante y cercana. Parece claro y fácil, pero no es así. Pues hay colegios e institutos que siguen tapando el acoso cuando este se denuncia en sus aulas. 

Aquí os dejamos el enlace a esta Guía de UNICEF para prevenir el acoso escolar, un documento de 24 páginas. 

Claves de la Guía de UNICEF para prevenir el acoso escolar: 
- Entender la realidad de los hijos: empatizar y comprender su perspectiva y experiencias. 
- Conectar con ellos: establecer una comunicación abierta y natural, participando en sus actividades e intereses. 
- Prevenir el acoso: estar atento a las señales de alerta y aprender a detectarlas. 
- Actuar: buscar soluciones eficaces y contar con el apoyo de profesionales y el colegio. 

Otras recomendaciones importantes: 
- Escucha activa: prestar atención a lo que los niños y niñas dicen y sienten. 
- Potenciar la confianza: ayudarles a desarrollar seguridad en sí mismos. 
- Enseñar a actuar: capacitar a los menores para identificar y responder a situaciones de acoso. 
- Colaboración con el colegio: informar a la escuela sobre cualquier situación de acoso. 
- Apoyo emocional: buscar ayuda profesional si es necesario. 
- Crear un ambiente seguro (clave): fomentar el respeto y la empatía en la escuela y en casa. 
- Educación en valores: enseñar sobre la importancia de la inclusión y la diversidad. 
- Uso responsable de la tecnología: educar sobre el ciberacoso y el uso crítico de internet. 

La Guía de UNICEF busca empoderar a padres y madres para que puedan proteger a sus hijos y crear un entorno escolar más seguro y positivo.

sábado, 15 de marzo de 2025

Cine y Pediatría (792) “Monstruo” y el efecto Rashomon de Hirokazu Koreeda

 

Se conoce como efecto Rashomon en el cine a una técnica narrativa en la que un mismo evento se muestra desde múltiples perspectivas, a menudo contradictorias, lo que genera incertidumbre sobre la verdad objetiva. Este efecto toma su nombre de la película japonesa Rashomon (Akira Kurosawa, 1950), allí donde el asesinato de un samurái es relatado de cuatro maneras distintas por los testigos, cada uno con su propia versión de los hechos. Los aspectos clave del efecto Rashomon son cuatro al menos: historia con múltiples perspectivas (a través de los ojos de varios personajes, cada uno con sus propios recuerdos, motivaciones y sesgos), subjetividad de la verdad, narrador fiable solo de manera relativa y generación de ambigüedad. 

Es por ello que el efecto Rashomon deja al espectador con la tarea de interpretar y reconstruir la historia y es una poderosa herramienta narrativa que explora la naturaleza subjetiva de la verdad y la complejidad de la percepción humana. No es nuevo en el cine y otro maestro japonés como Hirokazu Koreeda, el director por antonomasia de Cine y Pediatría, por su extensa y particular visión de la infancia y la familia, lo ha utilizado en su último largometraje: Monstruo (2023). Aquí donde la maestría de Koreeda consigue que con unos hechos banales acaecidos en un colegio teja una trama abigarrada entre dos compañeros de clase de unos 11 años de edad, Minato y Yori, entre la madre de Minato, el profesor Hori, la directora del colegio y el claustro de profesores, y con epicentro recurrente en ese edificio en llamas en donde vemos entrecruzarse las historias y los diversos puntos de vista de los hechos. 

El primer punto de vista es el de la madre de Minato, ya viuda, quien se asoma al balcón en la noche para contemplar el incendio de ese edificio, donde su hijo le pregunta: “Si a un humano le trasplantan un cerebro de cerdo, ¿es un humano o un cerdo?”. Una pregunta extraña que va seguida de un comportamiento extraño, por lo que la madre, Saori, siente que algo va mal, y le pregunta: “¿Qué ha pasado en la escuela?” Y él responde: “Tengo un cerebro de cerdo. Me lo cambiaron por el de un cerdo ¡Eso es lo que me pasa! Soy un monstruo”. Y por ello irrumpe en la escuela exigiendo saber qué está pasando y descubre los malos tratos que recibe del profesor Hori, todo ello en una reunión muy tensa y particular con la directora y otros profesores. 

El segundo punto de vista es el del profesor Hori, recién incorporado a este colegio, cuando su novia le dice: “Deja de intentar ser un buen profesor y sé tú mismo”. Un fortuito encontronazo con Minato le hace sangrar por la nariz, algo aparentemente irrelevante que adquiere mayores dimensiones, y que le hace acabar como oveja expiatoria para no comprometer a la escuela, por lo que es expulsado. Esa duda de malos tratos a los alumnos se cierne sobre él, sale en prensa y todos le abandonan, también su novia, los otros profesores y la directora (más preocupada por la muerte de su nieto). 

El tercer punto de vista es el de Minato y Yori, ambos de familias uniparentales, Minato con su madre vidua y Yori con su padre alcohólico que le maltrata y quien primero aplicó la idea de que su hijo tiene un cerebro de cerdo y él le va a sanar. Entre ambos niños se establece una amistad especial, casi oculta para evitar el acoso del resto de compañeros de clase, y buscan en un túnel y un vagón de tren abandonado su lugar de refugio y juegos, entre ellos ese juego de ¿Quién es el monstruo?, que consiste en adivinar el dibujo con preguntas. 

Al final se van descubriendo algunas capas de la historia, donde casi nada será lo que parece. Koreeda juega con el espectador a través de un hecho trivial y que esconde esa sutil amistad con connotaciones homosexuales entre Minato y Yori que les incomoda ante sí y ante los ojos de los demás. Y las palabras finales de la directora, que sirve para los chicos, para ella y para todos los personajes de esta película: “La felicidad no está hecho solo para unos pocos. No tiene sentido. La felicidad real está al alcance de todos”. Y el regalo que Koreeda nos da con esa escena final de los dos amigos tras el tifón, saliendo del vagón gritando de alegría porque sienten que no han renacido, sino que siendo los mismos pueden ver las cosas de otra manera. Y ello bajo los acordes del piano de Ryūichi Sakamoto. Una película en la que se nos hace cambiar continuamente el rumbo a la hora de entender quién es el monstruo o quizás, simplemente, acabar entendiendo que no había ningún monstruo. Solo el deseo de Minato de reencarnarse en alguien con otros sentimientos, pues nadie parece entender su amistad y atracción homosexual con Yori. 

La película Monstruo de Hirokazu Koreeda es una obra compleja y emotiva que invita a la reflexión sobre diversos temas, entre los que destacan la subjetividad de la verdad (con esas tres partes de la película desde la perspectiva de tres personajes diferentes: la madre furiosa, el profesor acusado y los dos niños), la importancia de la empatía, la complejidad de la infancia (y aquí se abordan temas como el acoso escolar, la identidad de género y la dificultad de expresar las emociones), los prejuicios sociales (y tanto el profesor como esos dos amigos lo viven en sus carnes) y la importancia de la comunicación entre padres e hijos, profesores y alumnos. 

Monstruo es un ejemplo más del cine de Koreeda alrededor de la naturaleza humana, con epicentro en la infancia y familias, tal como hemos visto en Cine y Pediatría ya en otras ochos películas más: Nadie sabe (2004), brutal relato de supervivencia contado a vista de niño; Still Walking/Caminando (2008), sobre la importancia del núcleo familiar, aunque sea una familia desestructurada unida por el cariño, el resentimiento y los secretos; Kiseki/Milagro (2011), ese milagro del reencuentro familiar de dos hermanos que viven separados y que nos acerca a la indisolubilidad espiritual de la familia; De tal padre, tal hijo (2013), donde nos plantea quién es nuestro verdadero hijo, si alguien con el que pasamos todo nuestro tiempo o alguien con el que compartimos la sangre; Nuestra hermana pequeña (2015), profunda reflexión sobre cómo madurar sin la figura de los padres, y hacerlo en un hogar que es un espacio de supervivencia libre de resentimientos; Después de la tormenta (2017), ese infinito y delicado ecosistema producto de relaciones entre abuelos, padres e hijos; Un asunto de familia (2018), donde condensa todos los dilemas acerca de las relaciones humanas y familiares, rompiendo esquemas tradicionales; Broker (2022), donde nos sitúa el contexto familiar bajo el tema nuclear de las adopciones. Y ahora realizamos un viaje por el Japón clásico del séptimo arte de Akira Kurosawa y su Rashomon al nuevo cine japonés de Hirokazu Koreeda y su particular efecto “rashomon” que nos regala con Monstruo.        

 

lunes, 21 de octubre de 2024

Terapia cinematográfica (9). Prescribir películas para entender el acoso escolar


El acoso escolar (también conocido como maltrato entre iguales en la escuela, maltrato por abuso de poder entre escolares o con el anglicismo bullying) es un grave problema que afecta a millones de escolares de Educación Primaria y Educación Secundaria en todo el mundo. Y es un enemigo silencioso que se nutre de tres venenos (la soledad, la tristeza y el miedo) y con tres protagonistas (los agresores, las víctimas y los testigos, cada uno de ellos con unos perfiles bastante característicos). 

Tal es el calibre de este problema que el 2 de mayo se conmemora el Día internacional contra el acoso escolar, cuyo principal objetivo es erradicar la violencia y el acoso escolar en los centros educativos, y, con ello, intentar construir escuelas seguras donde los escolares puedan crecer en un clima de respeto. Y esto es labor de todos, una labor educativa y preventiva en un inicio. 

Aunque el acoso escolar es un fenómeno que existe desde siempre, se ha generado una mayor sensibilización social sobre este grave problema en las últimas décadas, gracias, entre otros, a los medios de comunicación. Y donde el cine no hasido (ni debe ser) ajeno a ello, pues el mensaje debe quedar claro: “todos contra el bullying”. Y hoy proponemos un viaje por 7 películas argumentales. Estas películas son, por orden cronológico de estreno: 

- Klass (The Class) (Ilmar Raar, 2007), para descubrir la gestación de la violencia que genera el maltrato por abuso de poder entre escolares. 

- Cobardes (José Corbacho y Juan Cruz, 2008), para conocer al agresor, la víctima y los testigos del bullying. 

- Después de Lucía (Michel Franco, 2012), para denunciar esa lacra social que es el cyberbullying

- Marion, 13 años eternamente (Marion, 13 ans pour toujours, Bourlem Guerdjou, 2016), para visualizar el peligro que puede esconderse detrás de las aulas. 

- El silencio roto (Piluca Baquero, 2017), para reconocer a todos los actores implicados en el acoso escolar. 

- El profesor (Teacher) (Adam Dick, 2019), para vivir el acoso escolar entre el héroe y el villano, entre el alumno y el profesor. 

- Un pequeño mundo (Un monde, Laura Wandel, 2021), para devolver la mirada del acoso escolar desde el patio de recreo. 

Siete películas argumentales para sumarnos a la lucha contra el acoso escolar, esa lacra social que no cesa y persiste en el siglo XXI.  

 

sábado, 3 de septiembre de 2022

Cine y Pediatría (660) “Un pequeño mundo” en el patio de recreo

 

Dos hermanos se abrazan en la entrada al colegio de un nuevo curso. La pequeña Nora (Maya Vanderbeque), de 7 años, solloza, y el mayor, Abel (Gunter Duret), le dice: “Vas a estar bien, te lo juro. Nos vemos en el recreo”. Una escena realmente sorprendente para la pequeña actriz, de una contención que sobrecoge de principio a fin en esta película belga, por título Un pequeño mundo (Laura Wandel, 2021). Ya en el comedor escolar, busca a su hermano. No tiene hambre. Y en el patio de recreo aprecia algo que no comprende cuando otros alumnos le amenazan a Abel: “Aquí somos los jefes, De aquí no te mueves. ¡Como hables te mato! ¡Cállate la boca¡ No te muevas, no me mires”

Porque Un pequeño mundo es una película más sobre el acoso escolar o bullying, pero muy especial. Pues a diferencia de la mayoría de otros filmes que se pone a la altura del acosado, de los acosadores o de los padres, aquí el acoso escolar es visto desde una cámara a la altura de los ojos de Nora, una pequeña actriz sorprendente de inicio a final. Nora intentar proteger a su hermano en un medio tan hostil como puede llegar a ser el colegio. Nora llega a abrazar a su hermano y le pregunta: “¿Por qué hacen eso?” Y Abel le pide un pacto de silencio, para no contarlo a nadie, tampoco a su padre. Y a Nora le resulta más difícil de entender esto que lograr hacer el nudo de sus zapatos. 

Pero hasta las pequeñas compañeras de Nora son crueles en sus comentarios frente a su hermano y su padre. Una crueldad pueril y cotidiana, pero crueldad. Y el entorno no siempre ayuda: “A esta edad es normal pelearse”, excusa una profesora, aunque Nora intenta sacar a la luz la verdad, pero llega a entender que “cuando ayudas, peor”. Y cuando se descubre la verdad, entre los hermanos y el padre todo se enrarece. 

Vale la pena recomendar esta película en todos los sentidos, un pequeña joya de tan solo 72 minutos, suficientes para ver y pensar. Porque Laura Wandel, la directora (y también guionista), que se estrena el largometraje aquí, evita redundancias innecesarias y va al grano, siguiendo con su cámara de cerca a la protagonista, nutriendo la puesta en escena del poderío visual que aportan los primeros planos y el buen hacer de los jóvenes intérpretes. Y nos sumerge en ese microcosmos, en ese pequeño mundo, que es el patio de un colegio, donde Nora va a ser testigo de los malos tratos, humillaciones y vejaciones que sufre su hermano, debatiéndose entre la lealtad al mismo, que le pide guardar silencio, y los dictados de la razón que claman por desvelar semejante atropello. 

Un cruel poema infantil para sentir la cotidianidad del acoso escolar y las dificultades para atajarlo. Y eso sentimos como espectadores que acompañamos a Nora en el colegio (y donde los adultos pasan a un evidente segundo plano en la película), quien observa y sufre ante lo que ve con la rebeldía, espontaneidad e incredulidad de hermana pequeña. Y cuando se pasa de presa a depredador (porque la violencia se contagia) y cuando siempre aparece una nueva presa en los patios escolares. Porque toda la narración de Un pequeño mundo transcurre en el centro docente y, sobre todo, en los momentos de recreo (ya sea el patio, los pasillos, el baño, el comedor, la piscina) donde nos impone una atmósfera intimidatoria, dónde la violencia soterrada se respira, se siente… hasta el desgarrador final. Y así trasciende de la mera narración del buylling, para también ser una buena película de realismo social, que vive de lo mejor del cine social de Bélgica: hablamos de los hermanos Jean Pierre y Luc Dardenne, cuya estética y ética ya hemos conocido en Cine y Pediatría: Rosetta (1999), El hijo (2002), El niño (2005) o El niño de la bicicleta (2011).   

Película minimalista llena de detalles. Aquí el acoso escolar pone la cámara a la altura de su joven protagonista, y con frecuencia casi todos los personajes están fuera de foco. Nora siempre está presente y nítida, pero al resto (especialmente los adultos como el padre y profesores) no veremos sus rostros si no se ponen a la altura de la pequeña. Toda la banda sonora es el bullicio de un patio de recreo, prescindiendo de cualquier acompañamiento musical. La historia narra lo imprescindible y por mucho que nos preguntemos dónde está la madre de Nora y Abel, no vamos a obtener respuesta. Pero esa no es la esencia. 

Es Un pequeño mundo un buen debut de su directora a través de esta obra cautivadora e intensa sobre la complejidad de encajar en un lugar y el comportamiento adecuado en un microcosmos donde la violencia evita los radares adultos. Un relato iniciático reconstruido por una película original, y una tarea difícil y conmovedora para los pequeños arrojados a la arena del mundo (o a los patios de las escuelas, el primer lugar donde entendemos cómo funciona la sociedad). Una pequeña gran película que nos recuerda que ese pequeño mundo que los niños escolarizados viven puede ser un gran infierno para ellos… y ningún adulto (pero sobre todo el profesorado y los padres) debe olvidarlo y estar atento para abortar cualquier señal de bullying en un centro escolar. Esto ya lo hemos denunciado desde Cine y Pediatría en numerosas películas. 

Recientemente hemos publicado un libro sobre “Trilogías del séptimo arte para pediatras” y elegimos tres películas sobre el tema del acoso escolar, de aconsejable prescripción: Después de Lucía (Michel Franco, 2012), Marion, 13 años eternamente (Bourlem Guerdjou, 2016) y El silencio roto (Piluca Baquero, 2017). Pues bien, es probable que Un pequeño mundo ya forme parte de ese listado.  

 

sábado, 20 de noviembre de 2021

Cine y Pediatría (619) “El profesor (Teacher)” y el acoso escolar entre el héroe y el villano

 

Son muchas las películas que desde Cine y Pediatría han abordado el tema del acoso escolar (también conocido con el anglicismo bullying) y también muchas las películas que se han aproximado al mundo de la educación desde el punto de vista de un profesor coraje que quiere cambiar a sus alumnos. Pero la fusión de ambos temas es lo que nos ofrece la película estadounidense El profesor (Teacher) (Adam Dick, 2019), una buena ópera prima de su director que nos devuelve una vigorosa narrativa y una sensación de desasosiego latente que mantiene la tensión durante los 100 minutos de metraje. 

Mr. James Lewis (David Dastmalchian) es un joven profesor de inglés que intuimos que lidia con sus propios fantasmas, consecuencia de las secuelas traumáticas de una niñez en la que sufrió acoso escolar y también el maltrato físico y psicológico de un padre alcohólico. El profesor vuelve a revivir en su presente cómo dos alumnos de 16 años del instituto (Daniela, una chica sudamericana, y Preston, un introvertido chico aficionado a la fotografía) son asediados, insultados y ridiculizados sin cesar. Y él se implica para que no se repita su historia, e intenta apoyarles y alejarles de los alumnos que intentan injuriarlos, pero deberá enfrentarse a un sistema educativo cobarde que prefiere mirar hacia otro lado, sin tomar medidas para prevenir estas situaciones. 

El profesor de esta película utiliza la literatura shakesperiana para mostrar a sus alumnos la delgada línea que separa al héroe del villano, y como muchas veces comparten sentimientos o características. Y lo hace a través de la lectura y análisis de “El mercader de Venecia”, esa historia de Bassanio y Porcia, de Graciano y Nerissa, y especialmente la relación entre el mercader Antonio y Shylock, el usurero judío. Y esa deuda de carne que Shylock adquiere sobre Antonio si la suma de dinero no es devuelta en la fecha indicada. Y esta diferencia entre héroes y villanos tan definidos (o no) cuando el acoso escolar amenaza una clase y a sus alumnos es la cuestión central que se nos plantea, como una cuestión moral al espectador: ¿cuál es la actitud ante una denuncia desoída de acoso escolar?, ¿debemos tomarnos la justicia por nuestra mano o aguantar y seguir alimentando una cadena de violencia? 

Y a lo largo de la historia, Preston sufre agresiones físicas (que incluso terminan con un ingreso hospitalario por secuelas graves) y Daniela sufre agresiones morales y ciberacoso a través de la creación de una web pornográfica, huella que en internet se hace imborrable (y que finaliza con un intento de suicidio...y casi lo consigue). “¿Me tienes miedo, verdad? Solo di que me tienes miedo y que eres un maricón de mierda y pararé”, son algunas de las humillaciones verbales que oímos. Y aunque este ascenso de la violencia es denunciado por el profesor, la dirección del centro escolar lo tapa, y los padres de Tim, el cabecilla de los acosadores, tienen una reacción muy paradójica. Y finalmente llega la solución más fácil (y la más errónea): el director del instituto opta por expulsar al profesor, para que no siga causando molestias; y el padre de Tim (Kevin Pollack) también le acosa - en una de las escenas más duras por la contención verbal de las amenazas que se oyen -, porque en el fondo los patrones se repiten. 

Y es entonces cuando la estrecha frontera entre héroe y villano que nos muestra “El mercader de Venecia” aparece en su vida. Porque entonces el profesor decide actuar por su cuenta, y sus acciones entran en una espiral cada vez más complicada, donde no se sabe donde acaba el hombre justo y donde comienza el psicópata. Y se convierte en un antihéroe que intenta vengar a esos alumnos que sufren los mismos problemas que él tuvo en su infancia y así le dice al acosador cabecilla: “Entiendo que eres un mierda privilegiado y consentido que puede dejar ciego a un chico un día y al siguiente fanfarronear en internet con una chica sobre una fiesta en un yate metiéndose rayas… ¿Por qué hiciste eso? ¿Por qué nos lo hiciste a todos?” Y entonces Tim reconoce que su padre le maltrata para conseguir los retos académicos y en el deporte, lo que él llama “entrenamiento”. Y repite estereotipos.

Y otro giro de la historia nos aboca a un desenlace inesperado. Allí donde el padre de Tim confiesa “Tal vez no te guste, pero el miedo es la manera de obtener respeto”, y el profesor dice a su alumno: “Tim, piensa en quién podrías ser si no estuvieras criado en esta casa”. Y en ese final en otra clase vuelve a surgir la duda entre el héroe y el villano que nos dejó “El mercader de Venecia”. Porque El profesor (Teacher) nos devuelve un original guion para tratar un tema tantas veces visto y que transita desde el abuso escolar al abuso de poder

Y hoy, 20 de noviembre, en el que celebramos la Convención de los Derechos de la Infancia, esta película es un buen homenaje. Recordamos que en 1924 tuvo lugar la Declaración de Ginebra, considerada la primera declaración sobre los derechos de los niños, en lo que era un breve texto de sólo cinco artículos, en los que se proclaman los derechos de los niños a tener una vida digna, a ser estimados, cuidados y protegidos, a ser educados. Y el 20 de noviembre de 1959 fue aprobada por la ONU la Declaración de Derechos del Niño que se basa principalmente en la defensa de los derechos de promoción (el nombre, la nacionalidad, el domicilio, la educación, la salud, el juego), los derechos de protección (contra la tortura, los maltratos, la explotación sexual y económica, los conflictos armados) y los derechos de participación (escuchar su opinión, valorar su interés). Y ni que decir tiene que el maltrato que supone el acoso en los entornos educativos atenta de forma directa contra ellos. Y no debiera de haber ninguna duda a la hora de diferenciar quiénes son los héroes y quiénes los villanos en esta lacra social. 

No confundir esta película con la titulada El profesor (Detachment) (Tony Kaye, 2011), ya comentada en Cine y Pediatrí, y que es una de tantas buenas películas alrededor de la educación y de las aulas. 

 

sábado, 23 de octubre de 2021

Cine y Pediatría (615) “Uno para todos”, todo un compromiso por la reconciliación


Es Caspe una pequeña localidad zaragozana con menos de 10.000 habitantes, capital de la Comarca del Bajo Aragón, Y a la que se le conoce como “la ciudad del Compromiso”, un hecho que marcó nuestra historia y que tuvo gran influencia en el desarrollo de la Monarquía Española. Porque el Compromiso de Caspe fue un pacto establecido en 1412 por representantes de los reinos de Aragón y de Valencia, así como del principado de Cataluña, con el objetivo de elegir un nuevo rey ante la muerte en 1410 de Martín I de Aragón (el Humano) sin descendencia y sin nombrar un sucesor aceptado. Acaeció que dos años y medio después de la muerte de María de Luna, esposa de Martín el Humano, falleció Martín el Joven, el único hijo que habían tenido; y aunque el rey había conseguido legitimar como hijos suyos a varios bastardos, estos no eran aceptables según el derecho de herencia aplicable. Fueron seis los candidatos, todos ellos vinculados a la corona de Aragón, y con alguna relación familiar con Martin el Humano, y donde Fernando de Trastámara, infante de Castilla y su sobrino, fue el elegido. 

Y esta introducción es para adentrarnos en la película española Uno para todos (David Ilundain, 2020), cuya historia tiene lugar en Caspe. Pero el título no debe confundir con una película de mosqueteros, o un película histórica, tampoco un western. Nos encontramos ante la enésima aproximación al tema de un profesor que se enfrenta a un peculiar grupo de alumnos. En este caso un maestro interino que viene a hacer una sustitución en pleno curso de sexto de Primaria, allí donde en los alumnos se mezclan aspectos como el cáncer en la infancia y el acoso escolar

La canción “Tornarás a tremolar” del grupo Mishima suena en el coche de nuestro protagonista, Aleix (David Verdaguer), un joven maestro catalán que llega a un nuevo destino. Escaso equipaje para un destino fugaz de maestro sustituto en este pequeño pueblo en la provincia de Zaragoza. Alquila un piso al dueño del bar e inicia su andadura en su nueva clase. Allí donde enseguida conoce que falta un alumno, Carlos (Néstor Romero), a quien se le detectó un linfoma a final del pasado curso. Se interesa por este chico, que vive solo con una madre superprotectora y allí conoce a Ana (Patricia López Arnáiz), su profesora domiciliaria con quien establece una peculiar relación: “Lo niños son supervivientes por definición”, le dice. 

El tiempo que dedica a la clase y a apoyar a Carlos, llenan los días de Aleix (nombre que le sustituyen por el de Alex en la escuela), un joven por si introvertido y que nos confiesa que desde la muerte de su padre no se habla con su madre y hermanos. Su patrono lo intuye cuando le dice “Tú no tenías ganas de venir a este pueblo. Te sentirás solo”. Y él le contesta: “Tengo 18 alumnos en clase”. Pero pronto descubre que la pronta vuelta de Carlos a clase no es bienvenida por casi nadie, pues acosaba a muchos de ellos con distintas formas de lo que conocemos con el anglicismo “bullying”. El compromiso del maestro con su clase y este conflicto a solucionar le lleva a ofrecerles, aprovechando los conocimientos informáticos de Carlos, la idea de crear un videojuego de superhéroes, siendo ellos los protagonistas. Y parece funcionar, pues, no sin dificultad, poco a poco llega la reconciliación de Carlos con su clase al finalizar el curso. 

Y con el fin del curso, Aleix deja la escuela, la casa alquilada y el pueblo. Y antes de partir en el coche unas lágrimas preceden a la llamada por teléfono a su madre. Y, así, su compromiso con la reconciliación tuvo también efectos en sí mismo. Y cuando parte en coche, vuelve a sonar la misma canción que al principio. 

Es Uno para todos, aparentemente, una película menor o quizás ya vista, pero con valores. Así lo ha reconocido la última edición de los Premios Cinematográficos José María Forqué, al concederle como merecedor del premio Cine y Educación en Valores. Cabe tener en cuenta que estos premios fueron creados en 1996 por la Entidad de Gestión de Derechos de los Productores Audiovisuales (EGEDA) y son sus objetivos fundamentales contribuir a la promoción del sector audiovisual español, premiando la película con mayores valores técnicos y artísticos de entre las estrenadas cada año en España. También esta película tuvo otra nominación, para David Verdaguer como Mejor actor principal, y es que este actor está entre lo mejor de la película, un buen actor al que ya conocemos en Cine y Pediatría con otras películas con valores y con compromiso: Verano 1993 (Carla Simón, 2017) y Los días que vendrán (Carlos Marques-Marcet, 2019). 

Y es así como Uno para todos es una historia que tiene un compromiso con la reconciliación. Y ello en Caspe, “la ciudad del Compromiso”.  

 

sábado, 30 de noviembre de 2019

Cine y Pediatría (516). “Marion, 13 años eternamente” y el peligro que se esconde tras muchas aulas


«Marion, hija mía, te suicidaste el 13 de febrero de 2013 a los 13 años. Bajo tu litera encontramos tu celular amarrado a un hilo, colgado para expresar simbólicamente que cortabas las palabras de quienes te torturaban en la escuela con insultos y amenazas. Escribo este libro para que todas las personas que lo lean extraigan lecciones de tu muerte; para que los padres eviten que sus hijos sean víctimas, como tú, o verdugos, como quienes te destruyeron. Escribo este libro con el fin de que nos tomemos en serio el acoso escolar». Este es el testimonio de Nora Fraisse, madre de Marion, y este es el pensamiento que introduce a su libro “Marion, 13 ans pour toujours” coescrito con en colaboración con Jacqueline Rémy, la historia de un problema universal, el acoso escolar (más conocido con el anglicismo “bullying”), y de un problema muy personal. Y una historia así era claro que se adaptaría al cine, y así lo hizo con un título homónimo en el año 2016 el director Bourlem Guerdjou: una película para la televisión que conmocionó a Francia entera, con un record de más de 4 millones de espectadores en su estreno.

Y la película Marion, 13 años eternamente comienza así: “Esta película es una obra de ficción inspirada en hechos reales”. Un película con tres partes marcada por un inicio donde no se oculta ninguna carta: el suicidio de una adolescente con un pensamiento previo de su madre: “Eso de las redes sociales me preocupa”. A partir de ahí una segunda parte que comienza con el “6 meses antes”, donde se intenta explicar cómo se ha llegado a ello; y una tercera parte en la que los padres intentan superarlo y donde la madre intenta esclarecer el por qué de lo que le ha ocurrido a su hija.

El antes de… nos presenta una reunión de profesores y padres en el instituto donde, una vez más, no aceptan el cambio de clase de Marion (Luàna Bajrami). Porque ella es una buena alumna que convive en una típica clase de adolescentes que hacen la docencia muy complicada a los profesores, la enseñanza muy difícil a los alumnos que quieren aprender y la vida imposible a quien, como ella, se atreve a apoyar a los maestros frente a los matones de turno. Y a partir de ahí comienza el ciberacoso a través de los mensajes por las redes sociales: “Mañana en la parada del autobús estás muerta” o “Da igual lo que hagas, eres una puta”.

Con ello comienza a sufrir y solo un compañero, Romain, le apoya y aparece como una pequeña luz en la tormenta que empieza a ser su clase. Se siente diferente y apuntada por no tener perfil de Facebook y Marion llega a decir a su madre: “Esto es un asco. Quiero ser como los demás”. Y pasan los días y aumenta el acoso, y hasta su mejor amiga le da de lado. Y se incrementan los mensajes por su teléfono y su ordenador: “Molaría que desaparecieras”, “Me acabo de cruzar contigo y casi vomito”. Y a medida que el acoso físico, verbal y moral es más violento Marion comienza a ser invadida por la tristeza, el insomnio y la falta de apetito. Y como espectadores comenzamos a sentir la misma asfixia que nuestra protagonista.

Violencia en las aulas, en los pasillos, en el patio de recreo, en los vestuarios,… Y todo ello ante la inanición de los profesores, de esos colegios cómplices y cobardes donde no se activan los protocolos de acoso escolar. Y ella se aferra a lo poco que ya le queda y le dice a Romain: “¿Sabes?, si vengo a clase es por ti. Si algún día me dejas…”. Pero el acoso escolar (el implacable bullying) destroza a cualquiera y también pudo con Marion. Y antes de acometer el suicidio dejó escrita una carta narrando lo ocurrido hasta llegar allí.

El después de… es quizás la parte más dura. Cuando los padres, en pleno duelo, intentan entender… y se encuentran con un director del colegio que escurre toda la responsabilidad y con el juicio de una sociedad que ni tan siquiera asume la compasión. Y esa madre coraje (la actriz Julie Gayet, incomprendida en ocasiones hasta por su marido: “Remover la mierda no me lo devolverá”) que lucha para que el Ministerio de Educación tome las medidas judiciales oportunas por el bien de la infancia, principalmente frente al colegio y profesores cómplices que no solo mantuvieron silencio, sino que negaron la realidad y no mostraron la menor compasión, pues ni al entierro acudieron (para rehuir cualquier responsabilidad).

Una madre que busca respuestas… y pregunta a los compañeros de su hija, a los padres de aquéllos, a los profesores. Pero solo recibe el silencio y el rechazo. Y el dolor se nos multiplica, porque a todo el mundo le molesta que busque la verdad,, incluso a su marido: “Necesito silencio para comenzar mi duelo”. Y hasta el hijo pequeño del matrimonio escribe a su madre, ante tal obsesión: “Baptiste y yo estamos aquí. Ocúpate también de nosotros”.

Una madre a la que le faltan las fuerzas en ocasiones, pues se siente como una apestada que puede dañar con sus preguntas a una sociedad cómplice: “Es muy duro sentirse aislado”. Pero su colofón es claro: “No dejaremos que los que te hicieron daño se salgan con la suya. Vamos a seguir luchando y luchando. No pararemos. Estamos contigo”.

No es difícil entender que Marion, 13 años eternamente es una película muy aconsejable para prescribir en las aulas y en las familias. Pues esta película basada en hechos reales está construida para seguir las huellas del acoso escolar y donde el espectador, omnisciente con la cámara, ve lo que sucedió y sigue todo el viaje de los protagonistas hasta un viaje final que se conoce desde el principio. Porque Nora Fraisse quería contar la historia de su hija para advertir sobre el peligro que se esconde en muchas aulas. Y es una película que no olvidaremos, como una madre no olvida a su hija. “Marion, aunque tu corazón haya dejado de latir, el mío late y combate por ti”.

Marion, 13 años eternamente fue todo un éxito en Francia… y no me extraña. Y muchas son las películas que abordan el bullying, pero esta debe ocupar un lugar privilegiado por la directa realidad que emana. Y esta película debe ir de la mano de la película española El silencio roto (Piluca Baquero, 2017), también basada en la experiencia personal de su directora con su única hija acosada. Y con ambas películas prescribimos el hastag #TodosFrentealAcosoEscolar. 

sábado, 15 de junio de 2019

Cine y Pediatría (492). “Déjame entrar”... en tu vida


Las películas de vampiros son todo un subgénero dentro del terror. Algunas son muy reconocibles, como Drácula de Bram Stoker (Francis Ford Coppola, 1992), Entrevista con el vampiro (Neil Jordan, 1994), Vampiros de John Carpenter (John Carpenter, 1998), Van Helsing (Stephen Sommers, 2004) o Soy leyenda (Francis Lawrence, 2007).

Una fama que se vio reactivada por tres sagas, una trilogía y dos pentalogías. La saga Blade, que comenzó con Blade (Stephen Norrington, 1998), y continuó con Blade II (Guillermo del Toro, 2002) y Blade Trinity (David S. Goyer, 2004). La saga Crepúsculo, que comenzó con Crepúsculo (Catherine Hardwicke, 2008) y continuó con Luna Nueva (Chris Weitz, 2009), Eclipse (David Slade, 2010) y Amanecer, parte I y parte II (Bill Condon, 2011 y 2012). Y la saga Underworld, que comenzó con Underworld (Len Wiseman, 2003), y continuó con Underworld: Evolution (Len Wiseman, 2006), Underworld: La rebelión de los licántropos (Patrick Tatopoulos, 2009), Underworld: El despertar (Måns Mårlind, Björn Stein, 2012) y Underworld: Guerras de Sangre (Anna Foerster, 2016).

Pero una de estas películas sobre vampiros que hoy nos reúne tiene algo especial, pues es mucho más que una historia de vampiros, pues a través de la amistad de un niño y una niña adolescentes aborda el lado oscuro de la humanidad, tratando temas como el acoso escolar, alcoholismo, pedofilia, pederastia, prostitución, suicidio y asesinatos junto con temas sobrenaturales y también con la amistad y el amor como salvación. Todo comenzó en el año 2007 cuando el escritor sueco John Ajvide Lindqvist escribe “Déjame entrar”, una novela que se centra en la relación entre Oskar, un niño de 12 años y Eli, una criatura con apariencia de niña de la misma edad que Oskar, pero que en realidad es una criatura de más de 200 años con hábitos de vampiro: se alimenta de sangre de seres vivos para mantenerse activa. Son varios los personajes de la novela, y por medio de ellos el autor describe la vida en los suburbios de Estocolmo a principios de la década de 1980 gran parte de la miseria humana. El título hace referencia a la canción "Let the Right One Slip In" de Morrissey, pero también al mito folklórico que afirma que los vampiros no pueden entrar en una casa sin ser invitados.

Y de esa novel surgieron dos películas, la original y la copia. En 2008 se estrenó la película sueca Déjame entrar (Låt den rätte komma in), dirigida por Tomas Alfredsson y protagonizada, donde Oskar (Kåre Hedebrant) es un adolescente tímido sometió a acosos escolar que vive en Blackeberg, un suburbio de la ciudad de Estocolmo, quien conoce a su nueva vecina Eli (Lina Leandersson). En 2010 se estrenó el remake, la película estadounidense Déjame entrar (Let Me In), dirigida por Matt Reeves, situada en Los Álamos/Nuevo México y en donde los niños protagonistas adoptan los nombres de Owen (Kodi Smit-McPhee) y Abby (Chloë Moretz). Nos referiremos a esta última versión en donde reconocemos a los dos jóvenes protagonistas, pues ambos forman parte de emblemáticas películas de Cine y Pediatría: Kodi Smit-McPhee era el hijo de Rómulo, mi padre (Richard Roxburgh, 2007), y Chloë Moretz la hemos disfrutado y sufrido, respectivamente, en dos películas como La invención de Hugo (Martin Scorsese, 2011) y Carrie (Kimberly Peirce, 2013). Y curiosamente esta última era también un remake y también centraba el acoso escolar en el contexto de una película de terror, como la cinta que hoy nos convoca.

Y todo remake no está exento de polémica. Porque, salvo excepciones, el original suele siempre superar a la copia (como la novela suele superar a la película) y aunque esta copia de Déjame entrar es aceptable, parece que una nueva versión a los dos años de su estreno, resultaba, al menos, paradójico. Y algunos refieren que no aporta nada nuevo quizás esta versión de Matt Reeves, más bien le restaría en relación a la contención de la versión sueca y a la compleja descripción de sus personajes. Pero entremos en materia....

Todo comienza con una primera escena en una nevada noche en la que dos coches policía escoltan a gran velocidad a una ambulancia, en la que tratan de salvar la vida a una persona que se ha quemado la cara con ácido. Un policía le pregunta, “Queremos saber quién eres”, pero a continuación éste desfigurado personaje se tira por la ventana del hospital. Y, a continuación, retrocedemos a la historia acaecida dos semanas antes.

Y se nos presenta a nuestros dos jóvenes personajes. Owen es un joven adolescente que vive con una madre en proceso de separación, un niño algo bizarro que vigila a sus vecinos con un telescopio mientras realiza extraños juegos. Y que es considerado un friqui aniñado, por lo que sufre acoso escolar por los matones de su clase, y por ello su compañeros son el temor y deseo de venganza. De pronto, una niña de su edad se establece como vecina junto al que parece ser su padre. Su nombre es Abby y siempre anda descalza y solo sale de noche al parque, y le dice: “Sabes, no puedo ser tu amiga”. Una joven con un comportamiento extraño, que no recuerdo el día de su cumpleaños y que no reconoce lo que es el famoso cubo de Rubik.

Un niño ahora sin padre, una niña sin madre, dos jóvenes bizarros en su comportamiento que están llamados a iniciar a una amistad entre la glacial nieve externa y la helada temperatura emocional que los rodea para adentrarse juntos en un universo cálido, sólo para ellos, un pacto sellado con amor, dolor, miedo y entrega… y sangre. Abby le quiere ayudar a superar el bullying: “Dales con fuerza y dejarán de pegarte”.

Una atípica pareja de preadolescentes al margen de lo corriente, jóvenes que caminan de puntillas entre su propia forma de ser, su familia, el centro escolar y la sociedad. Allí donde Owen soporta los golpes y humillaciones de la vida parapetándose en su interior, pues su religiosa madre intenta superar las heridas de la separación con su marido y no percibe las heridas en su hijo. Y en su círculo que parecía no tener salida, aparece Abby, y la amistad se transforma en amor y por eso ella le dice: “¿Me querrás aunque no fuera una chica?”. Y él la dejará entrar… 

Una de las historias de amor adolescente más inquietantes que se han trasladado a la pantalla, una historia de aceptación incondicional, que ella intenta evitar por su secreto: “He de partir y conservar la vida, o quedarme y perecer”. Es una historia de comprensión sin palabras, pero con dudas, las dudas que Owen pregunta: “¿Crees que existe el mal?”. Y cuando Abby le declara: “Necesito sangre para vivir. Tengo 12 años, pero hace mucho tiempo que tengo 12 años”. Y pese a ello, seguir amando, amar en un infierno que para ellos es un paraíso encriptado, secreto, obviando el horror, la tragedia y la condena.

Porque todos necesitamos que nos dejen entrar en la vida de las personas que queremos, que necesitamos. Y como Abby, también “sangramos” si sentimos que no podemos formar parte de esas vidas. Algo así es esta especial película de vampiros, porque Déjame entrar nos hablar de amistad y amor en dos mundos imposibles que se necesitan.

Os dejamos los dos trailers. Que cada uno elija la versión que más le guste…

 

sábado, 7 de julio de 2018

Cine y Pediatría (443). “Cuando tienes 17 años” no puedes ser formal


Junto a Charles Baudelaire y Paul Verlaine, Arthur Rimbaud constituye la triada por antonomasia del Simbolismo, ese movimiento artístico originado en la Francia del siglo XIX y cuyo objetivo era la búsqueda interior y la búsqueda de la verdad universal al interrelacionar el mundo espiritual y el mundo sensible, donde las temáticas principales eran la espiritualidad, los sueños y la imaginación. Pero hoy destacamos a Rimbaud, un rebelde por antonomasia, con una vida de novela, el símbolo de un icono que parecía un poeta del siglo XX, no del XIX. 
Porque si Mozart murió a los 35 años y cambió la música para siempre, Rimbaud murió a los 37, pero a los 19 años ya había escrito toda su poesía, una poesía que abrió el camino de la modernidad, con un solo libro publicado en vida. Y la segunda parte de su corta vida que fue una especie de caos aventurero, un vagabundo por los caminos de Francia y del mundo, que se hundió en el silencio para dedicarse al tráfico de armas, café y marfil y morir pobre, como vivió. 

No es de extrañar que este poeta del simbolismo y tan simbólico escribiera en su poema “Roman (Aventura)”: “Con diecisiete años, no puedes ser formal…”. Y ese inicio del poema es lo que inspira el título de la hasta ahora última obra de André Téchiné del año 2016: Cuando tienes 17 años, un regreso al cine adolescente por parte del realizador que nos regaló ya Los juncos salvajes (1994), y que revisamos la semana pasada en Cine y Pediatría. Dos visiones de la adolescencia (y las dudas propias de esta edad, con la eterna identidad sexual), una ambientada en la década de los 60, otra en nuestros días, pero algunos temas que se mantienen en el tiempo. Y para esa actualización alrededor de los problemas de identidad sexual el septuagenario Téchiné no ha podido rodearse de mejor compañía, pues ha sido indispensable la ayuda de la joven directora Céline Sciamma, que ejerce de guionista en esta propuesta de la que se ven ciertos toques suyos que ya se vieron en películas como Lirios de agua (2007), Tomboy (2011) o Girlhood (2014), esa trilogía imprescindible de la directora que no entiende de géneros, aunque ahora en clave masculina. 

Y es Cuando tienes 17 años la película más juvenil de André Téchiné, la que nos ofrece un minucioso tapiz sobre el autodescubrimiento adolescente marcado por la sencillez y la finura de su mensaje, el coherente guión y la correcta interpretación. Un triángulo de personajes: Damien (Kacey Mottet Klein, a quien conocimos en su debut en el cine como el niño protagonista de la peculiar película del año 2008 de Ursula Meier, Home), su madre (Sandrine Kiberlain) y Tom, un compañero de instituto (Corentin Fila). Una historia contada en tres partes, en tres trimestres escolares diferentes, y en tres momentos emocionales y estacionales diferentes. 

- Primer trimestre. Todo nevado, en la ciudad y en el campo. Descubrimos a Damien y a Thomas. Damien es un joven de 17 años, hijo de un militar y de una médica, que vive en la ciudad con su madre mientras su padre pasa la mayor parte del tiempo en misión militar en África. Y descubrimos a su compañero de instituto Thomas, un chico adoptado de origen argelino que vive en la montaña con sus padres agricultores, y que tarda una hora y media en llegar al instituto. Thomas acosa a Damien y su relación es tensa, con peleas incluidas, pese a los consejos maternos: “Entiendo que sientas una antipatía irracional hacia alguien, pero no entiendo que os peleéis. ¿Me lo puedes explicar?”. 
Por azares de la vida, la madre de Damien acaba atendiendo a la madre de Thomas, enferma y embarazada, a la que aconseja ingresar. Ante esta situación, y con la intención de que Thomas no pase tantas horas en el viaje y pueda rendir más en los estudios, le invita a vivir en su casa, algo que desagrada sobremanera a Damien. Algo que pondrá a prueba a todos. 

- Segundo trimestre. Sigue la nieve, pero comienza el deshielo. En la primera imagen los chicos regresan por el mismo camino a casa, pero no juntos. Ahora son los dos los que acuden a las clases de boxeo de Paulo, el vecino ex militar. Y luego se retan para pelear en la montaña y tras la tormenta, llega la calma.. y casi la reconciliación. Y de la reconciliación bajo la lluvia surge la posterior atracción, algo que estaba latente y que no resulta fácil de sentir o explicar… pero que surge. Y por ello Damien le dice a Thomas: “Quiero saber si me gustan los hombres o solo eres tú”. 

- Tercer trimestre. Llega la primavera. Todo comienza ahora con una visita de representantes del Ejército para comunicar a Damian y su madre lo que nadie quería oir sobre su padre y marido, fallecido en acto de servicio. Y tras el duelo, la calma. Y en los estudios de final de curso los ya amigos leen algo que les es muy propicio: “Desear, del latín “desirat”, significa sentir la ausencia de algo. La mejor definición es la de Leibniz que dice: La inquietud que siente un hombre por la ausencia de algo que le proporciona el placer de estar presente es lo que se llama deseo. Tendencia consciente hacia un objetivo, el deseo es característico del hombre”. 
Y la frase “Estoy enamorado de ti”… tras las dudas, temores y miedos. Y el beso final deja un halo de esperanza a los sentimientos… quizás al deseo. Quizás a esa normal anormalidad que significa tener 17 años y ser adolescente. 

Y sin ser una obra maestra, Cuando tienes 17 años logra tener una visión positiva y especialmente profunda y delicada de los problemas de la adolescencia y el descubrimiento de la propia sexualidad, y bajo dos puntos de vista diferentes, las de sus protagonistas. Y esa es la esencia de la confusión adolescente, cuando el deseo interior y la actitud exterior pocas veces siguen caminos paralelos, cuando uno se enfrenta a lo incomprensible, lo inexplicable y lo rechazable, tanto para una sociedad que sigue esquinando en demasía determinados comportamientos y sensibilidades, como para familias centradas en un único estacionamiento moral, se unen en el interior de un cuerpo y una mente que aún no acaban de entenderse entre ellos. Un conflicto interno que el veterano André Téchiné, con amplia experiencia en el relato de los ardores y dolores de la adolescencia, configura como semilla de la atractiva Cuando tienes 17 años, una película inequívocamente suya, como lo fuera Los juncos salvajes. "Debería ser sensato, pero yo no soy sensato. Y no sé qué puedo hacer", clamaba uno de los personajes de Los juncos salvajes, ebrio de confusión y deseo. "Cuando tienes 17 años no puedes ser formal", dijo el poeta Rimbaud, te emborrachas, divagas y palpitas, te equivocas y te levantas. Justo como la película. 

Porque las similitudes son evidentes y numerosas entre Los juncos salvajes y Cuando tienes 17 años, pero la perspectiva es muy diferente con estos 22 años de distancia: la pátina intelectual de aquella ha dado paso a una acusada y muy contemporánea fisicidad de esta, de forma que el verbo se ha hecho carne, porque en el mundo de hoy, quizás los instintos se traducen en roces más que en versos. Aunque la idea comenzara con un verso de Rimbaud…

sábado, 24 de febrero de 2018

Cine y Pediatría (424). “El silencio roto” y la denuncia continua frente al acoso escolar


Alicante es una provincia de cine, donde crece y donde se desarrolla el proyecto Cine y Pediatría, vinculado estrechamente con el Festival de Cine Internacional de Alicante. Pero también con otros proyectos y uno es el que desarrolla con empeño Beatriz Martínez desde hace varios años. Y de esos certámenes, primero bajo el acrónimo de MICE (Muestra Internacional de Cine Educativo) y ahora como PROYECTA-Alc, hemos vivido películas de primera mano con sus directores y actores. 

En el año 2016 vivimos la película Novatos (Pablo Aragües, 2015) una denuncia frente a las novatadas universitarias. En el año 2017 ocurrió con la película La historia de Jan (José Bernardo Moll, 2016), una historia alrededor de un hijo con síndrome de Down que es la historia de muchos. Y este año 2018 el encuentro y el evento ha sido con la película El silencio roto (2017) y con su directora, Piluca Baquero. Una película de estilo documental frente al acoso escolar que nace de la experiencia personal que su directora vivió con su única hija, y entonces conjugó sus facetas de educadora de formación en el Grado de Cine y su experiencia como productora de 25 películas, para atreverse a dirigir su ópera prima. 

Todo comienza con varias imágenes de un colegio que se mezclan con dibujos animados de niños y niñas y su voz en off. Y luego el titular, El silencio roto, porque están claras las intenciones desde un principio: romper el silencio frente al acoso escolar. Y para ello en la película desfilan la inmensa mayoría de los protagonistas de esta lacra social: alumnos, profesores, padres, familiares, psicólogos y psiquiatras, representantes de asociaciones de afectados (CONVIVES o AMACAE, Asociación Madrileña Contra el Acoso Escolar), abogados, políticos, mediadores y formadores de mediadores, y también una pediatra. Una pediatra muy especial, mi amiga María Salmerón, adjunta de la Unidad de Adolescencia de mi añorado Hospital Infantil La Paz, quien aún no ha podido visionar la película y a quien dedico este post. 

Tres niñas y un niño nos declaran su dura experiencia real ante el acoso escolar sufrido: María, 6 años; Mario, 8 años; Elena, 11 años; y Victoria, 13 años. Y lo hace con un formato genial, pues a diferencia de los adultos, la imagen de los menores es preservada con dibujos animados, aunque conservando, eso sí, su voz y sus declaraciones

Y con este marco, que se antoja de un alarde de montaje ante las muchas horas de grabación a los muchos protagonistas, somos espectadores de las variadas formas de acoso escolar (que en ocasiones reconocemos ya más por su anglicismo, bullying), sus secuelas en la infancia (la somatización, la depresión y ansiedad, el estrés postraumático, las autolesiones, etc.) y las duras confesiones de los padres y madres ante la indefensión de muchos colegios (que niegan y ocultan el acoso escolar, para evitar la mala fama). Porque aunque hay centros escolares para todos los gustos, los afectados tienen la sensación de que la cobardía moral no les apoya y exigen que se abran los Protocolos de Acoso Escolar y que sean homogéneos y firmes (pues ha día de hoy estos protocolos son muy diferentes entre colegios públicos y privados, entre una Comunidades Autónomas y otras). Y también estas familias muestran y demuestran su descontento ante los Juzgados de Menores (por su escasa sensibilidad) y ante la Fiscalía (por esos procesos judiciales interminables y nada eficaces para solucionar el problema). 

Y qué hacemos cuando una niña pequeña se atreve a decir "Los de mi clase no me quieren, abuela" o una joven lleva a expresar "Para estar así, mejor me muero". Porque queda muy bien el eslogan Tolerancia cero contra el acoso escolar, pero los afectados y sus familias creen que es aún puro postureo y permanecen mayoritariamente en la indefensión. Y como nos recuerdan en una de las muchas declaraciones, "Lo primero es contarlo...", porque está bien saber cómo actuar ante el acoso escolar, pero estaría mejor prevenirlo, evitarlo antes de que ocurra la unanimidad persecutoria de todos contra la víctima. Y no puede ser que la solución de muchos de estos alumnos sometidos al acoso escolar fuera irse a otro colegio...  

Por ello El silencio roto rompe el silencio para recordarnos que hay que ocuparse y preocuparse por este tema. Y por ello esta película se debe prescribir, especialmente en centros escolares y a pediatras. Porque maestros y pediatras compartimos el cuidado de la salud de la infancia, en sus distintos ámbitos: salud física, salud formativa, salud mental y salud social. 

Y ya son muchas las películas que han tratado el bullying en Cine y Pediatría, tanto en español como en todos los idiomas, en películas de ayer como Carrie (Brian de Palma, 1976) o de hoy como Wonder (Stephen Chbosky, 2017). Pero esta película de Piluca Baquero tiene un plus... porque es real como la vida misma. Y es terapéutica.

 

sábado, 23 de diciembre de 2017

Cine y Pediatría (415). "Wonder" y la maravilla de elegir ser amable


Hace 10 años, Raquel Jaramillo Palacio, una norteamericana de ascendencia colombiana, tuvo un encuentro fortuito que cambió, literalmente, su vida: el encuentro en una tienda con una niña con el rostro deforme mientras iba con sus dos hijos. La mala gestión de los sentimientos y vivencias hizo que esta escena se le repitiera una y otra vez en su mente. Pensaba cómo sería la vida de alguien que tuviera que aguantar cientos de veces ese tipo de situaciones a diario. Dice que la misma noche del poco afortunado encuentro, en la radio sonó la canción "Wonder", de la artista estadounidense Natalie Merchant. “Han venido médicos de ciudades lejanas solo para verme y agacharse sobre mi cama sin creer lo que veían. Dicen que debo de ser una de las maravillas de la creación de Dios, pero son incapaces de ofrecer una explicación”, dice un fragmento de dicha canción. Y en ese momento, R.J. Palacio supo que tenía que escribir una historia. 

Esa fue la semilla que, meses después, dio luz a "Wonder (La lección de August)", su primera novela, un libro narra la historia de August Pullman, un niño de diez años que padece el síndrome de Treacher-Collyns. La novela fue publicada en 2012 y desde entonces se ha ubicado entre las novelas más vendidas de la lista de The New York Times, ha sido traducida a 45 idiomas y ha vendido más de 5 millones de copias. Un éxito arrollador que, como era lógico, ha visto versión en el cine en el año 2017: Wonder, dirigida por Stephen Chbosky (quien ya nos deleitara hace años con Las ventajas de ser un marginado) y que en la carátula de presentación se acompaña de una frase de la película tan emotiva e inspiradora como ésta: "No puedes pasar desapercibido si naciste para destacar". Y ese sería el primer jalón de la saga Wonder, una serie de libros que orbitan en torno a la infancia, protagonizada por un puñado de niños que utilizarán la imaginación, la amistad y la vitalidad propia de la edad para superar aquello que los hace sentir pequeños ante el mundo.

Porque Wonder se ha convertido en un fenómeno mundial. Un buen libro y película para ver y leer en familia y que atesora varios objetivos: entender qué son las enfermedades raras desde distintos puntos de vista, posicionarse como una obra anti-bullying y una película que nos enseña valores clave como los que se enseñan en su colegio, frases escritas en la pizarra que nos dicen "Cuando tengamos que elegir entre tener razón y ser amables, debemos elegir ser amables". Y por ello, la propia editorial Random House decidió crear hace años una campaña que denominó “Choose kind” (Elige la bondad).

August Pullman (Jacob Tremblay, quien ya nos regaló otro papel espectacular en la espectacular película La habitación) tiene diez años, vive en Nueva York y nació con una grave malformación craneofacial. Es fan de La guerra de las galaxias y lleva su coleta de Padawan, le gusta ponerse un casco de astronauta de la NASA y nunca ha ido al colegio. Vive con su madre Isabel (Julia Roberts), quien que se ha encargado de su educación, con su padre Nate (Owen Wilson), soporte económico de la familia, y su hermana mayor Olivia (Izabela Vidovic), una especia de ángel protector que sufre el síndrome de la hija olvidada, pues la enfermedad de su hermano acapara todas las atenciones de sus padres. Agust, a quien llaman Auggie, sabe cuál es su situación y así nos lo expresa: "Sé que no soy un niño de 10 años normal... He pasado por 27 operaciones. Me ayudaron a respirar, a ver, a oír sin audífonos, pero ninguna de ellas ha hecho que parezca normal... A los niños normales no se les quedan mirando allá por donde van".

Y la película comienza con la incorporación de Auggie a la escolarización habitual en un centro escolar, donde, como era de esperar, no es fácil la integración por las muestras de extrañeza de los compañeros ante su aspecto físico, cuando no las muestras de acoso escolar. Aunque el director del colegio, el Sr. Traseronian, es un ser docente espectacular que lo recibe con ejemplaridad, su madre no puede por menos que musitar en ese primer día: "Señor, por favor, que sean buenos con él".

Lo característico del libro y de la película es que la historia está contada desde distintos puntos de vista, y esas son las cuatro partes que aparecen en el filme: Auggie, Via (diminutivo de Olivia, la hermana de Auggie), Jack Will (el mejor amigo de Auggie) y Miranda (la mejor amiga de Olivia). Una forma poliédrica de ver una historia especial, pero a la que se tienen que enfrentar muchas personas especiales. Al menos tres temas conviene destacar de esta película que no cabía duda de que formaría parte del proyecto Cine y Pediatría:

1) El conocimiento de las enfermedades raras con malformaciones craneofaciales graves. Es difícil saber qué dolencia sufre exactamente August, aunque su autora, la ha asociado, siempre que ha sido preguntada al respecto, al síndrome de Treacher Collins, una patología de origen genético que se da en uno de cada 50.000 recién nacidos y que se caracteriza por malformaciones craneofaciales, tales como hipoplasia de los huesos malares, paladar hendido, coloboma en los párpados, ausencia de pestañas, anomalías de las orejas (y la mitad suele asociar sordera), lo que les confiere un aspecto muy particular y no agradecido. Y así lo expresa Auggie: "¿Por qué tengo que ser tan feo...?... A la gente no le gusta tocarme porque piensan que es contagioso". Las personas con Síndrome de Treacher Collins (o disóstosis mandibulofacial) necesitan múltiples especialistas tales como cirujanos plásticos y maxilofaciales especializados en cirugías reconstructivas, neurocirujano, otorrinolaringólogo, oftalmólogo, logopeda, audiólogo o foniatra, dentista y ortodoncista, genetista, asistente social, y pediatras con experiencia en el manejo y apoyo multidisciplinar de estos pacientes. "Es un gen, bueno son dos genes, uno de mi padre y otro de mi madre...", así es como Via intenta explicar a su reciente novio el por qué de lo que le pasa a su hermano.
Pero hay quien ha vinculado también a August con el síndrome de Goldenhar (también conocido como displasia oculo-auriculo-vertebral), una enfermedad poco frecuente caracterizada por la triada de microsomía craneofacial, quistes dermoides oculares y anomalías espinales. Sea una u otra, no es de extrañar que, por estas circunstancias, Auggie nos comente que su fiesta preferida es Halloween, pues bajo el disfraz es capaz de ir con la cabeza alta, y no mirando a los pies de las personas, que es como normalmente camina.

2) El reconocimiento del acoso escolar.  Cuando August llega a la escuela, tres niños son designados por el director para ayudarlo a integrarse en el aula: Jack Will, Charlotte Cody y Julian Albans. Éste último no sabe gestionar los cambios que suceden a su alrededor y comienza a acosar a su nuevo compañero, acoso al que le acompañarán otros compañeros de clase. Sin embargo, es llamativo el extraordinario comportamiento del centro ante ello, y las palabras de su director no dejan duda: "En este centro nos tomamos el acoso escolar muy en serio. Tolerancia cero". Y este mismo Sr. Traseronian da un mensaje tan positivo como casi irreal y edulcorado para la vida real, pero gratificante sin duda: "Auggie no puede cambiar su aspecto. Pero nosotros si podemos cambiar en cómo lo vemos".
Porque lo cierto es que el colegio que se nos muestra es un colegio de los de enmarcar, capaz de dejar a sus alumnos mensajes tan inspiradores como "El más grande es aquel que con su fuerza levanta más corazones" o "Todo el mundo debería recibir una ovación del público una vez en la vida". Finalmente el tema del acoso escolar se supera, quizás con más facilidad en la ficción que en la realidad, de ahí que el niño le diga al final a su madre: "Mamá, gracias por hacerme venir al colegio", a lo que ella le responde: "Eres maravilloso, Auggie, maravilloso".

3) El recordatorio del síndrome del hermano olvidado. Cuidar a un niño gravemente enfermo representa una carga tremenda para toda la familia, y los hermanos sanos no son la excepción. Además, la excesiva atención de los padres hacia el hijo enfermo, junto con el cansancio, el estrés y la incertidumbre pueden ocasionar que nos olvidemos de los otros hijos, los sanos. Porque en estos hijos sanos puede ser que no recordemos en ocasiones cómo se sienten ante su preocupación porque el hermano fallezca, ante su miedos a presentar la misma enfermedad del hermano, ante su sentimiento de culpabilidad por ellos estar sanos y, sobre todo, pueden sentirse enojados porque los padres estén dedicando la mayor parte de su tiempo y energía al hermano enfermo y ellos se sienten olvidados. Y para entender esto el capítulo narrado por Via nos lo deja claro, así como sus reflexiones: "Auggie es el Sol. Mis padres y yo somos los planetas que giramos con el Sol...Mi casa es como la Tierra. Gira en torno al hijo Sol, no gira en torno a la hija estrella".

Y es así como Wonder es una película que vale la pena, y por muchos motivos. Quizás por momentos algo edulcorada, pero también lo pueda parecer el objetivo final de este proyecto (libro y película) que es el elegir ser amables. Y por ello es una película que vale la pena ver en familia porque es una película cargada de valores positivos y que viaja entre la risa y la lágrima, y en ese viaje sentir sus sentencias, algunas maravillosas como ésta: "Tus actos son tus momentos".